7 de Junio del 699.
Hacía un rato que Astar había vuelto al Hogar de
los Niños. Estuvo alimentando a los animales,
limpiando establos... y acabó rendido.
Sacó un pañuelo de su bolsillo para secarse el
sudor y con él el trapo que Ilshat quería usar para el
rastreo. Sin darse cuenta, se lo había guardado.
Lo observó detenidamente. Era de un color muy
parecido al de la hierba, fino y de tacto suave. Se
preguntó quién era la persona que se lo había dejado
allí, que había desaparecido intentando no dejar
ningún rastro... y sobre todo por qué.
"¿Será verdad lo que me ha dicho?" se preguntó.
Toda aquella historia le parecía inverosímil. "No
puede ser que alguien decida irse cuando sabe que otra
gente le aprecia y le apoya" se dijo.
Se sentó en un taburete que cojeaba y se reclinó
un poco contra la pared. Ahí estaba la misma historia
otra vez... al menos, ahora le tocaba vivirla desde
fuera. Todo se parecía mucho a lo que cargó de años su
mirada, a lo que secó el horizonte de su vida y su
caudal de lágrimas.
¿Cuánto tiempo había pasado ya? Astar había
perdido la cuenta. Cualquier otro lo sabría mejor...
era una historia muy conocida por la gente en Estel.
"Lo malo se sabe siempre" pensó.
Tal vez Ilshat no llegara a comprenderlo nunca,
pero lo mejor era esperar. Hacer que el tiempo fuese
un aliado, que desvelara todos los secretos en el
momento oportuno. Como el paradero de aquella chica.
"No es mucho lo que puedo hacer por él además de
mantenerlo alejado de ella" pensó. "Pero tal vez
encuentre una respuesta si voy yo a buscarla".
Se levantó del taburete y fue en busca de niños.
Encontró a tres de ellos jugando en el patio y se
acercó.
"¿Queréis tener a vuestro cargo a los animales
durante unos días?" preguntó disimulando alegría.
"¡Sí!" contestaron los tres en una sola voz.
"Entonces os encargo su cuidado. Tengo que irme de
Estel. Tendréis que darles de comer y beber y mantener
limpias las zonas en las que están. Aunque por eso no
os preocupéis, voy a hablar con gente que os echará
una mano".
Los niños sonrieron. ¡Adoraban a los animales!
Igual que él cuando entró a vivir allí. "Ojalá tengáis
un destino mejor que el que yo tuve" pensó.
Partiría al día siguiente poco antes del amanecer.
Le acompañarían dos de sus perros y su ardilla.
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