Ilshat y yo entramos en el Consejo de Ancianos.
Afortunadamente, no estaban muy ocupados esa mañana.
Decidí preguntar a uno de los más ancianos que estaban
allí, un hombre no muy alto y con una melena más
blanca que la Luna. Muy probablemente sería del
Consejo, no un visitante, y nos podría ayudar.
"¿Sabe dónde podemos encontrar al encargado de los
comercios?" pregunté.
El anciano me miró como si intentara leer mi mente
y me asustó, sería muy peligroso que alguien supiera
algo de mi pasado.
"Soy yo" dijo contundentemente, pero con cierta
dulzura. "¿Quién les envía?"
"Nosotros mismos" dije.
"Veo que sois decididos y no os conozco de nada.
¿Cómo habéis encontrado esta ciudad?"
Dudé en contárselo por si eso podía traerle
problemas a nuestro amigo. Al fin, Ilshat se adelantó
y habló.
"Nos trajo Silas, un amigo nuestro y comerciante".
Al anciano se le iluminó la mirada. Parecía que lo
conocía.
"Venimos a pedir una licencia para nuestro
negocio" empecé a contarle con más confianza en él y
en nosotros mismos. "Éramos amanuenses y teníamos un
taller, y ahora necesitamos una casa en la que
establecerlo y la licencia, por supuesto".
"Llevará muchos papeles" dijo el anciano sin
abandonar esa mirada tranquilizadora. "Vamos a empezar
ya".
Estuvimos mucho rato allí, nunca supe cuánto, y
después salimos a la calle. Todo iba bien y nos
encaminábamos a la que sería nuestra casa, nuestro
taller, nuestro hogar. Miré a Ilshat y le vi
ilusionado. Por fin un descanso después de tiempos tan
convulsos, pensé, y le sonreí. Me alegraba de que
fuera él quien estaba a mi lado.
______________________________________________
Renovamos el Correo Yahoo!
Nuevos servicios, más seguridad
http://correo.yahoo.es