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Agosto 10 08H35 Evangelio y Reflexión de hoy 10   Lista de mensajes  
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Evangelio Diario Juan capítulo 12, 24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre".

Reflexión

Ciertamente Dios ha creado todo, como lo asegura el libro del Génesis: “Muy bien y muy bueno”. Sin embargo, el pecado ha hecho que a pesar de esta realidad, como dice san Pablo, no todo nos es conveniente. Y es aquí en dónde se prueba realmente quién es o no verdaderamente cristiano. La tentación se presenta indistintamente para todos, sin embargo el cristiano, ejercitado en la oración y en la renuncia a sí mismo, convencido que la vida en Cristo vale la pena cualquier renuncia, es capaz de renunciar a todo aquello que, aunque se presenta bajo la apariencia de bien, sabe que lo conducirá irremisiblemente a perder la amistad con Dios. Si no nos ejercitamos en la renuncia, si no somos capaces de negarnos ni siquiera las pequeñas cosas, los pequeños gusto, será muy difícil renunciar a las más grandes y peligrosas tentaciones, lo que hará que nuestra vida quede estéril y si fruto. Empieza por poco… ¡Pero empieza hoy!

Que tengas una excelente semana.

Como María, todo por Jesús y para Jesús

Pbro. Ernesto María Caro

Oremos por todos los miembros
de nuestra e-comunidad diciendo:

Madre de todos los hombres:

Ruega por nosotros pecadores que recurrimos a ti.

 

Unos Momentos con Jesús y María

 

Lecturas del 10-8-05 (Miércoles de la Semana 19)

 

SANTORAL: San Lorenzo

 

Lectura del libro del Deuteronomio 34, 1-12

 

 Moisés subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó, y el Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan,

 todo Neftalí, el territorio de Efraím y Manasés, todo el territorio de Judá hasta el mar Occidental, el Négueb, el Distrito y el valle de Jericó -la Ciudad de las Palmeras- hasta Soar. Y el Señor le dijo: «Esta es la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando les dije: "Yo se la daré a tus descendientes." Te he dejado verla con tus propios ojos, pero tú no entrarás en ella.»

 Allí murió Moisés, el servidor del Señor, en territorio de Moab, como el Señor lo había dispuesto. El mismo lo enterró en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor, y nadie, hasta el día de hoy, conoce el lugar donde fue enterrado. Cuando murió, Moisés tenía ciento veinte años, pero sus ojos no se habían debilitado, ni había disminuido su vigor. Los israelitas lloraron a Moisés durante treinta días en las estepas de Moab. Así se cumplió el período de llanto y de duelo por la muerte de Moisés.

 Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él; y los israelitas le obedecieron, obrando de acuerdo con la orden que el Señor había dado a Moisés.

 Nunca más surgió en Israel un profeta igual a Moisés -con quien el Señor departía cara a cara- ya sea por todas las señales y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto contra el Faraón, contra todos sus servidores y contra todo su país, ya sea por la gran fuerza y el terrible poder que él manifestó en presencia de todo Israel.

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 65, 1-3a. 5 y 8. 16-17 (R.: cf. 20a y 9a)

 

R. Bendito sea Dios, que nos concedió la vida.

 

 ¡Aclame al Señor toda la tierra!

 ¡Canten la gloria de su Nombre!

 Tribútenle una alabanza gloriosa,

 digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!»  R.

 

 Vengan a ver las obras del Señor,

 las cosas admirables que hizo por los hombres.

 Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,

 hagan oír bien alto su alabanza.  R.

 

 Los que temen al Señor, vengan a escuchar,

 yo les contaré lo que hizo por mí:

 apenas mi boca clamó hacia él,

 mi lengua comenzó a alabarlo.  R.

 

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan capítulo  12 versículos del 24 al 26

Jesús dijo a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, buscan una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.»

Palabra del Señor.

 

Reflexión Lectura del santo Evangelio según san Juan capitulo 12 versículos del 24 al 26

La palabra de Dios hoy nos hace mirar un poco cómo es nuestra convivencia.

