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#4880 De: Eva Bautista <shulamithie@...>
Fecha: Vie, 2 de Sep, 2005 9:40 pm
Asunto: Ilshat 70. (La noche tras Vardamir).
shulamithie
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26 de Mayo del 699.
     Ilshat salió a sentarse en la puerta. El cielo
estaba estrellado y notaba una corriente fresca y
agradable, que poco a poco removía sus pensamientos y
les daba un nuevo orden.
     Eran sus impresiones sobre Vardamir.
     La primera impresión que le había dado era que
realmente se sentía a gusto rodeado de todo lo que
tenía en el taller.
     Hasta que supo por qué le parecía que ése era el
mundo de aquel hombre: era un poeta.
     Alguien con maestría para jugar con las palabras,
con las que la mayoría de la gente no sabía hacer casi
nada.
     Alguien que tenía un sueño, y sabía plasmarlo.
     Alguien sin miedo a expresar sus sentimientos, no
como él. Se sintió inútil y supo que aquello era
envidia. Algo terrible si no la controlaba enseguida.
     Y de repente le asaltó una imagen. Aquella
expresión de disgusto que había visto en Mellie. ¡Cómo
estropeaba aquel semblante tan dulce! Porque aunque
Mellie fuese violenta y vengativa, era lo más dulce
que conocía. Deseó con toda su alma que ella fuera
suya.
     Pero él no era así. No era posesivo en ningún
sentido, y no podía serlo con una mujer. No era justo
y ella le odiaría. Pero era lo que sentía, y se
maldijo por eso. Un fuego fiero intentaba chamuscar su
manto de inocencia.
     Supo lo que tenía que hacer. ¿Se atrevería?
Seguramente no, pero el primer paso no le iba a
costar, pensó. Entró al taller y salió con lo que
necesitaba. Volvió a sentarse y suspiró.
     Miró al cielo. Oscuro y silencioso, inmenso.
Oscuro como los ojos en los que le encantaría perderse
para siempre. Y su mente estaba en blanco.



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#4879 De: Eva Bautista <shulamithie@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 9:42 pm
Asunto: Silas 69. (Acompañando a Vardamir).
shulamithie
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26 de Mayo del 699.
     La cena había sido muy agradable. Y llegó el
momento de despedirse. Vardamir tenía que volver a
casa. Silas decidió acompañarle a casa... sabía que su
madre estaría preocupada. La conocía bien y sabía lo
protectora que era.
     "Pronto volveré a molestaros" dijo a modo de
despedida de sus anfitriones.
     Y con una sonrisa salió de la casa.
     Era ya noche cerrada. De camino a casa de
Vardamir, Silas le mostró unos rollos de papel que
llevaba bajo el brazo... su amigo el poeta ni siquiera
había reparado en ellos.
     "Son para ti" le dijo. "Los tenía reservados desde
antes de llegar a Estel".
     Vardamir mostró sorpresa al saber que aquello era
para él. Era demasiado pobre para pagarlos y demasiado
humilde para aceptarlos.
     "Te los regalo" dijo Silas, y se los puso en la
mano.
     Vardamir rechazó los rollos, pero Silas insistió
hasta ponerse casi violento. Y el poeta tuvo que
resignarse.
     Llegaron a la casa. Era grande, pero presentaba un
aspecto un tanto descuidado. La falta de dinero estaba
empezando a hacer estragos en ella. Vardamir empujó la
puerta.
     "Madre" dijo oteando en la oscuridad. "He vuelto".

     Su madre no contestó.
     Vardamir buscó a tientas una vela de la mesita. La
encendió y allí estaba su madre, acurrucada en su
silloncito. En el suelo había un libro. Se le habría
caído al quedarse dormida. Su hijo la despertó
poniendo una mano en su hombro.
     "Me tenías preocupada" dijo ella.
     Silas se adelantó.
     "Disculpe, ha sido culpa mía" comenzó. "Lo he
llevado de visita a casa de unos amigos".
     "Son muy buena gente" se apresuró a decir
Vardamir. "Además, allí hay una chica que trabaja en
las Casas de Curación. Podría venir por las tardes,
pero con la condición de que dejaras que trajera a su
hijo. No puede dejarlo solo".
     "No os preocupéis por eso, no necesito a nadie",
mintió la señora.
     Silas entendió enseguida. Estaban en la miseria y
no podían permitírselo .
     "Volveré otro día, a lo mejor tenéis otra opinión.
Y ahora me voy, es tarde. Buenas noches" dijo Silas
cruzando el umbral de la puerta.
     A partir de allí todos los pensamientos se
quedaron anclados en el quicio de la puerta, pues su
único pensamiento eran su amigo el poeta y su madre.
Haría algo para ayudarles, lo que fuera, pero en ese
momento le faltaban ideas y le sobraban estrellas
brillando sobre su cabeza.



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#4878 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 9:28 pm
Asunto: NARMO IX
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NARMO IX
 
 
En cuatro zancadas entró Narmo en Estel y dos le bastaron para llegar al laboratorio de la Casa de Sanación, en donde examinó el material que había traído consigo y se enfrascó en el trabajo de elaborar la dilución que había diseñado en su mente. No era tarea fácil y requirió de tal modo su atención que no advirtió que la luz de las velas era innecesaria hasta que le avisaron de que la Segunda Sanadora lo requería en su despacho inmediatamente.
 
Con parsimonia, Narmo dejó la marmita que sostenía, escuchó a la aprendiz que le habían enviado, comprobando que no era Zâira, y murmuró con aquel extraño acento.
 
- Dile a la Dama que no pretendo ser impertinente, pero tengo una tarea de suma importancia a medias y que la palabra "inmediatamente" es inadmisible para un Eldar...Dile que iré en cuanto termine y que me apresuraré.
 
La pobre muchacha, que conocía por boca de Zâida el mal humor de aquel Elfo hizo una reverencia memorizando las palabras exactas.
 
Niniel hizo un gesto de disgusto y se resignó a esperar. En cuanto la Dama Ariel llegara pondría en su conocimiento todas estas cosas.
El Sanador no tardó en aparecer, precedido por su alargada sombra.
 
- Buenos días, mi Señora -La saludó desde la puerta- Me habéis mandado llamar...
 
- Adelante, pasad -Dijo la Segunda Sanadora tensándose.- En ausencia de la Dama Ariel, que es quien rige todo esto, soy yo la encargada de dirigir ¿Entendéis?
 
- Perfectamente, mi Señora.
 
- ¿Os dais cuenta de que eso requiere obediencia? Vuestra obediencia... -Puntualizó-
 
Narmo dejó escapar una carcajada.
 
- La misma -Siguió Niniel algo exasperada- que la que vos exigís a una muchachita que tuvo la desgracia de ser asignada a vos como aprendiz.
 
Ahí la risa del Noldo fue incontenible, arrebatadamente sincera. era ese tipo de risotadas que surge espontáneamente de la comicidad más extrema.
 
- ¡Oh! ¡Disculpadme señora! ¡Pero es que sois exquisitamente graciosa! -Dijo aun riendo- ¡Entiendo, entiendo, entiendo!
 
- ¡Pero esto es inadmisible! ¡Inadmisible!
 
Niniel se levantó. Había perdido los estribos.
 
- Podéis contar con que la Dama Ariel será informada - Siguió.
 
- ¡Claro, claro! -Dijo él tratando de reprimir su risa.
 
La Segunda Sanadora no sabía que hacer. Caminó hacia la ventana, dándole la espalda.
 
- ¿Habéis dejado instrucciones con respecto a los contagiosos? -preguntó retorciéndose las manos.
 
- Así es mi Señora, pero no son contagiosos en absoluto, tienen una afección conocida como "El mal del minero", precisamente cuando (y volvió a reír francamente divertido) "pongáis las cosas en claro" con la Dama Ariel decidle que tengo muchísimo interés en comentarle el tema, un tema que, a diferencia de las rabietas de una adolescente con los humos muy altos, es de importancia extrema para Estel...
 
- Así lo haré -Respondió Niniel hosca, molesta. Luego se volvió a él.
 
- ¿De modo que cualquiera puede hacerse cargo de esos cuatro pacientes?
 
- Por hoy...por hoy sí -Dijo Narmo.
 
- En ese caso -Contestó rápida Níniel, os encargaré una misión que esté e vuestra altura...
 
- En ese caso -Replicó el Eldar burlón- os mostraré una obediencia digna de aprendiz sumisa... ¿qué queréis que haga?
 
Niniel se estiró. Le costaba ser severa y habitualmente no tenía necesidad de ello pero pensó que aquel prepotente Eldar bien merecía un baño de humildad. Avanzó hasta un fichero y sacó una caja de mimbre llena de unos pequeños pergaminos.
 
- Hay una ordenanza que obliga a que ciertas muchachas se hagan una revisión periódica, mensual. El objetivo es cortar de raíz la propagación de ciertas plagas realmente nocivas... El poder de la Dama es grande y pudo evitar durante muchos años este tipo de conductas indeseables, pero la ciudad ha crecido estrepitosamente y el control total es imposible... La costumbre es que no vengan por aquí... Son los sanadores quienes se encargan de visitarlas: Las muchachas en cuestión son disciplinadas y suelen acudir al examen, pues saben que tenemos una ficha de cada una de ellas y que las que no comparezcan serán traídas por el los guardias y se les cobrará una multa. El examen, por supuesto es de tipo ginecológico y se efectúa en una pensión del sector sudoeste llamada "La Reina Rubia", en una habitación que el propietario del local, el Señor Mungo, nos brinda a tal fin ¿Alguna pregunta?
 
 
 
 
 

#4877 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 8:25 pm
Asunto: NARMO VIII
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NARMO VIII
 
 
Si entrar le había resultado fácil, salir aun lo fue más.
 
Los rayos de Anar empezaban a amarillear el cielo y eso hacía que ocultarse fuera un obstáculo añadido. Sin embargo, cuando la luz exterior empezaba a ser potente una luz interior le iluminó también:
 
¿Para qué ocultarse?
 
Ahora sabía con certeza que los cuatro mineros decían la verdad y además tenía aquello que necesitaba para intentar curarles. Los guardianes eran apenas dos hombres y no le podían detener, por mucha fuerza que tuvieran. Además diría su nombre bien alto y bien claro, y también en donde iban a poder hallarle. Prefería que el dueño de la mina lo buscara a él que no al revés.
 
- ¡Alto! ¿Quién vive? -Preguntó uno de los guardianes con la voz cascada por el frío y la noche.
 
- Mi nombre es Narmo -Anunció el Elfo, viendo como el guardián llevaba su mano hasta la empuñadura de una cimitarra que colgaba de su cinto- Soy Sanador, trabajo en Estel, obviamente en las Casas de Sanación y he venido a buscar algo que cuatro de mis pacientes. obreros de esta mina, necesitan como esperanza única de salvar sus vidas.
 
- ¡Esto es una propiedad privada! ¡Has entrado, no sé cómo, sin permiso! ¡Pero te juro por Súlimo y por Varda que no te llevarás nada! -Afirmó el centinela sacando la espada y avanzando hacia él.
 
Narmo no quería enfadarse. Aquel hombrecillo no era nada, no era nadie, una gota en un mar de individuos condenados a morir. Sólo tenía una función, transmitir al tipo que realmente mandaba y pagaba, que él, Narmo,  había penetrado en sus recintos, que conocía sus profundas ambiciones y que con su acción le llamaba asesino... Pero aquel centinela estúpido pronunció a la ligera palabras terribles, palabras que marcaban una condena eterna para un pueblo inmortal, palabras que habían desencadenado que aun ahora el hado maligno de un Juez injusto persiguiera a aquel Eldar enfundado de negro.
 
Con una habilidad imprevista, Narmo esquivó el mandoble, alzando al hombre por su espalda y arrojándolo contra el segundo guardia, que espada en mano, se abalanzaba también sobre el Noldo dispuesto a cumplir con su trabajo. No lo ensartó de milagro.
 
Narmo estaba enfurecido, y hacía años que no se sentía así.
 
No le gustó.
 
Apretó el zurrón lleno de las piedras que había venido a buscar y se alejó a paso rápido.
 
- ¡Maldita sea! ¡Maldita sea!  -Murmuraba non los dientes apretados mientras sus botas daban furiosas patadas a cuantas piedras se interponían en su marcha.
 
Los centinelas se miraron sin saber que hacer.
 
- ¿Tu crees que se ha llevado algo de plata? -Preguntó uno a otro.
 
- ¡Nah! Y si se la ha llevado ¿Quien ha contado los filones que hay?
 
- ¿Crees que debemos contarle lo que ha pasado?
 
- ¡Si! ¡Maldita sea Sadoc examina cada mañana mis armas y la espada se ha mellado contra una piedra!
 
 
 
-

#4876 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 7:20 pm
Asunto: NARMO VII
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NARMO VII
 
Narmo se encargó de administrar a los cuatro mineros unos medicamentos que les aliviarían la infame tarea de dormir, disipado , aunque fuera por breves horas su tos, Si la aprendiz de sanadora estuviera allí le habría enseñado el modo de hacer la mixtura, pero la niña no había regresado. Tal vez algo de descanso le viniera bien.
 
