29 de Mayo del 699.
La puerta seguía sin abrirse. Los minutos pasaban
cayendo como las nubes en un día de niebla. A cada
momento, Cor parecía más desesperado dando vueltas
alrededor de un poste imaginario y lanzando miradas a
todas partes, especialmente a la puerta de la
habitación.
Silas, sin embargo, se había sumido en un pozo de
pensamientos. ¿Qué hacer? se preguntaba. La
conversación había acabado, pero continuaba en su
mente. Debía sacar algo positivo de lo que habían
hablado.
Al menos, ya sabía que Cor no había ido a Estel en
busca de su esposa ni de su hijo, lo que eliminaba
muchos problemas que podrían haber tenido él y sus
amigos con el soldado. Y lo que era más importante:
nadie estaba persiguiendo a Mellie. A pesar de lo
nefasto que le resultaba su heraldo, las noticias eran
buenas.
Una mano en el hombro lo devolvió a la realidad.
Silas miró al frente y se topó con una cara amiga. Era
Astar, un viejo conocido y amigo. Recordaba a la
perfección la primera vez que lo vio. Fue nada más
llegar al hogar de los Niños. Recordó cómo varios
gatos le rodearon para suplir esos recuerdos que él
acababa de borrar de su mente, y tras ellos apareció
él. Entonces, casi un niño, con una melena oscura que
se había aclarado hasta parecer una nube de tormenta.
"¿Está ahí dentro?" preguntó Astar.
"Sí, pero no podemos entrar". Había una mezcla de
fastidio y esperanza en la voz de Silas.
"Lo superará" comentó Astar. "Siempre lo hace".
Silas sonrió. Ojalá fuera así. Y a continuación se
hizo un silencio entre los dos.
"Recuerdo que siempre estabais juntos" dijo al fin
el cuidador de animales. "Había cierta complicidad
entre los dos, incluso yo diría que algo más".
Silas interceptó el mensaje.
"No, no es eso, nunca estuvimos enamorados".
Astar rió con ganas. Una negación siempre
significaba otra cosa. Para él era evidente que algo
había.
"Pero a la vez..." siguió Astar "os habéis
sacrificado por esta ciudad como si formara parte de
un pacto. Como si un día os hubierais sentado a
planear por completo vuestras vidas".
Maldito amigo Astar, siempre acertaba.
Con los ojos cerrados, Silas recordó algo que
Astar desconocía. Sí, algo les había animado a hacer
un pacto. Él lo había cumplido hasta entonces, pero...
¿no estaba resultando excesivo para ella? Tanto como
lo que les llevó a tomar aquella decisión.
Definitivamente, el juego había dejado de serlo.
______________________________________________
Renovamos el Correo Yahoo!
Nuevos servicios, más seguridad
http://correo.yahoo.es