29 de Mayo del 699.
Silas y Cor volvieron a quedarse en silencio
enfrente de la puerta. De pronto no tenían nada que
decirse... los dos se sentían más cómodos naufragando
entre pensamientos dispares. Parecían incluso
adormilados... la espera era larga y aburrida.
Silas comenzó a prestar atención al más leve
sonido en una especie de juego sin fin. Debía adivinar
de qué se trataba. Oyó varias veces las ruedas de un
carrito, voces... y un llanto. Y el carrito de nuevo,
que parecía venir del mismo sitio.
Poco a poco el llanto se fue apagando, mecido por
el vaivén de una voz dulce. Le siguió el murmullo,
cada vez más audible, de las ruedas amasando el suelo.
¿Qué hacía un bebé por los pasillos de las Casas
de Curación? Silas decidió averiguarlo. Se fue en
dirección a todos aquellos sonidos y, al girar la
esquina, encontró al niño y a su madre. Eran Sestral y
Amanda.
Ante sus ojos se había mostrado un Cor muy
diferente al que había conocido en su granja. Pero
sería mejor desconfiar. Aún no sabía cuáles eran sus
verdaderos objetivos, especiamente sabiendo quiénes se
escondían en Estel. De modo que tuvo que intervenir.
"No puedes pasar por aquí" dijo intentando sonar
autoritario. "Tendrás que irte por otro pasillo".
"Pero no puedo, debo cumplir con mi trabajo"
contestó ella señalando el carro de las sábanas
limpias.
"Hazme caso" ordenó él.
"No voy a hacerlo" contestó ella desafiante.
Se miraron a los ojos.
"Es mi trabajo, déjame pasar".
La severidad no iba a funcionar con ella.
"¿Eres feliz aquí?" le preguntó.
"Por supuesto".
"Pues tu felicidad depende de que no vayas por ese
pasillo".
"¿Y qué hay allí?" preguntó con curiosidad.
"Nada".
"Mientes".
Silas negó con la cabeza.
"Déjame pasar" insistió ella.
Silas se plantó delante de ella. Se sintió
absurdo, tal vez lo mejor fuera decirle la verdad...
seguramente ella querría evitar a su marido por todos
los medios.
"Es mejor que no pases. Allí está Cor".
"No me lo creo".
"Compruébalo si quieres" fue la respuesta de
Silas.
Amanda se asomó con sigilo y vio al soldado. Sin
duda, y a pesar de la espesa barba que lucía, era él.
"¿Comprendes ahora por qué no podía dejarte
pasar?" inquirió él esperando haberla convencido.
"Perfectamente" respondió ella.
Y con el niño en sus brazos tomó un camino y una
decisión. Había llegado el momento de que alguien
conociera a su hijo.
______________________________________________
LLama Gratis a cualquier PC del Mundo.
Llamadas a fijos y móviles desde 1 céntimo por minuto.
http://es.voice.yahoo.com