30 de Mayo del 699.
Atardecía. Sólo una vez el Sol se acercó al
horizonte, pero Ilshat habría jurado que habían pasado
varios días. Sin duda la espera se le había hecho
interminable.
Y por fin llegaba Amanda con su hijo en brazos,
como siempre. ¿Sabría ella algo de las cartas? ¡Si ni
siquiera sabía leer!
"Hola, Ilshat" le dijo ella acercándose. "¿Sabes
algo de Mellie?"
Ilshat sacudió la cabeza abatido. Amanda bajó
también la cabeza y habló en voz muy baja.
"Sabe cuidarse... estará bien".
Y se dirigió hacia la cocina.
Ilshat se acercó a ella.
"Espera un momento" le dijo de golpe. "Tengo algo
que preguntarte".
Amanda se dio la vuelta.
"¿Has encontrado unas cartas? Debo haberlas
perdido, pero he registrado toda la casa y no
estaban".
Ilshat percibió cómo se había incomodado Amanda al
oír su pregunta. ¿Sabría ella dónde estaban?
Seguramente sí.
"Yo... ¡yo no las he leído" se autodelató. "¡Ya
sabes que no sé leer!"
"Entonces las has encontrado" contestó Ilshat
alargando la mano para que ella se las diera.
"¿Qué haces?" preguntó ella molesta.
"Dámelas" ordenó Ilshat.
"No las tengo".
"Perfecto" protestó él en tono sarcástico. "¡Ahora
eres tú la que las ha perdido!"
"No las he perdido" respondió Amanda intentando
solucionar las cosas. "Las tiene la Dama Ariel".
"¿Qué?"
Eso era peor. De las manos de la elfa podían salir
hacia las de cualquiera. El contenido se haría
público. Había que recuperarlas como fuera.
"Amanda" comenzó él con mucha seriedad. "Tienes
que recuperarlas cuanto antes. Pídeselas".
"No puedo... ella me las quitó".
"¡Pues róbaselas!" gritó furioso. "No creo que sea
tan difícil. Hazlo como quieras, pero tráemelas cuanto
antes".
Amanda abrió la boca para protestar, pero no se
atrevió a decir nada. Se limitó a ir a la cocina y
comenzar a preparar la cena.
Ilshat se lamentó. Todo se había acabado. Si ella
fracasaba, ya no habría nada que hacer. Ignoraba si
podría contar con ella, por lo que tanteó.
"Amanda... supongo que mañana hablarás con la Dama
sobre esas cartas".
"Lo haré... pero quiero saber por qué son tan
importantes".
"No puedo decírtelo" intentó zanjar él.
"Deberías hacerlo" insistió ella. "Si no sé dónde
me estoy metiendo, prefiero no hacerlo".
"Vas a tener que hacerlo así".
"No, no voy a hacerlo".
Había mucha firmeza en la voz de Amanda.
"Insisto, es una orden, vas a recuperar esas
cartas y me las vas a dar".
Amanda no soportaba órdenes. Eso se había acabado
cuando se alejó de Cor.
"¡No voy a hacerlo!" gritó haciendo llorar a
Sestral. "¡Son tus cartas y tu problema! ¡Si no me lo
cuentas todo no voy a ayudarte en nada!"
Malhumorado, Ilshat se encerró en su habitación y
miró por la ventana. Debía tramar un plan. Primero
debía saber si Ariel se había llevado las cartas o las
había dejado en algún sitio, y esa información podría
haberle resultado muy cara por parte de Amanda. Sería
mejor arriesgarse y buscar.
No salió a cenar. En lugar de eso contestó
malhumorado que saldría cuando quisiera. Se quedó
tumbado en la cama maquinando la forma de recuperar lo
que era suyo hasta que se quedó dormido. Mañana sería
otro día.
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