 

En una comunidad cristiana, la convivencia es algo esencial. Y para conseguirlo, hay que saber aceptarse, hay que saber sobrellevarse unos a otros, hay que estar en contínua comunicación. Y, sobre todo, hay que saber perdonarse. Hoy eso es más difícil que nunca en una Iglesia, tan pluralista y en la que hay tantas opciones.

 

Pero ante el amor, no hay más que una opción. Es Cristo, y Él debe borrar todas las fronteras.

 

El Padre escucha siempre la oración de los que están de acuerdo y viven reconciliados, porque en medio de ellos hay una presencia viva, está Cristo.

 

Nunca debemos poner límites al perdón, porque tampoco tiene límites el amor cristiano.

 

Si la división de los cristianos, es el escándalo de nuestros tiempos, es aún mayor motivo de escándalo, la división interior y las rencillas domésticas, entre los católicos. Esas rencillas que nos llevan a no conocernos y entonces juzgarnos y condenarnos.

 

Desde afuera, les resulta difícil reconocer a Cristo entre nosotros.

 

Muchas veces, fracasamos en nuestros intentos de apostolado, precisamente por la falta de unión de quienes debemos llevarlo adelante.

 

Cuando los cristianos nos ponemos de acuerdo, no sólo en lo que pretendemos conseguir, sino, ante todo, en estar unidos en el amor al Padre, entonces Jesús promete su presencia misteriosa, dinámica y santificadora entre nosotros.

 

Y si está Cristo, está todo lo bueno que se puede esperar, todos los éxitos, vendrán sin demora.

 

Para que se cumpla la promesa de Jesús de estar entre nosotros es preciso:

 

Primero, que estemos reunidos. Pero nos podremos estar reunidos si previamente no estamos unidos. ¡Y cuánto nos cuesta a veces unirnos los discípulos de Jesús!

 

La segunda condición que el Señor nos pone, es que estemos reunidos ¨en el Nombre del Señor¨.

 

Nos pide que nos unamos en su nombre, no por simpatía o afinidad de temperamento, sino convocados por su Palabra e impulsados por su amor.

 

Entonces Jesús se ubicará en medio nuestro y nuestra oración será escuchada infaliblemente por el Padre de los Cielos

 

Vamos a pedirle hoy al Señor que nos ayude a no encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros criterios, que nos enseñe a saber vivir en comunidad, que sepamos con amor y por amor al Señor, perdonar de corazón, y por sobre todo a buscar siempre las coincidencias para que nuestros esfuerzos no resulten vanos.

 

¡Líbrame de esta carne de pecado

de la que siento en alas desasirme,

Señor, que, en una cruz, por redimirme,

diste todo en la llaga del costado!

 

¿Y volaré, para volver atado

a mi antigua enemiga?; ¿andaré firme

el día que otra vez vuelva a vestirme

de la túnica inútil del pasado?

 

Vivo en la fe, y el alma no se atreve

a pedir verte sólo en lo inefable,

sólo en aliento y en blancor de nieve.

 

¡Otra vez lo corpóreo, lo palpable!

¡Que mi segunda carne sea leve!

¡Dame, Señor, la vida perdurable!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,

por los siglos de los siglos. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

 

SANTORAL:   San Lorenzo

 

San Lorenzo vio la luz en el siglo III. Según parece, nació en Huesca, ciudad de Aragón, aunque también io disputan Valencia y Córdoba. El papa Sixto II lo nombró primer diácono de la Iglesia romana. Su nombre significa "laureado".

 

Por ese tiempo, el año 257, el emperador Valeriano desató una de las rnás crueles persecuciones contra los cristianos. En ella, el 6 de agosto de 258, san Sixto fue preso y llevado a la cárcel. En el camino, salió a su encuentro Lorenzo y le dijo

 

- ¿,A dónde vas, oh padre, sin tu hijo? ¿,A dónde vas, oh sacerdote, sin tu diácono?

 

A lo cual respondió el Pontífice:

 

- A ti, hijo mío, como más joven, te aguardan más rigurosos suplicios y más gloriosa victoria; anda a repartir a los pobres los tesoros de la Iglesia.

