Estel - 135
Ted - Rindiendo cuentas al jefe de los invasores
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* 04 de junio de 699 al atardecer en Estel *
En un sector apartado de su taller, el herrero se reunió
con su jefe de operaciones y sus dos ayudantes.
Nerek miró a Ted y le dedicó una sonrisa burlona.
Luego miró a Ciryon y preguntó:
-¿Y bien?
-Halmir se retiró antes de tiempo a su casa-informó
Ciryon-caminaba como si estuviera borracho.
-Veo que cumpliste esta vez-dijo Nerek clavando sus
fríos ojos verdes en el herrero.
-¿Qué fue lo que le di? -preguntó Ted con voz ronca
por la furia contenida- No se parecía a lo que le daba
antes.
-Eso no te incumbe-dijo Nerek- Bien, como intentes
advertirle algo al comerciante te quedarás rápidamente
viudo y sin hijos.
-No te acerques a mi familia-replicó Ted- O te mataré.
Nerek sonrió despreciativamente.
-Sólo inténtalo herrero, me encantará derramar tu sangre
por todo este inmundo taller.
-Ellos nada tienen que ver-dijo Ted-Mi esposa no sabe
nada de todo esto.
-¿La quieres?-preguntó Nerek con desprecio- Se te
ordenó infiltrarte y no despertar sospechas, nadie habló
de enamorarse y menos de tener hijos.
Al escuchar las últimas palabras, Ciryon bajó la vista.
-Esto va también para tí, Ciryon-dijo Nerek- No hay
lugar para sentimentalismos en este asunto.
Cyrion encaró a Hardang que aguardaba más lejos:
-¡Se lo dijiste tú traidor!- le reprochó.
Hardang tragó saliva y musitó una disculpa:
-Me obligó, Ciryon.
-Sólo lo apuré un poco-rió Nerek- Ciryon, te prohíbo
acercarte a las Casas de Curación para ver a tu hijo.
Recuerda que no debes encontrarte con la elfa, con
ninguno de esos elfos, son capaces de descubrirnos.
-Lo sé-dijo Ciryon- No pensaba ir- Mintió, pues estaba
ansioso por intentarlo.
-Bien, así me gusta- dijo Nerek- ¿Lo invitaste a cenar
para mañana como te dije?
-Sí-respondió Ted- Y aceptó.
-Si es que se recupera y va-prosiguió Nerek- Le darás
una segunda dosis.
-¡No!-se rebeló Ted- En mi casa no, sospechará.
-Tú decides-le recordó Nerek- Tu familia o tu "amigo".
-Está bien-dijo Ted.
-Nos vamos ahora, pero te estaremos vigilando herrero,
no lo olvides-le recordó Nerek.
-No lo olvidaré-dijo Ted.
Pronto lo dejaron solo. El herrero golpeó con un puño la
mesa de madera que estaba tras él para descargar su furia.
Estaba acorralado. Nerek conocía su punto débil. Esa
familia que empezó siendo una fachada cuando vino a
Estel como uno más de los invasores. Se asoció con un
humilde herrero y aportó el dinero que traía para montar
un pequeño taller. Luego se casó con Alice, la hija del
herrero. Ella era una muchacha sencilla y bondadosa.
"Será más creíble así" pensó Ted en ese momento pero
luego se enamoró de ella y fue inmensamente feliz cuando
nació su hijo.
Todo estaba bien hasta la llegada de Nerek.
Ted se había encargado de vigilar a Halmir durante todos
esos años y de mantenerlo en el olvido. Pero también había
llegado a sentir verdadera simpatía por Halmir porque sabía
todo lo que le habían hecho en el campamento y de a poco
había ido disminuyendo la dosis del brebaje que le hacían
llegar para que le diera. Siempre la excusa era beber algo
juntos y había funcionado por cuatro años. Así había seguido
hasta que el comerciante había sido herido por otro de los
invasores con un cuchillo envenenado, entonces Ted tuvo la
excusa perfecta para no darle más de ese brebaje pero le había
mentido a Nerek asegurando que todo seguía igual. Le había
jurado que Halmir seguía odiando a la dama Ariel como antes
y que no recordaba nada de lo sucedido, pero en realidad el
herrero no tenía una idea exacta de lo que estaba sucediendo
en la mente del comerciante.