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La Glándula Pineal y sus Efectos en el Sistema inmunológico   Lista de mensajes  
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LA ACADEMIA
Mayo - Junio de 1997

Jose Antonío García Segovíano y Rafael Campos Rodríguez

Entre los antiguos mayas Itzamná era el "señor de los cielos, de la
noche y del día". Se le representó como un viejo enjuto y ceñudo; en
las pinturas aparece con la cara arrugada, desdentado y con las
mejillas hundidas. De acuerdo con estas características, posee la
experiencia y la sabiduría que dan los años y acompaña a los
ancianos. Es un ilustrado; como a tal, se le atribuye la invención de
la escritura y los códices, es el patrono divino de la medicina. Su
nombre está asociado con el de Kinich Ahau, "el señor del ojo del
Sol".

Para los hombres de todas las épocas existe una relación indisoluble
entre el Sol, la luz y el tiempo. En las culturas y civilizaciones
arcaicas, el astro luminoso preside cada día, rige la vida cotidiana
e instaura las edades del mundo. Gracias a la radiación que se
desprende de su cuerpo se tifie la naturaleza, se despeja nuestro
pensamiento, el hombre deviene sabio. La estrella que nos alumbra
todo lo ve, nada escapa a su escrutinio ni a su influencia; es el ojo
del universo.

Percibir la luz significa esclarecerse, con ella llega el
conocimiento. En la tradición oriental, poseer un tercer ojo confiere
poderes místicos. Pueden penetrarse los misterios del hombre,
dilucidar los arcanos más Profundos, sondear en las distancias, los
espacios y las eras del tiempo. Conocer la esencia primordial de
todas las cosas significa liberarse de dualismos y contradicciones,
es acceder a lo absoluto. Tal es el sueño de los magos, de los
alquimistas y de Fausto; es una aspiración tanto de los antiguos como
de los modernos.

De acuerdo con los filósofos hindúes, un centro orgánico en el cual
confluyen y se unifican fuerzas elementales, en el que se manifiestan
y proyectan energías cósmicas, se encuentra situado entre las cejas.
Este chacra o centro psíquico prefigura un tercer ojo; su morada
anatómica es el cuerpo pineal. A la luz de este contexto filosófico,
este órgano nos permite alcanzar planos superiores de conciencia.



El Tercer Ojo

La estrella que nos alumbra obra su poder sobre todas las criaturas
terrígenas. Como el de otros astros, su núcleo es en realidad la
forja donde se crean los elementos químicos que nos configuran. En
ese crisol termonuclear nacen ininterrumpidamente el calcio de
nuestros huesos, el oxígeno que inhalamos y el hierro de nuestra
sangre. De él dimana la energía lumínica que aclara y revela el
mundo.

La luz es la fuerza motriz que originó y mantiene la continuidad de
la materia viva. La sucesión ordenada de noche y día, escotofase y
fotofase, produce el fotoperiodo; el más regular y predecible de los
parámetros geofísicos. Por ello, los organismos emplean la
alternancia de luz y oscuridad para sincronizar sus actividades
vitales. Esta adaptación evolutiva se denomina fotoperiodismo;
gracias a ella, las vidas de los individuos discurren en armonía con
el ritmo al que fluye el mundo circundante. Desde los tiempo
primigenios, la radiación luminosa ejerce sus efectos sobre el ámbito
de lo viviente.



Los fotorreceptores son los órganos encargados de colectar y procesar
la radiación lumínica del entorno ambiental. Después de traducirla a
manera de impulsos nerviosos, la envían hacia los centros neurales
integradores que regulan las actividades cíclicas de los individuos.
Merced a su valor adaptativo, los centros somáticos de esta índole
persisten en todas las especies biológicas.

Entre los órganos diencefálicos cuya función esencial es la
fotorrecepción, destaca ampliamente la epiphysis cerebri o glándula
pineal como también se le conoce. La singularidad orgánica de esta
estructura nerviosa reside en cuatro hechos fundamentales: su
evolución a partir de un fotorreceptor ancestral, su antigüedad y
persistencia filogenética, su capacidad para traducir los ritmos del
fotoperiodo ambiente a manera de pulsos hormonales y la multiplicidad
de situaciones fisiológicas en las que participa.

