Entrar
¿Usuario nuevo? Regístrate
valinor · Lista Valinor de correo, un lugar donde poder hablar de Tolkien y de fantasía en un ambiente distendido. Aqui podrás escribir c
? ¿Ya estás suscrito? Entrar en Yahoo!

Consejos de Yahoo! Grupos

¿Sabías que...?
Puedes determinar el orden de los mensajes. Pulsa el enlace en la columna correspondiente a la fecha. Tus preferencias serán guardadas y no tendrás que introducirlas de nuevo.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
Ruinas de un pasado: capítulo 7   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #5300 de 5464 |
Hola de nuevo! El misterio sigue, pero en este capítulo se verán
cosas nuevas, pistas, y mucho mucho espíritu hobbit.
Espero vuestras críticas!
Nienna
-------------------------------------------------
- Lo siento, pero tiene que ser así - les dijo Fred. Ambos lo miraron
con el rostro resignado y no dijeron nada.
- Pero... nosotros queremos quedarnos aquí... - le replicó Tanta,
visiblemente fastidiada. No le apetecía nada volver a casa y pasarse
toda la noche por ahí, ahora que se sentía agradablemente útil.
- Tenéis que comprenderlo... si no vais a la fiesta la gente
sospechará, asomarán los hocicos por las ventanas y me atosigarán a
preguntas... no creo que a estas horas el secreto que nos procuramos
aún resista. Detrás cada ventana hay ojos y en las rendijas narices,
como suele decir el viejo Tío. Además os lo merecéis, apenas habéis
parado, y hoy es un día de celebración. Puedes estrenar las enaguas
de raso, Tanta querida... - le dirigió una mirada suplicante. Sabía
que ella sería capaz de arrastrar a Drogo afuera si la convencía.
Tanta tomó aire lentamente, con los brazos en jarras, y se resignó
con un hondo suspiro. Se volvió hacia Drogo y lo miró desde debajo de
las cejas fruncidas, pero con una sonrisa.
- Pues si tengo que acicalarme y perfumarme, necesito que este
zoquete me lleve en el carro para no llenarme de barros el galón de
la falda. ¡Qué remedio, qué martirio! - y, alzando los brazos al
cielo,enganchó a Drogo con el pie y lo empujó hacia la puerta. —
¡Recoge tus ropas y vámonos, venga! Aunque hay quien no tiene arreglo
aunque se vista con las galas de un príncipe...
Fred se rió con ganas ante el quejido de su compañero, que entró con
un mohín en su cuarto. Tanta se estaba buscando una rezongada de
escándalo, pero le había salvado. Se acercó a ella y se lo agradeció
al oído con suavidad, pero ella le quitó importancia en un susurro.
Drogo salió al rato llevando un paquete envuelto en papel marrón bajo
el brazo, y rojo hasta las orejas, pero esta vez no era de rubor.
- Parece mentira... ¡no hace falta que te metas conmigo, vieja bruja!
No te pienses que voy a estar cargando contigo toda la noche, ¡lo
llevas claro!. En cuanto lleguemos al Llano, desaparece de mi
vista...
- Vamos, mula torda, aún no llegaremos a los torreznos de Hildegarda,
ni a la apertura de los barriles de la añada vieja... -. Ante estas
amenazas, Drogo abrió los ojos de par en par y se apresuró para uncir
a Ted en la carreta. Cuando desapareció por la puerta, Tanta se
acercó a Fred con el rostro tintado en preocupación.
- No te preocupes por mí - susurró Fred -, estaré bien.
- Lo sé - contestó ella -, pero es que tú eres más tontorrón incluso
que Drogo... ten cuidado, ¿vale?
- Lo tendré. Pasáoslo bien, ¿de acuerdo?
- Pierde cuidado.
Fred observó a Tanta desaparecer por la puerta y se preguntó por qué
las personas nos parecen tan hermosas cuando las ves cruzar una
puerta, marcharse... después escuchó cómo se iban, y nada más.

