Estel - 111
Valenriel - El acuerdo con Silvaethor
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* 30 de mayo de 699 por la noche en Estel *
{ En el calendario esteliano Orbelain 14 de Laer }
Luego de marcharse abruptamente de la cena, los cuatro elfos:
Valenriel, Berion, Silvaethor y Cúnir caminaron en silencio hasta
la entrada de la Casa de Huéspedes. Una vez allí Berion anunció
con voz queda que se iba a caminar por la ciudad porque deseaba
estar solo, Cúnir por su parte, informó que se había propuesto ir
a vigilar un sitio que le interesaba y con ese pretexto se alejó
también.
La dama Valenriel y Silvaethor entraron en la casa.
-Mi dama -dijo Silvaethor- con vuestro permiso me retiraré a mi
habitación.
-En realidad- respondió ella -Quisiera hablar contigo.
-Siendo así, estoy a vuestra disposición- dijo él.
-Quiero hablarte sobre Halmir- le explicó Valenriel y había una
profunda tristeza en su mirada.
-Escucho -dijo Silvaethor, conteniéndose de expresar su opinión
sobre el comerciante.
-Lo que voy a decirte ha de quedar entre nosotros dos- prosiguió
la elfa.
-Por supuesto, así será -asintió él.
-Esta tarde, cuando pedí a Halmir que me dejara mirar en sus
recuerdos, descubrí que las cosas no ocurrieron como él piensa,
sus recuerdos fueron alterados para que él creyera que por su
propia voluntad aceptó colaborar con los enemigos de Estel, pero
en realidad sólo accedió luego de ser torturado y amenazado con
que toda su familia e incluso Ariel sufrirían las mismas torturas.
En verdad resistió todo lo que pudo.
-¿Entonces es inocente? -preguntó Silvaethor sin demasiado
interés.
-Puede decirse que existen atenuantes muy importantes para su
conducta-respondió ella- serán la diferencia entre conservar su
libertad y tener la posibilidad de casarse con Ariel o por otro lado
ser condenado al destierro o a muchos años en prisión.
Silvaethor la miró con expresión sombría, comprendiendo el
dilema que aquejaba a Valenriel.
-Tenéis en vuestras manos el destino de los tres, mi dama -dijo-
¿Y qué deseais hacer? -preguntó- ¿Lo correcto o lo mejor para
vuestro hijo?
Valenriel no respondió enseguida, porque cualquier decisión sería
dolorosa.
-Quiero la felicidad de mi hijo -dijo al fin.
-Ningún hombre mortal habría de poner sus ojos en una de nuestras
doncellas- declaró Silvaethor apelando a su habitual tono severo-
Y ninguna elfa ha de entregar su corazón a un hombre. Ariel tiene
que recapacitar mientras esté a tiempo de hacerlo.
-Sin embargo, no le importó humillar a Berion rechazándolo frente
a todos-recalcó Valenriel.
-En eso, vuestro hijo tuvo parte de culpa por dejarse llevar por las
palabras de ese Noldo -aclaró Silvaethor.
-Es verdad- aceptó ella -Y Narmo le dice a Ariel lo que desea oír,
que está bien arriesgarlo todo por amor y por ser Halmir un hombre
presumo que también le habrá dicho que no pierda el tiempo en
dudas y convencionalismos.
-¿La creéis capaz de llegar a tanto? -preguntó Silvaethor.
-Sí -respondió Valenriel- Detrás de esa aparente timidez y fragilidad
de la siempre correcta Ariel, se esconde el espíritu indómito que
heredó de su padre, puede que Surendil se volviera más tranquilo
desde que existe Estel, pero no fue precisamente así durante todos
los siglos anteriores.
-Entonces hemos de apresurarnos en encontrar a todos los enemigos
de Estel- concluyó Silvaethor -Y Halmir tendrá que asumir las
consecuencias de sus actos.
-Me alegro de contar contigo, Silvaethor -le dijo Valenriel.
El severo elfo asintió y esbozó una leve sonrisa:
-En mí siempre podrá confiar- dijo a modo de confirmación.