Estel - 136
Halmir - Fiebre y confusión
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* 04 de junio de 699 al atardecer en Estel *
Halmir llamó a su sirviente y le pidió un vaso de agua. El sirviente acudió
enseguida y mientras le servía el agua preguntó preocupado:
-Señor, ¿no sería mejor que fuera a las Casas de Curación? Se lo ve
muy mal.
-No-dijo Halmir- Sólo fue una cerveza que bebí. Se me pasará.
Se retiró a su dormitorio e intentó descansar. De pronto comenzó a
sentir mucho frío y tuvo que cubrirse con varias mantas. Al cabo de un
rato el sirviente se asomó a la puerta. Afuera comenzaba a oscurecer.
Lo escuchó quejarse bajo las mantas y encendió una luz para poder
observarlo mejor. Halmir temblaba de frío pero estaba empapado en
sudor.
-Traeré un sanador, señor-dijo el sirviente.
-No vayas, mejoraré-insistió Halmir.
-Lo siento, señor-dijo el sirviente y desapareció por la puerta. Salió de
prisa. Sólo tenía que cruzar la plaza y ya estaría en las Casas de
Curación.
Una dulce voz le hizo volverse. Allí estaba esa hermosa elfa de cabellos
dorados contemplándolo.
-Disculpe buen hombre-dijo Valenriel- ¿El señor Halmir se encuentra
en la casa? Necesito hablar con él.
-Sí, señora-respondió el sirviente-pero se encuentra muy enfermo, yo
me dirigía a las Casas de Curación en busca de un sanador.
-Yo puedo ayudarle, sé de sanación-dijo Valenriel.
Al hombre se le iluminó la mirada.
-¡Eso es maravilloso!...Permítame guiarla dama....
-Valenriel-acotó ella siguiendo al sirviente de regreso a la casa de
Halmir.
-Es por aquí, dama Valenriel- dijo el sirviente al abrir la puerta del
dormitorio.
-Minardil-le reprochó Halmir-¡te dije que no trajeras a nadie!
Luego miró a la elfa
-Dama Valenriel, no era necesario que...-intentó seguir
-Halmir-lo interrumpió ella acercándose a la cama y tocando su
frente-¡Estás ardiendo de fiebre!
Entre Valenriel y el sirviente le quitaron las mantas y vieron que
tenía las ropas empapadas.
-Tenemos que quitarle esta camisa-dijo la dama-traiga algo para
secarlo y una camisa limpia.
-¡No!-exclamó Halmir-No me quitarán la camisa, dama Valenriel,
¡no puede usted verme!...no es correcto.
-Es necesario-dijo Valenriel-Yo sé tu secreto y tu sirviente hará
lo que tú le pidas.
La elfa podía ser muy persuasiva cuando quería.
Halmir se resignó y permitió que lo ayudaran. Se sintió muy mal
cuando vio la cara de sorpresa de Minardil al descubrir esas
cicatrices que él odiaba.
-De esto ni una palabra a nadie-dijo Valenriel
-Sí, señora-respondió el sirviente.
-¿Tienes idea de que pudo causarte esto, Halmir?-preguntó la elfa
cuando ya estaba de nuevo recostado y con un paño frío en la
frente.
-Fue una cerveza que bebí junto con Ted, mi amigo, luego comencé
a sentirme mal y empeoré rápidamente-respondió él- Pero ya
pasará.
Valenriel observó a Halmir un momento en silencio, luego llamó al
sirviente y le pidió que fuera de prisa a la casa de huéspedes en
busca de Silvaethor y unas hierbas.
El sirviente se extrañó pero obedeció enseguida. Al llegar a su
destino sólo encontró a Berion, le explicó rápidamente la situación y
el elfo buscó las hierbas y lo acompañó.
Valenriel se sintió contrariada al ver a Berion pero disimuló, con
las hierbas preparó un remedio que le dió a beber al comerciante.
Apenas intercambió algunas palabras con su hijo.
La noche avanzó rápidamente. Halmir se durmió pero pronto
comenzó a murmurar palabras entrecortadas en sueños.
Berion escuchaba atentamente. Valenriel colocó sobre la frente
ardiente del comerciante un paño embebido en una infusión que
también había preparado.
-Descansa Halmir-le susurró.
-Gracias, Ariel-dijo él confundido.
Luego volvió a las pesadillas y comenzó a llamarla una y otra vez.
-Creo que deberíamos avisarle a Ariel-opinó Berion.
-Nada de eso-dijo Valenriel-Yo lo cuidaré.
Halmir dejó de llamar a Ariel y regresó a las torturas que había
sufrido años atrás.
-¡No, por favor, mis sobrinos, no!-exclamó de pronto-¡Ella no!
¡Ella no! Haré lo que me digan, lo juro, lo juro.
Berion miró a Valenriel
-¿Sabes de que habla?-preguntó
-Sólo son pesadillas Berion-replicó ella.
Al amanecer Halmir volvió a llamar a Ariel. Su voz sonaba tan
lastimera que Berion se impacientó.
-Iré a buscarla-dijo y sin admitir réplica abandonó la habitación.
Al quedarse sola con Halmir, Valenriel lo tranquilizó y le susurró
unas palabras al oído.
-Cuando Ariel llegue-le dijo para terminar- Ya estarás despierto
y tendrás algo muy importante que decirle.