 

Cumplió Lorenzo la voluntad del pontífice y empleó toda la noche en visitar a los pobres y repartirles los bienes que estaban bajo su custodia. Al día siguiente regresó al lado de san Sixto, y viendo que ya lo llevaban a degollar, corrió hasta él y dijo en voz alta:

 

No me desampares, padre santo; ya cumplí tus órdenes y distribuí los tesoros que me encargaste. Al oír estas palabras y la mención de los tesoros, los funcionarios judiciales apresaron a Lorenzo y comunicaron lo ocurrido al prefecto de Roma. Éste hizo llevar al diácono a su presencia y le preguntó por los tesoros de la Iglesia. Lorenzo, con sagacidad, le contestó: – Si tienes tanta ansia de estos tesoros, dame dos o tres días para recogerlos y yo te los traeré. Le pareció bien al prefecto y lo dejó sin guardia alguna. En aquellos tres días juntó Lorenzo a los ciegos, los cojos, mancos y pobres todos a quienes había socorrido y se presentó con ellos, diciéndole:

 

- Éstos son los tesoros de la Iglesia.

 

Al verse burlado en sus esperanzas, el furor se apoderó del funcionario. Mandó que lo azotaran y desgarraran sus carnes, y viendo que no se quejaba, sino que incluso reía, exclamó:

 

– Tú eres un mago; pero yo te juro por los dioses que has de padecer tan graves penas como ningún hombre hasta hoy las padeció.

 

Dio, pues, la orden y lo torturaron sin pausa con diversos y crueles suplicios, hasta que finalmente decidieron asarlo en un lecho de hierro a modo de parrilla, en la cual no mostró el santo ningún signo de dolor; sino que, estando asada una parte de su cuerpo, habló al tiránico juez y le dijo: – Ya está asada la mitad de mi cuerpo; manda que me vuelvan de la otra parte y come. Así se mantuvo Lorenzo; hasta que llegado el plazo que Dios le había fijado, volvió a decir: Gracias te doy, Señor y Dios mío, que ya he merecido entrar por las puertas de tu bienaventuranza. Enseguida de lo cual expiró. Era el 10 de agosto del año 258.

 

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy:  Santos: Autor, Hugo, Blano, obispos; Basa, Paula, Antagónica, Jacobo, Abrahán, Juan, Beso, Ireneo, Aurelio, Asteria, mártires.

 

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: Hablar con Dios del P. Fernández-Carvajal, Cinco Minutos con Dios del P. A. Milagros, Meditaciones del Pueblo de Dios del P. E. López Rosas, Buenas Noticias para cada día del P. J.M.Garuza, Encuentros Bíblicos del P. M. Wiechs, Por los Caminos del Señor del Card. C. Martini, Palabra de Dios para cada día del P. N Quesson, Pensar por Libres del P. E. Monasterio, etc.. y los comentarios de la Biblia Latinoamericana y de EUNSA.  También se han incluido Himnos y Salmos de la Liturgia de las Horas y se han utilizado las biografías de Amigos de Dios y de los Hombres, de Esther Pizzariello de Leoz, y 365 Historias de Clovis Bovo, para la preparación del Santoral.

 

Los realizadores de esta recopilación de textos no pretenden en ningún caso atribuirse la autoría de los mismos, ni persiguen ningún fin de lucro ni otro, que no sea la propagación de la Palabra de Dios y la doctrina católica.

 

¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

 

Miércoles, 10 de agosto

San Lorenzo, Diácono y Mártir

2 Corintios 9, 6-11 / Juan 12, 24-26

Salmo responsorial  Sal 111, 1-2. 5-6. 7-8. 9
R/.  "Dichoso el que se compadece y da prestado"

 

Santoral:

San Lorenzo, Diácono y Mártir

 

En cada amanecer

 

En cada amanecer los seres  humanos abrimos los ojos

para enfrentarnos a otro día más...

La mañana se va llenando de un taconeo

que marca la carrera veloz de la gente 

que marcha hacia sus tareas diarias...

 

Las calles se llenan de estudiantes, trabajadores

y gente desempleada que se afanan por llegar al lugar esperado...

Tanta es la prisa que el tiempo no es suficiente

para detenernos  a mirar el interior

del ser humano que nos rodea...

 

Nuestros ojos se conforman con fijarse

en el exterior solamente...

Recordamos el largo de una falda,

la marca del pantalón, el color de la piel...

