20 de Junio del 699.
Habían pasado varios días desde que Astar se
encontrara cara a cara con aquella desconocida. No
había vuelto a verla, pero sin duda ella había turbado
su ánimo. Había despertado sus viejos fantasmas.
Pero ya habría tiempo de volver a hudirse en el
fango... ¡ahora tocaba trabajar! La tarea de limpiar y
alimentar a los animales era diaria.
"Habré ganado mucho si con esto consigo
concentrarme y no acordarme... de eso" pensó.
De eso.
Eso le asaltaba cuando limpiaba las cuadras,
cuando daba de comer a las gallinas... Eso le asaltaba
incluso cuando los huérfanos se apiñaban a su
alrededor para que les dejara jugar con los perros.
Eso era todo ahora.
Cuando acabó con todo su trabajo salió a la puerta
principal a airearse un poco. El día era demasiado
cálido, pegajoso. Astar odiaba el agobio que le
producía ver el Sol casi por encima de su cabeza. Por
eso se quedó a la sombra.
De lejos vio venir a alguien. Conforme se iba
acercando, reconoció a su amigo Silas. ¡Hacía días que
no le veía! Astar se alegró.
"¡Amigo!" le gritó. "¿Has estado fuera todo este
tiempo?"
"Sí..." contestó Silas "ya sabes cómo es mi
trabajo. Raro es que pase más de tres días en la misma
ciudad".
"Es una pena, te vendría bien asentarte un poco
más".
"Pero soy feliz así".
Hubo un silencio.
"Astar" comenzó Silas de pronto. "Quería
preguntarte una cosa".
"Dime".
"He hablado con Orestel y me ha dicho que alguien
iba a pedirte que buscaras a una persona".
Astar no veía ni imaginaba la pregunta, pero se
sintió extrañamente incómodo. Sabía que debía dejar
algo a escondidas fuese lo que fuese. Simplemente, el
asunto le estaba empezando a oler mal.
"Bueno, eso es cierto" comentó al fin.
"¿La has encontrado?"
"No" mintió Astar.
Eso estaba muy mal... ¡y él lo sabía! Mentir era
un error que se volvía contra uno, y mentir a un amigo
era una mezquindad. Pero algo le decía que no tenía
otra opción. ¿La conocía Silas? ¿Sabía a quién se
parecía? Habría que estar ciego para no saberlo.
"Bueno, no importa" dijo Silas tranquilamente.
"Habrá ido lejos, pero si la encuentras puedes
decírmelo. Es él quien no tiene que saberlo. No está
preparado para volver a verla".
"Comprendo".
"Me alegro" dijo Silas con una sonrisa recién
plantada en su boca.
"Cambiando de tema... ¿qué sabes de Satia? Siempre
quiero ir a verla pero hace varios días que no tengo
tiempo. Ya sabes cómo es esto..."
"Satia está mejor. Sigue en las Casas de Curación
y cojea, pero está muy animada".
"¿De verdad crees que no le afecta lo que le ha
pasado?"
"Sé que le afecta", meditó Silas "pero su orgullo
le obliga a tragarse cualquier queja".
Miró hacia el horizonte.
"Me gustaría seguir hablando contigo" dijo para
terminar "pero aún tengo que visitar varias tiendas".
"Otro día entonces" solucionó Astar.
"De acuerdo" contestó su amigo. "Por cierto..."
dijo en un tono misterioso mientras ya se iba "si
vuelves a ver a Mellie, dímelo".
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