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Mellie 105. (La propuesta de Ariel).   Lista de mensajes  
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30 de Mayo del 699.
Desperté. Entraba luz por una ventana. No sabía
qué hora era, y tampoco dónde estaba. No conocía aquel
lugar. Estaba tumbada, con una ropa que no era mía...
algo debía haber ocurrido.
Me dolía la cabeza. Me toqué la frente y comprobé
que llevaba una venda puesta. Me sentía un poco mal,
pero no sabía por qué. Hasta que estornudé.
Recordé entonces que había resbalado con una
piedra en el río... por fin lo comprendí. Traté de
incorporarme y vi ante mí una sonrisa que ya conocía.
La Dama Ariel me estaba mirando.
"Despacio, Mellie, tranquila" dijo tratando de
calmarme. "Estás en la Casas de Curación, has tenido
un accidente en el río, alguien te encontró
inconsciente y te trajo aquí".
"¿Qué me ha pasado?" pregunté imaginándolo.
"Te has golpeado la cabeza en una piedra y ese
terrible resfriado es consecuencia del tiempo que has
pasado con la ropa mojada".
"¿Dónde está? Tengo que irme".
"Tus ropas están en la lavandería, te serán
devueltas luego".
"¿Y mi daga?" pregunté preocupada.
"La daga la tengo yo en mi oficina".
"Por favor, no me la pierda" contesté con un poco
de miedo. "La necesito".
"Tranquila" contestó. "Luego te la devolveré".
Las dos nos quedamos en silencio por un momento.
Imaginé lo que estaba pensando ella. Conocía mi
secreto... temí que me juzgara. Pero su rostro parecía
reflejar otra cosa.
"¿Te ibas de Estel, Mellie?" preguntó al fin.
Dudé si contarle algo de lo que había ocurrido.
"Sí..." contesté al fin. "No puedo quedarme, me
van a buscar".
"¿Puedo ayudarte en algo?"
"No, debo irme... de verdad".
Había comenzado a temblar, no sabía si por el
resfriado, por miedo a lo que podía ocurrirme o por
miedo a mí misma. No me reconocía, todos esos meses
habían sido irreales. Todo desde aquellos brazos en
los que fui a caer, principio de mi miseria.
"¿Hay algo que me quieras contar?"
"No. Mejor no" respondí casi sin voz.
"Mellie, quisiera que me aclares una duda," hizo
una pausa y siguió "en el pasillo hay un soldado
bastante alto que tiene un mechón blanco, espera
noticias de una compañera que han traído herida, me
han informado que su nombre es Cor, como tu hermano...
¿será sólo casualidad?"
"No... ayer lo vi".
"Entonces es tu hermano".
Asentí.
"No deseas que él te encuentre, ¿verdad?"
"No, por favor, no le diga nada de mí... le temo"
reconocí sorprendiéndome.
"Yo puedo ayudarte si tú quieres"
"No necesito ayuda," le aseguré. "Sólo que me
guarde el secreto".
"Creo que sería arriesgado que permanezcas aquí".
"Lo sé..." contesté pensativa. "Por eso me iba".
"¿Tienes adonde ir?"
"No. Me iré de Estel... debo rehacer mi vida lejos
de aquí" dije aparentando toda la fortaleza que pude.
"Te puedes quedar en mi casa hasta que te
recuperes".
"Pero allí sólo seré una molestia".
"Claro que no serás una molestia," dijo sonriendo
"mi casa es muy grande".
"¿Y qué voy a hacer allí?" pregunté abrumada ante
lo que me estaba ofreciendo. "Seré una carga".
"A Lossneth, mi fiel criada, le encantará
cuidarte, es una persona encantadora....sólo está un
poquito sorda pero eso no es un problema".
No respondí. No quería provocar problemas...
demasiados había causado ya. Bajé la mirada, pero
Ariel volvió a hablarme.
"Mellie," dijo mirándome seria "jamás ofrezco algo
si no estoy dispuesta a brindarlo de corazón, me
agradará mucho tenerte como huésped".
"¿De verdad?" pregunté al modo que lo haría una
niña.
"Cuando lo desees podrás marcharte, no estarás
prisionera".
"Entonces tal vez lo piense" dije. "No quiero
entorpecer a nadie... si veo que eso es lo que hago,
me iré".
Con un gesto, Ariel me dio su conformidad y salió
de la habitación. Me quedé pensativa. Era una forma de
esconderme de todos, pero a costa de su sacrificio.
Sin embargo, parecía muy dispuesta a ayudarme y sabía
que lo hacía de corazón.
Al cabo de un rato, Ariel volvió y le comuniqué mi
decisión.
"Dama Ariel, estoy dispuesta a ir a su casa, pero
en cuanto esté bien seguiré sólo si acepta como pago
que trabaje para usted".
Ariel asintió y me dio la mano para ayudarme a
levantarme. Me dio un peine y me arreglé lo poco que
la venda me lo permitió, y juntas cruzamos las puertas
que me llevaban a una nueva vida.
El Sol me daba en la cara y por alguna razón me
sentía libre.
Vi un portón abierto al final de un camino de
teselas flanqueadas por césped y flores. Supe que ésa
era la casa y me asusté de pronto ante su
majestuosidad, pero la decisión estaba tomada.





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Jue, 2 de Mar, 2006 10:28 pm

shulamithie
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Eva Bautista
shulamithie
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2 de Mar, 2006
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