24 de Mayo.
Aquel momento casi mágico no llegó a serlo.
Aquella niña nos había interrumpido. Pensé que tal vez
era mejor así... nos había librado de algo de lo que
probablemente me arrepentiría. La miré.
Dijo que se llamaba Kyria. Nosotros también nos
presentamos. Su mirada parecía ser benévola con
Ilshat, pero al mirarme sentí un escalofrío. Hubo algo
en ella que no me gustó. Sabía que, fuese lo que
fuese, no debía culparla.
Y entonces soltó aquella pregunta hiriente y
blasfema. No, nunca, nunca lo haría. Yo era libre. No
había huído ni luchado para atarme a un hombre, por
muy bueno que fuera, aunque se tratara de Ilshat. Con
gusto le habría dicho lo que pensaba, pero la
explicación de Ilshat me ahorró ese esfuerzo.
Kyria se fue. Yo sabía que habría más visitas
suyas, y temí enfrentarme de nuevo a esa mirada. Sabía
que no era una niña normal, que hacía aflorar mis
fantasmas. Como si de algo sirviera, entré en la casa
para esconderme de ellos sabiendo que me acompañarían.
Pero en la oscuridad de las ventanas cerradas todo
parecía distinto.
Me sentí débil. Creí que ya no era la de antes,
que incluso una niña podía intimidarme. Cualquiera
podría doblegarme a su voluntad por mucho que yo
intentara evitarlo. Por eso debía ser más fuerte, pero
en esos momentos era imposible. Caí al suelo entre
nubes de furia y lloré, sintiéndome inútil y
desprotegida, olvidando quién era y cómo debía actuar.
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