Tras hacer la ronda, se sentó en un rincón, con el arpa en las manos y desgranó una melodía dulce, que poco a poco logró el efecto relajante que su autor esperaba de ella. Cuando intuyó que dormían dejó el instrumento cuidadosamente, se envolvió en su capa de viaje, advirtió  un celador barbudo de su marcha y dejó las estancias de la Casa de Sanación, perdiendo sus pasos en la noche.
 
Confundido con las sombras, negro en el negro de la profunda tiniebla, paso la guardia de la puerta sin ser visto, como los Primeros Nacidos saben hacer cuando así se lo proponen y dejó la ciudad,
 
El camino de la mina, trillado por el cotidiano ir y venir de los cansinos obreros, no le fue difícil de encontrar. Hacía años que no veía casos tan típicos del mal que había azotado a los enanos de Moria mucho antes de que el Balrog  acabara con ellos. Era incurable, pero quería  probar a administrarles en dosis infinitesimales los efluvios que habían provocado en ellos la enfermedad. Aunque para obtener las piedras susceptibles de generar los gases tóxicos tuviera que adentrarse en las profundas galerías que atesoraban en sus entrañas el valioso Mithril.
 
Tras caminar unos cuatro kilómetros llegó a la mina, cuyas altas puertas estaban cerradas. Unos mercenarios armados las vigilaban. Narmo se detuvo. Su aguda vista élfica le permitía ver sin ayuda de luz alguna.
 
Acechó.
 
No tenía prisa.
 
Aquella noche Isil remoloneaba entre las nubes.
 
Silencioso, felino, Narmo se aproximó.
 
- ¿Oyes algo? -Preguntó uno de los guardianes al otro
 
- ¡Lobos! ¡Ni caso! Ya te acostumbrarás.
 
Narmo sonrió. ¡Lobos! Y seguro de si mismo, como si aquel hombre pronunciara para sí mismo un conjuro aturdidor, se deslizó por encima de la cerca y penetró a la densa maraña de túneles.
 
Una mina no le resultaba inquietante ni extraña. Había conocido y explorado muchas, sobre todo cuando el Haryon Carnistir tenía relaciones con Nogrod y Belegost, hacía ya muchas edades. Conocía los trucos para no perderse por los nudos laberínticos de galerías cruzadas y enredadas, sabía orientarse en la uniformidad de las formas anodinas de las bocas de los túneles, más difuminadas aun por la oscuridad sin paliativos de la noche, aliada al subsuelo.
 
Narmo siguió filos de plata emergentes, seguro del camino a medida que se debilitaban hasta casi desaparecer en las vísceras telúricas del subsuelo. Tras una media hora larga de camino, halló el mithril y las piedras que buscaba, única esperanza de mejoría, ojalá que de curación, de cuatro seres condenados por la pobreza y el egiosmo a morir como perros sin haber podido ni tan siquiera vivir.
 
Algún día traería hasta allí al dueño de todo aquello
 

#4875 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 6:13 pm
Asunto: estel: Lôkhi (1) Los negocios de una oveja negra
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26 de Mayo, 699 de la 4a. Edad, madrugada
Taberna "La Reina Rubia", Estel
----------------------------------

Nadie se fijaba mucho en Lôkhi, apodado así por sus compatriotas umbareanos,
gracias a su andar patizambo y, tal vez, a su propio carácter retorcido. Se
limitaban a tolerar su presencia, mientras iba de aquí para allá en la Casa
de Sanación, ayudando con las camillas, en las cocinas o vaciando la
inmundicia en el área dispuesta para ello en las cercanías. Sombrío, Lôkhi
hablaba poco y cuando lo hacía era con palabras malsonantes.

Este había sido un día dificil con el bastardo del nuevo sanador dando
vueltas y gritándole a Zâira. Sentía un profundo desagrado por ese individuo
alto y de facciones demasiado perfectas para ser humanas. Saber que era uno
de la Alta Gente le predisponía aun peor hacia él. Despues de todo, ellos
tenían la culpa de la mitad de las cosas que pasaban en el mundo. Claro que
Lôkhi se guardaba muy adentro esos pensamientos: sus anfitriones no
aprobarían sus palabras. Odiaba esa tierra fría, donde no vería otra cosa
que pasto y no había la brisa salitrosa del mar. Tampoco le atraía regresar
a su tierra natal. No mientras el bastardo de Ankarel viviera. Maldita
guerra civil que se había llevado a su prometida y a su familia entera..

Enfiló sus pasos hacia la zona de tabernas de la ciudad y empujó las puertas
de la Reina Rubia con brusquedad, como lo hacía habitualmente. Era día de
paga, así que se echaría unas cervezas. Un mes más y podría incluso
refocilarse con la mujerzuela que medraba por allí noche a noche. Pero no de
momento... no, esa presumida se creía que valía una moneda de oro... ¡Seguro
que los Señoritos de Dol-Amroth le habian llenado la cabeza de pájaros! ¿Qué
se creía, con derecho a ganar más en una noche que él en un mes de trabajo
en medio de la inmundicia de la enfermedad?

Se acodó en la barra con toda su humanidad, mesándose su espesa y oscura
barba:

-¡Mungo, ponme una cerveza 1420 y no te demores, viejo cerdo!

El posadero dejó un pichel de cerveza, mirándolo mosqueado:

-Más respeto, perro sureño o te hecho a patadas en tu gordo trasero!

Lôkhi gruñó e iba a responderle algo pero le distrajo la visión de alguna de
las camareras y se puso a observar a la gente. se encontró con Tâmir, uno de
los pocos compatriotas que le dirigía la palabra y se pusieron a hablar de
las elecciones, especulando con lo que ocurriría si ganaba Halmir.

Largo rato después, vió pasar a Azra. Parecía ir de retirada y tal vez la
noche no le habia gustado, a juzgar por la expresión rabiosa de su hermoso
rostro. ¡Lástima! El sabia como hacer que se retociera de placer. Siguiendo
una corazonada le silbó para luego gritarle:

-¡Demuestrame de lo que es capaz una hembra adunaica!

Azra se giró, altiva, dispuesta a contestar con algún sarcasmo hiriente,
pero de prontóse percató de la enorme musculatura del sujeto que la
increpaba. Barbado y malcarado con un inconfundible acento adunaico. "Justo
lo que necesito" pensó. Y como los hombres a veces no parecen pensar
precisamente con la mente, sería cosa fácil. Recordaba oscuramente que el
hombre aquel se llamaba algo así como Lôkhi y no era muy bien mirado ni por
los estelianos ni por sus propios paisanos.Aunque eso a ella le importaba
poco, sabia que si se acercaba al barrio de los umbarianos también
renegarían de ella.  Se acercó a él, susurrándole al oído en su propia
lengua materna:

-Eres fuerte como el viento que empujo al oeste los navíos de Pharazhon, y
tan osado como el rey...

- No... tengo el oro...aún  -Bramo él mientras sus pupilas le dirigían una
mirada ardiente.

Azra mantuvo la mirada, llenándolo de esperanzas:

- ¿Me harías un favor? ... y... no tendrás que esperar al próximo
mes.... -Susurro a la par que dejaba sus palmas en el pecho del hombre

-Dí qué favor es ése.... -dijo él, acariciándole los hombros y la barbilla.

-Encárgate de que cierto individuo sepa que conmigo no se juega... y... y
...-la joven
dejó en suspenso sus palabras.

-Dime de quien se trata...

Ella se lo dijo al oído y él se rió a carcajadas.

-¡Ese sujeto es pan comido! No te preocupes... no volverá a molestarse en su
perra vida...

Ambos hablaban, sin darse cuenta de que alguien los observaba y escuchaba:
una figura envuelta en harapos y unas manos enguantadas. La luz escasa
dejaba adivinar un rostro vendado.

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#4873 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 4:19 pm
Asunto: errata
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Hola, el post "El Heredero (4): La Garza Blanca" ocurre el 27 al medíódía y
nuestros personajes llegan a la ciudad a la caída de la tarde de ese mismo
día

#4872 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 3:45 pm
Asunto: El Heredero (4): La Garza Blanca
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24 de Mayo, 699 de la 4a edad del sol
En algun lugar del interior de Arnor

Resumen:

En la Comarca, cerca del Brandivino, se encuentra el joven Adrahir,
protegido por Rory Madreselva y el resto de los hobbit de la región. Reciben
la inesperada visita de la Dama de la Garza, quien indica a a Adrahir, que
éste ha de partir pues su vida futura no ha de transcurrir entre medianos.
Entristecido, el joven parte en compañia de Balduin Matoso, en dirección de
Bree y luego han de seguir camino guíados por una cigueña blanca..

(ver posts 4869, 4837 y 4832, 4858)

Praderas de Arnor, en dirección Sur
Tarde del 26 de Mayo de 699
___________________________

Balduin conducía con bríos su poney gris, tratando de seguir el a veces
errático vuelo de la garza blanca que los venía guiando desde hacía tres
días. Su compañero, al que se había acostumbrado a llamar Merin, había
hablado muy poco durante el trayecto. Tal vez se deviera a lo poco que había
dormido estas noches. Balduin intentaba animarlo contándole anécdotas, lo
que no hacía sino empeorar la melancolía de su amigo.

La cigueña fue en dirección de una pequeña arboleda, con su vuelo lento y
elegante.

-¡Por allí, Merin! ¡¡Veo un camino!!

Vieron salir del bosque, cuando se aproximaban a él, a un jinete solitario.
Era un hombre alto, de largo pelo negro ceñido con una diadema y unos
brillantes ojos grises.

-¡Dichosos los ojos que te ven, Mediano! -Saludó el hombre, con una amplia
sonrisa.

Balduin se fijó en la abollada armadura, la sobrevesta raída, con la enseña
de una hoja verde sobre el pecho y, curioso, una magnolia enredada en los
herrajes del cinturón que ceñía la sobrevesta.

-¡Salud, guerrero...!

-Avalar del ejército de Greeneburh, mediano -. Dijo el jinete, mirando al
compañero del hobbit.

-Balduin y mi compañero es Merin de Bree.

El guerrero observó al joven fornido, de pelo negro y ojos grises, algo
encorvado como quien se avergüenza de su estatura (que era bastante aún para
uno de los hombres). Una tenue barbaba adornaba las facciones juveniles.

-Si vais en dirección de Taur-Galen he de deciros que ya no son necesarios
refuerzos... la guerra está concluyendo allí...

Balduin sonrió al hombre, le simpatizaba su expresión franca y jovial.

-¿Dime, hay alguna posada por aquí cerca? Porque hace días que no veo más
que pasto y árboles...y ¡estoy harto de comer conejo semicrudo!

El guerrero rió a carcajadas:

-Si apresuráis el paso, llegaréis a Estel, la bella. Preguntad por la Reina
Rubia, allí comeréis muy bien. Eso sí, el posadero es un cabrón estafador.

-Gracias por tu ayuda - Balduin sonrió lleno de felicidad, pensando en una
cama caliente y un buen plato de sopa.

El guerrero se ladeó sobre el caballo y dió una palmada al hobbit.

-Que Earëndil guíe tus pasos: los medianos traéis buena fortuna a quienes
los ven... y vuestro Thain ha sido de invalorable ayuda allá en Taur Galen.
Amigo Merin, en Estel se alegrará tu corazón, ya verás.

Merin miró con una sonrisa tímida al expansivo guerrero y se despidió de él
con una mano. Balduin también lo saludó. Avalar picó espuelas alejándose en
dirección Noreste.
....
La visión de las murallas de Estel, impecables y blancas, exaltó el corazón
de Balduin. Merin, en cambio, no pudo mirarlas. La cigueña blanca se posó en
una de las torres, sobre una de las amplias puertas de la ciudad, la Puerta
Norte.

-¡¡Quién vive!! -preguntó el guardia, con la rutina habitual

Balduin habló por su amigo:

-¡Balduin Matoso Tuk y Merin de Bree y buscamos reposo y buena comida!

"¡¡¿Un mediano?!!", desde hacía siete años, el guardia no veía uno entrando
a Estel. No parecía absurdo que viniera con aquél corpulento joven,
seguramente se habrian conocido en alguna posada en Bree, la cerveza de allí
era famosa. De todos modos, era un hecho tan poco corriente que correspondía
informar a la Dama Ariel. Ordenó a su compañero de guardia:

-Vé. Avisa a la Dama Ariel de la llegada de un mediano y un hombre de
Bree -y, dirigiéndose a los que estaban al pie de la muralla-. Podéis pasar
si respetáis el orden y la paz!! Adelante!

A pesar suyo, Merin no pudo evitar asombro al observa la ciudad. Ni siquiera
su pueblo natal se veía ni tan animado ni importante como esta ciudad. Que
por alguna razón había sido respetada por la guerra que había asolado toda
Arda desde que tenía memoria. No pudo detenerse a pensar: la visión de las
tiendas, los caballos enjaezados, los hombres y mujeres mucho más altos que
los hobbit a los que se había acostumbrado, atrajeron su atención con toda
la novedad de algo nunca visto.