Félix los recibió ladrando durante su entrada a la granja, a brincos
por el flanco del viejo Ted y atosigando a Tanta cuando bajó del
carro. Sin embargo, a Drogo le pareció escucharle gruñir ferozmente
nada más puso el pie en el suelo del establo.
- Este perro tuyo está loco - le gritó a Tanta cuando al fin puso una
puerta entre su tembloroso cuerpo y las fauces de la bestia -, ¿no le
habéis enseñado que los hobbits no se comen?
- Eres tú quien está mal de la cabeza - le respondió ella, besando la
frente de su padre. El viejo Eriales reposaba tranquilo en la mesa de
la cocina, con un puñado de escarabajos y orugas sobre el tablero y
una ancha sonrisa en el rostro. No preguntó nada a su hija, pero
respondió al beso con un pequeño abrazo -. Voy al cuarto a cambiarme
de ropa. Tú puedes utilizar la habitación de invitados, pero ¡no me
la manches!. ¡Quítate esos barros en la fregadera!
Refunfuñando y rezongando Drogo le hizo caso. Mientras tanto, Holman
se levantó de la mesa y puso una tetera al fuego con parsimonia.
Desde su forzada postura (con un pie en el suelo y el otro en la pila
de piedra, una mano en el pie y la otra bajo la rodilla) Drogo se
preguntó por qué el viejo no le había preguntado nada a su hija. Le
sorprendió oírlo hablar fuerte y alegre a sus espaldas, donde ahora
desgranaba guisantes en un balde.
- Recuerdo cuando yo iba también a la fiesta de la cosecha, pero me
parece que hace siglos de aquello. Ahora estoy tan cansado y tan
viejo, que ni siquiera puedo ahorquillar a Ted para arar los campos.
Hubo un tiempo en que fui el verdadero amo del bosque, en que lo
tenía dentro de mi puño. La tierra se empeñaba y se resistía, pero no
podía hacer nada bajo mi mando. El mundo era mío... me sentía tan
confiado y fuerte en mi propio cuerpo que nada me parecía imposible.
Y fue en la fiesta de la cosecha donde conocí a mi hermosa Violeta...
El tono de voz de Holman se volvió nostálgico y alegre, aunque había
un deje de dolor en sus palabras. Drogo se detuvo y aguzó el oído.
- Lo supe desde el primer momento en que la ví: sería mi esposa. ¡Y
lo que me costó! Nadie lo sabe bien, era dura como una roca y firme
como la tierra después de una helada. Pero era buena, grácil y
fuerte, fiel y segura. Y cuando me trajo a Tanta al mundo, supe que
mi vida era plena. Pero ¡ay!, Tanta fue una tierra que hube de arar
solo, porque Violeta se me marchó entre los dedos como el súbito agua
de un manantial, tras el parto... Tanta es una chica excelente, tan
segura, tan trabajadora. Tengo plena confianza en ella, pues siempre
obra escuchando a su cabeza y su corazón al mismo tiempo, lo que la
mayoría no podemos decir sin mentir. La pobre tiene que hacer todo el
trabajo, ahora que se me han agostado los huesos... la maldita tierra
de la linde al final me está sometiendo. Nada de lo que brota de la
tierra permanece, excepto quizá la misma tierra, joven amigo.
Drogo sonrió. Los chicos del pueblo a veces lo llamaban loco por
intentar arar las piedras y someter los torrentes, pero acababa de
comprender que el pacífico hombre que ahora apagaba la tetera sólo
seguía el dictado de su corazón.
- Aunque me parece que deberías hacerle caso... es terrible cuando se
enfada... Deberías ir a cambiarte de ropa antes de que ella salga..
Drogo bajó el pie de la fregadera, se secó en la alfombrilla de paja
y entró en la habitación de invitados, al fondo del primer pasillo a
la izquierda. Lo primero que le llegó fue el cálido y agradable olor
de la lavanda fresca.

