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SANTA MISA DE HOY 25 de Octubre y varias reflexiones   Lista de mensajes  
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EDICION

Nº 1038

25  DE OCTUBRE

1.359 DÍAS INTERNET

DOMINGO XXX DEL CICLO A 2005

Enlace para visitar el WEB de: Caminando con Jesus

Por este enlace se llega al WEB de:  Padre Jesús Marti Ballester

Jesús nos enseñas a través de narraciones de sucesos sencillos, “La Parábolas”, con ellas aprendemos enseñanzas de alguna verdad importante, especialmente en el aspecto moral, estos relatos fáciles de comprender generalmente llegan al corazón de los hombres de una forma más comprensible.

Jesús a través de sencillas parábolas, utiliza el mismo lenguaje de las actividades laborales y rutinarias de los hombres, es así como lo hace con ejemplos de las tareas del campo, de la vida hogareña, del mercader y de los pescadores, de esta forma Jesús hacia comparaciones para hacerlas fácilmente inteligibles las verdades espirituales.

En el Evangelio de hoy, Jesús dijo: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?

MISA DEL MARTES 25 DE OCTUBRE DE 2005

LAS LECTURAS DE LA MISA ESTAN EN ESTE LINK: MISAL

LAS MONICIONES E IMAGNES LITURGICAS EN ESTE LINK:

 MONICIONES E IMAGENES

 

 

ANTÍFONA DE ENTRADA

 

Escucha, Señor, mi voz y mis clamores y ven en mi ayuda; no me rechaces, no me abandones, Dios, salvador mío.

 

Oración Colecta

 

Oremos:

Dios nuestro, fuerza de todos los que en ti confían, ayúdanos con tu gracia sin la cual nada puede nuestra humana debilidad, para que podamos serte fieles en la observancia de tus

mandamientos.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.

 

PRIMERA LECTURA

 

Toda la creación espera la revelación de la gloria de los hijos de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

8, 18-25

Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.

La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de Aquél que la sometió, pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 125

 

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

 

Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar; entonces no cesaba de reír nuestra boca, ni se cansaba entonces la lengua de cantar.

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

 

Aun los mismos paganos con asombro decían: «¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!» Y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

 

Como cambian los ríos la suerte del desierto, cambia también ahora nuestra suerte, Señor, y entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor.

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

 

Al ir, iban llorando, cargando la semilla; al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.

Aleluya.

 

EVANGELIO

Creció la semilla y se convirtió en un arbusto

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas

13, 18-21

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerto; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas».

Y dijo de nuevo: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa».

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración sobre las Ofrendas

 

Dios nuestro, que en estos dones que te presentamos nos otorgas el pan que alimenta y el sacramento que da nueva vida, haz que nunca llegue a faltarnos este sustento del cuerpo y del espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Prefacio

El misterio de nuestra salvación en Cristo

 

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.

Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

El, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

Por eso,

con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria diciendo:

Santo, Santo, Santo…

 

Antífona de la Comunión

 

Una sola cosa he pedido al Señor y es lo único que busco: habitar en su casa todos los días de mi vida.

 

Oración después de la Comunión

 

Oremos: Que nuestra participación en este sacramento, signo de la unión de los fieles en ti, contribuya, Señor, a la unidad de tu Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Amén.

Comentarios del Evangelio de Hoy

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Miembro de Amor y Cruz

¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?

Lc 13, 18-21

 

Jesús nos enseñas a través de narraciones de sucesos sencillos, “La Parábolas”, con ellas aprendemos enseñanzas de alguna verdad importante, especialmente en el aspecto moral, estos relatos fáciles de comprender generalmente llegan al corazón de los hombres de una forma más comprensible.

Los ejemplos que nos pone Jesús, están siempre vivos en nosotros, especialmente porque nos exige a nosotros mismos tomar conciencia de lo que es ser cristiano, es así como no solo debemos tener oídos atentos a las parábolas, además debemos tener preparado el corazón para comprender la sensibilidad de la enseñanza y alejar toda soberbia en nosotros para aceptarla.

La sutileza de la parábola, y me refiero a la delicada,  suave e interesante forma que utiliza Jesús para penetrar en nuestro corazón, nos invita a rechazar los estilos de vida conducentes al pecado, especialmente a aquellos que son productos de la soberbia, la envidia, la ira, la vanidad, el egoísmo, sentimientos que nutren la forma mas desvergonzada de vida del hombre.

Es entonces en consecuencia, la parábola, una perfecta enseñanza de moral cristiana, sepamos descubrir en ella el llamado de salvación y conversión a Dios.

