Estel - 124
Ariel - La visita de Berion
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* 31 de mayo de 699 por la noche en Estel *
{ En el calendario esteliano Orgilian 15 de Laer }
Aún sin ánimo Ariel siguió su acostumbrada rutina diaria.
Luego del baño fue a la cocina en busca de una fruta y un vaso de
agua fresca. Todo estaba perfectamente limpio y en orden como
siempre. Lossneth, su anciana criada, ya se había retirado a dormir.
Pronto sería medianoche. Sin proponérselo Ariel salió al jardín y
se sentó en el mismo banco donde noches atrás había conversado
con Halmir. Una brisa fresca la hizo estremecerse. Ya estaba por
regresar a la casa e irse a dormir cuando percibió que la puerta
secreta se abría. Su corazón dio un salto. La elfa se incorporó
rápidamente. Se preguntó si se trataba de Halmir, si venía a verla
era porque ya se había tranquilizado y deseaba hablar con ella.
Aguardó sin aliento mientras el visitante se acercaba a la parte
iluminada del jardín pero para su sorpresa y desilución quien había
utilizado la entrada secreta no era su amado sino Berion.
Ariel abrió muy grandes los ojos mientras el elfo se acercaba a ella
con pasos rápidos y decididos.
-¡Berion! ¿Qué haces aquí? -Lo interrogó Ariel con un tono frío y
demostrando claramente su disgusto- ¿Por qué has utilizado esa
puerta?
-Ariel, buenas noches -le replicó el elfo calmadamente- Me disculpo
por utilizar esa puerta sin tu consentimiento pero me pareció más
apropiado que entrar por el frente a esta hora, alguien me hubiera
visto seguramente.
-¡Pero claro que te hubieran visto! -dijo Ariel- Los guardias de las
Casas de Curación tienen orden de vigilar todo el frente, pero ¿qué
había de malo en que te vieran? Todos mis invitados pueden entrar
y salir a la hora que quieran, ya sabes eso.
-¡Oh, claro! -dijo Berion -Esta puerta sólo puede utilizarla Halmir.
Si lo que te preocupa es que él venga y piense mal de nosotros, no
vendrá, te lo aseguro.
-¿Cómo lo sabes? -preguntó Ariel- ¿Acaso te lo dijo él? ¿A qué
has venido, Berion? ¿Qué era tan urgente que no podía aguardar a
mañana?
-Hubiera podido aguardar -respondió Berion -Pero yo deseaba
venir ahora. No pensé que te disgustarías tanto. Quería comentarte
todo lo que hablé con el Capitán Adromir sobre la situación de
Halmir.
-¿Qué pasó con Halmir? -preguntó Ariel con ansiedad.
Berion la miró con tristeza y luego bajó la vista un instante.
-Al menos disimula un poco -dijo- ¿Cómo puedes preocuparte tanto
por él?
Ariel quiso responder "Porque lo amo" pero se contuvo y permaneció
en silencio, aguardando a que Berion se decidiera a continuar.
-El capitán le sugirió que no te vea, pues está seguro de que cada vez
lo vigilan más estrechamente. Por cierto, Halmir le habló sobre su
verdadero origen, no le ocultó nada y Adromir piensa que tu amado
es una víctima del gran enemigo de su familia, Arador.
-¿Cómo? -preguntó Ariel sin entender.
Berion la miró enigmático.
-¿Podríamos hablar esto en un sitio menos visible? -preguntó, mirando
de soslayo hacia la torre, pues le había parecido ver a Silvaethor y a
Cúnir dirigirse hacia allí.
-Sí, por supuesto, sígueme -dijo Ariel, comprendiendo y lo guió hacia
la parte más oculta de la casa, subieron unos escalones de piedra y la
elfa buscó en las sombras el picaporte de una puerta.-Vamos- le dijo
a Berion, que sonrió al recordar el lugar ni bien entraron.
Ariel encendió una suave luz, que no necesitaba del fuego para brillar
en la oscuridad, un recuerdo de la magia de antaño.
Berion la siguió sin vacilar hasta una estancia bastante amplia. A pesar
de que era una cueva natural no hacía frío allí, el aire estaba templado.
-¿Recuerdas este lugar? -preguntó Ariel, mientras el elfo recorría con
la mirada todo el sitio.
-Claro- respondió él- Es la parte más antigua de tu hogar, donde vivieron
tus padres cuando Estel aún no existía. Estaba rodeado por el bosque.
Era maravilloso.
-Yo aún lo encuentro maravilloso -dijo Ariel -Es mi lugar preferido de
toda la casa. Pero explícame, por favor, qué averiguó el capitán Adromir
para pensar que Halmir es una víctima.