-¿¿Y la cigueña?? Dónde se metió la cigueña?

Merin miró al cielo. Era verdad, no estaba. ¿Acaso esta ciudad era su
destino? Iba a preguntarlo cuando su compañero señaló:

-¡Allí esta nuestro destino!

Merin miró el cartel pintado en madera con brillantes colores: "La Reina
Rubia"

---
Resumen: Balduin y Merin (Adrahir) se cruzan con Avalar, y llegan a Estel,
que les asombra por todo lo que ofrece

#4870 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 9:48 am
Asunto: Zâira 1
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ZÂIRA I
 
 
Níniel, la Segunda Sanadora, no esperaba ver a la sensata Zâira envuelta en lágrimas.
 
 No era su estilo. Algo muy grave debía de haberle pasado.
 
- ¡Me odia! -Sollozó- ¡Ese maldito Elfo me odia!
 
Ni siquiera había traspasado el umbral de la puerta.
 
Níniel la hizo pasar. La abrazó. Zâira soportaba mucha presión, demasiada para una joven de su edad.
 
- Cuéntame que ha pasado -Le susurró acunándola dulcemente.
 
Niniel no tenía hijos ni esperanza, dada su edad, de tenerlos. Aquella sobrina política acaparaba por tanto todas sus ternuras y delirios maternales.
 
Y no le gustaba nada verla llorar.
 
Zâira, por su parte, se sabía en deuda con su tía. Sabía que si era aprendiz de sanadora era gracias a ella y llevaba dos años centrando sus esfuerzos en que nadie murmurara sobre el "injusto mecenazgo" de Níniel. Sin orgullo sabía que era la más ejemplar de todas las Sanadoras. Hasta el día presente sólo había recibido elogios sinceros. Pero aquel ser enorme y monstruoso... ¿Por qué gozaba humillándola?
 
- Yo tampoco me explico, pequeña, ese arranque de mal humor... lo tendré bien vigilado, te lo aseguro... y como haya una sola queja más... Si quiere trabajar aquí deberá guardar el protocolo como todos...Hablaré con él, pequeña, hablaré con él...
 

#4869 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Mié, 31 de Ago, 2005 1:00 am
Asunto: El Heredero (3): Adios, Hogar, Adios
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Resumen anterior:

En la Comarca, cerca del Brandivino, se encuentra el joven Adrahir,
protegido por Rory Madreselva y el resto de los hobbit de la región. Reciben
la inesperada visita de la Dama de la Garza, que es invitada a tomar el té.
Luego de la copiosa comida, la Dama le comenta, a solas, a Adrahir, que éste
ha de partir pues su vida futura no ha de transcurrir entre medianos. El
alma del muchacho se agobia pues los hobbits han sido su familia, luego que
perdiera a ésta en su tierra natal y en trágicas circunstancias. Alivia un
tanto su pena saber que puede llevar consigo al joven hobbit Balduin Matoso.

(ver posts 4837 y 4832, 4858)

Cerca del Puente Brandivino, La Comarca
Madrugada del 23 de Mayo de 699
___________________________

-¡Vamos a ir de aventuras! ¡¡Bieeeen!! ¡Como Bilbo y Frodo! -vociferó
Balduin, batiendo palmas y dando saltitos.

-¡No tan alto! -apremió, entre susurros, Adrahir, a medias sonriente al ver
el entusiasmo del joven hobbit que bailoteaba a su alrededor. Él mismo
distaba de sentirse tan alegre.

Balduin miró con admiración al alto y fornido joven, digno hijo de la Gente
Grande. Se sentía orgulloso de que él le invitase a ir de aventuras y la
sangre Tuk que le venía de parte de madre vibraba de pura emoción y
anticipación al pensar en cuántas aventuras tendría para contar a sus veinte
sobrinos.

-¿Cuando partiremos, Gigante?
-Debemos irnos antes que amanezca.
-Entonces ¡iré por los panecillos y las cosas para un desayuno en el campo!

Adrahir le sonrió, algo tristemente, mientras veía a su pequeño amigo
corretear hacia el smial de los Matoso. Sentía la pesadumbre atornillándose
a su estómago y como si un yunque aplastara su pecho. Dirigió sus pasos
hacia su propio smial, lentamente, como si quisiera perpetuar ese momento.

Rory Madreselva, el que había sido a la vez padre y abuelo adoptivos,
parecía tan viejo ahora, sentado sobre los escalones de la entrada. La Dama
de la Garza al ver llegar a Adrahir se alejó, para dejarles a solas. El
anciano hobbit se puso de pie, alargando los brazos hacia él. El muchacho se
encorvó para abrazarle mientras Rory le rodeaba con fuerza la cintura con
sus bracitos (que era hasta donde llegaba). Ambos permanecieron así, en
silencio: no había mucho para decirse y ninguno quería llorar por no
recargar de pena al otro.

-Traeré tus cosas -terminó de decir Rory, para sacudirse la tristeza: -Te
pondré panecillos y tocino y queso como para tres días... y ya tendré que
oir los gritos de Helga -susurró, forzando una sonrisa.

El viejo regresó arrastrando un gran morral que, era evidente, había
preparado hacía mucho para él.

-Toma, Merin. Es un buen nombre, ya verás - y, sacando algo del bolsillo de
su chaleco, lo puso en las manos de Adrahir -. Toma ésto. Lo tenías en el
cuello cuando llegaste y lo guardamos para que no se te perdiera.

Adrahir abrió la palma de su mano y vió un colgante con la enseña de
Dol-Amroth. Jamás olvidaría aquella enseña ni el paisaje perdido del
castillo desafiando las olas de las Falas. Nunca había hablado de ello a
nadie, pero desde aquél lejano y fatídico día, no podía olvidarlo. El cuero
que sostenía la medalla era nuevo, recién curado. El muchacho bajó los ojos
hasta encontrarse con la mirada triste de Rory:

-Escóndelo pero no te separes nunca de él. Deja que te lo ponga.

Adrahir se arrodilló y el hobbit se puso en puntas de pie, pasando por el
cuello del primero el colgante, con gesto solemne. Ambos se abrazaron

-Es mejor que te vayas antes que Helga se queje por el alboroto -susurró
Rory.

-Volveré, te lo juro -Adrahir casi sollozó.

-Cruza el Puente, la Dama de la Garza te espera allí.

Adrahir asintió y salió de prisa del smial, para no prolongar aún más ese
momento. A grandes zancadas llegó al Puente, donde también había quedado con
Balduin. La Dama de la Garza estaba de pie, sosteniendo por las riendas a su
precioso caballo alazán.

-Toma. Yo he de quedarme aún. Cruzad hasta Bree y mañana por la mañana,
Merin y Balduin, seguid el vuelo de la garza blanca. La reconoceréis
enseguida. Ella os guiará por el camino que debeís tomar. No temas, Merin,
el camino es seguro, al menos por el momento. Recuerda. No menciones tu
nombre verdadero a nadie y vayas donde vayas, procedes de Bree.

El muchacho miró a los ojos esmeraldas de la Dama: eran dulces, había verdad
en ellos y su voz llena de música le transmitía calma, aunque no podía
disipar su tristeza.

-¡Una garza blanca! Dan buena suerte, Adr...Gig... esto, Merin -río nervioso
el joven hobbit, montando a su vez en su poney gris, al que llamaba Brenda.

Adrahir recordó un gesto hace mucho olvidado, puso una rodilla en tierra y
tomó de una mano a la Dama de la Garza, besándole el reverso de la palma:

-Que las estrellas iluminen nuestro próximo encuentro -dijo, y no supo
porqué había apelado a ese saludo cortés. Ella apoyó una mano sobre su
cabeza:

-Tienes mi bendición y que la Luz de Earëndil y de Varda te guíen.

Entonces, sin esperar más, Balduin se internó en el camino a Bree, obligando
a Adrahir a seguirle...

---
Resumen: Adrahir y su compañero Balduin, el hobbit, abandonan la comarca.

#4868 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 11:02 pm
Asunto: SADOC II
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SADOC II
 
Un sonido de arpa salió al encuentro de Sadoc en cuanto un criado le abrió la puerta de su casa. Decir que era armonioso sería una hipérbole. Silarien insultaba cada una de las notas que tañía.
 
Después le tocó saludarle a un olor a guisado, que aquella noche no era especialmente apetecible. Probablemente a la cocinera se le había quemado.
 
Tras los oídos y la nariz fueron sus ojos quienes tuvieron una cita con lo desagradable: Emeldir y todas las grasas que la habían transformado en una mujer deforme y blanda se presentaron ante él, exasperándole:
 
- ¡Esto es un desastre! ¡Un verdadero desastre! Sadoc, tienes que hacer algo. La torpe de la cocinera ha quemado el asado... Bueno, en realidad ya no tenemos cocinera... ¡Acabo de ponerla de patitas en la calle y ahora es la doncella quien debe de hacer de cocinera! ¡Ay! ¡Necesitamos más personal!
 
Era irritante. Cuando se enfadaba era realmente molesta. Como un chirrido.
 
- ¡Busca pues una doncella! -Concedió él - O dos, las que sean precisas,,,
 
Silmarien había dejado de tocar y se le acercaba gentilmente
 
- ¿Me has traído algo, padre?
 
- No tesoro, vengo de la mina... Pero toma -Dijo metiendo su mano en el bolsillo del que sacó una reluciente moneda de oro- Compate mañana cualquier fruslería.
 
Ella le miró, visiblemente decepcionada, tomó la moneda en un gesto despectivo y dejó un beso frío en la mejilla de su padre.
 
- ¿Que busque yo una doncella? ¡Debes de estar loco Sadoc... esa es tarea de un Ama de Llaves, que tampoco tengo... Mira, la mujer de Indor, tiene de todo: Cocinera, dos camareras, una asistenta que limpia y un ama de llaves que las gobierna a todas... ¡Pero tu a mí me exiges mucho, me matas a trabajar!
 
Sadoc suspiró cansino.
 
- ¡Está bien, está bien! Mañana te buscaré a mujeres que te sirvan... Preguntaré a los obreros de la mina... todos se quejan de que tienen mujeres e hijas ociosas...

#4867 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 10:46 pm
Asunto: Vardamir II
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VARDAMIR II
 
- ¿Amanuenses? -Preguntó lleno de curiosidad
 
- Si -Respondió Silas con una de aquellas encantadoras sonrisas suyas- Llevan ya algun tiempo viviendo aqui, pero tu estás siempre en tu propio mundo ¿Te cansas?
 
- ¡No! -Respondió con un bufido que hizo  entender a Silas que en realidad era un Sí.
 
- ¡Pues yo estoy reventado, amigo! ¡Hagamos una pausa!
 
Las estrellas brillaban nítidas en un cielo que anunciaba la manifestación próxima del estío. Vardamir las miró. Silas entre tanto le fue hablando de Ilshat, de Mellie, de la joven Amanda y de su pequeño Sestral
 
- ¡Si algun dia tu princesa llega a Estel, no la conocerás! -Bromeó con un guiño
 
- A lo mejor el destino te elige a tí para que nos conozcamos -Sonrió.
 
Luego siguieron poco a poco hasta el taller. Ilshat estaba a punto de cerrar, pero al verlos guardo en su mandil de escribano la llave y se apresuró a ayudarles.
 
- ¡Este apuesto joven es Vardamir, un amigo! ¡El poeta de Estel! ¡Este tipo tan feo es Ilshat!
 
- Buenas noches -Saludó Vardamir jadeante, entregando gustoso alguno de los paquetes.
 
Ilsath cargó con ellos. Estaba contento.
 
- ¡Pasad los dos! Mellie y Amanda están peraprando algo de comer... diré que echen más agua a la sopa y cenarmos los cinco juntos.
 
Vardamir pensó un instante en su madre. Debía irse ya. Pero la oferta era tentadora. Hacía mucho que no estaba con Silas y aquellos amigos suyos... ¡Ah! Pergaminos y tintas... ¡Aquel era ciertamente su mundo!.
 
Ilshat era un hombre amable, que le enseñó con cariño las cosas que hacía, sus herramientas de trabajo, la modestia de un taller que planeaba hacer crecer. Vardamir se sentía como pez en el agua.
 
Luego le presentaron a las Damas. Amanda le impresionó mucho, tan joven, con un pequeñuelo en sus brazos, criándolo sola. Por un momento su mente volvió a su madre y un pellizco de culpabilidad lo inquietó. La otra muchacha era gentil, dueña de una extraña belleza y de una aguda inteligencia. ¡Debía de ser tan agradable vivir allí, trabajar de aquel modo!
 
La cena fue pobre en comida, pero rica en risas. Anécdotas  e historias graciosas fueron sucediéndose. Vardamir recitó algunos versos, realmente muy buenos.
 
- ¿Escribes? -Preguntó Mellie.
 
Vardamir se puso repentinamente triste.
 
