Estel - 57
Capítulo 8: El rostro del enemigo
Parte 10: Reunión en la noche
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* Madrugada del 27 de mayo de 699 en Estel *
Nerek observó la mirada de Azra, era una mezcla de furia y
repugnancia, él le replicó con una sonrisa llena de malicia, de
quien sabe que tiene el control de la situación.
La muchacha cerró la puerta con brusquedad y lo dejó solo.
La noche aún no terminaba y él tenía asuntos que resolver antes
de que amaneciera. Se vistió de prisa, guardó el puñal entre sus
ropas y salió, tenía que reunirse con alguien. Aún quedaban varios
clientes en La Reina Rubia. Azra todavía estaba allí y hablaba con
un sujeto barbado, de aspecto rudo y bastante musculoso, que la
contemplaba con ojos ardientes.
Una vez en la calle sólo tuvo que recorrer un corto trecho, porque
tal como lo había ordenado dos hombres le aguardaban ocultos en
la oscuridad.
-Ya pueden presentarse- dijo Nerek deteniéndose a unos pasos.
El más alto de los dos se adelantó:
-Señor, mi nombre es Ciryon-dijo- estoy a sus órdenes
Nerek hizo una mueca de desprecio al escuchar el nombre, muy
conveniente por otra parte.
-El mío es Hardang -dijo el que había permanecido más alejado-
a sus órdenes -agregó
-Lo dices a disgusto -replicó Nerek clavando en él sus fríos ojos
verdes- ¿te desagrada estar a mi servicio?
-No...no, señor-contestó Hardang nervioso
-Así está mejor -dijo Nerek- Entiendo que trabajas en la casa de
Ted, le dirás a tu patrón quien soy y que mañana al mediodía iré
a verlo.
-Sí señor -fue todo lo que pudo articular Hardang
-Tu turno, Ciryon -dijo Nerek -¿Qué averigüaste?
Ciryon asintió y se dispuso a dar su informe:
-Los elfos que llegaron juntos son seis-dijo- cinco elfos y una elfa-
se rumorea que uno de ellos es el prometido de la Dama Ariel,
pero es eso, un rumor sin confirmar, y hay otro que llegó solo y ya
trabaja en las Casas de Curación. Ayer la Dama Ariel y la otra elfa
fueron a los cuarteles, pero nadie me pudo informar de que
hablaron con el Capitán Adromir.
-¿Es común que los elfos visiten la ciudad? -preguntó Nerek
-No señor -dijo Ciryon - No habían venido en muchos años.
Nerek miró a Hardang con evidente desprecio
-Te puedes ir y haz lo que ordené -le dijo
-Sï señor - volvió a decir Hardang y se alejó por la calle
perdiéndose en la oscuridad.
-Ordena que vigilen al Capitán -dijo Nerek -y al comerciante
también, algo me dice que Halmir nos ha traicionado.
-Señor -dijo Ciryon- pero él no sabe quienes somos.
-Pero esos elfos lo sabrán -dijo Nerek- hay que evitarlos siempre
que se pueda, que todos lo sepan. Por hoy suficiente, vamos por
un trago y no se te ocurra llamarme señor ahí dentro.
Ambos se encaminaron a la Reina Rubia de nuevo, pero antes
de que pudieran entrar una figura corpulenta se interpuso en su
camino y atropelló a Nerek deliberadamente.
-¡Fíjate por donde caminas, perro! -le advirtió éste apartándose
-Fíjate tú, rubio -gruñó Lôkhi provocándolo.
-¿Tienes algún problema? -preguntó Nerek con una media sonrisa
La respuesta fue un empujón de parte de Lôkhi
-Tú eres mi problema, a ver que tan fuerte eres.
Nerek lo observó con una fría tranquilidad, su rival era más
corpulento, en una pelea limpia le vencería sin duda, pero no en
esta ocasión. Lôkhi había ignorado a Ciryon pensando que se
mantendría al margen, ese era un asunto de hombres según él,
pero Ciryon tenía sus órdenes, y todo pasó demasiado rápido,
apenas intercambió un par de golpes con Nerek, recibió un
fuerte golpe en la nuca que lo aturdió a medias, se tambaleó y
cayó al suelo y ambos lo golpearon sin piedad, no tuvo ni
la mínima oportunidad de escabullirse. De seguir así lo
matarían.
-¡Viene una patrulla! -advirtió Cyrion de pronto.
-Desaparece-le ordenó Nerek- yo me arreglaré.
Se agachó y sostuvo la cabeza de un malherido Lôkhi mientras
le susurraba:
-Ella te envió ¿no es asi? Si no quieres a esa mujerzuela muerta,
así serán las cosas, te asaltaron y yo te estoy ayudando
¿comprendido?
Lôkhi apenas pudo articular un "sí", tenía la boca destrozada.
-¡Necesito ayuda, por aquí! -gritó Nerek y los soldados se
acercaron de prisa.
-¿Qué es lo que ocurre? -preguntó uno mientras se agachaba
a contemplar a Lôkhi y en su cara se reflejaba el disgusto
-No lo sé, acabo de encontrarlo aquí tirado e intentaba
ayudarlo -respondió Nerek
El soldado dió órdenes precisas, trajeron una carreta y cargaron
a Lôkhi, que había perdido el sentido, para llevarlo a las Casas
de Curación, Nerek explicó donde se hospedaba, por si era
necesario que hiciera alguna declaración y le permitieron
marcharse. Se fue a dormir pensando en la pelirroja, "es
decidida" se dijo. Eso a él no le molestaba, todo lo contrario,
le agradaba ese juego perverso de ver quien dominaba al otro,
sobre todo si esa otra era Azra