Envuelta en piel de venado, sentada en un enorme sillón frente al
fuego, pensaba en todo y nada a la vez. Su cabeza tironeaba adelante
y atrás al ritmo del cepillado. Estaba agotada después de llorar en
silencio durante horas.
Bajo la nuca, en una rosca, Fred había descubierto un moño enmarañado
y oscuro de cabello trenzado y ahora se esforzaba en desenredarlo. La
melena caía hasta el suelo, sedosa y oscura, fragante e impenetrable.
Recordó que a él le encantaba cuando su madre le cepillaba el pelo
después de un baño, lo relajante y tierno que le resultaba. La
habitación estaba en silencio.
- A las nueve sonarán unos estruendos por la calle, y ruido de muchas
voces, y castañeteos, pero usted no se asuste - le advertía, con voz
queda, Fred -. Es el paso de los Rebrotes. Los jóvenes en edad de
labrar su primera tierra se cubren de musgo y cortezas atados con
cuerdas de esparto y recorren las calles agitando vejigas rellenas de
piedras, llamando con ese ruido a los brotes nuevos de los sembrados.
Así se dice que despiertan a las semillas que acabamos de plantar
para que se desperecen y comiencen a romperse. Por eso les llamamos
los Rebrotes.
La mujer no dijo nada. En realidad, ella ya los había visto alguna
vez, cuando se adentraban en el bosque después de la caminata para
que el musgo que se desprendían del cuerpo cayera en la corriente y
fuera arrastrado, culminando así el ritual. Reían y cantaban en el
camino de vuelta mientras vaciaban las vejigas en la vereda. Las
piedras salían blancas de tanto trajín y ella las tomaba cuando ya no
había nadie. Al meterlas en la corriente volvían a su color y
brillaban como lomo de pescado, pero al secarse se tornaban de nuevo
blancas. Cuestión de magia, sin duda, pensaba ella. Atesoraba
aquellas piedras mágicas...

Ya estaba presto en la puerta, con su pantalón más nuevo y la blusa y
el jubón brocados que le hiciera la señorita Hontana tres años antes.
Las sangrías de las mangas ya habían llegado a su tope. Cuando se
puso el traje por primera vez, los flancos se besaban. Ahora la
camisa asomaba como alas de paloma por todas las aberturas. Un regalo
de Fred que costó todo el dinero de una vendimia, pero que había
cundido (y cundiría, ya que la señorita Hontana posaba garantía de
por vida en sus piezas, y todas las futuras reparaciones corrían de
su cuenta).
Tanta se tardaba, así que Drogo preparó la carreta mientras tanto.
Para el efecto, Holman había sacado una pequeña calesita (regalo de
bodas de parte de sus suegros) que no se había usado por años, y
había atado al perrazo (afortunadamente, pensó Drogo) para que no
manchase los elegantes avíos. Al cabo de un momento no muy largo
salió Tanta, aún prendiéndose horquillas en el pelo. Tenía un cabello
de veras endemoniado, que no se dejaba domar ni desenredar con
facilidad. La mayoría del tiempo Tanta lo había ocupado en intentar
convertir los rizados y enmarañados remolinos en una suave corriente
trenzada en forma de moño, en la que había prendido encarnadas flores
otoñales. Al verla, Drogo se sintió divertido. Parecía estar tan
incómoda en las prendas de gala como él, tan apretada y tiesa se la
veía. Aún tirándose de las haldetas del corpiño bordado, se despidió
de su padre y se pusieron en camino.
Las enaguas de raso crujían en cada guijarro del camino.