- La respuesta Mellie es que si y es que no. Escribo, sí, porque mi cabeza hace nacer uno tras otro mil poemas... pero no escribo porque el papel y la tinta son lujos que no puedo permitirme... Me avergüienza decirlo, pero no tengo dinero...
 
- Deberias seducir a Silmarien y casarte con ella -Bromeó Silas masticando un pedazo de pan. Siempre, desde niños, le gastaba la misma broma.
 
- ¿Silmarien? -Preguntó Amanda- ¿quién es?
 
- Una niña rica y caprichosa... -Respondió ilas- Bien pensado, Vardamir, hasta puede ser esa princesa a la que escribes versos sin conocerla ¡Hasta tiene un dragón que matar!
 
- ¿De qué hablas? -Preguntó Mellie
 
- ¡De Sadorc! Su padre...cuando le conozcas, si tienes esa desgracia, veras que tengo razón...
 
Mellie calló.

#4866 De: Eva Bautista <shulamithie@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 8:57 pm
Asunto: Silas 68. (El loco y el poeta).
shulamithie
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Llegaba más tarde de lo esperado. Se había
detenido demasiado en aquel pueblo para nada, para que
nadie quisiera comprar su mercancía. Pero por fin
llegaba a Estel, a punto de caer la noche. Cargado
como una mula, pero feliz de volver a ver a los amigos
que tenía allí.
     Atravesó la puerta de la muralla y entró. Allí le
conocía todo el mundo. Era un trozo de pan, decían,
aunque estuviera siempre en las nubes. Tal vez lo
mejor sería quedarse en Estel, pero... alguien tenía
que viajar.
     Pasó por la torre. Recuerdos de cuando subía a
ella para pregonar su mercancía, algo que nadie más se
atrevía a hacer. Y allí se encontró a un conocido.
     ¿Cómo no iba a reconocer aquellos ojos azules que
parecían sonreír sólo de verle? No había pasado mucho
tiempo, pero el reencuentro fue emotivo. Allí estaban
el loco y el poeta, como si los dos fueran uno.
     Sus nombres se confundieron en un solo clamor
lleno de alegría. A pesar de la melancolía que rodeaba
a su amigo como las nubes rodean al Sol. Era Vardamir,
el perseguidor de un sueño.
     "Vardamir, amigo" dijo Silas. "¿Qué es de tu vida?
¿Ha aparecido tu princesa?"
     "¿Mi vida?" contestó él. "Ríete... alumnos que no
pueden pagarme, mi madre cada vez peor... y ni
siquiera tenemos ya alquiladas las habitaciones".
     Silas le miró con preocupación. Hacía tiempo que
ese pequeño ser cuerdo que habitaba en el fondo de su
mente no se asomaba a sus palabras.
     "Lo siento mucho, no te mereces nada de eso. ¿Qué
voy a poder hacer por ti?"
     "Nada" contestó Vardamir. "Pero yo sí por ti.
Vienes muy cargado, ¿te ayudo?"
     Silas rió la ocurrencia. Vardamir no era el tipo
de hombre que podía cargar tanto peso.
     "¿Podrás?" le preguntó.
     Vardamir respondió cargando sobre sí la mitad de
lo que llevaba. Parecían rollos de papel... ¿para
quién serían?
     Echaron a andar.
     "Si sobrara algo de este papel nos vendría bien
para la escuela" comentó soñador el poeta.
     Silas se sintió sombrío de pronto. Conocía la
preocupación de su amigo por la escuela.
     "Claro que sí" contestó. "Esta vez traigo
muchísimo. Habrá bastante para ti, no me he olvidado
de la escuela".
     Siguieron su camino entre bromas.
     "¿Dónde vamos?" preguntó Vardamir al fin.
     "A casa de unos amigos. Son amanuenses" contestó
Silas viendo cómo le brillaban los ojos a su amigo.



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#4865 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 4:45 pm
Asunto: NARMO VI
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NARMO VI
 
 
Dejando a la aprendiz llorosa y quieta en el pasillo Narmo entró en la habitación cuya custodia se le había custodiado y uno por uno fue hablando con los enfermos. El último era el más joven de todos, un hombre que debía rozar las tres decenas de vida. tomó el taburete bajo en el que se había ido sentando y trató de acomodarse sin saber muy bien qué hacer con la longitud de sus piernas.
 
- Los papeles dicen que tu nombre es Brandir ¿Es cierto? -Preguntó al enfermo.
 
El hombre abrió los ojos. Parecía agotado y el pecho le subía y bajaba fatigosamente.
 
- Yo soy Sanador, me llamo Narmo... No te marearé mucho, pero quiero que contestes a unas preguntas... ¿Eres Brandir?
 
El enfermo hizo un gesto de asentimiento.
 
- Pone que tienes esposa y cuatro hijos...¡Enhorabuena! -Sonrió bondadoso el Sanador.
 
Brandir lo miró mejor. Pertenecía a la Alta Gente, emanaba luz y tenía esa mirada indescriptible...
 
- ¿Qué... se...rá de... e..llos? -Silabeó entre toses.
 
Narmo dejó en el suelo los papeles y corrió las mantas que cubrían a Brandir imponiéndole las manos en el pecho, mientras le miraba con un sentimiento parecido a la ternura de una madre.
 
- Tranquilo Brandir... no pienses ahora en eso... ¡Es amargo, pero todos somos a la vez necesarios y prescindibles! concéntrate en ponerte bien... ¡Eso es! ¡Mejor así! ¿Tu también trabajabas en la mina de plata?
 
El hombre asintió.
 
- ¿Cómo ellos? ¿En los pozos profundos? ¿Buscando mitrhril?
 
- Estaba mejor pagado... era...
 
- Era más peligroso, lo sé... ¿Cuánto tiempo?
 
-  Cin..co a...ños... nos ha...bía nacido el... ter..cer hijo y... ne...cesitaba...mos di...nero...
 
- ¡Shhh! -No pierdas fuerza- Le sosegó el Sanador
 
El enfermo buscó con angustia los ojos del Sanador
 
- ¿Me... vas... a cu...rar?.
 
Narmo se dejó caer en el taburete con aire abatido.
 
- Haré que puedas levantarte y dar unos pasos, que puedas volver con los tuyos y que el dolor te remita...incluso podré... podré alargar tus días sobre Arda... pero lo que tenéis los cuatro es incurable incluso para un Noldo. ¡Por Eru! Ojalá fuera una herida de guerra, un tajo que yo pudiera asumir y sanarme. ¡Pero los Eldar... los Eldar no enfermamos!
!
 
 
 

#4864 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 4:10 pm
Asunto: AZRA III
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AZRA III
 
Con una sonrisa dulce en los labios Azra cerró la puerta tras de si.
 
 Aquel día había salido redondo.Primero aquel hombre rubio, luego el encargo... Una, dos, cuatro monedas y la de aquel joven guerrero, con el que, finalmente incluso lo había pasado muy bien... ¡Cinco! Sí. Había días a pedir de boca.
 
Ahora a dormir.
 
- ¡Eh! ¡Tú! -Oyó una voz áspera que salía de las sobras, procedente de la escalera.- ¿No tienes nada que decirme?
 
Azra se detuvo y busco al dueño de la voz. Era el rubio, el de la mañana.En cierto modo lo esperaba
 
- Fui a ver al hombre que me dijiste. Poco antes de que cerrara. -Le explicó friamente tratando de no detenerse. No le gustaba encontrrselo a solas.
 
- ¿Y...? -Preguntó él
 
- ¿Y...?  ¿Y qué? -Respondió ella con insolencia- Me ofrecí a él ¿No era eso?
 
Él la miró arqueando una ceja, con la expresión cada vez más hostil.
 
- ¿Y...? -Insistió.
 
- ¡Y nada, no quiso! ¿Tenía que violarle?
 
El hombre le cerró el paso. Era corpulento. A Azra no le gustó nada aquel gesto.
 
- Si no te tomó, devuelveme la moneda.-Exigió él
 
Azra dejó escapar una carcajada que vacilaba entre la burla y los nervios
 
- ¿Bromeas? Si el no quiso es su problema y tu error... yo no soy responsable. Hice lo que me pediste. En el tiempo que perdí con él podía haberme hecho otro cliente con comodidad.
 
- Oye...gatita...de acuerdo... solucionemos esto amistosamente -Dijo dulcificando la voz y con una lasciva sonrisa, al tiempo que le acariciaba la barbilla.- Yo no tengo reparos en aprovechar lo que ese estúpido no quiso.
 
- ¿Quieres otro servicio? -Dijo ella neutralizando la voz
 
- Si, pero a cuenta de lo que ya te pagué... Añadió empujándola contra la pared y retorciéndole un brazo - ¿Entiendes?
 
- ¡Suéltame, cerdo baboso! -Le insultó Azra.
 
-¡Vas a cumplir tu parte del trato, mujer! ¡Que para algo te he dado esa moneda, tú que crees!
 
Le empezaba a hacer daño.
 
Azra sabía que debía ceder, era lo más prudente. Como cada vez que le pasaba algo así los caballos de la rabia le agitaban la respiración y el corazón pugnaba por escapársele por la garganta. Tomó aire. como su¡i se asfixiara.
 
- ¡Suéltame! -Le casi escupió sílaba a sílaba- ¡Me estás haciendo daño!
 
En ese momento la puerta de la habitación de Avalar se abrió. El ruido de sus voces le había despertado.
 
-¡Suelta a la mujer si eres hombre!  ¡Valiente eres que tienes que maltratar a una mujer! -Desafió el bravo soldado.
El hombre rubio miró al soldado con una especie de asco:
 
- ¡No te metas donde no te llaman!  ¡Esta zorra se niega a darme aquello por lo que he pagado! -grito mirándola a ella con desprecio
 
Avalar entrecerró los ojos desenvainando su espada y apretándo contra el cuello del hombre que había dejado a Azra, pero sin hacerle sangre.

- ¡No! ¡Avalar! ¡Para! ¡Te confundes! -Suplicó Azra. Estábamos jugando ¡Suéltale! ¡Por favor!

Avalar miró a la joven y aun sin entender, cedió a su petición.
 
- ¿Has visto? -Presumió el rubio- Son traidoras y rastreras...no te puedes fiar nunca de esas mujerzuelas.
 
La espada aun gimió dentro de su vaina, como conjurada por aquellas palabras. Pero Azra negó y en sus ojos brillaba la súplica. Sabía bien que tenía que hacer
 
- Siento que te hayamos molestado, mi Señor de la Guerra... me llevaré a este hombre apasionado a su habitación y le daré lo que pide... vuelve a tu descanso...
 
Y Azra desapareció en la oscuridad de las escaleras, arrastrando a aquel hombre de la mano, como si una condena la encadenara a él.


 
 

#4863 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 2:40 pm
Asunto: VARDAMIR I
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VARDAMIR I

Estel, 26 de mayo, primera hora de la mañana.

 

 

Vardamir besó a su madre con ternura.

- ¡Buenos días!- La saludó efusivo.

La mujer abrió los ojos, cansados de tanto azul pero sedientos de luz. Todos decían que él había heredado su melancolía a la hora de mirar.

¿Melancolía?

¡Se sentía preso!

Había pasado buena parte de su vida encerrado entre muros. No solo los de piedra, sino los de la excesiva protección de su madre y los de la precariedad.

Cuando Vardamir era un niño, sintió que su deber era llenar el hueco dejado por la prematura muerte de su padre. Luego creció, viendo como su madre censuraba uno tras otro a aquellos amigos que nunca acaban de ser lo suficientemente buenos para él y, más que por interés, se abismó en la lectura por pura soledad. A veces pensaba con amargura que la mitad de las personas que habían dialogado con el llevaban muertas muchos años, pues lo habían hecho a través de las páginas de los libros.

Cuando alcanzó la mayoría de edad no siguió sus sueños ni su ilusión de ver mundo, para no contrariar a su madre y consciente de la desstrosa situación económica en que se encontraban: las pocas rentas que había dejado supadre se habían ido consumiendo, y su casa destartalándose: Primero perdió los tapices, que habían terminado alfombrando la casa de Indor;  los retratos, (salvo el de su padre, del que su madre no quiso ni pudo desprenderse) que ahora ornaban las paredes de la Villa de Sadoc y todos los muebles innecesarios, distribuidos por las casas de mayor abolengo de Estel. Por último, el primoroso ajuar de su madre malvendido en varios mercados. Solo habían mantenido los libros, perfectamente colocados en los anaqueles, la mesa en la que comían y las dos habitaciones que alquilaban a peregrinos huéspedes para poder equilibrar unas cuentas que cada vez iban peor.

Ahora su madre era ya anciana y estaba gravemente enferma, no podía dejarla. Cuando la despertaba, por las mañanas, recordaba la de veces que ella había acudido a sus llamadas cuando él era un niño y las pesadillas le devoraban. El corazón se le enternecía como las magdalenas en la leche tibia.

- ¿Ya es hora hijo? – Preguntó la mujer

- Sí –Respondió él con un suspiro- ¡No puedo perdonarme el ponerte en pie tan pronto y el dejarte tantas horas sola!