Jesús a través de sencillas parábolas, utiliza el mismo lenguaje de las actividades laborales y rutinarias de los hombres, es así como lo hace con ejemplos de las tareas del campo, de la vida hogareña, del mercader y de los pescadores, de esta forma Jesús hacia comparaciones para hacerlas fácilmente inteligibles las verdades espirituales.

En este Evangelio, Jesús dijo: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerto; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas».

Pedagógicamente, la parábola de la mostaza hace ver que, siendo algo muy pequeño, llega a hacerse tan grande, que se convierte en árbol, y las aves del cielo se resguardan en él, es el desarrollo del reino. Al comienzo pequeño y casi inadvertido, grande es en tiempos de Jesús, inmenso es hoy día, se hace ver su fuerza expansiva. La otra es la parábola del fermento o la levadura, con igual procedimiento, donde se hace ver la vitalidad y expansión del Reino. Puesto en Israel y en el mundo, su vitalidad lo va extendiendo y evolucionando en Cristo, así se destaca la fuerza transformadora del mismo

Como dato especial, si vemos las concordancias de los evangelios, nos damos cuenta que Mateo hecha la mostaza en el campo, Marcos dice en la tierra y Lucas en el Huerto, estos cambios se deben a los distintos destinatarios a los cuales fueron dirigidos los evangelios, en este caso el de Lucas, a los gentiles, pues la mostaza estaba prohibido sembrarla en los huertos o jardines, según los judíos.

La frase la más pequeña de todas las semillas es circunstancial y es un término ordinario de comparación de las cosas pequeñas de aquellos tiempos. Pero también se decía pequeño como un grano de mostaza. En Oriente abundan las diversas clases de mostaza, una variedad de ella crece rápidamente y puede llegar a tres o cuatro metros y se hace leñosa en su base, posándose en ella los pájaros en bandadas. Los árabes hablan de árboles de mostaza, por eso se dice en la parábola que se hizo árbol, pues tiene el tallo como de madera.

La parábola dice que las aves anidan en las ramas, es decir se establecen o habitan, como queriendo decir como los gentiles se incorporan al pueblo de Dios. El arbusto grande es la imagen del terreno fuerte donde es sembrada la semilla.

Los elementos de la parábola son descriptivamente reales y directos. La singularidad de la comparación es una paradoja, de lo mínimo se hará lo máximo, algo de la universalidad de la Iglesia y, que bien lo ha probado la historia de todos estos años. Lo que comenzó modestamente, luego se expandió con gran vigor, igual que la semilla de mostaza.

En las cosas sencillas y humildes siempre Dios pone la esperanza en sus hijos, y emplea medios sencillos para llegar hasta él, así fue también como eligió a una humilde y sencilla mujer para encarnar a su Hijo, y en un humilde pesebre fue a nacer, así también se nos hace presente Cristo en la Eucaristía, en un pedacito de pan y en un poco de vino, signos de gran sencillez.

Sin embargo a los hombres nos gustan las cosas grandiosas, con exigentes preparativos, especialmente cuando no conocen bien a Dios. Sin embargo Dios no esta interesado en que emprendamos grandes obras para demostrarle nuestro amor, y nos acoge con cariño con tan solo serle fiel en todo momento.

Una buena enseñanza es nuestra Iglesia, que nació modestamente, con hombres de condición humilde, que habían sido pescadores, y hoy esta por todo el mundo, pueblos de diferentes costumbres, idiomas y razas, la acogen y la engrandecen.

En la segunda parábola, Jesús dijo de nuevo: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa».

La escena es de un gran realismo palestino, era medida usual para la mezcla, tres medidas. El tema por lo misma es claro, el vigor que tiene el Reino para hacer fermentar a todo el mundo. Jesús nos enseña ahora través de un parábola hogareña, “la levadura fermento todo”, para que nosotros podamos ser como ella, corrompiendo lo que nos hace cómodo, lo que no nos hace crecer, y para que comprobemos la eficacia de los Evangelios, del mismo modo como la levadura fermenta la masa, el mensaje del Evangelio nos fermenta a nosotros, del mismo modo como la levadura penetra en la masa, lo hace el Evangelio en los hombres.

Del mismo modo como se transforma la semilla, también la Palabra del Señor es levadura para transformarnos, así nos quiere decir Jesús como es el Reino de Dios, con fuerza y vigor para extenderse y fermentar y transformar el mundo.

