Tras la macedonia de los entrantes Tarantino nos ofrece otra selección de ese “cine de viodeoclub”. Bebiendo en esta ocasión de fuentes mas líricas reduce su “tempo” y se aleja de la “casqueria” que tanto “desagrado” a la “critica seria”. En esta ocasión “copia”, como ya hiciera en Reservoir Dogs, con poco pudor y sin miedo a reconocer sus fuentes. Escogiendo referencias que nos recuerdan en esta ocasión al estilo de Kitano.
Si Beatriz nos obligara, a punta de Katana, a indicar una única virtud. Quizás me decantase por el soberbio, y lleno de matices, Bill que David Carradaine nos ofrece.
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