- No te preocupes, mi pequeño... pronto tendremos huéspedes otra vez y no estaré sola ¡Llevamos tres meses sin nadie, pero presiento que tal vez vengan pronto! ¡Y quien sabe! A lo mejor esta vez llega esa princesa con la que sueñas...

- ¡Ojalá tengas razón! Pero entre tanto... El muchacho suspiró... ¡Tengo que encontrar otro trabajo, a las tardes! Así podría pagar a alguien que te atendiera... No sería difícil... Alguna ex alumna mayor que aun no haya encontrado marido o trabajo... –Y suspiró- La mayor parte de familias solo me pueden pagar un niño, pero me traen a tres... Y otros ni a uno... o solo pagan la mitad...

- Pero te dan patatas y zanahorias... y esa anciana que te lleva tres nietos teje para mí echarpes y mantas de lana... me da miedo este invierno... ¡no tenemos braseros, y en esta casa tan grande! ¡Pero ya inventaremos algo, hijo, ya se nos ocurrirá!

La madre se apoyó en él irguiéndose hasta sentarse en la el filo de la cama.

- En todo caso, mi pequeño,  no quiero ni oír hablar de eso de otro trabajo... Alquilaremos esas habitaciones, pero nada de trabajo extra por las tardes: ¡A las tardes debes escribir! Tus versos son lo importante. Algún día, mi pequeño, un maestro como tu enseñará a un montón de mocosos tus poemas, y habrá de reconocer cuán bellos son.

Vardamir cariñoso le besó la sien. La impotencia le mordía el corazón.

- Si, madre, -Objetó- pero hay otras cosas que atender y tú eres una de ellas.

- No te preocupes, mi pequeño, no te preocupes por mi...

Unos golpes en la puerta los interrumpieron

- ¿Ves? –Insistió la anciana- Fíriel siempre viene antes de irse a trabajar... Me viste, me deja la comida al alcance y un libro en las manos... Si le da tiempo hasta limpia un poco... Yo no necesito nada más...

Vardamir sonrió y se apresuró a abrir la puerta.

- Buenos días, Señor Maestro –Saludó Fíriel.

- Buenos días Fíriel ¿Cómo está tu esposo?

- Sigue mal... –Balbuceó mordiéndose los labios- Aun está en la Casa de Sanación, dicen que tiene algo muy contagioso...

Él la miró con pena, con el malestar de quien no puede hacer nada.

- ¿Qué dicen los sanadores?

- No saben bien –respondió retorciéndose las manos- no saben como curarle ni que pasará... y si le dan medicinas... ¿Cómo las pagaremos? Lo que yo gano trabajando en "La Reina Rubia" apenas nos alcanza para comer y pagar el alquiler...

- Yo... lo siento... si pudiera ayudarte.

- Ya lo hacéis... me da hasta vergüenza no poder pagaros las clases de mis hijos...

- ¿Cómo que no? Atiendes a mi madre ¿Qué dinero puede pagar ciertas cosas?

Fíriel sonrió y avanzó a la habitación principal. El tiempo apremiaba. Mientras caminaba por los pasillos pensaba en lo mucho que le gustaría trabajar en aquella casa dejando la sordidez de la taberna...


#4862 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Mar, 30 de Ago, 2005 12:58 pm
Asunto: Estel: Avalar: 2 - De recuerdo, una Magnolia
tcarsen
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26 de mayo, madrugada y atardecer

-No, para eso se ocupan otras chicas... siempre que estés dispuesto a
pagar -así habia comenzado aquella noche que Avalar atesoraría entre sus
recuerdos más preciados.
Aquella joven era como una aparición, envuelta en esos cabellos del color
del cobre, con esos vestidos que ocultaban y a la vez dejaban adivinar unas
formas sencillamente perfectas. El joven guerrero no dudó en gastar una
moneda de oro, la única que le había quedado, para obtener lo que se le
antojó un privilegio de tocar esa piel, de disfrutar con su visión, de
sentir el perfume de aquella joven. Porque ella se tenía tan en alto, que
tenía la habilidad de mostrarse como una joya costosa e innacesible y que
uno la considerara como tal... o al menos Avalar lo hiciera, se sonrió el
joven guerrero.

El también era consciente de su propia valía, de lo cual era la prueba una
extensa cicatriz en su pecho, que Azra pudo descubrir mientras le auxiliaba
con el baño.
Terminaron, por el precio acordado, en la estrecha y oscura habitación de
él. Ambos bromearon cuando Azra le informó que la cama crujía en cuanto uno
se movía sobre ella. El abrazó por la cintura a la muchacha, perdiéndose en
su piel, en su perfume, en sus rizos color del cobre...

Larga fue la noche, en la que se entremezclaron la pasión, las palabras e
historias mientras ambos se deleitaban en la mutua contemplación entre
abrazos y caricias. Lo cual, claro, le habria de costar al guerrero su raída
sobrevesta a falta de las otras dos monedas de oro. Quizá la apostura de su
cuerpo juvenil, tal vez su cálida mirada o los ademanes tiernos, o las
divertidas historias que él contaba mezcladas con recuerdos de guerra, el
caso es que Azra se rehusó a aceptar aquél precio y líbremente entregó su
noche a Avalar.

Así fue como ella supo de la guerra que estaba finalizando en Taur Galen,
luego de duros siete años de sitio; de las mujeres tristes que aún quedaban
en él para atender a unos soldados que luchaban denodadamente por romper el
cerco que los feroces Variag les habían impuesto.

Avalar había notado en la joven, mientras la oía hablar y la miraba, el
mismo porte orgulloso que habia visto solamente en otra mujer, muchísimo más
extraña y peligrosa. La única mujer variag que había visto en toda su vida,
físicamente no podía ser más diferente de Azra, y sin embargo, había la
misma determinación en la mirada, en la voz, en ciertos mínimos gestos.
Cuando se lo contó, la joven pelirroja le preguntó más...y ante su mente
desfilaron las grandes tiendas variag con los estandartes de tantos emblemas
como tribus formaban las tropas, el pacto de aquella mujer por la que les
daba información a los Hombres Libres de Taur Galen para que pudieran
quebrar el cerco enemigo... y claro, Lord Ovando había ordenado atacar a
aquellos que así habian traicionado a sus propios ejércitos, quebrando el
cerco así y disipando una amenaza (porque él no quería depender de aliados
espurios).

Él supo también de los deseos de Azra por aprender a leer y escribir, deseos
que no podia satisfacer, ya que él tampoco sabía. Al notarla triste, la hizo
reir con los relatos de un bardo fugitivo hasta que, historia tras historia,
caricia tras caricia, el sueño terminó por vencer al joven guerrero. Azra le
dejó soñando con el castillo de Greeneburh...  y no recogió la sobrevesta
que él le había dejado como pago por aquella noche. Ella sonrió para sí,
contemplando ese cuerpo joven y vigoroso mientras dormía, no todas las
noches te encontrabas con un hombre tierno y fuerte como aquél, se dijo para
sí.

Unos gritos despertaron a Avalar, parecia una discusión:

-¡Vas a cumplir tu parte del trato, mujer! ¡Que para algo te he dado tres
monedas, tú que crees!

Medio dormido, el joven soldado abrió la puerta y, por puro reflejo de
tantos años de guerra, sostuvo su espada bastarda en la mano. Miró en el
pasillo: un hombre retorcía el brazo a una indignada Azra.

"¡Serás cobarde!" pensó Avalar mientras se acercaba al hombre, sujetandole
por el pelo con una mano y con la otra colocando el filo de la espada en el
cuello. Aunque este no era, ni mucho menos, un espía Variag al que hubiera
hallado en las cercanías de Taur Galen.

-Suelta a la mujer si eres hombre. Valiente eres que tienes que maltratar a
una mujer.

-Ella se niega a cumplir por lo que he pagado! -grito el hombre, que era
Nerek.
Avalar entrecerró los ojos apretando un poco más la espada contra el cuello
del hombre pero sin hacerle sangre.

-Estábamos jugando -intervino Azra, con una fingida sonrisa -. Suéltale, por
favor.

Avalar cedió a la petición de la joven. A punto estuvo de volver a empezar
cuando oyó una serie de comentarios soeces de parte de Nerek, pero le dejó y
Azra se alejó con aquel hombre, a una de las habitaciones de la posada.

Caía la tarde cuando Avalar se dirigió a la puerta Oeste de la ciudad.
Erguido sobre su cabalgadura, un hermoso caballo negro, aún con esa
sobrevesta algo raída y embarrada, tenía la prestancia y dignidad que
reclamaban su ya muy diluída sangre de Edäin.

Al doblar aquella calle, tuvo ante su visión las Puertas de la ciudad. Y
distinguió la inconfundible figura de Azra. Se puso a la par de ella, y una
sonrisa iluminó su barba oscura:

  -¿Me permitís, oh, bella dama, decir que la Dama más hermosa de la tierra
me ha regalado esta sobrevesta?

Azra se quitó una magnolia que llevaba en el pelo. La lanzó, con un gesto
gracioso, hacia Avalar. Éste la recogió con presteza, enganchándola en los
herrajes de su cinturón y arreció el galope, alejándose hacia las Puertas.

La muchacha sonrió levemente, mientras le veía atravesar las puertas que se
abrían a su paso:

  -Que la paz te acompañe, soldado -murmuró.

--- fin de esta minihistoria -

#4861 De: Eva Bautista <shulamithie@...>
Fecha: Lun, 29 de Ago, 2005 9:00 pm
Asunto: Mellie 67. (La visita de Sadoc).
shulamithie
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26 de Mayo del 699.
     El Sol se estaba poniendo ya cuando llegó aquel
hombre. Cargando a su pobre criado con seis libros
enormes, y sonriendo como si fuera el dueño del mundo.
Sus sonrisas no me engañaban, desde el primer momento
supe qué clase de persona era.
     Sadoc se llamaba... no olvidaría ese nombre.
     Comenzó creyendo que yo no era más que una
empleada y a punto estuve de decirle una barbaridad,
pero me contuve sobre todo gracias a la intervención
de Ilshat.
     Le vi poco dado a negociar con nosotros el precio
de su encargo. Y temí que quisiera engañarnos.
     Pero peor fue su mirada... me sentí burdamente
toqueteada por él. Su marcha del taller me alivió
enormemente... ojalá no volviera a verle, pero allí
estaban sus libros. Con la imagen de ese hombre en mi
mente iba a ser una tarea todavía más ardua copiarlos.

     "Ojalá no hubiéramos aceptado esto" le dije a
Ilshat.
     "¿Por qué no?" preguntó. "Tenemos trabajo para
mucho tiempo, y seguro que nos paga bien".
     "No estés tan seguro" respondí. "Ese hombre es
mezquino. Lo sé".
     "¿Por qué piensas mal de él nada más conocerle?"
siguió.
     "Y tú, ¿por qué piensas bien de él?" le grité.
Avergonzada por pagar con él el miedo que estaba
creciendo dentro de mí continué en voz baja: "Te
aseguro que es un mal hombre. ¿No has visto cómo me
miraba?"
     Ilshat no contestó.
     "Al menos yo estaré alerta" concluí, y me fui en
silencio a mi habitación.
     Sentí tanto asco... era el segundo que me causaba
esa impresión a lo largo del día. ¿Es que sólo lo veía
yo? ¿Me estaría obsesionando con algo que era sólo una
imaginación mía?
     Dejé caer mis pensamientos al suelo cuando Ilshat
llamó a la puerta. Le abrí y le dejé hablar.
     "Mellie" comenzó. "No puedo ver las cosas como las
ves tú. Espero que lo comprendas".
     Seguí escuchando.
     "Sé que no te ha gustado, a mí tampoco me vuelve
loco..."
     Abrí la puerta y le dejé entrar.
     "Escucha" siguió. "Haremos su encargo y nos
olvidaremos de él. Y no te hará nada, no voy a dejarte
sola".
     "Por eso no te preocupes" le dije acariciando la
daga. "Sé que nunca voy a estarlo".



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#4860 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Lun, 29 de Ago, 2005 7:32 pm
Asunto: Sadoc I
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26 de mayo, al atardecer

SADOC I

 

La campana de la puerta sonó con frenesí anunciando con su tintineo la entrada de alguien.

Ilshat alzo los ojos de la tarea que lo ocupaba en su escritorio para contemplar a un hombre diminuto, de aspecto servil, cargado con no menos de seis gruesos volúmenes tratando de mantener la puerta abierta y los libros en equilibrio mientras penetraba en el local otro hombre, ampuloso y altivo.

- Buenas tardes, señorita, quisiera hablar con el dueño de esto - Dijo con una amable sonrisa.

Mellie lo miró huraña e Ilshat dejó su tarea y salió antes de que la cosa fuera a mayores.

- Buenas tardes caballero -Dijo correspondiendo al saludo- Esta Dama y yo somos copropietarios, así que podéis hablar con cualquiera de nosotros.

El hombre apartó la vista de la muchacha y la fijó en Ilshat. Aunque su sonrisa permanecía inalterable y aunque unas arruguitas enmarcaban sus labios manifestando su tendencia al buen humor, sus ojos marrones eran fríos, casi inexpresivos y la par indagadores.

