29 de Mayo del 699.
Cor lanzó una mirada furtiva a Silas, quien
parecía estar en otro mundo. Los dos llevaban mucho
rato esperando noticias sobre Satia. Era poca cosa,
pero ya era algo que los unía. Las circunstancias en
las que se habían conocido no habían sido las mejores,
tal vez por eso la conversación había sido tan
desafortunada.
"¿Por qué no me cuentas algo sobre esta ciudad?"
comenzó.
Silas le miró y pensó qué podía decirle de Estel.
Había tanto que contar sobre la ciudad que le
acogió... pero debía desprenderse de sus emociones. Y
habló.
"No es muy diferente a las demás. Tiene su
muralla, su ejército, su mercado, sus barrios ricos y
sus barrios pobres".
Cor escuchaba.
"Eso es algo que yo siempre he querido cambiar"
siguió. "Ayudo en lo que puedo, pero sé que no es
suficiente. Son muchos los que no lo hacen, los que
hacen lo contrario, y hay tanto por hacer..."
Su expresión era sombría. Cor se dio cuenta de que
Silas amaba de verdad Estel. Y de que le entristecía
pensar que no era la ciudad perfecta que a él le
gustaría que fuera.
"¿Crees que estaré aquí mucho tiempo?" dijo para
cambiar de tema.
"Eres soldado... deberías saber dónde te has
metido. Ahora sirves a Estel, te guste o no".
Cor reconoció en silencio que había actuado sin
pensar.
"Voy a hacerte una recomendación, y te la hago sin
la menor malicia. Piensa siempre antes de hablar y de
actuar. Tu mala cabeza te ha traído hasta aquí, pero
no siempre va a darte lo que buscas".
"Lo sé", contestó Cor. "Muchas veces vuelvo la
vista atrás y me asusto de lo que veo, desde hace
años. Siento que hay fuerzas que sobrepasan mi propia
voluntad".
"Aprende a dominarlas" contestó Silas con media
sonrisa.
Era fácil aconsejar. Demasiado fácil.
"¿Crees que el elfo tardará mucho en salir?"
preguntó Cor.
Silas se giró y le miró de nuevo.
"Ojalá lo supiera. Yo debería irme, tengo muchos
negocios que hacer".
"Ve entonces" contestó Cor. "Parece que esto va
para largo".
"Prefiero quedarme, por lo menos hasta que venga
la Dama Ariel" decidió Silas.
Cor estaba intrigado por lo último que el mercader
había dicho.
"¿Quién es la Dama Ariel?"
"Es una elfa" comenzó a contarle Silas. "Es hija
de los fundadores de la ciudad. Sabe de sanación, así
que Satia está en buenas manos. Podría irme tranquilo,
pero tengo cosas importantes que hablar con Satia
cuando despierte" había esperanza en su voz "y no
quiero que se sienta sola".
Y Cor empezó a comprender ciertas cosas. Pero le
importaban poco... de pronto la ciudad se había
convertido en la dueña de sus pensamientos. Por mucho
que Silas insistiera, allí había algo que la hacía
única, y él quería saber qué era.
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