29 de Mayo del 699.
La espera se hizo de piedra. Y en ella estaban
grabados los recuerdos de Silas. Habían pasado ya
quince años desde que conoció a Astar y a Satia. Y a
tanta otra gente... desconocía el paradero de muchos
de ellos, pero no importaba. Pocos le aportaron algo.
Sentado en el suelo, al lado de Cor, se sumió en
el silencio. Recordó sus primeros días en el Hogar de
los Niños. No cruzaba ni una palabra con nadie y nadie
intentaba hablar con él. Todo el mundo sabía lo que
había ocurrido y muchos temían decir algo que se lo
recordara. Y por esa razón siempre estaba solo.
Recordó la tarde en la que todo cambió. Las hojas
amarillas ya cubriendo el suelo, el canto de algún
pájaro... y aquel chillido. Al fondo del jardín del
Hogar vio a una niña rubia, rodeada por tres niños
mayores que ella. Se divertían estirándole del pelo
mientras ella intentaba defenderse sin lograrlo. Silas
no podía permitirlo.
Una sola palabra rompió el silencio de varios
meses.
"¡Dejadla!"
A lo que siguieron cosas que Silas recordaba con
vaguedad. Ni siquiera sabía si logró golpear a alguno
de los tres. Sólo que no pudo con ellos y acabó con un
brazo roto. Cuando los agresores parecían irse, la
niña se fue acercando tímidamente a él, con los
ojillos azules nadando encima de una nube de lágrimas
reprimidas.
Y aquella frase que en tanto tiempo no había
logrado comprender.
"¡Eres igual de violento que tu padre!"
Pero Silas no recordaba a ese padre. Ni recordaba
a la madre que había perdido. Todo aquello se había
quedado al otro lado de la valla y se fue de allí
antes de que Silas pudiera cruzarla para comenzar su
vida adulta.
______________________________________________
LLama Gratis a cualquier PC del Mundo.
Llamadas a fijos y moviles desde 1 centimo por minuto.
http://es.voice.yahoo.com