 

Comentamos el gesto huraño de algún compañero

sin buscar la causa que lo provocó...

Transcurre el día y no hemos mirado

el interior del amigo que nos acompaña diariamente...

 

Deberíamos jugar a descubrir lo hermoso de la gente...

Cada ser humano tiene un pedazo de Dios  dentro...

¡Es lo que debería llamar nuestra atención diaria!

 

En lugar de ver el gesto agrio de alguien,

entendamos el valor que tiene para resistir

las tensiones provocadas por situaciones

que no conocemos...

 

Antes de burlarnos del que no aprende

con la rapidez de los demás,

demos un aplauso a su magia

para ser bueno con sus semejantes...

 

Todos los días son buenos para comenzar

a descubrir sonrisas hermosas,

manos hábiles, actos valiosos,

espíritus valientes, luchadores incansables...

 

Cada ser humano tiene un valor especial, 

un don divino que recibe al nacer

y que si se descubre,  puede utilizarlo

para su beneficio y para el de los que le rodean...

 

Hagamos un alto en nuestra prisa diaria, 

miremos el interior de nuestros hermanos

y aprendamos a valorarlos por lo que son 

y no por lo que quisiéramos que fueran.

 

 

 

 

Miércoles, 10 de agosto del 2005

 

SAN LORENZO

Diácono y mártir

 

Dios ama al que da con alegría

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

9, 6-11

 

Hermanos:

Sepan que el que siembra mezquinamente tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad cosechará abundantemente.

Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.

Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras. Como dice la Escritura: "El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente".

El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a ustedes la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                     111, 1-2. 5-6. 7-8. 9

 

R.    Dichoso el que se compadece y da prestado.

 

Feliz el hombre que teme al Señor

y se complace en sus mandamientos:

su descendencia será fuerte en la tierra,

la posteridad de los justos es bendecida. R.

 

Dichoso el que se compadece y da prestado,

y administra sus negocios con rectitud.

El justo no vacilará jamás,

su recuerdo permanecerá para siempre. R.

 

No tendrá que temer malas noticias:

su corazón está firme, confiado en el Señor.

Su ánimo está seguro, no temerá,

hasta que vea derrotados a sus enemigos. R.

 

Él da abundantemente a los pobres:

su generosidad permanecerá para siempre,

y alzará su frente con dignidad. R.

 

 

EVANGELIO

 

El que quiera servirme será honrado por mi Padre

 

a    Lectura del santo Evangelio

según san Juan

12, 24-26

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama su vida la perderá; pero el que odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme será honrado por mi Padre».

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión:

 

2Cor. 9, 6-10. Cuando nosotros extendemos nuestras manos para socorrer a los más desprotegidos, en esos momentos estamos sembrando una buena simiente que producirá abundantes frutos de salvación. Al final escucharemos aquel llamado del Señor para ser "almacenados" en los graneros eternos: "Vengan, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estuve desnudo y me vistieron; enfermo y me asistieron; encarcelado y fueron a verme." Que todo lo bueno que hagamos a favor de los demás no sea para ostentación y alabanza nuestra, sino para la gloria de Dios, de tal forma que nuestra mano izquierda no sepa lo que haga la derecha; de lo contrario nuestra recompensa se habrá perdido en un aplauso humano. Procuremos el bien de todos; pero que nuestro servicio de caridad sea hecho siempre con alegría, sabiendo que, especialmente en el servicio a los pobres, necesitados y enfermos, estamos sirviendo y asistiendo al mismo Cristo.

Sal. 112 (111). La abundancia de bienes en el antiguo Israel se consideraba como una bendición de Dios para los justos. Sin embargo esos dones de Dios no deberían hacer egoístas a quienes los habían recibido, sino que, en sus préstamos no se comportarían como usureros, y ante los pobres siempre estarían dispuestos a socorrerlos. Entonces podrían levantar la frente no de modo orgulloso, sino como la manifestación de la Gloria de Dios desde aquellos que lo aman y se compadecen de su prójimo. Recordemos que sólo somos administradores de los bienes de Dios. Al final, aun cuando hayamos sido dueños del mundo entero, nada nos llevaremos de todos esos bienes materiales, sino solo nuestras buenas obras. Por eso no trabajemos sólo por el pan que perece, sino por aquel que realmente vale ante Dios.