Ahora nos cabe una pregunta, ¿somos parte de esa fuerza transformadora del mundo?, El Reino de Dios, tiene en si mismo un fuerte vigor, energía, voluntad, enjundia como se decía años atrás, eficacia y aliento para desarrollarse y extenderse a través de todos los rincones del mundo, en distintos pueblos, pero necesita del esfuerzo de todos, según nuestras posibilidades y habilidades, pero con una dedicación que muestre el deseo o el empeño por ser fermento del Evangelio en todo lugar, en todos los ambientes, contemplativos, es decir activos y laboriosos en la oración  y activos, en el sentido de ser dinámicos y afanosos en trabajar para el Señor. Como enseñaba Santa Teresa de Jesús, cuando nos hace saber que algunos deben ser como Marta, afanosas por trabajar para el Señor, otra como María, apasionadas para contemplar a Cristo.

 

OH Jesús, todo los que nos enseña, nos maravilla.

La paz del Señor Sea con Ustedes

Buenos Días Amigos y Hermanos

Pedro S.A. Donoso Brant

 
 
El grano de mostaza y la levadura

Fuente: Catholic.net
Autor: Misael Cisneros
 
REFLEXION Evangelio san Lucas  capítulo 13, versículos 18 al 21
Hay que apostar por ideales nobles en esta vida. Decidirnos a cambiar la venganza por el perdón, el egoísmo por la generosidad, el odio por el amor, la debilidad ante las dificultades por la fortaleza ante ellas. Los muchos avatares en esta vida nos impiden ver el bien que Dios tiene preparado en nuestro futuro. Cristo nos lo enseña comparando el Reino de los cielos con un grano de mostaza.

Una semilla tan insignificante por su pequeñez que seguramente un no entendido de semillas la hubiese tirado a la basura. Sin embargo, en su pequeñez se encierra su grandeza. Podríamos pensar que una minucia de ese tamaño no sirve para nada. Pero si conociésemos lo que viene después, pagaríamos lo que fuese por conseguirla. De la misma forma son los ideales por los que hay que apostar y pagar lo que sea. Al inicio no vemos el provecho personal que hay en perdonar a quien nos ofendió o prestar ayuda a quien lo necesita porque no vemos más que “una insignificante semilla de mostaza”, y lo es. Pero pensemos también que el fruto que viene después será inmensamente superior al que nosotros esperábamos.

Sembremos estas semillas del perdón, de la alegría, de la unión, de la fortaleza entre nuestros familiares y amigos pero sobre todo en nuestro propio corazón. Son semillas que en su pequeñez se encierra su grandeza y provecho para nuestra vida.

REFLEXION Evangelio Lucas  capítulo 13, versículos del 18 al 21

 

«¿A qué es semejante el Reino de Dios?»

 

Hoy, los textos de la liturgia, mediante dos parábolas, ponen ante nuestros ojos una de las características propias del Reino de Dios: es algo que crece lentamente —como un grano de mostaza— pero que llega a hacerse grande hasta el punto de ofrecer cobijo a las aves del cielo. Así lo manifestaba Tertuliano: «¡Somos de ayer y lo llenamos todo!». Con esta parábola, Nuestro Señor exhorta a la paciencia, a la fortaleza y a la esperanza. Estas virtudes son particularmente necesarias a quienes se dedican a la propagación del Reino de Dios. Es necesario saber esperar a que la semilla sembrada, con la gracia de Dios y con la cooperación humana, vaya creciendo, ahondando sus raíces en la buena tierra y elevándose poco a poco hasta convertirse en árbol. Hace falta, en primer lugar, tener fe en la virtualidad —fecundidad— contenida en la semilla del Reino de Dios. Esa semilla es la Palabra; es también la Eucaristía, que se siembra en nosotros mediante la comunión. Nuestro Señor Jesucristo se comparó a sí mismo con el «grano de trigo [que cuando] cae en tierra y muere (...) da mucho fruto» (Jn 12,24).

 

El Reino de Dios, prosigue Nuestro Señor, es semejante «a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo» (Lc 13,21). También aquí se habla de la capacidad que tiene la levadura de hacer fermentar toda la masa. Así sucede con “el resto de Israel” de que se habla en el Antiguo Testamento: el “resto” habrá de salvar y fermentar a todo el pueblo. Siguiendo con la parábola, sólo es necesario que el fermento esté dentro de la masa, que llegue al pueblo, que sea como la sal capaz de preservar de la corrupción y de dar buen sabor a todo el alimento (cf. Mt 5,13). También es necesario dar tiempo para que la levadura realice su labor.

 

Parábolas que animan a la paciencia y la segura esperanza; parábolas que se refieren al Reino de Dios y a la Iglesia, y que se aplican también al crecimiento de este mismo Reino en cada uno de nosotros.

 

 




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