Estel - 116
Berion - En busca del perdón de Ariel
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* 31 de mayo de 699 por la mañana en Estel *
{ En el calendario esteliano Orgilian 15 de Laer }
Una mala noche había pasado Berion. Estaba muy molesto
consigo mismo por su comportamiento en la cena. Se
había dejado llevar por las palabras de un extraño y por
los celos.
Una joven sanadora le había informado que Ariel se
encontraba en su despacho hablando con un soldado.
Berion aguardó cerca de la puerta hasta que lo vio salir y
alejarse por el pasillo. Luego golpeó suavemente la puerta.
-¡Adelante! -sonó la dulce voz de Ariel y Berion entró, cerró
la puerta a sus espaldas y se acercó al escritorio.
-Buenos días, Ariel -dijo- ¿Podría hablarte un momento?
Ariel lo observó seria.
-Buenos días Berion, sí, claro -respondió con frialdad -Siéntate
por favor.
El elfo entregó a Ariel un pequeño pero hermoso ramo de
flores y se sentó.
-Gracias -dijo ella -Son hermosas.
Ariel se levantó de prisa y fue hasta la puerta, la abrió y llamó a
una joven asistente, le entregó las flores para que las pusiera en
agua y le recomendó que si el Capitán Edrahil solicitaba verla le
avisara de inmediato. Luego regresó y se sentó tras el escritorio
con aire distante.
-Vine a pedirte disculpas por mi comportamiento de anoche-
dijo Berion-No debí dejarme llevar por la provocación de tu
invitado.
-Las disculpas no me bastan -dijo Ariel-estoy muy molesta
contigo.
-Tienes razón -aceptó Berion- pero, aunque reconozco que no
fue el momento ni el lugar oportuno para decírtelo, no puedo
callarme más lo que siento por tí.
-No insistas con eso, Berion-replicó Ariel sin ocultar su
incomodidad-¿Cómo esperas que te disculpe entonces?
-Espero más -respondió el elfo-Insistiré hasta que reacciones
y me des la oportunidad de demostrarte mi amor.
-Eso no pasará -dijo Ariel poniéndose tensa-Tengo mucho que
hacer, Berion.
-Entiendo -murmuró el elfo poniéndose de pie- Seguiremos
esta conversación en otro momento.
-No, espera -le pidió Ariel- Siéntate por favor, necesito hablar
contigo sobre lo de anoche.
Berion volvió a sentarse y aguardó. Su mirada dejaba entrever
una profunda tristeza. Ariel sintió que no podía mantener su
actitud fría para con él pero tampoco deseaba que alimentara
falsas esperanzas. Le sonrió levemente.
-Supongo que deseas hablar sobre mi madre -le dijo él más
animado por esa sonrisa.
-Sí -asintió Ariel- Imagino que seguirá furiosa conmigo.
-Así es-dijo Berion-Pero también está furiosa conmigo y con
Narmo.
-Debo hablar con ella -dijo Ariel
-Yo te recomendaría que aguardaras un poco más -le sugirió
Berion-Así evitas un enfrentamiento.
-Está bien-aceptó Ariel y preguntó- ¿Qué pasará ahora?.
Berion dudó un momento antes de responder:
-Creo que pasará lo que más temes Ariel- dijo -Aunque aún
no me han dicho nada, mi madre y Silvaethor apresurarán la
búsqueda de los enemigos de tu ciudad así que pronto todo se
hará público...y supongo que el Capitán Adromir hará detener
a Halmir.
-¡No, eso no! -exclamó Ariel con los ojos llenos de lágrimas.
Berion se apenó.
-Nunca pretendí hacerte daño Ariel -dijo, bajando la vista.
-¡Pero lo hiciste! -replicó ella- Yo te hablé claramente de mis
sentimientos en el bosque y tú me dijiste que sólo sentías afecto
por mí.
-Porque lo creí así en verdad, pero luego aquí ...yo...
al principio fueron celos...cuando te ví con ese vestido....
estabas tan hermosa...¡te arreglaste para él! ...y luego, la otra
noche, subí a la torre para observar la ciudad y entonces ví a
Halmir entrar a tu jardín ...no era mi intención espiarte pero
fue inevitable que te viera abrazarlo y besarlo ¿cómo crees
que me sentí?
-¡No tenías derecho! -le reprochó Ariel-¡Es mi vida!
-¡Tengo más derecho que él! -protestó Berion-¡Para nuestra
raza ni siquiera es un adulto!
-No vuelvas con eso -lo atajó ella.
Berion quiso replicar pero lo interrumpió un suave golpe en la
puerta.
-¡Adelante! -dijo Ariel.
La joven ayudante entró trayendo las flores dispuestas
cuidadosamente en un delicado florero.
-Déjalas por allá por favor- le pidió Ariel- ¿No ha llegado el
Capitán Edrahil? -preguntó mientras la joven cumplía su orden.
-No, mi dama-respondió ella-pero el señor Halmir está ahi
afuera, dice que necesita verla con urgencia y que aguardará
todo lo que haga falta.
-Dile que enseguida lo recibiré, gracias-le indicó Ariel con
cierta preocupación.
-Sí, dama Ariel-dijo la joven volviendo a salir.
Berion se puso de pie.
-¿Me permitirás seguir esta conversación en otro momento,
Ariel? -preguntó.
-Sí,..., por supuesto-respondió Ariel-Pero no quisiera que
abrigues ninguna esperanza- añadió, dando la vuelta a su
escritorio para acompañarlo a la puerta.
Berion sonrió y en un gesto que nunca se había permitido con
Ariel tomó suavemente una mano de ella entre las suyas y la
retuvo.
-No puedo prometerte eso-dijo-pero sí que puedes contar
conmigo para lo que sea...hasta para ayudarlo a él.
Ariel le retribuyó con una moderada sonrisa.
-Espero que esto último no sea necesario- replicó mientras
retiraba su mano y abría la puerta.
Berion salió y enfrentó la mirada impaciente del comerciante.
-Halmir, buenos días -dijo en un tono distante
-Buenos días, señor Berion- respondió Halmir con ironía
acercándose a Ariel que lo aguardaba en la puerta.
-Dama Ariel, buenos días-la saludó, con toda formalidad.
-Buenos días, Halmir-le retribuyó ella, invitándolo a entrar
con un gesto y cerrando rápidamente la puerta tras él.