Estel - 107
Ariel - Una cena para Narmo - Primera Parte
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* 30 de mayo de 699 al atardecer en Estel *
{ En el calendario esteliano Orbelain 14 de Laer }
La hora de la cita había llegado, los elfos del bosque: la dama
Valenriel, su hijo Berion, Silvaethor, Cúnir, Mirdan e Hirlin ya
estaban en la acogedora sala de la casa de Ariel.
Sólo faltaba Narmo, justamente para quien había sido organizada
la velada.
Ariel, consciente de lo estrictos que eran algunos de los presentes
para ciertas formalidades como la puntualidad miraba inquieta
hacia la puerta de calle, aguardando un llamado que no llegaba.
-Ariel, con todo respeto, tu invitado debería aprender modales -
Afirmó Silvaethor con su voz autoritaria.
La dama empalideció. La suave brisa de la tarde la hizo
estremecer.
- Llegar tarde es una descortesía, y más en una situación
semejante -Sentenció.
- No seas tan severo, mi buen Silvaethor -Terció Valenriel con
una sonrisa conciliadora- seguramente habrá tenido un buen
motivo.
- No me cabe duda -Intervino Cúnir mirando a Silvaethor, su
maestro con cierta complicidad- Un buen motivo
El sarcasmo brillaba en sus ojos.
Ariel sabía por qué: Aquella tarde, cuando Hilda, la esposa de
Indor se había acercado a ella para comentarle que "su"
Sanador paseaba con Azra, Cúnir estaba a su lado.
- ¿A qué te refieres? - Preguntó Berion ingenuamente.
- Tenía que pasar antes por las Casas de Curación a ver el estado
de sus pacientes...tal vez haya habido un contratiempo. Seguro
que debe de estar por llegar - Explicó Ariel torpemente
- Y habrá tardado en ir, porque esta tarde, en el torneo, estaba
con una de esas mujeres públicas de los Firimar... -Matizó Cúnir
con un rastro de asco.
- ¡Por favor! -Clamó Mirdan- ¿Qué insinuas? Todo esto es
descabellado, y seguro que tiene una explicación lógica. No ha
lugar que pensemos mal de alguno de los nuestros por una sola
apariencia. Al menos deberíamos conocerle antes de hacer un
juicio tan grave sobre él. Me extraña incluso de ese desconocido.
-Es un elfo como nosotros -apoyó Ariel
-En ese caso -sentenció Silvaethor - ¿Qué hacía con semejante
compañía? Ya está mal incluso con una mujer decente. Los
Primeros y los Segundos Nacidos no han nacido destinados a
unirse
-¿Por qué no esperamos a que él llegue y explique su retraso? -
dijo Hirlin intentando aplacar los ánimos
-Porque hay damas delante -dijo Cúnir riendo sarcásticamente
Ariel, que al oír el comentario de Silvaethor ya se había puesto
pálida, estaba cada vez más nerviosa.
Fue una media hora de retraso que se le figuró eterna.
Narmo llegó al fin. Una de sus mejillas estaba levemente marcada
de carmín. Ariel, que no notó la mancha, le dedicó una expresiva
mirada mezcla de nerviosismo y contrariedad.
-Alassea omentie- saludó él cortésmente a su anfitriona
-Mae govannen- replicó ella
- Mi señora... No tengo perdón...se me pasó la tarde en un
suspiro... -se disculpó Narmo
-Me habeis dejado mal- le reprochó Ariel
-Lo lamento infinitamente, pediré a vuestros invitados que me
excusen.
Ella lo invitó con un gesto a seguirla a la sala donde aguardaban
los demás.
-Debereis esforzaros, no todos son tan tolerantes- le susurró
-Lo haré por vos, mi señora -aclaró él con una sonrisa, porque le
importaba en verdad muy poco lo que opinaran.
Las miradas de todos se posaron en el Noldo ni bien hubo
entrado en la sala.
Ariel pudo observar el evidente disgusto de Silvaethor y Cúnir,
Mirdan y Berion se veían tranquilos, Hirlin lo observó con
marcada curiosidad y Valenriel... lo que pensaba ella era un
misterio que Ariel no podía resolver.
Narmo les sonrió a todos y dijo:
-Debo disculparme... mi retraso es imperdonable
Luego se inclinó ante Valenriel
-Herinya, ná tyave...es un placer
Ella se incomodó, la antigua lengua otrora prohibida para su
pueblo le traía siempre a la mente dolorosos recuerdos.
-Gracias señor -dijo fríamente- Hacia tiempo que no oia vuestra
lengua...
El Noldo quiso decir algo pero al ver la expresión de su anfitriona
se contuvo.
-Narmo, os presento a la Dama Valenriel -dijo Ariel
apresuradamente - Valenriel, este caballero es mi nuevo sanador,
Narmo.
-Soy Valenriel, de Doriath -recalcó la aludida
-Un bonito lugar -replicó Narmo, irónico- aunque lo visité en
malas circunstancias ...
Creo que vuestra ironía está de más- observó ella manteniendo la
dignidad, un brillo inquietante asomó en sus profundos ojos
verdes.