Vestía de un modo impecable, con las mejores telas y los cortes más cuidados.

Se movía con exquisita elegancia sin perder la virilidad.

- No sé si habéis oído hablar de mí, según tengo entendido sois nuevos en Estel, de modo que me presentaré. Mi nombre es Sadoc y soy el propietario de la Agencia que hay en esta misma calle, cerca del negocio de Indor...

El hombre guardó silencio, escudriñando en el rostro de Ilshat alguna muestra de asombro, pero Ilshat se limitó a asentir.

- Bien... –Prosiguió Sadoc- como bien podéis imaginar mi negocio requiere gran cantidad de papeleo. Pólizas, avales, letras de cambio, correspondencia... Tengo escribas, pero no dan abasto... En las últimas semanas he visto vuestra escribanía y he pensado que quizá fuerais justo lo que necesitaba.

Una sonrisa aun más ancha surcó su rostro.

- Podemos transcribir sus documentos, sí –Afirmó Ilshat.

- Si nos ponemos en condiciones con respecto al precio –Matizó Mellie.

Y luego se arrepintió de hablar, porque sus palabras reclamaron la atención de aquel hombre y con ella su mirada viscosa.

- Os he traído unos libros de contabilidad que quiero duplicar... En ellos veré la calidad de vuestro trabajo... El precio no es importante, si el trabajo es satisfactorio.

Y volviéndose al criado dijo:

- Brego, déjalos ahí.

Con cara de desahogo el sirviente de Sadoc dejó los libros donde su Señor le indicaba, agradeciendo a Ilshat que acudiera en su ayuda.

- ¿Cuándo creéis que estarán?

Ilshat abrió uno de los volúmenes y contempló su abigarrada caligrafía y la cantidad ingente de anotaciones.

- Necesitaremos al menos un mes por volumen...

- Tres meses... Bien... me parece razonable.

- ¡Mas tiempo! -Volvió a interrumpir Mellie. –Tenemos muchos otros encargos, no nos podremos dedicar los dos...

- Ese, evidentemente, es vuestro problema... Puedo ser un cliente importante, señorita, de manera que complacerme es una urgencia...

 

 

 


#4859 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Lun, 29 de Ago, 2005 4:13 pm
Asunto: Narmo V
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26 de mayo, a primera hora de la tarde en las Casas de Sanación

NARMO V

Zâira nunca había trabajado tanto como aquel día. Narmo solicitó los informes de los cuatro enfermos y los leyó con rapidez pero a conciencia. Luego la hizo ir a buscar una pluma y un tintero. Luego volvió a mirar uno por uno los informes y finalmente hizo anotaciones rápidas e incomprensibles en su lengua. A veces se detenía y dejaba que su mirada se suspendiera en la nada como si tratara de rescatar algún dato lejano y tras la pausa garabateaba algo con presteza.

- Si no me necesitais... –Susurró la aprendiza sin saber si llamarle Narmo, Maestro Narmo, Señor Narmo o ¿Cómo había dicho él que quería ser llamado?

- ¡Sí te necesito! –Afirmó con firmeza y se levantó. –Acompáñame a ver a los enfermos.

- Pe... pero...- Balbuceó ella- son... contagiosos...

El volvió la cabeza hasta ella. Era tan alto que siempre la miraba desde arriba, pero a veces, como aquella, algo parecido al más exacerbado desprecio desbordaba la mirada.

- En ese caso vete a casa y no vuelvas a pisar las casas de Sanación. Tejiendo no te contagiarás ni te salpicará la sangre ni te perturbará el hedor de la muerte- Sentenció arrebatando de las manos de la niña los informes y cruzando hacia la sala a grandes zancadas.

Zâira se quedó quieta, en medio del pasillo, con los ojos inundados de lágrimas y un puñal de humillación clavado en el pecho, ¡en si vida nadie le había hablado así!

- ¿Qué te sucede pequeña? –Oyó a alguien tras de si.

Era la Segunda Sanadora.

- ¡Oh... Tía Níniel...! –Dijo entrecortadamente- ¡Es ese Elfo! ¿Yo creía que todos eran bondadosos como la Dama Ariel pero este es... es... es... ¡Horrible!


#4858 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Lun, 29 de Ago, 2005 1:51 pm
Asunto: El Heredero (2): Un Te y un anuncio
tcarsen
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Resumen Anterior: En la Comarca, cerca del Brandivino, se encuentra el joven
Adrahir, protegido por Rory Madreselva y el resto de los hobbit de la
región. Reciben la inesperada visita de la Dama de la Garza, que es invitada
a tomar el té.

(ver posts 4837 y 4832)

Cerca del Puente Brandivino, La Comarca
22 de mayo 699
______________

En el smial de Rory Madreselva todos se afanaron alrededor del té, los
pastelitos, panes tostados de distintos sabores, dulces y mantequilla y se
conversó de todo y de nada. La cortesía hobbit obligaba a que no se hablara
de nada disgustante y en cambio se alabaran los pastelitos de miel de Helga
en los tonos más encomiásticos posibles. Eso sí, hablaron de la inminente
victoria en Taur Galen y el pronto regreso de los ejércitos a casa, luego de
largos siete años de guerra. Incluidos el Thain del Brandivino y un puñado
de hábiles y audaces hobbit que habían ido a prestar ayuda a esas lejanas
tierras en el límite de Arnor.

Adrahir comía sin dejar de observar a la Alta Dama, que comía medidamente,
pero no tan poco que pudiera ofender a sus anfitriones.

Ella esperó a que la copiosa comida terminara e indicó a Adrahir salir
fuera, bajo la luz de las estrellas. Ambos caminaron silenciosamente hasta
llegar cerca del Puente del Brandívino, donde terminaba el pueblo.

-Tu destino no está en esta tierra, muchacho. -comentó la Dama de la Garza,
con su voz grave y musical.

-¿Qué queréis decir con ello? Soy feliz aquí.

-Es hora de que partas a una tierra donde hay otros hombres como tú. Pues la
hora en que tu destino se cumpla se acerca...

Adrahir miró nervioso a la Dama de la Garza, sin entender todas aquellas
palabras. O entendiéndolas demasiado, tal vez. A su mente volvió la
pesadilla de aquella noche.

-El me encontrará.... -murmuró, con un quejido.

La mirada de la Dama se volvió compasiva. Apoyó una mano en el hombro del
muchacho.

-No donde irás. Por supuesto, no irás con tu nombre Adrahir. Has de elegir
otro nombre completamente diferente. Y hemos de partir esta noche. Mientras
tú te preparas yo hablaré con Rory. El comprenderá, sabe que tu permanencia
aquí es temporal.

-Pero... ¿porqué he de irme? ¡Si estoy muy bien aquí!

Adrahir sintió una angustia indefinible... aquel hogar era como su nido,
abrigado y tibio, donde al abrir los ojos llenos de pesadillas encontraba
voces amigas. ¿Ir a un sitio donde no conocería a nadie? Se sintió
tremendamente pequeño y solo.
La Dama parecía adivinar sus pensamientos.

-Si quieres llevar a alguien, te lo permitiré. Pero debe llamarte por tu
nombre falso. Es importante que no sepan quién eres ni la herencia a la que
tienes derecho. Iremos a una ciudad. La gobierna una dama de bellísimo
carácter, buena y generosa. Ella cuidará de ti hasta que quienes deben
encontrarse contigo lleguen. Verás como tu destino está entre los hombres y
no entre los medianos.

-Pero él... él...me encontrará...

-Cuidaré de ti.

No podía ser que su orgullo se sometiera a la protección de una mujer,
aunque fuera de la Alta Gente. Adrahir supo que la hora que siempre había
temido había llegado. Ya no era un niño... y la idea de abandonar la Comarca
le entristecía sobremanera.

-Sabré cuidarme -dijo, con orgullo. La Dama le sonrió, complacida.

-Lo harás. Ahora, si deseas llamar a alguien para que viaje contigo, hazlo
pero ten cuidado que no lo cuente a nadie!
Adrahir pensó en Balduin Matoso... el hermano de la joven Matoso a la que el
viejo Rory le dedicaba sus encendidas miradas. Balduin Matoso era un
intrépido hobbit, ansioso de aventuras, siempre diciendo que quería ser el
Bilbo Bolsón de esta Era -y vaya si había leído el Libro Rojo y cuanto mapa
hubiera caído en su mano-. Sí, Balduin era el indicado... Sintió que su
corazón se aligeraba al pensar en la alegre compañía del joven hobbit (sí,
joven pero ya rondaba los 50 años...)

Dejó que la Dama se adentrara en el smial a hablar con Rory y fue en busca
de Balduin. Tiró una piedra a la ventana de su habitación, del modo que
solían hacerlo cuando planeaban travesuras...

#4857 De: "Luinilien" <lunadeenero_ar@...>
Fecha: Lun, 29 de Ago, 2005 3:57 am
Asunto: Fe de Erratas: La Posada donde está Nerek
lunadeenero_ar
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Hola:
         Esta es una fe de erratas o un cambio
más bien al mensaje cuyo asunto era:

"[Valinor] Nerek - Un nuevo enemigo en Estel /
{Estel} Capítulo 8 - Parte 4"

La corrección es para el nombre de la posada:

Donde dice: "El caballo blanco"
debería decir:
                      "La Reina Rubia"
Eso sería todo.
Un abrazo
                Luinilien

**************************************************
Estel - 51
Capítulo 8: El rostro del enemigo
Parte 4: Un nuevo enemigo en Estel
----------------------------------------------------------------------
* 26 de mayo de 699 en Estel *

Nerek caminó lentamente por las calles de Estel. Llevaba el
caballo de tiro e iba en busca de una posada. Led le había dicho
como llegar y el nombre: El caballo blanco.

#4856 De: "Luinilien" <lunadeenero_ar@...>
Fecha: Lun, 29 de Ago, 2005 12:53 am
Asunto: Re: [Valinor] Halmir - Una visita inesperada / {Estel} Capítulo 8 - Parte 9
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Estel - 56
Capítulo 8: El rostro del enemigo
Parte 9: Una visita inesperada
----------------------------------------------------------------------
* 26 de mayo de 699 en Estel *

Era hora de cerrar el comercio y Halmir despidió a su empleado.
Ya iba a cerrar la puerta cuando una joven mujer entró de prisa.
Halmir no sabía su nombre pero sí a qué se dedicaba. La observó
con aire desconfiado.
-Hola - saludó ella, acercándosele provocativamente.

Y sí que era provocativa y su ropa y como la vestía, no hacía más
que resaltar su cuerpo, por demás armonioso. Era hermosa y sabía
como  no pasar desapercibida.
-Hola ¿quieres algo? ya voy a cerrar -dijo Halmir

Ella sonrió con una explosiva mezcla de ingenuidad y picardía
acercándosele aún más.
-En realidad no quiero comprar nada...soy... ¿cómo decírtelo? Un
  regalo de un viejo amigo tuyo. -Dijo voluptuosa y dulce.
-¿Un regalo?¿pero qué broma es esa? -Halmir no ocultó su
sorpresa ni su indignación.
-Si quieres, puedes cerrar... tengo tiempo - susurró Azra como
toda respuesta
-Para que pueda cerrar primero tienes que irte- replicó él
visiblemente molesto y nervioso.

La mujer volvió a sonreir, como quien tiene la certeza de dominar
la situación:
-Eso sería lo lógico, si yo viniera a comprar, pero dudo que quieras
que te vean conmigo... A mi, por otra parte, me da igual, si no quieres
no cierres, muchos clientes prefieren ser sorprendidos. Ese juego
aumenta su placer.
-Yo no soy tu cliente, y quiero que te vayas,...¡ahora!-dijo Halmir
señalándole la puerta con gesto imperativo.
-No puedo -afirmó con expresión casi suplicante - me han pagado
para que me acueste contigo. No quiero perder mi dinero.
-¿Qué cosa? - a Halmir se le terminó la paciencia.
-Soy Azra, quizá no te suene mi nombre...pero digamos que yo
también soy comerciante - explicó ella riéndose burlonamente
Halmir la miró serio y disgustado:
-No me importa tu negocio, lo siento pero creo que perderás tu
dinero.
De pronto el rostro de la joven se iluminó:
-Se me ocurre un modo de que no lo haga... págame tú y me iré.
Habrás sido un cliente curioso.

Ante ese comentario Halmir ya no pudo mantener la seriedad
y se rió.
Azra captó al vuelo aquel breve instante de permeabilidad y
con la rapidez de la alimaña que salta sobre su presa le preguntó
entonces:
-¿Quieres ver mi cuerpo? los hombres afirman que soy bonita -
Al tiempo que apartaba un echarpe mostrando un perturbador
escote.
-No, por favor no hagas eso -dijo él haciendo un gesto con las
manos  para detenerla,  pero sin tocarla.
-¿Te excitaré? -Preguntó ella mezclando de nuevo picardía e
ingenuidad- ¡No importa! También calmaré tu sed...

