29 de Mayo del 699.
Cor miró a Silas, haciéndose varias preguntas.
Algo ocultaba el comerciante. ¿Cómo se atrevía a
presumir de tener influencias en la ciudad? ¿Por qué
le daba tanta importancia a algo que él ya había
olvidado? Para Cor el asunto se había zanjado al saber
que Ilshat no era el autor de ninguna carta. ¿Por qué
quería Silas ahondar en el tema? Y, sobre todo, ¿sabía
Silas qué había sido de Mellie? Seguramente sí.
"Sé que puedo cometer un error al preguntar"
comenzó "pero debo hacerlo. ¿Fue por aquel incidente
por lo que te llevaste a mi hermana?"
Los ojos de Silas dijeron que sí. Y un silencio
los sostuvo en el aire.
"Debes comprender que te mostraste como un tipo
violento" contestó Silas. "Ignoro si lo eres, pero en
cualquier caso era peligroso para ellos seguir en tu
casa".
Cor no contestó.
"Tal vez quieras saber qué ha sido de tu esposa"
continuó Silas llamando a la puerta de los problemas.
"Mi esposa no me importa lo más mínimo. Me casé
con ella sólo por tener descendencia, y mis planes han
cambiado".
Silas le miró con incredulidad.
"¿No te importa?" inquirió. "Sé dónde está, y si
hablas en serio no voy a decir ni una palabra".
"Como quieras" contestó Cor dándose la vuelta.
Silas se acercó a él, dándole un toque en la
espalda.
"No he acabado de hablar" siguió sin temer a
aquella mole irreflexiva. "¿Quieres saber qué ha sido
de tu hermanita y de su..." siguió paladeando las
palabras para enfurecerle "...prometido?"
Cor le miró sin querer creer lo que acababa de
oír. Realmente Silas era un liante, y muy
malintencionado a veces.
"No puede ser verdad" musitó con la esperanza de
no ser oído.
Silas se estaba divirtiendo.
"¿Celoso?" rió. "¡Es tu hermana! No te pertenece".
"Eso lo dices porque no la conoces, y porque no me
conoces a mí" dijo una voz desafiante silenciada hasta
entonces. "No sabes todo lo que he hecho por ella".
"Puedes contármelo entonces" pidió Silas burlón.
"He matado por ella".
"Has matado por Estel, amigo".
"Maté por ella antes de hacerme soldado" aclaró
Cor. "La vengué".
"Oh, amiguito Cor... ¡no seas tan ególatra!" dijo
Silas intentando contener la risa. "¿Y a quién has
matado?"
"A los autores de las cartas".
La confesión de Cor era una buena noticia. Por fin
había un culpable... ojalá no hiciera falta recurrir a
él. ¿Y seguir con el interrogatorio? Sería
enriquecedor. Pero algo había claro: Silas tenía
buenas noticias para los amanuenses.
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