Estel - 165
Ebor - Intercambio de favores con Oromirë
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* 22 de junio de 699 por la tarde en Estel *
Era la hora en que Oromirë solía pasar frente a la tienda
y Ebor se mantuvo alerta pues deseaba hablar con ella.
En cuanto la vio se apresuró a acercarse a la muchacha.
-Señor Ebor- dijo Oromirë con aire desconfiado- ¿Qué
quiere saber?
Ebor rió.
-Siempre tan directa, por eso me caes bien preciosa-
dijo enseguida- Quiero saber con que cara amaneció hoy
tu querida patrona.
-Mi información tiene un precio-dijo la muchacha.
-¿Cuánto quieres?- preguntó él.
-No hablo de dinero- aclaró ella- Un favor por otro favor.
-Si está en mi concedértelo ¿Qué puedo hacer por tí?
-Quiero sacar del medio a una persona que hace sufrir a mi
hermana.
-¿Un hombre?
-Una mujer.
-De acuerdo, ¿quién es?
-Se llama Anna y hace poco comenzó a trabajar en el Hogar
de los niños.
-¿Qué tienes pensado?- dijo Ebor en tono confidente y
acercándose un poco más a Oromirë.
-Aún no sé bien pero quiero que pierda su trabajo en el
Hogar así mi hermana recupera su lugar, además parece que
esa Anna se hizo muy amiga de Ragnar y eso a Nenariel
también le molesta.
-¡Qué interesante! Así que amiga de Ragnar ¿Eh? ¿Sólo
amiga?- dijo Ebor enseguida.
-Bueno, no sé, pero a mi hermana le gustaría que ese panadero
se fijara en ella, es una tontería pero yo quiero ayudarla.
-Averiguaré si esta Anna oculta algo en su pasado-prometió
Ebor- Pero ahora quiero algo de información.
Oromirë asintió:
-Creo que la dama Ariel se pasó toda la noche llorando, tenía
los ojos hinchados, nunca la había visto así.
-¿Estuviste ayer en el baile Oro?
-Sí ¿lo dice por lo de Halmir y el elfo?
-Claro ¿Tienes idea de que hablaron?
-Supongo que el señor Berion le recordó a Halmir que él es
el prometido de la dama Ariel- dijo la muchacha fingiendo
no saber más.
-¿Entonces por qué habría de llorar ella? Para una elfa lo
mejor ha de ser un elfo- dijo Ebor con una media sonrisa.
-No sé- dijo Oromirë- La dama Ariel me prohibió hablar de
sus asuntos privados y recalcó que mucho menos con usted.
Ebor soltó una carcajada.
-Mira que bien obedeces bonita.
-Desobedezco porque quiero ayudar a mi hermana, sólo por
eso. Quiero que quede claro.
-Pues eso me tiene sin cuidado- dijo Ebor poniéndose serio
de repente- Este es el trato: Te ayudo a deshacerte de esa
Anna y tú me ayudas a acabar con Halmir.
-¿Cómo? Si usted no me cree que el señor Halmir está
enamorado de la dama Ariel. ¿Qué quiere que haga?-dijo
Oromirë a la defensiva.
-Lo veo en tu mirada- dijo Ebor- Tú sabes algo más sobre
ese asunto pero no me lo quieres decir. Si no confías en mí
no hay trato.
-De acuerdo- dijo la muchacha con cierta aprensión.
-Entonces habla- dijo Ebor impaciente.
-Hoy al mediodía el señor Berion almorzó con la dama Ariel.
-¿Y?
-Déjeme continuar, me tocó servir así que pude escuchar
algo de lo que hablaban y lo hicieron en la lengua común.
El señor Berion le recordó que Halmir debe seguir creyendo
que ellos ya están casados para que no se atreva a
acercarse a ella de nuevo.
Ebor hizo una mueca de disgusto.
-Así que era eso lo que me ocultabas, muy mal de tu parte.
-Hay más-dijo Oromirë.
-Habla.
-La dama Ariel le contestó disgustada "Ya lo sé, no me lo
tienes que repetir varias veces" y él dijo...
-No te detengas- la apuró Ebor.
Oromirë bajó la vista porque sabía que lo que le iba a revelar
a Ebor perjudicaría a Ariel pero decidió proseguir de todas
formas:
-El señor Berion dijo: "También sabías que no era correcto
permitirle entrar aquí para que se encontraran pero lo hiciste
y dos veces. ¿Cuánto más crees que iba a tardar en venir
de nuevo?".
Ebor se quedó pensativo un instante y comentó:
-Eso que dices es muy serio ¿Qué contestó la dama Ariel?
-Pues...dijo "Halmir nunca vendría sin mi autorización en
cambio tú sí lo hiciste"y él replicó "No me compares con
él".
-¿Y qué más?
-Poco, ella dijo "Comportándote así no me ayudas a
olvidarlo", se levantó y se retiró, por un momento temí que
me viera pero no reparó en mí, el señor Berion también se
fue pero antes alzó la voz para que ella lo escuchara y le
replicó: "Pues lo vas a tener que olvidar porque no creo
que te atrevas a visitarlo en la prisión".
Ebor dio un respingo al escuchar la última frase.
-¿Estás segura de que eso fue lo que le dijo Oromirë? -
preguntó intrigado- ¿Por qué habló de la prisión?
-No tengo idea- dijo la muchacha- Ya hice bastante mal
en decírselo, averigüelo usted si le interesa y no se olvide
de nuestro trato.
-Descuida- dijo Ebor- Voy ahora mismo a visitar el tierno
Hogar de los niños, llevaré un presente de parte de mi
generoso padre, claro está.
-Pero mi hermana no tiene que saberlo- aclaró Oromiré.
-Claro que no- confirmó él.
Ebor regresó al comercio, avisó a Orestel que se iba al
Hogar de los niños sin más explicaciones, tomó algo del
dinero de las ventas diarias y lo contó. Sin hacer caso a las
protestas de su hermano salió de prisa.
Por el camino no dejó de pensar en los dichos de su medio
hermana y se rió de sólo imaginar el escándalo que iba a
desatar el rumor que él mismo se encargaría de esparcir
por toda la ciudad.