Halmir le dedicó una mirada entre divertida y resignada. Los ojos
de ella centelleaban, como si la luz se encaprichara de arrancarles
destellos deslumbrantes. Palabras, voz, gestos, miradas parecían
tejer una tela de araña envolvente y densa, inquietante y tentadora.
- Eres bonita,  Azra, ...muy bonita,  pero no quiero que hagas
nada -una pausa y una idea le vino a la mente -O sí, te pago si me
dices quién te envió.
-No, eso no puedo decírtelo -negó Azra moviendo su índice -El
dinero sólo les sirve a los vivos.
Halmir suspiró. Llevó una mano a uno de sus bolsillos para buscar
unas monedas.
Ella lo miró de reojo.
-Una moneda de oro es mi tarifa -dijo, esta vez muy seria, con el
mismo tono que usaría cualquiera de sus proveedores al mostrarle
un nuevo producto.
-Está bien, toma - dijo Halmir dándole dos monedas de oro- y
vete ahora por favor -su tono era de súplica, mientras volvía a
señalarle la puerta.
-Eres un hombre generoso, ¡buenas noches! -dijo Azra contenta,
caminó hasta la puerta, se paró y se dio la vuelta tan provocativamente
como le fue posible:
- ¿Sabes? ¡Me has hecho feliz sin ni siquiera tocarme! - Dijo burlona.
Y luego añadió- ¿Quieres que salga por la trastienda para que no me
vean?
Halmir caminó hasta ella,  le sonrió algo impaciente y la empujó
suavemente fuera e intentó cerrar la puerta mientras le decía:
-Ya vete ¿quieres? ...y no me importa si te ven. Adiós.

Azra se volvió, se inclinó en un elegante  saludo que ofreció a Halmir
una interesante perspectiva de su escote y salió.

Halmir cerró la puerta con una sonrisa que no pudo reprimir.
Entonces, ya solo y repuesto de la situación, se preguntó quien
podría estar detrás de aquello y con qué fin le habían enviado
una mujer como obsequio.
¿Indor? Podía ser, tal vez quería desacreditarlo.
No, era otra cosa.
Pensó en Ariel y si debería ir a advertirle que algo raro estaba
pasando pero temía que alguien lo estuviera vigilando para ver
como reaccionaba.

Y no se equivocaba, porque Nerek observaba desde donde
no lo pudiera ver Azra. La vio salir, demasiado pronto, no
había cumplido con su trabajo, Halmir la había rechazado
como Nerek pensaba que lo haría.

"Vamos a ver si esa mujerzuela me devuelve el dinero"
pensó "más le vale que me diga la verdad".
Decidió volver a la posada, igual, no pensaba recibirle de
nuevo la moneda, sino hacer que se la ganara.
"Este comerciante no sabe lo que ha despreciado" se dijo
con una sonrisa.

#4855 De: "Luinilien" <lunadeenero_ar@...>
Fecha: Do, 28 de Ago, 2005 11:08 pm
Asunto: Nerek - Una oferta tentadora / {Estel} Capítulo 8 - Parte 8
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Estel - 55
Capítulo 8: El rostro del enemigo
Parte 8: Una oferta tentadora
  ----------------------------------------------------------------------
* 26 de mayo de 699 en Estel *

-Está bien -dijo Nerek con una sonrisa burlona. -Pero falta mucho
para la noche, si aguardas a que me dé el  baño, que sea ahora así
no tendrás que regresar luego.
Y le mostró la moneda de oro, alargando la mano hacia ella.
Azra regresó para tomarla de su mano pero él la retiró.
-¿Y como sé que estarás cuando regrese del baño?
-¿Bromeas? -Dijo sin poder limpiar su tono de un cierto desprecio-
Yo trabajo aquí, pregúntale al dueño y te dirá si he faltado alguna
vez a mi palabra o le he fallado a un cliente.
-Quien no arriesga no gana -dijo él riendo y dándole la moneda.
-Será mejor que no me falles.

Cuando Nerek regresó, Azra le aguardaba sentada en el suelo, ante
su puerta. Parecía pensativa. Al verle se levantó y el hombre la ciñó
con fuerza por la cintura y la atrajo hacia él, dándole el primer beso.
Luego abrió la puerta frenético y casi la empujó al interior: El deseo
le acechaba como una alimaña.

Nerek hubiera pagado una segunda moneda gustoso pero no lo
hizo, lo más conveniente era no dejarse arrastrar por los deseos
y no demostraría su interés. Tenía otra cosa en mente para ella
y se lo propuso mientras la observaba vestirse:
-Tengo una propuesta para hacerte -le dijo
-Escucho -dijo ella
-Quiero que te ofrezcas a un hombre, yo te pago ¿Qué dices?
-Por mí bien: Yo me dedico a esto... Ya sabes el precio:
Dame mi paga y dime a quien debo prestar mis servicios

Nerek retorció entre sus labios algo parecido a una sonrisa:
la crudeza con la que aquella mujer hablaba se desdecía con su
delicadeza, con la gracia con la que se movía y un aspecto mucho
más noble que vulgar. Sin duda era una de las más hermosas
mujeres con las que había estado.
-Correcto,-farfulló- la mitad ahora y la otra mitad cuando lo hayas
hecho.
-Cobro por adelantado -recalcó ella con voz neutra, ciñéndose el
corpiño de su vestido
-Está bien, esto lo vale-dijo Nerek, entregándole una moneda de
oro.
Azra mordió la moneda y una vez que comprobó que era real,
la guardó en su escote, mientras preguntaba:
-¿Dónde está él?
-Eso sí, quiero una prueba -dijo Nerek sin responder la
pregunta.
La chica soltó una carcajada y lo miró burlona
- ¿Una prueba?¿Cómo rayos te traigo una prueba? O te fías de
mí, o te acuestas tú con él.
- Lo sabré si respondes bien a una pregunta que te haré después,
según lo que me digas tendré la certeza de que lo has conseguido
-dijo él- Donde encontrarlo es tu problema, su nombre es Halmir.

Azra asintió, claro que lo conocía y sabía donde encontrarlo,
pero no era un hombre cualquiera, algo turbio se traía Nerek,
sin duda.
-¿Tiene una maldita cicatriz en las nalgas? -preguntó, agregando
con gesto resuelto- Mira amigo, creo que te equivocas conmigo.
Nerek se rió pero no contestó esa pregunta.

La muchacha le devolvió la moneda.
-Yo no busco a los hombres como un sabueso, ni me importan
los detalles de su cuerpo, ese trabajo no es para mi. En la ciudad
hay más chicas, yo no engaño a nadie.
-¿Entonces no aceptas? -preguntó él no muy convencido.
-¿Has visto lo que he hecho? he llamado a tu puerta y te he
vendido mi cuerpo. ese es mi trabajo, lo que sé hacer, suma
monedas y yo te sorprenderé- una pausa- Pero tú quieres una
cosa sucia.

Nerek la miró sorprendido. La pelirroja era ambiciosa, sin
duda, pero le gustaba sentir el suelo bajo sus pies. Era una
chica lista.
-Sólo quiero que vayas y le ofrezcas tu cuerpo.-Dijo él en un
tono menos duro de lo que habría querido.
-Y que te traiga una prueba, -Añadió ella- ¡Pides mucho!
Nerek se encogió de hombros y sonrió quitándole importancia.
-De acuerdo, sólo hazlo, te creeré si dices que pasó, quizá
en un principio se niegue, pero insiste, eso le gustará.

La mujer clavó en él sus ojos verdes, valorando su propuesta.
-Si es así, acepto -dijo por fin -¿Y cuándo quieres que lo haga?
-Si puede ser hoy mismo mejor, sino mañana.
-Será hoy -dijo ella pensando - Iré a su comercio cuando esté
por cerrar.

Azra vio que Nerek la observaba con una sonrisa maliciosa.
No le gustó.
- Al anochecer tendrás noticias mías -Le dijo y luego se fue
dejándolo allí,  solo en la habitación.
"Vamos a ver como reacciona ese comerciante al regalo que
le acabo de enviar" se dijo él.

Ni siquiera era un regalo, pues lo estaba pagando con el
dinero que Halmir habia entregado a Led la última vez.

#4854 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Do, 28 de Ago, 2005 10:27 pm
Asunto: Estel: Mysterium (1) - En la Posada (mail correcto)
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Era noche cerrada del 25 de Mayo de 699, en Estel cuando los guardias vieron
llegar a esa figura algo menuda, envuelta en una raída manta de viaje. La
capa ocultaba su rostro y cojeaba un poco al andar.

-¿¿Quién vive??

-Estoy de paso... -era un voz de mujer, algo estridente, que no permitía
discernir su edad probable.

Los guardias se miraron, aún llegaban viajeros buscando refugio y paz en
Estel, la ciudad de la esperanza, la joya de Arnor. Abrieron las puertas:

-¡Pasa, mujer! -

Ella se adentró en las calles de tierra, había poca gente allí. Siguió a un
par de jóvenes que se reían y mencionaban ir a la "Reina Rubia".

--

En la "Reina Rubia" ya estaba lleno de gente a esa tardía hora. Algunos
jóvenes borrachos cantaban golpeando alegremente sus picheles de cerveza
sobre las mesas. Las dos camareras se afanaban en atender a los
parroquianos, regalando sonrisas una, otra una mirada distante.

Una figura envuelta en una capa parda, raída y de mangas muy largas se sentó
en una mesa apartada. A la espalda llevaba algo que parecía ser un arco de
curiosa factura, con sus extremos curvados. Era una figura de baja estatura.
Al tomar el tazón de caldo que pidió, reveló unas manos enguantadas
toscamente.

Luego, cuando nadie parecía prestarle atención, colocó unas pequeñas piezas
rectangulares sobre la mesa, donde había tallado dibujos de diversas
criaturas del bosque y de las llanuras. Las extendió sobre la madera, con
cierta práctica a pesar de los toscos guantes que llevaba, hasta disponerlas
como si fueran una pequeña piramide construída con esos minúsculos
ladrillos.

Nadie se fijaba en ella. O tal vez sí...

#4853 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Do, 28 de Ago, 2005 10:24 pm
Asunto: Estel: Mysterium (1) - En la Posada
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25 de mayo 699 por la noche,
Puerta Este y Posada La Reina Rubia
Estel, Reino de Arnor
--------------------

Era noche cerrada del 25 de Mayo de 699, en Estel cuando los guardias vieron
llegar a esa figura algo menuda, envuelta en una raída manta de viaje. La
capa ocultaba su rostro y cojeaba un poco al andar.

-¿¿Quién vive??

-Estoy de paso... -era un voz de mujer, algo estridente, que no permitía
discernir su edad probable.

Los guardias se miraron, aún llegaban viajeros buscando refugio y paz en
Estel, la ciudad de la esperanza, la joya de Arnor. Abrieron las puertas:

-¡Pasa, mujer! -

Ella se adentró en las calles de tierra, había poca gente allí. Siguió a un
par de jóvenes que se reían y mencionaban ir a la "Reina Rubia".


En la "Reina Rubia" ya estaba lleno de gente a esa tardía hora. Algunos
jóvenes borrachos cantaban golpeando alegremente sus picheles de cerveza
sobre las mesas. Las dos camareras se afanaban en atender a los
parroquianos, regalando sonrisas una, otra una mirada distante.

Una figura envuelta en una capa parda, raída y de mangas muy largas se sentó
en una mesa apartada. A la espalda llevaba algo que parecía ser un arco de
curiosa factura, con sus extremos curvados. Era una figura de baja estatura.
Al tomar el tazón de caldo que pidió, reveló unas manos enguantadas
toscamente.

Luego, cuando nadie parecía prestarle atención, colocó unas pequeñas piezas
rectangulares sobre la mesa, donde había tallado dibujos de diversas
criaturas del bosque y de las llanuras. Las extendió sobre la madera, con
cierta práctica a pesar de los toscos guantes que llevaba, hasta disponerlas
como si fueran una pequeña piramide construída con esos minúsculos
ladrillos.

Nadie se fijaba en ella. O tal vez sí...
Era noche cerrada del 25 de Mayo de 699, en Estel cuando los guardias vieron
llegar a esa figura algo menuda, envuelta en una raída manta de viaje. La
capa ocultaba su rostro y cojeaba un poco al andar.

-¿¿Quién vive??

-Estoy de paso... -era un voz de mujer, algo estridente, que no permitía
discernir su edad probable.

Los guardias se miraron, aún llegaban viajeros buscando refugio y paz en
Estel, la ciudad de la esperanza, la joya de Arnor. Abrieron las puertas:

-¡Pasa, mujer! -

Ella se adentró en las calles de tierra, había poca gente allí. Siguió a un
par de jóvenes que se reían y mencionaban ir a la "Reina Rubia".


En la "Reina Rubia" ya estaba lleno de gente a esa tardía hora. Algunos
jóvenes borrachos cantaban golpeando alegremente sus picheles de cerveza
sobre las mesas. Las dos camareras se afanaban en atender a los
parroquianos, regalando sonrisas una, otra una mirada distante.