Desde hace 400 millones de años está presente en la escala de los
vertebrados. En sus comienzos fue un ojo; su nicho era un orificio
excavado en el hueso parletal derecho. No estaba sola, su compañero
fotorreceptor persiste bajo la piel que cubre el dorso del cráneo,
éste es el órgano parapineal o tercer ojo de los anfibios y reptiles
contemporáneos. La epífisis en cambio, se introdujo profundamente en
el cráneo hasta adosarse al techo del tercer ventrículo cerebral.

Juntas, epífisis y parapineal conforman el complejo pineal. Las aves
y los mamíferos poseen sólo el componente epifisiario. A excepción de
lo que sucede en estos últimos animales, en el resto de los
vertebrados retiene sus caracteres de fotorreceptor. En estos
animales, capta la radiación lumínica a través de células
fotosensibles y mediante un haz de fibras nerviosas conduce esta
información hacia el sistema nervioso central. Como en sus orígenes,
su función fundamental es la de un ojo.

Desde la retina parte un conjunto de fibras neurales hacia los
núcleos supraquiasmáticos del hipotálamo; tal es la proyección
retinohipotalámica. De aquí surge un haz que enlaza con el núcleo
paraventricular y después se dirige a la columna intermediolateral de
la médula espinal. Esta vía multisináptica arriba al ganglio cervical
superior. De este conglomerado de neuronas se forma el nervio
conarlo, cuyas terminaciones sinápticas penetran en el parénquima
pineal. Por esta ruta nerviosa, la epífisis de los mamíferos recibe
la información sobre las condiciones de luz y oscuridad que
prevalecen en el ambiente. De acuerdo con estos hechos, esta
estructura nerviosa conserva su fotosensibilidad ancestral. Su
función está asociada con la captura y procesamiento de la energía
luminosa.

Al caer la tarde, las terminaciones nerviosas del nervio conario
liberan noradrenalina en las cercanías de los pinealocitos. Entonces
la pineal comienza la síntesis y secreción de melatonina al torrente
sanguíneo. Esta indolamina alcanza sus concentraciones plasmáticas
más altas durante la escotofase y las menores en la fotofase del
ciclo nictamberal. Igualmente, sus valores séricos son mayores en el
invierno respecto de los observados en el verano. Además de un
transductor fotoneuro endocrino, la pineal funciona como un oscilador
biológico que computa intervalos de tiempo. Por esta razón, suele
decirse de ella que es tanto un reloj como un calendario.



La energía luminosa que capta el ojo es trasducida a manera de
impulsos nerviosos. Estos viajan a través del nervio óptico hasta el
núcleo supraquiasmático (NSQ). De este oscilador biológico emergen
vías neurales para la pineal (P) y el núcleo supraóptico (NSO). De
esta manera, el NSQ sincroniza tanto sus funciones como las de la P y
el NSO con el fotoperíodo ambiental.

En el embrión se desarrolla de una evaginación diencefálica a la
manera de los ojos laterales. Así, tanto por su historia evolutiva y
ontogéníca, como por su conformación estructural y caracteres
funcionales, se le señala como un tercer ojo de los mamíferos.

La Pineal, el Tiempo y la Inmunidad

Merced a la secreción rítmica, estacional y circadiana de melatonina,
la pineal contribuye a coordinar las funciones corporales con los
ritmos geofísicos del entorno natural. De esta manera, regula
aquellas funciones que se manifiestan en ciclos diarios o
estacionales. La reproducción, el sueño, la termorregulacion, la
hibernación y de manera particular la actividad inmunitaria, están
bajo la esfera de su influencia.



Así como la energía lumínica inhibe la producción de melatonina, los
campos magnéticos lo hacen también. En este sentido, el espectro
electromagnético produce una pinealectomía funcional. Este último
hecho cobra relevancia desde el momento en que la radiación
electromagnética incrementa el riesgo de contraer cáncer. De hecho,
la electricidad estática y la de frecuencia baja disminuyen la
inmunocompetencia de los individuos y los predispone a contraer
diversas alteraciones patológicas.

Análogamente, la extirpación de la epífisis conlleva una incidencia
alta de cáncer en los animales de laboratorio. Tal parece que esta
alteración obedece a un déficit de melatonina. Este fenómeno coincide
plenamente con lo observado en los individuos ancianos. Conforme se
envejece, la cantidad de melatonina disminuye lenta pero
sostenidamente; además, el ritmo de su secreción se pierde poco a
poco hasta desaparecer. Al mismo tiempo, la inmunocompetencia de los
individuos afectados muestra alteraciones cíclicas coincidentes: a la
par que disminuye el metabolismo de la epífisis, decrecen sus
capacidades inmunitarias, así como las acciones del sistema
endocrino.

