Estel -109
Ariel - Una cena para Narmo - Tercera Parte
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* 30 de mayo de 699 al atardecer en Estel *
{ En el calendario esteliano Orbelain 14 de Laer }
Ariel palideció ante la declaración de Berion. Por un instante
permaneció en silencio abrumada.
-Berion tú... tú sabes lo que yo siento -dijo finalmente y miró a
los demás angustiada.
Valenriel desvió la mirada y la fijó en Narmo furiosa,
Silvaethor, Cúnir, Mirdan e Hirlin observaban a Ariel
intrigados, preguntándose qué respondería.
-¿Por qué te expones a esto? -prosiguió Ariel mirando a
Berion-Te he abierto mi corazón, tú sabes lo que yo siento-
repitió
-¿De verdad me vas a cambiar por ese hombre? -le reprochó
Berion- Creo que cuando menos merezco una oportunidad,
piénsalo Ariel ¿Qué te aguarda junto a él además de dolor y
vergüenza? Ni siquiera puedes admitir libremente que lo amas
¿Eso quieres para ti? ¿En verdad podrás soportar mucho
tiempo una vida de mentiras y ocultamientos? Y luego está el
hecho de que es un mortal y como tal pronto, muy pronto,
se irá de tu lado más allá de tu alcance.
-¡Basta! -exclamó Ariel desesperada.
-Dama Ariel -dijo Silvaethor- Nos debes una explicación
¿Cómo es eso de que amas a un mortal? Creí que veníamos
a ayudarte a salvar a tu ciudad de una traición no a propiciar
un amor descabellado ¿O estoy confundido?
-Creo que el hecho de que la Dama ame a un mortal es
intrascendente.¿Dejarás de ayudar a los demás por esto?
esa actitud te retrata perfectamente -le replicó Narmo
-No he dicho eso- lo corrigió Silvaethor
-Lo has insinuado... la Dama puede dar su corazón a quien
desee
Silvaethor miró a Ariel, inflexible
-¿Es verdad que amais a un mortal?
-Sí, es verdad -respondió ella nerviosa pero firme
-Es un amor descabellado -dijo Silvaethor
-No más que tu juicio -concluyó Narmo
-¿Se trata de Halmir?¿Es la razón para fingir que todo sigue
igual y no encarcelarlo?- preguntó Mirdan aprovechando un
inesperado silencio de parte de Silvaethor que a duras penas
se contuvo.
Narmo calló.
-Sí -respondió Ariel, ya no tenía caso ocultarlo más -pero
la razón para no encarcelarlo es porque creo que es lo más
conveniente dadas las circunstancias-afirmó sin embargo- Y
cuando sea oportuno ...el Capitán Adromir se dará el gusto
de arrojarlo en una celda oscura.
Al pronunciar la última frase el tono de su voz terminó de
delatarla. Mirdan e Hirlin comprendieron cuanto la afectaban
sus sentimientos.Silvaethor y Cúnir no ocultaron su disgusto.
-¿Y qué hay de cena? -preguntó Narmo irónico.
Ariel le habló a Silvaethor, pero en general el pedido era para
todos.
-Mi ciudad está en peligro y necesito de vuestra ayuda -les rogó
-Cada vez dudo más que sea la ciudad lo que te interese -le dijo
Valenriel.
Ariel la miró azorada, de ella no se esperaba algo así, ni aún
estando Berion de por medio
-No puedes decirme eso Valenriel no lo merezco -contestó
defendiéndose.
-Tú me ocultas cosas... hay completos extraños que saben más
que nosotros...Ariel, nos estás utilizando.
-Te lo he dicho todo y tú has aceptado ayudarme
-Todo no -afirmó Valenriel y tenía razón, porque Ariel por
vergüenza y temor le había ocultado lo ocurrido con Azra, que
sólo Narmo sabía.
-Pero tú sabías sobre Halmir, también tú, Berion -dijo Ariel,
intentando en vano justificarse.
Ahora quien estaba siendo inflexible era Valenriel:
-Sabía que no amabas a mi hijo...sí, incluso que creías amar a
Halmir, pero no pensé nunca que te arrojarías impúdicamente
a los brazos de un mortal.
Ante semejante acusación, que era verdadera, Ariel bajó la
mirada y permaneció en silencio.
-Quien calla otorga -dijo Cúnir -¡Qué decepción Dama Ariel!
-Bien, Berion, yo por mi parte, esta noche he tenido suficiente,
si deseas quedarte tú y cenar puedes hacerlo, yo prefiero
retirarme -dijo Valenriel entonces
Por favor Valenriel -le rogó Ariel reaccionando-no te vayas así
-Ya te he hecho muchos favores y veo como nos correspondes
-respondió la aludida fríamente
-¿Entonces me negarás tu ayuda desde ahora? -preguntó Ariel
-Ayudaré a Estel, en memoria a tu madre.
Ariel lo aceptó resignada.
Silvaethor se levantó.
-Creo que yo también me retiro... esta cena ha dejado bien clara
la catadura moral de vuestro amigo fëanoriano y la vuestra....sin
embargo voy a daros un consejo aún, lo más conveniente para
vos sería dejar esta ciudad y venir al bosque con nosotros -
afirmó cortante- que los fírimar se ocupen de sus asuntos.
-No puedo hacer eso -se resistió Ariel -Sois demasiado duro en
vuestros juicios.
Berion se levantó en silencio, Cúnir lo imitó.
-O vos demasiado tolerante para con vos misma... -concluyó
Silvaethor.
-Piensa lo que te he dicho Ariel -dijo Berion - aún no es tarde
para que cambies de opinión.
Ariel le dedicó una mirada cargada de tristeza y no dijo nada
más mientras lo observaba alejarse hacia la puerta por la que
ya habían salido Valenriel, Silvaethor y Cúnir.