Estel - 110
Ariel - Una cena para Narmo - Cuarta Parte
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* 30 de mayo de 699 por la noche en Estel *
{ En el calendario esteliano Orbelain 14 de Laer }
Luego de que Berion se retirara también, Ariel volvió su
atención a quienes se habían quedado: Hirlin, Mirdan y por
supuesto, el invitado de honor: Narmo.
-Ariel -dijo Hirlin entonces-¿Estáis segura que vale la pena?
¿No es acaso mejor amar a uno de los tuyos? Quizá estais
confundida, al haber permanecido tanto tiempo sólo entre
fírimar.
-Mi buen Hirlin -dijo Ariel pues apreciaba entrañablemente
al poeta- ¿Acaso creéis que no sé a quien pertenece mi
corazón?¿Creéis que no me lo he planteado y que no he
dudado? Lo he hecho y he esperado por años negándome
a aceptar lo que sentía pero ya no más, estoy segura de
lo que siento, amo a Halmir con toda la fuerza de mi ser y
esa es mi única verdad.
Luego, Ariel le habló a Narmo.
-Siento mucho lo que ha pasado, quería tener una cena
agradable con todos -concluyó mirando también a Mirdan
y a Hirlin.
-No importa -contestó el Noldo con una sonrisa- Estoy
acostumbrado a este tipo de recibimientos.
Mirdan sonrió también.
-Será mejor aguardar a que los ánimos se calmen -dijo.
-Nunca vi a a la dama Valenriel comportarse así -acotó
Hirlin todavía asombrado.
-Los prejuicios son grandes -respondió Narmo- y el
enamorado desdeñado es hijo suyo.
-En verdad, os espera un gran dolor, dama Ariel, pero
supongo que ya lo habéis pensado -dijo Mirdan.
Todos asintieron.
-Lo sé -respondió la Dama- Pero como ya he dicho:
Me lo he planteado y he esperado por años diciéndome
que no podía ser amor lo que sentía, pero sí lo es.
-El amor siempre implica dolor -dijo Narmo- Lo que ha
de hacer es disfrutar del presente.
Ariel le sonrió, luego volvió su atención hacia la cocina y
llamó a la criada.
-¡Oromirë, ven!.
La joven apareció enseguida, demasiado pronto y Ariel
comprendió que había estado escuchando tras la puerta,
aunque probablemente no había entendido nada de lo que
se dijera, ya que todos hablaban en Sindarin, sin duda,
había notado el enfado de Valenriel y los demás y el
desplante que le habían hecho. La elfa le dedicó una
mirada severa y le ordenó retirar todos los platos y traer
el postre.
-Sí, dama Ariel -respondió Oromirë y comenzó a reunir
de prisa todos los platos. Narmo la miró aún con más
severidad que Ariel y la joven criada comprendió que
todos los allí presentes eran conscientes de lo chismosa
que podía ser ella y se sintió muy avergonzada, pero
siguió pensando en que luego tendría algo muy interesante
que comentar con sus amigas y conocidas.
Luego de que Oromirë retirara todos los platos y trajera
el postre, los cuatro elfos continuaron conversando más
calmadamente.
-Es hermosa vuestra ciudad... he pasado una tarde
agradable paseando por ella-dijo Narmo.
-Gracias -correspondió Ariel.
-Según parece habeis estado bien acompañado... eso
embellece aun más una ciudad- acotó Hirlin.
Mirdan se limitó a sonreir con aire de complicidad.
Ariel contuvo el aliento, temiendo un nuevo enfrentamiento.
-La muchacha es hermosa, sí -dijo Narmo con una sonrisa-
E inteligente... carga con una historia espeluznante.
-Se ve que os agrada mucho -prosiguió Mirdan intrigado,
aunque no estaba pensando nada malo.
-En realidad debo decir -aclaró Narmo mirando a Ariel-
Que la muchacha es sorprendente, trabaja y vive para sí, no
depende o sirve a nadie... es independiente.
En las palabras del Noldo había implícito un mensaje para la
elfa: Azra no tuvo nada que ver en una posible conjura contra
Halmir.
Ariel lo miró y escuchó atenta, asintiendo.
-Por lo demás... ella no tiene nada que pueda ofrecerme...salvo
su charla- Continuó diciendo Narmo.
Ariel sonrió.
-Desde luego esta tarde la he observado con vos y no me
extraña que los hombres pierdan la cabeza por ella... sale de lo
común -concordó Mirdan.
Hirlin sonrió divertido.
-Los hombres pierden la cabeza fácilmente -respondió Narmo-
Pero no todos- aclaró, mirando a Ariel- muchos saben lo que
quieren.
Ariel se sintió un poco menos nerviosa, las palabras del Noldo
le ayudaron a recobrar la calma.
La cena terminó con una sobremesa muy amena entre los cuatro.
Cuando Mirdan e Hirlin finalmente se despidieron alabando la
comida y la bebida, Ariel le rogó a Narmo que se quedara un
momento, ya que tenía un par de asuntos urgentes relacionados
con las Casas de Curación que tratar con él.