Entre los órganos efectores de la melatonina se encuentre el timo.
Éste es una glándula cardinal en la organización del sistema
inmunológico; su función mengua a medida que se envejece y en los
adultos desaparece. Si la melatonina se administra a ratones viejos,
su sistema inmunológico se ve beneficiado a tal grado que la
morfología del timo se restaura hasta adquirir las características
que posee en los individuos jóvenes. Además, en igual medida que la
melatonina, el tejido pineal transplantado contribuye a reparar la
inmunocompetencia disminuida o ausente de los ratones atímicos. Queda
claro que en los sujetos inmunodeprimidos la melatonina incrementa la
reactividad inmunitaria.

De importancia primordial para conocer las interrelaciones entre los
sistemas nervioso e inmunitario con la epífisis resultan las acciones
que la melatonina tiene sobre la fisiología del hipotálamo. Cuando se
lesiona el área hipotalámica anterior, se produce una involución
rápida del timo; además, se reduce el número de linfocitos en el
torrente sanguíneo. Estas alteraciones puede revertirse al
administrar tanto la hormona liberadora de tirotropina como la
melatonina. En las membranas de las células inmunocompetentes, así
como en las neuronas hipotalámicas, se han detectado receptores para
la indolamina que nos ocupa; estas macromoléculas pueden ser parte
del mecanismo por el cual la hormona pineal lleva a cabo sus acciones
inmunomoduladoras.

La capacidad invasora y la patogenicidad de los virus de la
encefalitis se ven disminuidas por la aplicación de melatonina.
También, se reduce la viremia y la mortalidad de los especímenes
tratados con esta hormona epifisiaria. Al igual que otros efectos,
éstos obedecen al incremento en la producción de células
inmunocompetentes así como del aumento en la síntesis tanto de
inserferón como de interleucinas y de la eficacia fagocítica de los
macrófagos.

El incremento de sustancias inmunomoduladoras y de anticuerpos
producido por la administración de melatonina, realza la actividad
inmunitaria. Sin embargo, también eleva el riesgo de contraer o
agravar los padecimientos por autoinmunidad. La artritis producida
experimentalmente en ratones albinos se agudiza por acción de esta
neurohormona.

La melatonina modifica la actividad del tejido linfoide e induce la
producción de citocinas; estos mensajeros químicos, junto con el
cortisol, a su vez modifican la biosíntesis de melatonina. A la luz
de este contexto, la pineal puede verse como el centro o cruce de una
red neuroinmunoendocrina.

Además del hipotálamo, el hipocampo es otro efector de las acciones
de la melatonina. Ambas estructuras nerviosas participan en la
regulación de las funciones inmunitarias. Las membranas de sus
células contienen receptores para la melatonina y por medio de ellos
la pineal participa en la regulación del eje psiconeuroendocrino.

La Neuroinmurioendocrinología

Durante mucho tiempo se consideró que el sistema nervioso central
estaba aislado, al margen de las acciones del sistema inmunitario.
Esta suposición estaba sustentada en observaciones morfológicas: la
carencia de drenaje linfático, la existencia de una barrera sanguínea
que evita tanto el paso de inmunoglobulinas desde la circulación
general hacia el tejido nervioso como de la migración de células
linfoides. Empero, los resultados de muchos trabajos experimentales
muestran la existencia de una interacción directa y profunda entre
ambos sistemas corporales.

De esta manera, las células T pueden estar presentes en el parénquima
cerebral y llevar a cabo sus acciones inmunológicas, y los astrocitos
pueden desempeñar funciones análogas a las de los monocitos y
macrófagos en otros tejidos. Estas células secretan sustancias
inmunorreguladoras tales como la interleucina-1, factor de necrosis
tumoral, inserferón y prostaglandinas. Algunas de las sustancias
provenientes de los linfocitos T estimulan la proliferación de los
astrocitos. Recíprocamente, las sustancias inmunoactivas de estas
últimas células influyen sobre el crecimiento y la función de las
células linfáticas.

El interferón es una citocina que desempeña la función de mediador
químico entre las células. Todas las células del organismo lo
sintetizan y secretan ante cualquier agresión microbiana. Además de
inactivar a algunos de estos invasores, esta sustancia atraviesa la
barrera hematoencefálica, induce fiebre y modifica la actividad
eléctrica de la corteza cerebral. Estas acciones le confieren la
calidad de mensajero entre el sistema nervioso y el inmunitario.