Berion la miró, volvió de un recuerdo de días más felices y respondió:
-El capitán se ha dado cuenta de que Halmir no recuerda todo lo que le
sucedió en ese viaje, sus recuerdos no coinciden con lo que sus cicatrices
revelan, por lo que piensa que alguien lo manipuló para que se culpe a sí
mismo por algo a lo que accedió sólo después de ser torturado y tal vez
amenazado de una forma que no pudo negarse.
-¿De verdad? -preguntó Ariel, con una esperanza renovada.
Berion asintió.
-Sí-dijo con amargura- Pero yo vine a pedirte, a rogarte Ariel, que no lo
busques, que te alejes de él, es peligroso que estés cerca de él. por favor,
recapacita y sé prudente.
Ariel ignoró las sentidas palabras de Berion, sólo podía pensar que tal vez
Halmir tenía una esperanza a la que aferrarse y ella también. Sonrió y se
acercó un poco al elfo.
-Gracias por venir a decírmelo -le dijo- Sé que para tí ha de ser difícil.
Quisiera poder hacer algo para aliviar tu pena, pero...-se interrumpió.
Berion aprovechó ese instante para tomar las manos de Ariel entre las suyas.
-Sabes que yo haría cualquier cosa por tí -dijo, en un tono de voz tan
apasionado que Ariel comprendió que había cometido un error al actuar
impulsivamente. Bajó la vista y aguardó a que Berion se decidiera a soltar
sus manos pues temió lastimarlo demasiado si ella las retiraba.
-Te daré todos los detalles -prosiguió él tranquilamente y siguió hablándole
sobre el capitán Adromir y todo lo que había averiguado sin preocuparse
por liberarla.
La conversación se prolongó. Ariel le hizo a Berion algunas preguntas que él
respondió solícitamente y luego ella le habló de su rutina diaria en las
Casas de Curación. El elfo se ofreció para ayudarla en todo lo que pudiera.
-Berion-le dijo Ariel dulcemente-No es una buena idea, sufrirás más si
insistes en permanecer cerca de mí. Yo estoy muy segura de mis sentimientos
hacia Halmir.
El elfo sonrió y adoptó una actitud de quien se dispone a aceptar un duro
desafío.
-Si estás tan segura de tus sentimientos entonces no ha de molestarte que yo
permanezca cerca de tí, escuché por ahí que mucha gente piensa que soy tu
prometido, eso es muy conveniente en estas circunstancias ¿no crees?-replicó
-¿Qué dices?-protestó Ariel-No es nada conveniente ¿Cómo voy a hacer
después para dar a conocer mi ...la verdad?
-Yo pienso que es lo mejor-prosiguió Berion-Después verás.
-No me gustan las mentiras-Se resistió Ariel.
-Por favor, Ariel -dijo Berion riendo- Sólo piensa en todo lo que nos has
ocultado a nosotros sobre Halmir en tan pocos días, nos has mentido para
protegerlo y no es más que eso lo que te sugiero.
-¿Por qué lo dices? -preguntó ella sorprendida por la seguridad de Berion.
-Por un comentario del capitán Adromir -dijo Berion- Está realmente molesto
contigo por no haber confiado en él, lo sabes ¿no es verdad?
-Sí, claro que lo sé -contestó Ariel- Pero ¿adonde quieres llegar Berion?.
-A la visita que le hizo cierta muchacha pelirroja a tu comerciante-
respondió él- La misma que luego fue vista paseando por toda Estel con
Narmo, tu nuevo amigo y confidente.
-Oh-dijo Ariel-Sentí vergüenza, Berion y no me atreví a decírselo a tu
madre- confesó.
-Dudaste de él -aseguró el elfo.
-¡No! ...Bueno ...sí, pero luego hablé con Halmir y me explicó todo.
-Y le creíste, claro. ¡El amor ha obnubilado tu percepción! -bromeó Berion.
-Estás siendo cruel conmigo -le reprochó Ariel.
-Estoy siendo realista -la corrigió Berion y al ver la expresión de disgusto
de
Ariel volvió a sonreir y dijo-Creo que es hora de que me retire.
-Sí -coincidió ella.
Caminaron juntos en silencio de regreso al banco del jardín.
-Buenas noches, Ariel -dijo Berion
-Buenas noches -correspondió ella.
Lo contempló alejarse lentamente, entonces decidió algo y lo llamó:
-¡Berion!
El elfo se volvió.
-Mañana temprano iré a Pen Estel ¿me acompañarías? -preguntó Ariel.
-Será un placer -respondió él con una sonrisa-estaré en tu oficina
temprano.
Hizo una reverencia y se perdió en las sombras rumbo a la puerta secreta.