Una figura envuelta en una capa parda, raída y de mangas muy largas se sentó
en una mesa apartada. A la espalda llevaba algo que parecía ser un arco de
curiosa factura, con sus extremos curvados. Era una figura de baja estatura.
Al tomar el tazón de caldo que pidió, reveló unas manos enguantadas
toscamente.

Luego, cuando nadie parecía prestarle atención, colocó unas pequeñas piezas
rectangulares sobre la mesa, donde había tallado dibujos de diversas
criaturas del bosque y de las llanuras. Las extendió sobre la madera, con
cierta práctica a pesar de los toscos guantes que llevaba, hasta disponerlas
como si fueran una pequeña piramide construída con esos minúsculos
ladrillos.

Nadie se fijaba en ella. O tal vez sí...

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#4852 De: "Naredriel" <naredriel@...>
Fecha: Do, 28 de Ago, 2005 8:00 pm
Asunto: Azra II
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Azra II

Azra cerró la puerta y bajó las escaleras a prisa, casi tropezando con Fíriel, la mujer que se encargaba de la limpieza del hostal, que subía con sábanas limpias para preparar una habitación.

- ¡Perdón! –Se excusó, y siguió su carrera.

Fíriel meneó la cabeza.

- ¡No es nada! – Le dijo y se permitió parar un momento mientras seguía con la vista a Azra, hasta que desapareció en la cocina.

Aquel día parecía contenta.

Siempre que Fíriel veía a la chica se preguntaba por qué hacía lo que hacía. A veces pensaba en su hija mayor y temblaba.

Cuando Azra entró en la cocina, saludó a Hilda, la cocinera, ocupada en desplumar unos pollos. En un rincón, Fréa, el hijo de la camarera, batallaba contra un montón de lechuga cortándola en juliana.

- Le tendrás que decir a tu marido que le pague algo a ese chaval... –Dijo Azra cogiendo una manzana del barril.

- ¿A Mungo? ¡Si se incomoda cada vez que lo ve por aquí! Dice que tendría que estar en la escuela... y tiene razón... pero su madre no puede pagar a la maestra. ¿Te ha ido bien con ese?

- ¡Bah! –Contestó despectiva.- ¿Tienes algo caliente que pueda comerme? A la tarde tengo trabajo, seguro que no podré cenar...

- ¿Y has desayunado? –Preguntó Hilda maternal.

- ¡Sí! –Respondió la muchacha.

La cocinera la miró, apartando un mechón rebelde de su cabello.

- Eres una mentirosa... –Dijo- A ver ¿qué has desayunado?

- ¡Una manzana! –Dijo la chica mostrando la que se estaba comiendo.

Hilda sonrió. Azra conseguía siempre arrancarle las sonrisas, como ella, cuando niña, hacía con su abuela.

- ¡Eres imposible! Te daré un tazón de caldo y quiero que te vayas a dormir. Cuando me digas te envío a Fréa para que te despierte.

La muchacha asintió, mordisqueando aun los últimos trozos de la manzana.

Y Hilda hundió su cacillo en un caldo espeso y grasiento, tratando de arrastrar al bol la mayor cantidad posible de contenido.

Azra estaba muy delgada.


#4851 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Do, 28 de Ago, 2005 6:18 pm
Asunto: Estel: Avalar - 1: llegada
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25 de Mayo, año 699, atardecer
Estel, Puerta Sudeste
__________________

Estel. Esperanza. Avalar observo las almenas de las torres de las murallas y
una sornisa se asomó a su rostro lleno de la tierra del camino. Tiró de las
riendas de Vientorrojo, su querida montura de tantos años y avanzó hacia los
portones de la ciudad.

Los guardias pudieron ver en él a un hombre alto, robusto, cubierto por un
yelmo y una amardura sobre la cual llevaba una gastadísima sobrevesta con un
trebol verde pintado: los emblemas de Greeneburh, que hace demasiado tiempo
que no se veían por allí.

-¡Avalar de Greeneburh! -se anunció el forastero, con una voz recia y
vigorosa.
-¿Porqué entráis a la ciudad?
-¡A buscar reposo, buena comida y unos días de descanso antes de seguir
viaje!! -gritó él.

Los grandes portones abrieron paso al jinete y su, saltaba a la vista,
cansada montura. El polvo del camino se mezclaba con los jirones de la
sobrevesta y la armadura algo abollada aquí y allá. Lo único más o menos en
buen estado era una espada de excelente factura, como las sabían hacer los
herreros de Arnor.

Avalar se adentró en las calles de Estel preguntó aquí y allá, hasta dar con
la posada "La Reina Rubia". Si había más no le preocupó: en ésta parecía
probable encontrar una tina de agua tibia, buena cerveza y algo de descanso.

Observó el lugar, y su mirada se detuvo en una de las mozas que servía a los
viandantes. Era la vitalidad hecha persona... como si fuera a reventar por
cada fibra de sus ceñidos vestidos. No pudo evitar observarla, mientras se
acomodaba ante una de las mesas, y la llamó con un gesto...

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#4850 De: "Ndye" <ndye@...>
Fecha: Sáb, 27 de Ago, 2005 11:00 pm
Asunto: Onodrim: El Regreso del Silencio del Sur Dorado (VIII): Noticias del Presente (Parte 2)
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VIII - Noticias del Presente (Parte 2)

Estelmirë nos miró a todos, se detuvo más tiempo ante mí. Suspiró:

-Tu madre dispuso que te sacaran del Reino de Kemen'nen para tu seguridad..
-Así pues el reino perdido existe -murmuró alguien de nosotros.
-Aún existe, sí. Porque la guerra entre hermanos que se libró por la
sucesión de Galénriel fue tan cruenta, que muchos murieron. Otros se
perdieron para siempre en el Bosque que circunda la ciudad. Los partidarios
de la hija bastarda de Rúnya, huyeron con ésta fuera de Kemen'nen y se
instalaron en una meseta justo por encima de Tüm, la cueva de los Olifantes.

"Habéis de saber que el Santuario, como llaman los nativos Haradrim a
aquella región, fue poblado por parte del pueblo Kemendili que abandonó el
Reino Guardado de Kemen'nen. Lo componia, en su mayoría, soldados del
ejército de exploradores, sus familias y familias que habían apreciado las
dotes de curación de la Dama N'Dyé, la hija bastarda del rey Rúnya. Pues
ella había incurrido en la ira de tu madre, Onodrim, la reina Galénriel y
fue ésta quien la expulsó del reino.
"Y fue así que aquellos restos de un pueblo otrora pacífico e inocente, se
establecieron a orillas del Lago Alto, y se dedicaron a tratar de arrancar
frutos de esa tierra algo esquiva o vivir de la pesca y la caza que ofrecía
aquel territorio.

-¿Y cómo es que no supimos de la existencia de ese pueblo? -inquirió el
rubio bardo Aldyn, con una mirada intrigada.

Estelmirë agitó su largo y rizado cabello color del fuego y sonrió:

-Pues la Ciénaga que llora, muchos pies más debajo de la ladera Sur de
Santuario, impedía a nadie llegar allí. Los lamentos fantasmales y los
peligros de la ciénaga eran un buen centinela. Y nadie de Kemen'nen tuvo
interés en perseguir a aquel pueblo fugitivo. Se dieron por satisfechos con
que les dejaran luchar entre sí a sus anchas.

"N'Dyé gobernaba aquel reino con mano firme pero también sabia ser
comprensiva cuando ello era necesaria. Tenía un pequeño hijo, al que tú,
Onodrim, conociste bien: Ingwëatan, Conductor-de-Hombres, tal su nombre. Su
marido, Dared, solía recorrer extensos terrenos en viajes de exploración y
defensa de los límites orientales y occidentales del pequeño territorio
donde se asentaba el pueblo de Santuario.

"Y has de saber, Onodrim, que pronto se celebrará un importante encuentro,
en un pueblo a 2 días de viaje de Tüm y que vosotros, Aldyn, Finna y Duriner
tal vez conozcáis...Mwattabele -dijo Estelmirë-.

-No has venido a contarnos esto sólo por el placer de una buena
historia -dijo Finna, no sin sorna.

-En efecto. El Imperio de Ankarel el Sombrío -susurró - está por volver sus
ojos a estas tierras. Aún sus ojos miran al norte y al desierto del
Haradwaith. Y no está en plena fuerza tampoco... y la amenaza de la
Oscuridad va en aumento...

-...Es hora de intervenir -completó Duriner, no sin una sonrisa, como si la
perspectiva le gustara.

-Aldyn, tu debes ir al Norte, para contar todas estas cosas y llevar a
Elennya a su tierra. Si es que deseais eso, claro... Finna, tu irás allí
también?
Miré sorprendido a Estelmirë: parecía saber mucho de nosotros. Muy
misterioso...

-No. Esta tierra es de gente que ama los caballos, gente valiente y
además... aún he de enseñar a guerrear a cierto joven... -dijo, mirando a
Ikun, con una leve sonrisa.
Observé a la joven de Rohan: había una fuerza nada común en ella, de
carácter y de cuerpo, según adivinaba bajo sus prendas masculinas. El
muchacho llamado Ikun la miraba con ¿admiración?

-¿Y vosotros, hijos de Edain?

Duriner y su primo Durambar y Dalreth sonrieron:

-Creo que la que fue mi discípula ahora es una buena maestra y no me
necesita... y otras misiones nos esperan, Estelmirë. Vos los guiaréis?

-No. En el Norte me esperan importantes asuntos que he postergado ya
demasiado tiempo -sonrío la dama con su irrestible sonrisa. Me sentía un
tonto perdiéndome en sus ojos esmeralda.

Luego Estelmirë habló aparte con Aldyn, mientras Elennya nos cantaba una
dulce canción del Norte, se la veía feliz. Finna e Ikun hablaban con Duramba
r en un rincón, evidentemente algo entristecidos por la separación que se
avecinaba...

N'Dyé Olorûn Limwé
Dama Mortal del Harad
http://es.geocities.com/niyosequiensoy
http://www.harad.8m.com

#4849 De: Eva Bautista <shulamithie@...>
Fecha: Sáb, 27 de Ago, 2005 9:01 pm
Asunto: Mellie 66. (En la tienda de Indor).
shulamithie
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26 de Mayo del 699.
     Poco después de que el elfo se fuera, Ilshat salió
de su habitación bostezando. Me vio con el frasco en
la mano y preguntó lo obvio.
     "¿De dónde has sacado eso?"
     "Es tinta, me la ha dado un elfo" contesté. "Si
hubieras estado presente, lo sabrías" le eché en cara.

     Ilshat se rascó la cabeza.
     "Estaba dormido" se disculpó.
     Volvió a entrar a su habitación y salió al poco
mucho más presentable.
     "Me gustaría probarla" dijo mirando fijamente el
frasco y girándolo entre sus dedos.
     "Hazlo entonces" respondí. "Si nos convence, nos
venderá más".
     Comprobé las lámparas y vi que estaban casi
vacías. Había que comprar aceite, de modo que me fui
del taller, no sin antes despedirme de él.
     Tardé un poco en encontrar una tienda donde
pudiera encontrar ese aceite... en la mayoría no
vendían. Pero hubo una en la que sí. Estaba de suerte.

     El tendero parecía tener unos 50 años. Iba vestido
de marrón y blanco. Enseguida supe su nombre.
     "Buenos días. Me llamo Indor. ¿En qué puedo
atenderle?"
     Parecía amable... era un buen comienzo.
     "Vengo a comprar aceite para lámparas" dije un
poco nerviosa. "Las necesitamos para escribir de
noche".
     El tendero llamó a alguien.
     "¡Orestel!" gritó. "¡Trae aceite para lámparas!"
     Y entonces advertí la presencia de dos hombres
mucho más jóvenes que él. Supuse que serían sus hijos.
Orestel, que entró en la trastienda, era delgado y
tenía una apariencia algo triste. Más orgulloso
parecía el que debía ser su hermano, mucho más
musculoso y de melena larga. Parecía sonreír entre
dientes.
     Orestel trajo el aceite en una botella mediana.
Esa cantidad me pareció adecuada. Pagué el precio y me
dispuse a irme al igual que él, que parecía
esconderse. Me di cuenta de que era muy tímido, de que
casi temía a la gente. Sentí una curiosidad malsana
por saber por qué.
     "Espero que no piense que me entrometo, pero...
¿por qué tiene que escribir por la noche?" inquirió el
tendero. "¿Trabaja en alguna escribanía?"
     "Sí" le dije. "Llevamos poco tiempo. Estamos muy
cerca de aquí, enfrente de la panadería. Hacemos
libros, carteles... lo que surja".
     Indor levantó una ceja. Pareció interesado, pero
no dijo nada. Esperé unos segundos y seguí sin obtener
una respuesta. Si quería algo, ya pasaría por allí. O
mandaría a alguno de sus hijos. De modo que me despedí
y volví al taller.
     De vuelta a casa repasé las expresiones de aquel
hombre. Había sido serio y amable, el tema del taller
parecía interesarle, pero al nombrar la panadería
sentí cierto disgusto en su mirada... ¿Estaría
enemistado con el panadero? ¿Por qué razón?



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