Así como las células de la glía son el equivalente del sistema de
inmunovigilancia y se encuentran incorporadas al tejido cerebral, en
el estroma de la epífisis se han identificado sitios de
hematopoyesis. La cantidad del tejido linfoide epifisiario mengua
conforme avanza la edad de los sujetos. Algunos de estos nódulos
contienen centros germinales con la consiguiente producción de
linfocitos. Indudablemente, estos hechos refuerzan el concepto de una
interrelación funcional entre los sistemas nervioso e inmunologico.



La melatonina tiene la propiedad de sincronizar las ondas del
electroencefalograma. En las ratas albinas así como en los seres
humanis, une al hipotálamo, tálamo, corteza cerebral y núcleo
supraquiasmático. Cada día crece la evidencia experimental de que
esta última estructura es el reloj maestro de los mamíferos. Así, la
hormona pineal modula la actividad de la estructura que sincroniza a
la pineal con el ritmo del fotoperíodo natural.

La Melatonina y los Tumores

Diversos estudios muestran que la cantidad de melatonina plasmática
está disminuida en los individuos que tienen un padecimiento
neoplásico. La inmunodepresión que los acompaña puede tener su origen
en esta última patología, pues en las personas aquejadas por
neoplasias está alterado el ritmo de secreción de melatonina. La
extirpación del tumor restaura el ritmo endócrino perdido. Al
inyectar suero proveniente de un animal que padece una tumoracion a
un espécimen sano, en este último se altera el ritmo circadiano de
melatonina. Tal parece que el tumor produce una sustancia que altera
la biosíntesis de melatonina. En consecuencia, se trastornan otras
actividades rítmicas del organismo, entre ellas la inmunidad y el
autorreconocimiento.

El factor de necrosis tumoral alfa es un mediador químico que
secretan los macrófagos en respuesta a las agresiones del medio
ambiente. La presencia de infecciones, parasitosis y neoplasias
inducen su síntesis y liberación. Esta sustancia media la
citotoxicidad tumoral, produce angiogénesis y estimula la
quimiotaxis. También incrementa tanto la producción de interferón
como la citotoxicidad indirecta y si es administrado junto con
fármacos antineoplásicos se obtiene un efecto oncostático sinergista.

Los resultados de algunos experimentos muestran que la melatonina
incrementa la producción de interferón en algunos casos, pero en
otros la inhibe. También disminuye la síntesis del factor de necrosis
tumoral alfa. En este tenor, la administración de la hormona
epifisiaria podría fomentar la invasividad tumoral y la patogenicidad
de algunos agentes microbianos. Es necesario resaltar que estos
efectos, como otros que produce la melatonina, ocurren siguiendo el
ritmo con el cual se suceden las estaciones climáticas.

Los efectos que la melatonina tiene sobre las células neoplásicas
puestas in vitro son contradictorios. Algunas veces no obra efecto
alguno, otras induce mitosis estimulando el crecimiento del tumor;
todavía más, puede disminuir el número de réplicas celulares así como
sincronizar las etapas de sus ciclos de reproducción. Definitivamente
es necesario estudiar esta neurohormona bajo el escrutinio de
diversos paradigmas hasta dilucidar su mecanismo de acción.

La Neuroinmunoterapéutica

Gracias a su buen humor, a la risa y al ejercicio sistemático, las
personas conservan su vigor y su salud. El ánimo tranquilo destierra
las enfermedades; los individuos felices viven más tiempo que los
desdichados.

La inmunodepresión es una dolencia que acompaña a los viejos como a
los deprimidos anímicamente, a los ansiosos y a quienes están bajo
los efectos del estrés crónico. También, se yuxtapone a la alteración
funcional del sistema biocronométrico del organismo.

Dentro de este último contexto, la mengua en la producción de
melatonina, sea por disfunción o por ausencia de la pineal, ocasiona
debilidad del sistema inmunitario.

De acuerdo con la psiconeuroinmunología, lo que sentimos y pensamos
influye sobre nuestra salud. Como los órganos linfoides, lo mismo que
la pineal están inervados, los cambios de humor y talante que
experimentamos afectan las funciones de estas estructuras. La
actividad del eje neurohumoral repercute sobre la homeostasia
corporal, de ahí que la depresión, el estrés o la represión
modifiquen negativamente las acciones de inmunovigilancia.

