Estel - 140
Ciryon - Frente a frente con Ariel
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* 07 de junio de 699 por la tarde en Estel *
Ciryon al fin había cobrado valor para escabullirse en las Casas
de curación y buscar a su hijo. Equivocadamente pensaba que el
niño aún seguía allí pues había rondado la humilde casa de Beth
y siempre la encontraba vacía.
Eligió un momento de poca actividad y sin ser visto por los
guardias logró llegar hasta las habitaciones de los niños.
Luego de tres intentos fallidos dió con la habitación correcta. El
hijo mayor de Beth se encontraba tomando una merienda. Al verlo
entrar el muchacho lo reconoció pero no dijo nada.
-¿Cómo estás muchacho?- preguntó Ciryon intentando ser amable.
-Bien, señor- respondió él -¿Busca a mi hermanito?
-Sí ¿sabes dónde está? -preguntó el umbariano aliviado porque se
le facilitaban las cosas.
-Como estaba sano mi tía Jenny lo llevó a su casa, a mis tres
hermanos los llevó. Sólo yo sigo aquí todavía.
Ciryon suspiró contrariado, sabía que a Jenny no le caía muy bien
ni al esposo de ella, probablemente no le permitirían ver a su hijo.
-¿Vendrá tu madre hoy? - preguntó- Necesito hablar con ella.
-No sé señor, tal vez, ayer no vino, no puede venir todos los días.
Yo aquí estoy bien, son todos muy buenos conmigo.
-Me alegro -murmuró Ciryon- Me voy, que estés bien muchacho.
-Gracias, señor- dijo sonriendo el hijo mayor de Beth.
El umbariano se dió la vuelta para marcharse y para su sorpresa al
abrir la puerta se encontró frente a frente con la dama Ariel. Ella
lo miró con curiosidad al principio y luego con atención cuando
notó lo nervioso que estaba Ciryon.
-¿Quién es usted?- preguntó Ariel muy seria pero con un tono de
voz muy amable- ¿Qué hacía en esta habitación?
Cyrion demoró en contestar. El muchacho habló desde la cama:
-Dama Ariel, él es el padre de mi hermano menor.
-Así es- confirmó el umbariano.
-Llega usted muy tarde-dijo Ariel con suavidad- Su hijo lleva ya
siete días en casa de Jenny, la hermana de Beth.
-Es lo que acaba de decirme este muchacho-dijo Ciryon- Lo
siento.
-Hablemos en el pasillo- dijo Ariel- Luego volveré a verte Tim-
añadió antes de salir sonriéndole a su paciente.
-Gracias dama Ariel- dijo el muchacho correspondiéndole con
otra sonrisa.
Ciryon sintió vergüenza de tener que admitir para sí mismo que no
conocía el nombre del muchacho pues jamás se había interesado
en saberlo.
-¿Podría decirme su nombre? - pidió Ariel ni bien cerró la puerta
de la habitación.
Su voz le pareció al umbariano más poderosa e intimidante, pensó
que aunque quisiera mentirle no podía.
-Ciryon es mi nombre, mi dama- dijo con voz trémula.
-¿Es usted umbariano?-preguntó Ariel
-Sí, lo soy- admitió él como si fuera un delito serlo.
-¿Por qué ha tardado tanto en interesarse por su hijo?
-Yo...es que no estaba...no podía venir, eso es.
-¿No podía?
-Mi trabajo me lo impedía, mi dama.
-¿Cuál es su trabajo?
Nuevamente Cyrion demoró en responder.
-Trabajo en lo que puedo conseguir, justo se presentó algo, no
podía dejarlo para venir.
Ariel volvió a observarlo en silencio. El hombre estaba tan nervioso
que comenzó a transpirar.
-¿Me tiene usted miedo? -le preguntó de pronto.
-¡No! ¿Por qué le tendría miedo? No se ve usted peligrosa.
-No hablo de ese miedo, ¿teme usted que yo descubra algo que
no desea que se sepa?
Cyrion abrió la boca pero no articuló palabra.
-No acostumbro obligar a la gente a develar sus secretos-dijo
Ariel- Salvo que sea muy necesario.
-¿Quiere decir que sí puede hacerlo? -preguntó él.
-Puedo hacerlo- le confirmó Ariel- Si me veo obligada por las
circunstancias. Pero...no estamos en esa situación.
-Debo irme, dama Ariel- aventuró Ciryon.
-Claro- dijo ella- Pero no deje de visitar a su hijo, los niños
necesitan sentir que los aman.
El umbariano bajó la vista.
-No soy un buen padre- confesó- No sé demostrar afecto ni
me ocupo de sus necesidades.
-Pero sabe que está equivocado- dijo Ariel sonriendo levemente-
Así que puede mejorar si se lo propone, su hijo aún es pequeño,
no deje pasar esta oportunidad.
-Lo intentaré- dijo Ciryon y era sincero.
-Buenas tardes -le dijo Ariel liberándolo.
-Buenas tardes y gracias- correspondió él.
Ariel lo contempló pensativa mientras se alejaba. Decidió que
luego hablaría con Mirdan e Hirlin sobre él. Luego regresó a la
habitación para ver al hijo mayor de Beth.
Después de revisarlo le habló animadamente:
-Ya estás curado, Tim- le dijo- Cuando venga tu madre podrás
irte.
El muchacho la miró con tristeza.
-¿No te alegras? -preguntó Ariel que percibía claramente su pena.
-No me quiero ir, ojalá pudiera quedarme aquí.
Ariel le sonrió y le acarició la mejilla:
-No puedes, pero te prometo haré todo lo posible porque no te
vuelva a suceder algo tan terrible.
A Tim le dio esperanzas esa mirada tan dulce:
-¿No podría yo trabajar para usted?- preguntó.
Ariel suspiró:
-De acuerdo- dijo- pero será cuando terminen el comedor de la
escuela de Pen Estel.
-¿Lo promete?
-Lo prometo.
-Gracias- dijo Tim
Ariel sonrió nuevamente y luego se retiró.
En el pasillo se detuvo y pensó en el muchacho que acababa de
visitar, en sus hermanos y en Beth, su madre, tratando de idear
algo para ayudarlos. "Es lo que debo hacer" se dijo intentando
darse ánimo "concentrarme en los verdaderos problemas y
olvidarme de Halmir aunque más no sea por un rato".