Estel - 185
Berion - Dejando libre a Nerek
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* 02 de julio de 699 de madrugada en Estel *
Berion había aguardado pacientemente a que Hardang y
Cyrion cometieran un error y lo guiaran hacia el paradero
de su jefe. Cuando al fin los dos fugitivos se atrevieron a
salir y dirigirse a otro escondite, también en los barrios
pobres, ignoraban que el elfo los seguía sin perderles
pisada. En la tenue luz del amanecer ni siquieran lo
notaron, Berion era como una sombra sigilosa.
Al fin lo llevaron con Nerek. Berion no se sorprendió
demasiado al reconocerlo de la taberna La Reina Rubia,
lo había visto allí alguna vez y también en esa ocasión lo
había dejado ir.
Nerek se molestó más que alegrarse de la presencia de
los dos hombres y los despidió pronto ordenándoles que
regresaran a su anterior escondite. El rubio entonces se
quedó solo y Berion encontró la oportunidad que
buscaba.
Al elfo no le costó demasiado reducir a Nerek pues era
más fuerte y rápido que el rubio y tenía más habilidades de
las que normalmente dejaba entrever.
Cuando lo tuvo atado firmemente a una silla con las
manos a la espalda y completamente imposibilitado de
soltarse se le quedó mirando con una media sonrisa.
Nerek lo observó lleno de odio pensando que de un
momento a otro llegarían los soldados para llevarlo a la
prisión.
-Ahora sí podemos hablar- dijo de pronto Berion
retrocediendo hasta apoyarse contra una pared cercana.
-¿Qué es lo que quieres, elfo? -dijo Nerek con voz ronca
por la furia- Si estuviera suelto te mataría sin dudarlo.
-Y si yo quisiera puedo matarte en este instante- replicó
Berion- O peor aún, entregarte a los soldados.
-¿Tienes algo en mente?- preguntó el rubio enseguida.
-Lo que importa es lo que puedo ver en tu mente- dijo
Berion- Es interesante que compartamos el mismo
sentimiento por cierto comerciante.
Nerek sonrió comprendiendo.
-Así que de eso se trata- dijo.
-Sí- dijo Berion- Pensaba convencerte de que lo acusaras
de ser el responsable de la invasión pero veo que a ambos
nos conviene más lo que tú tienes en mente.
A Nerek le molestó mucho saber que el elfo podía ver en
sus pensamientos más profundos pero aún así decidió
tomar la oportunidad que se le ofrecía.
-¿Qué va a pasar conmigo después?- preguntó.
-Eso dependerá de tu habilidad- dijo Berion- Por mi
parte me olvidaré de que existes. Esta conversación
jamás ocurrió.
-¿Qué me impedirá matarte cuando me desates?- dijo
Nerek.
-Que no estaré aquí cuando despiertes-dijo Berion- Pero
si me traicionas me convertiré en tu sombra y no me verás
hasta que una de mis flechas atraviese tu pecho.
-¡Eres un desgraciado!-dijo Nerek.
-¿Por qué? - replicó el elfo- Tú no tienes ninguna razón
para odiar a Halmir, no te ha hecho nada y ha sido una
víctima de tu jefe pero yo sí tengo razones para querer
que desaparezca.
Nerek se encogió de hombros.
-¿Por qué simplemente no obligas a esa elfa? Fuerza no
te ha de faltar- dijo burlonamente.
-Eso que dices es una bestialidad- dijo Berion- Claro que
no puedo forzarla, lo que quiero es que ella me ame.
-Y muerto el perro...- rió Nerek.
-Ya no hay nada más de que hablar- dijo Berion y alzó
la mano derecha frente al rostro de Nerek.
El rubio sintió de pronto mucho sueño, cerró los ojos y
agachó la cabeza.
Cuando despertó era de día, un rayo de sol que entraba
por una rendija se reflejó en la daga puesta a su lado.
Estaba solo y tendido en el suelo duro y frío con la mejilla
izquierda helada y la cabeza aturdida.
Se incorporó lentamente y espió por una pequeña
ventana. No había ningún movimiento en la calle.
Nerek guardó la daga y se puso la capa dispuesto a salir
y terminar su misión en Estel.
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