El estrés o sobrecarga física y emocional se encuentra entre las
condiciones patológicas que producen inmunodepresión. Las personas
aquejadas por esta situación son propensas a la enfermedad,
particularmente al cáncer y las infecciones recurrentes. La causa de
estas alteraciones reside en la disminución de la reactividad
inmunitaria, así como también al incremento del cortisol sanguíneo,
cuya fuente es la corteza suprarrenal. A la par que avanza la edad de
los individuos y disminuye la producción de melatonina, se elevan los
valores séricos de cortisol. Su exceso en el torrente sanguíneo se ve
favorecido por las situaciones de gran contenido emotivo y afecta
negativamente la actividad fisiológica del sistema inmunitario. Estas
disfunciones se revierten por la aplicación de melatonina; en este
sentido, esta neurohormona tiene propiedades antiestrés y
oncostáticas.

En la terapéutica del cáncer se usa la interleucina-2, otro mediador
químico entre las células linfáticas. Los resultados que arroja el
tratamiento con esta sustancia son esperanzadores. La melatonina
tiene la propiedad de incrementar la producción de esta sustancia al
actuar sobre las células inmunocompetentes. Cuando se emplean ambas
sustancias a un tiempo, sus efectos se potencian; esto es, se observa
una oncostasis sinergista. Sus acciones consisten en elevar el número
de células inmunocomprometidas, así como en disminuir la capacidad
invasora de los tumores cancerosos.

En algunos casos, si la administración de melatonina se realiza
simulando el ritmo con el cual la secreta la pineal, se obtienen
resultados alentadores en el tratamiento de ciertos tumores. Es de
importancia primordial tanto el ritmo como la hora del día en que se
realiza el tratamiento. Una vez más se comprueba la importancia que
tiene el tiempo en la función de la pineal y su hormona más conocida.

El sistema de opioides endógenos contribuye a regular las funciones
inmunitarias. De gran parecido estructural con la morfina, estas
sustancias se producen tanto en el sistema nervioso central como en
el inmunológico. Su biosíntesis está elevada en las personas dichosas
y que llevan una vida ordenada. Por efecto de la melatonina también
se producen en mayor cuantía. Este es otro sendero homeostático por
el cual esta hormona epifisiaria realza la inmunorreactividad del
organismo.

La Inmunidad y la Reproducción

Para aquellas especies que se reproducen estacionalmente resulta
esencial la glándula epifisiaria. Este órgano es un mediador entre el
fotoperiodo y los mecanismos de reproducción. Los órganos
reproductores de los crisetos involucionan durante el invierno,
cuando la longitud de la noche supera a la que tiene el día. En esa
época la pineal incrementa su producción de melatonina. Al mismo
tiempo, disminuye la secreción de gonadotropinas y de hormonas
sexuales. El análisis morfológico revela atrofia testicular,
estrechez de los túbulos seminíferos y ausencia de espermiogénesis;
además, los animales pierden el interés en la reproducción. Estos
mismos efectos se obtienen en el laboratorio cuando a los especímenes
se les administra melatonina. Resulta que esta hormona mimetiza y
reproduce los efectos que obra el fotoperiodo ambiental sobre el
sistema reproductor.

En la escala de los vertebrados, es patente una variación cíclica y
alterna en la función de sus sistemas reproductor e inmunítario. Si
la actividad del primero es alta, en el segundo ocurre lo contrario y
viceversa. Esta condición puede reflejar los avatares evolutivos por
los que pasaron las especies biológicas a lo largo del tiempo. En
otras palabras, parece existir un nexo íntimo y ancestral entre la
reproducción y el autorreconocimiento. La pineal y su melatonina
desempeñan un enlace humoral importante entre ambos sistemas; así
como induce regresión gonadal e infertilidad en los roedores,
incrementa su reactividad inmunitaria.

En esta tesitura, la inoculación de tejido extraño aumenta las
concentraciones séricas de la hormona luteinizante. Además de regular
la fertilidad, este polipéptido parece mediar las respuestas
inmunitarias. También las hembras grávidas tienen mayor tolerencia
inmunológica ante los antígenos fetales. Estos hechos muestran, sin
duda alguna, la interrelación funcional que existe entre las gónadas
y los órganos linfoides.

La testosterona es una hormona esteroide que induce eritropoyesis en
el bazo. Sin embargo, su exceso origina disfunción morfofisiológica
del timo. Como sus concentraciones plasmáticas disminuyen por acción
de la melatonina, las respuestas inmunitarias pueden afectarse
negativamente. Por el contrario, cuando disminuyen las
concentraciones séricas de melatonina también decrecen los centros
germinales en el bazo y el timo, a la par que se incrementan las
cantidades de los esteroides sexuales. En el contexto cronobiológico,
las acciones neuroinmunomoduladoras de la melatonina cobran mayor
relevancia en el sentido de coordinar y sincronizar las funciones
inmunitaria y reproductora.