Jn. 12, 24-26. Cuando uno teme morir puede encontrar serios obstáculos en su forma de amar. La fecundidad viene del amor verdadero, que Dios ha infundido en nuestros corazones. El verdadero discípulo de Jesús debe seguirlo a Él hacia su glorificación en Dios, sabiendo que, sin miedo a los riesgos, sin miedo a las amenazas de quienes quisieran silenciar al enviado de Dios, éste debe incluso afrontar la propia muerte, como un signo de amor fecundo que haga brotar en uno mismo y en los demás la vida eterna; y esto no por nosotros mismos, sino por nuestra unión fiel y constante a Aquel que nos ha amado hasta dar su vida para que nosotros tengamos vida. Este amor, llevado hasta el extremo, es lo que hizo que el Hombre Jesús llegara a su perfección a través de su obediencia y de su muerte en cruz. Sólo aquel que va entregando su vida para la perfección de los demás va creciendo en el amor hasta llegar a la plenitud en el Señor, hasta poder llegar a ser reconocido por el Padre Dios como su hijo amado, en quien Él se complace. Vivamos, pues, en un amor verdadero, constante y cada vez más perfecto no sólo a Dios, sino también a nuestro prójimo, a quien hemos sido enviados tanto para anunciarle el Evangelio como para transmitirle la Vida y el Espíritu de Dios, que Él nos ha comunicado a nosotros sus hijos.

En la Eucaristía celebramos el Memorial de la Muerte y Resurrección de Jesucristo; así Él nos manifiesta el amor que nos tiene, y que es llevado hasta el extremo. Ese amor no es un amor estéril sino fecundo, pues nos ha ganado a todos para su Dios y Padre, para nuestro Dios y Padre. La Redención, así, no es algo del pasado sino del hoy de cada día en la historia, pues ha quedado atemporizada de tal forma que siempre es eficaz, como algo presente para las personas de todos los tiempos y lugares. Nosotros hacemos nuestra la Redención de Cristo de un modo especial en la Eucaristía. En este momento de gracia estamos siendo testigos de la Muerte y Resurrección de Cristo. Nuestra fe nos ha de llevar a apropiarnos toda su eficacia, de tal forma que en adelante seamos, en Cristo, criaturas nuevas que se esfuercen no sólo por dar a conocer a los demás el Nombre del Señor, sino que lleven a ellos la salvación para que todos podamos vivir como hijos del único Dios y Padre; y, fortalecidos por su Espíritu Santo, seamos dignos instrumentos puestos en las manos de Dios, capaces de entregar, día a día, nuestra vida para que todos tengan en sí la Vida que procede de Él.

La Diaconía (Servicio) en la Iglesia ha tenido siempre un punto relevante. Es un servicio en la asamblea litúrgica. Pero no todo queda ahí. También es un servicio en la caridad de todos los días. Dar la propia vida, no sólo administrar los bienes en favor de los demás, eso es lo que se espera de una Iglesia que, como san Lorenzo y muchos otros santos Diáconos, ha de entregar su vida para que el mundo entero tenga Vida, y Vida en abundancia. Un poco antes de la perícopa del Evangelio de este día se nos habla de unos griegos que quieren ver a Jesús; y el Señor da la respuesta: Todos lo contemplarán cuando sea levantado en alto; pero todos lo contemplarán cuando sus discípulos, como Él y por su unión a Él, entreguen el Evangelio de salvación a los demás no sólo con sus palabras, sino con su vida misma, convertida en frutos mediante los cuales los demás alimentarán su fe, su esperanza, su amor, su justicia, sus deseos y su trabajo por la paz, su capacidad de perdonar y de ser misericordiosos para con todos. Entonces la Iglesia no será estéril sino fecunda, pues no sólo estará alimentando e ilustrando la mente de los demás, sino que, por obra del Espíritu Santo, estará engendrando hijos de Dios en Cristo Jesús.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de no sólo hacer el bien a los demás, sino de procurar para todos la salvación, amándolos de tal forma que lleguemos, incluso si es necesario, a entregar con alegría nuestra vida por ellos. Amén.

 

 



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