Estel - 141
Ariel - Más tiempo para Berion
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* 07 de junio de 699 al atardecer en Estel *
Cuando terminó su jornada de trabajo, Ariel fue a la casa de
huéspedes para hablar con Mirdan e Hirlin acerca de Ciryon,
el umbariano. Allí también intercambió algunas palabras con
Valenriel y Berion.
Los elfos coincidieron en que las averiguaciones estaban dando
buenos resultados y que no faltaba demasiado para que todo se
descubriera, pero confiaban en poder evitar un enfrentamiento.
Ariel se negó gentilmente a quedarse a cenar con ellos y anunció
que se iba a descansar porque estaba agotada.
Berion igualmente se ofreció a acompañarla hasta el portón de su
casa.
-De acuerdo- dijo Ariel notando que los demás los observaban
con demasiada atención.
Salieron y caminaron lentamente hasta llegar frente al portón de
la casa de Ariel.
-Berion- dijo ella pensativa- ¿Cuando aceptarás que no puede
haber nada entre nosotros?
-Sólo el día que te cases con él-respondió el elfo- Pero espero
que eso no ocurra nunca.
-¿Qué puedo hacer para que comprendas?
-Nada- dijo él.
Ariel miró hacia el jardín de su casa y luego volvió a contemplar
a Berion:
-¿Me acompañas a la torre? -preguntó- Será mejor que hablemos
tranquilos.
-Con mucho gusto- aceptó él.
Subieron los escalones con un poco más de prisa y al llegar arriba
Ariel no se detuvo hasta llegar a la baranda y allí se quedó callada
contemplando la ciudad en el atardecer. Berion se le acercó
lentamente sin dejar de mirarla.
-¿Por qué te agrada tanto este sitio?- preguntó
-Me siento bien aquí -respondió Ariel- La ciudad siempre parece
tranquila al contemplarla desde este lugar.
-También parece distante- dijo Berion- Sirve para recordar que
nada tenemos que hacer los elfos en una ciudad humana.
-Yo no pienso así -replicó ella- Cuando la contemplo desde aquí
siento que puedo protegerla.
-Pero no puedes hacerlo por completo- dijo Berion- aunque hay
algo de este lugar que me agrada mucho, el silencio.
-¿Extrañas el bosque? -preguntó Ariel
-Sólo el silencio- dijo él evasivo comprendiendo por donde iba
a seguir ella para tratar de disuadirlo de su propósito de intentar
ganarse su amor.
Ariel sonrió al darse cuenta.
-Como nos conocemos- dijo-Pues...insisto en que somos muy
diferentes.
-Eso no significa que no podamos amarnos-replicó él.
-Esas diferencias se transformarán en motivos de discordia-siguió
Ariel.
-O pueden complementarse.
-Bueno...¿te quedarías a vivir para siempre en Estel si yo te lo
pido? No, me rectifico, si te pongo esa condición para aceptarte
¿qué me dirías?
Berion sonrió y respondió
-Que por tí me quedaría aqui para siempre, pero tengo una
misión que no puedo abandonar y es proteger el bosque. Tendrías
que permitirme visitar el bosque bastante seguido.
-¿Ves?- apuntó Ariel- No es cierto que me ames tanto como para
renunciar a todo por mí.
-Eso no depende de mí, es mi obligación dedicarme a proteger el
bosque.
-Lo sé- dijo Ariel- y la mía es proteger a Estel.
-No quiero ser cruel, pero presiento que llegará el día en que esta
ciudad no necesitará de tí.
-Es verdad- aceptó Ariel con mucha pena- Entonces quizá deba
marcharme al bosque.
-No esperes a que ese momento llegue, aléjate antes de aquí-
sugirió el elfo- Ven conmigo al bosque, yo te ayudaré a olvidar.
-No puedo Berion...ni lo deseo-dijo Ariel mirándolo a los ojos
con ternura.
Esa mirada le dio al elfo la excusa para tomar las manos de ella
entre las suyas.
-¿Sabes que es lo que más lamento? -dijo
-No ¿qué? -preguntó Ariel sin incomodarse demasiado por la
actitud cada vez más osada de Berion
-No haberte pedido que te casaras conmigo tan sólo unos veinte
años atrás, porque estoy convencido de que me hubieras dicho
que sí.
Ariel retiró bruscamente sus manos y preguntó disgustada:
-¿Hablaste con tu madre sobre eso verdad?
-No- respondió él sorprendido-Sólo lo pensé ¿Por qué?.
-Déjame decirte que eso me molesta muchísimo.
-¿Qué cosa?
-¡Que quieras tomar ventaja de las confidencias que yo pueda
haberle hecho a Valenriel!
-No, espera Ariel, te repito que no sé de que me hablas, no
entiendo por qué te has puesto tan nerviosa por un simple
comentario. Quiere decir que es verdad entonces.
Ariel enrojeció.
-Será mejor irnos ya-dijo girando para contemplar la escalera.
-No, no, un momento- dijo Berion interponiéndose en su camino
y obligándola suavemente a mirarlo a los ojos-, no te atrevas a
huir así. Respóndeme ¿me hubieras dicho que sí?
-No me lo pediste.
-No me hagas trampa.
-¿Tiene alguna importancia ahora?
-Para mí sí la tiene.
-Berion...
-Por favor- insistió él
Ariel suspiró.
-Sí -admitió.
-No pueden haber cambiado tanto las cosas
-Sí han cambiado, me he enamorado de otro
-Déjame ayudarte a olvidarlo- pidió Berion
-No quiero olvidarlo-replicó ella
-¿Entonces hubieras aceptado casarte conmigo sin amarme
realmente?
-Yo creía que lo que sentía por tí era amor, pero ahora sé que
era sólo un cariño muy grande, yo te quiero mucho Berion.
-Yo te amo Ariel- dijo él acercándosele a ella. Ariel lo detuvo
apoyando suavemente su mano en el pecho de él.
-Por favor, Berion, vámonos- le rogó.
-Está bien -aceptó él apartándose para dejarla pasar.
Ariel se dio prisa en bajar las escaleras y no dijo una palabra
hasta llegar al portón de su casa. Berion la siguió más animado.
Aún podía abrigar una débil esperanza de hacerla cambiar de
parecer.
-Buenas noches- dijo ella volviéndose para mirarlo.
Berion se acercó y rápidamente la besó en la mejilla.
-Buenas noches- correspondió y se alejó sonriendo.
Ariel también sonrió y llevó una mano a su rostro mientras giraba
para atravesar el portón. Antes de abrir la puerta de su hogar se
volvió para contemplar a los guardias de las Casas de curación.
No le quedaron dudas que aquel gesto de Berion sería el
comentario preferido del día siguiente alrededor de ella.
Suspiró y cerró la puerta a sus espaldas mientras pensaba que
por una vez preferiría estar en el bosque con Berion sin tener que
preocuparse por nada.