A la luz de la información disponible, podemos concluir que la pineal
modifica la fisiología del sistema neuroendocrino por tres vías
principales: regulando la actividad eléctrica de los centros neurales
inmunomoduladores, promoviendo las secreciones de los órganos
linfoides y por acción directa sobre las células inmunocompetentes.

La Pineal y el Sol

Al igual que entre los hindúes, para los antiguos egipcios la pineal
era el receptáculo material del espíritu imperecedero; símbolo de la
iluminación interior, manantial inagotable de sabiduría. Este ojo
místico capaz de penetrar en la esencia primordial de todas las cosas
está representado por el Uraeus, la cobra erguida sobre la frente del
faraón. Simboliza la luz sagrada atrapada en la materia; de él dimana
el orden divino, es fuente de la vida eterna.



La distancia entre la Tierra y el Sol se modifica a lo largo del año.
Em razón de ello, la cantidad y el ángulo con el cual incide la luz
sobre la superficie del planeta varían también. En la estación más
cálida y luminosa es menor la cuantía de melatonina sanguínea, en el
invierno ocurre lo contrario.

El centro de una boñiga de herbívoro es la cámara de incubación del
escarabajo sagrado. Del huevo primigenio eclosiona una larva voraz e
insaciable que se alimenta de su entorno; muda de piel y deviene en
una ninfa envuelta en una funda de seda blanca. La suya es una
mortaja de una blancura impoluta, deslumbrante; dentro de ella,
semeja la momia venerable de un emperador egipcio. Oculta en el
subsuelo, la pelotilla de guano queda envuelta por las sombras;
durante semanas permanece en el país del anochecer.



Para los antiguos habitantes del país del Nilo, la pelota de
excremento representaba al Sol. En este contexto, el centro de la
esfera excrementicia no es tal, sino la forja del dios del fuego;
allí se crean el tiempo, la luz y la vida. Después de una
metamorfosis asombrosa, en este núcleo de energía nace un escarabajo
estercolero adulto. El poder del sol ha obrado su milagro. Ahora el
hijo de la luz buscará su propia pelota de estiércol y la rodará por
el terreno: esta es su manera de mantener el curso del astro
luminoso. Al cabo, su prole emergerá transfigurada en la persona de
un nuevo escarabajo-faraón.

Las etapas de la vida de este coprófago representaron el ciclo
perenne de vida, muerte y renacimiento en el Egipto faraónico. Cada
una de ellas estaba vigilada por el Uraeus, el depositario material
del espíritu imperecedero. A semejanza de Osiris, ora señor de la
luz, ora dios de ultratumba, el espíritu eterno del escarabajo -
faraón moría y renacía incontables veces. Como gemelo del Sol,
recorre el mismo camino que éste, en un ciclo perenne, infinito.

Desde el tiempo de los faraones, la función de la glándula pineal
está vinculada con la percepción de la luz. A través de los milenlos
se le ha involucrado en la percepción y medición del tiempo; preside
la transfiguración, tanto del espíritu como del cuerpo material. Por
ello, se le consideró fuente de salud, de vida y de inmortalidad. En
la doctrina cartesiana es la morada del alma. Para René Descartes,
allí despliega sus funciones primordiales el ánima de los humanos. En
el marco de la ciencia moderna se le considera fotosensitiva a la par
que psicosensible, pues la meditación trascendental realza sus
funciones. ¿Sólo una coincidencia?; tal vez, pero asombrosa.

Bibliografía

1. Ader R., (editor) Psychoneuroinmmununology. Ed. Academic Press,
New York, 1981.

2. Bardasano Rubio, J.L., La glándula pineal. Ed. H. Blume, Madrid,
1978.

3. Benveniste, E.N., "Lymphokines and monokines in the neuroendocrine
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4. Pawlikowski, M. y Karasek, M., "The pineal gland and
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265, 1990.

5. Reiter, R.J., "The pineal gland and melatonin in relation to
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6. Reiter, R.J., "Functional pleiotropy of the neurohormone
melatonin: antioxidant protection and neuroendocrine regulation".
Frontiers in Neuroendocrinology 16(4):383-41

Hemeroteca Virtual ANUIES
http://www.hemerodigital.unam.mx/ANUIES
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Superior
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