21 de Junio del 699.
Orestel estaba durmiendo cuando llegó su hermano
de la fiesta. Ebor le despertó para contarle alguna de
sus triunfales tonterías. Era incorregible e
insoportable. Orestel tuvo que encender un candil y
comenzar a prestar atención a las increíbles aventuras
de su hermano, que para él solían ser exageraciones y
murmullos entre sus bostezos.
"Hermanito, siempre tan aburrido" comenzó Ebor
sentándose sobre la cama de su hermano. "¡No sabes lo
que te perdiste!"
Orestel le miró sin ganas. Ebor no prestó atención
al estado en el que se encontraba su hermano y siguió.
"Tendrías que haber ido a la fiesta" le soltó sin
más.
"No me interesa" contestó Orestel.
"¿Ni por ver mujeres hermosas?" preguntó el mayor
con picardía.
"Sé cómo son las mujeres hermosas que dices" atajó
el menor con desganado.
"Bueno, igual te perdiste el baile," continuó Ebor
tratando de chinchar a su hermano "estuvo muy
divertido".
"Sabes que no me gusta bailar" replicó Orestel
tratando de finalizar la conversación.
"Hubieras visto bailar a la dama Ariel" dijo Ebor
emtre risas. Por fin Orestel comenzaba a imaginar de
qué trataría el monólogo de su hermano.
"¿Por qué te ríes?" quiso saber.
"Pues... creo que no lo pasó muy bien" contestó
Ebor.
"¿Por qué?"
"Pues otra vez se reunieron sus dos enamorados".
Orestel volvió a ver una sonrisa maliciosa en el
rostro de su hermano.
"Vamos, no seas así con ella" respondió.
"No sé que le dijo ese elfo a Halmir" siguió Ebor
ignorando lo que acababa de oír "pero debiste ver su
cara. Se puso pálido".
"¿Y a ti te interesan esas cosas?" preguntó
Orestel intentando reprimir un bostezo.
"Cualquier cosa que le caiga mal a Halmir me
interesa" respondió Ebor con altivez.
Así que era eso. Ebor quería hablar de Halmir.
¿Qué intenciones tendría esta vez?
"¿Por qué le odias tanto?" quiso saber Orestel.
"¿Odiarlo? No, pero me molesta que sea tan
engreído".
"Hablando de engreídos..." pensó Orestel molesto.
"Tiene a todas esas mujeres suspirando por él".
"Y eso es lo que te gustaría a ti" trató de
adivinar su hermano.
"Por supuesto. ¿Qué puede ser mejor?"
A Orestel la conversación cada vez le parecía más
incómoda.
"Por favor, hermano, no seas tan envidioso" dijo
elevando la voz. "¿No tienes bastante ya?"
"Orestel ¿qué pasa contigo?" Ebor elevó también la
suya.
"No comprendo qué es lo que quieres. Lo ambicionas
todo".
"Al menos espero que nuestro padre gane las
elecciones" explicó Ebor.
A Orestel le pareció que Ebor cambiaba de tema
adrede.
"No vaya a ser que gane el aburrido de Ragnar"
continuó el mayor "ni menos Halmir".
"¿Y qué hará nuestro padre cuando tenga el poder
de la ciudad?" interrogó Orestel.
"Ejercerlo para favorecer a los que lo voten,
claro" expuso Ebor con toda la naturalidad del mundo.
"Debería buscar el bien de toda la ciudad" opinó
Orestel.
"Bah, los que tienen poco ya están acostumbrados a
vivir así".
Ebor acababa de resumir la ideología de toda su
familia. Eran egoístas por naturaleza... ¡cómo los
odiaba! Pero él no, al menos él era distinto.
"No es justo eso que dices".
"Tú no estarás pensando en votar por Ragnar,
¿verdad?" inquirió Ebor y siguió mientras se levantaba
para irse: "te conozco, hermanito".
"No pienso en votar por nadie. Y no creo que me
conozcas lo suficiente".
"Tendrás que votar" sentenció Ebor.
"Lo sé" contestó Orestel con hastío.
"Piénsalo bien" le aconsejó su hermano.
Orestel se dio la vuelta ignorando la amenaza
velada de su hermano y apagó el candil. Pero Ebor no
había terminado.
"Lástima que no pude acercarme a Halmir después de
ese baile... ¡cómo me habría divertido!" le oyó decir.
"¿Y qué pretendías?"
"Saber qué lo puso pálido, estoy seguro de que él
y esa elfa se traen algo" dijo Ebor alegremente.
"¿Y por qué no les dejas en paz?" protestó Orestel
esperando que también le dejara en paz a él. "¿Por qué
te gusta tanto meterte en la vida de los demás?"
"¿No te das cuenta que un escándalo favorecería a
nuestro padre?"
"Tiene que ganarse el voto de otra forma" observó
Orestel, que odiaba el juego sucio.
"Lástima que Ragnar sea tan correcto," siguió Ebor
"si le pudiera inventar algo..."
"No vale la pena hacer eso" le aconsejó Orestel.
"Orestel," respondió Ebor llenando su voz de
autosuficiencia "pensando así nunca vas a progresar en
la vida".
"No quiero progresar a ese precio" sentenció el
menor.
"¡No se puede hablar contigo, hermano!" se quejó
Ebor cerrando la puerta de un portazo.
"Nunca van a cambiar" se dijo a sí mismo Orestel.
Y trató de conciliar de nuevo el sueño preocupado por
todo lo que podría ocurrir si su padre ganara las
elecciones.
______________________________________________
LLama Gratis a cualquier PC del Mundo.
Llamadas a fijos y móviles desde 1 céntimo por minuto.
http://es.voice.yahoo.com