- ...y dentro de cada círculo hay carretas, y enormes parrillas con
carne a la brasa, jamones enteros en salazón, y cocidos en su jugo.
Los barriles son abiertos al grito de "¡Salud!" de un golpe, y el
vino y la cerveza manan a chorro. La sidra se dispara por un agujero,
¡y hay que ser muy mañoso para no mojarse las ropas! En cada hoguera
se cuentan historias, negocios y parentelas, se componen canciones y
se cantan desentonadas...
El fuego se había apagado, pero no hacía frío. La vela de la mesita
se había extinguido, pero no importaba. El cabello cubría la
alfombra, pero no pasaba nada.
Frente a las ascuas, sentado en el suelo, Fred exhalaba lentas y
dulces nubes de humo que flotaban un leve momento ante los ojos antes
de engancharse en el techo. Ella estaba a su lado, tomándolo de la
mano, mirándolo a los ojos.
A los ojos... cuando sintió que ella se escurría del sillón para
sentarse en el suelo, dejó de peinarla y se echó a su lado. Hacía un
rato que cepillaba de una forma mecánica, pues el cabello ya estaba
desenredado y seco. Al arrodillarse ella lo tomó de la mano y lo miró
a los ojos. Ya no había miedo ni pena, ni desesperanza. Se le habían
despertado, y ahora brillaban como el azabache. Y a él se le desató
la lengua. Habló y habló, y sus palabras eran como un torrente que
calmaba la sed de ella, que le lavaba las heridas.
- ... las comadres improvisan coplas sobre los novios de los hijos de
sus vecinas, sobre las novias de los primos de sus cuñados... en fin,
de todo lío o jaleo que les alcance las orejas en cinco millas a la
redonda. Los nombres corren de boca en boca y todo el mundo sabe
sobre quiénes tratan, y los lazos de parentesco que les unen con los
protagonistas hasta el quinto grado. Y resuenan como campanas rumores
y chanzas, misterios y alardes... Imagínese qué dirían si nos
hubieran visto ayer...
El silencio le paralizó la garganta. Ella se había quedado seria de
repente. ¿Debería haber dicho éso?
- Pero... - continuó quedamente, desviando su mirada hacia el suelo,
y en tono de súplica - su nombre está a salvo entre estas paredes. No
debe preocuparse por ello.
En ese mismo momento se sintió sucio y rastrero... decididamente no
debería haberlo dicho. Se daría de patadas si pudiera.
- No tengo nombre...
Fred sintió un escalofrío recorriéndole la espina dorsal, y el vello
se le puso de punta. El tono de la voz era muy quedo y dulce,
sencillo y lejano... era el murmullo de la corriente en una noche sin
estrellas, el rumor de un manantial escondido y secreto que roza los
brotes de tímidas campanillas invernales...
- No... no tienes nombre...
Cuando volvió a alzar la vista, ella estaba sonriendo. Era muy
hermosa cuando sonreía. No importaba que las brasas se extinguiesen
ni que el invierno estuviese llamando a las puertas: una candidez
inaudita había invadido la pequeña sala de estar.
- Pues eso hay que remediarlo...

Drogo y sus amigos hurtaban rojas manzanas de la mesa de los
Ciñatiesa . Tanta giraba en "el molinillo", con las mejillas rojas,
riendo como loca, mientras asía la esquina del pañuelo de Fortimbras
Borgo. Y Fred, desde la sala en silencio y a oscuras, con la puerta
entreabierta, vigilaba el sueño de ella, que aún llevaba prendida en
el rostro una tibia sonrisa.
- Belladona...




Lun, 11 de Jun, 2007 8:12 pm

tolkiensegovia
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje

Reenviar Mensaje #5300 de 5464 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Hola de nuevo! El misterio sigue, pero en este capítulo se verán cosas nuevas, pistas, y mucho mucho espíritu hobbit. Espero vuestras críticas! Nienna ... ...
tolkiensegovia
Sin conexión Enviar mensaje
11 de Jun, 2007
8:14 pm
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Todos los derechos reservados.
Política de Privacidad Actualizada - Condiciones del servicio - Directrices - Ayuda