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La luz en nuestra Vida. Terapia de La Luz
10/07/2002 Por Isabel S. Larraburu
El invierno es la estación de los días cortos, en los que la
actividad se reduce a los espacios cerrados, aumenta la atracción por
estar en casa, no apetece salir de noche y levantarse de la cama es
una proeza. La vida invernal vida afecta negativamente a casi un 9%
de la población y a 3 mujeres por cada hombre. Se trata del síndrome
depresivo estacional.
Este síndrome , llamado en inglés "seasonal affective disorder" o
SAD, es un trastorno depresivo cuya característica más sobresaliente
es que se presenta en los meses de invierno y desaparece con el
inicio de la primavera.
Aunque fue descrito en el año 1984 por un psiquiatra llamado Norman
Rosenthal, solo en el año 1987 la Asociación Americana de Psiquiatría
lo reconoció como un tipo de depresión mayor que ocurre solamente en
períodos específicos del año y que aparece con un ritmo estacional.
También se llama depresión invernal.
La influencia de la luz en nuestra vida.
Antes de la invención del despertador y de la televisión , y ,
naturalmente, de la electricidad, los seres humanos armonizaban su
vida con el ciclo noche/ día. Se levantaban cuando el gallo les
despertaba, hacían sus tareas diarias y cuando el sol se escondía,
terminaban su actividad para irse a dormir. La luz del día anunciaba
el inicio y el término de muchas actividades.
Todo ha cambiado en nuestros días y con las cortinas cerradas podemos
demorar nuestra hora de despertar hasta el momento de levantarse para
ir a trabajar, y de noche vemos la tele hasta altas horas.
Pero la verdad es que nuestro sistema necesita el sueño y su
deprivación es el origen de muchos malestares. Nos hemos alejado
mucho de la sabiduría animal y nuestros ritmos diarios se han ido
transformando a medida que obedecían a otras necesidades.
Los animales pueden predecir los cambios de estación por adelantado
gracias a la luz del día y su duración. No es a causa de la
temperatura, como muchos creen. Observan con total exactitud el ciclo
noche/día. Ellos notan el acortamiento de los días durante el otoño y
perciben la llegada del invierno. Y al revés también notan el
alargamiento de los días en primavera. Así hacen sus planes de
migración, apareamiento, hibernación y las diversas conductas que
preservan su vida.
Nosotros también estamos influidos por la luz. La luz determina
nuestro ciclo sueño/vigilia.
La hormona del sueño.
El deseo de dormir se origina tanto en animales como en los humanos
por la secreción de una hormona llamada melatonina. La melatonina es
producida por una pequeña glándula conocida como glándula pineal. Al
anochecer, esta glándula reacciona a los bajos niveles debidos a la
luz del día y empieza a producir la melatonina, la cual es, a su vez
liberada a la sangre, haciendo que nos sintamos somnolientos. Durante
el sueño esta llega a su mayor grado de producción. Por la mañana, el
brillo de la luz en nuestras retinas alcanza la glándula pineal, la
cual reacciona otra vez, interrumpiendo la secreción de melatonina y
quitándonos la somnolencia.
Como la glándula pineal está conectada a todo el resto del sistema
hormonal, la producción de melatonina, obviamente, puede tener
influencia sobre los ritmos de crecimiento, la reproducción y la
actividad tanto en animales como en humanos.
Los estudios al respecto demuestran que aunque vivamos y trabajemos
en estructuras cerradas, nuestros cuerpo sigue respondiendo al
entorno exterior y a la variabilidad de las estaciones, en duración e
intensidad. Se sabe que el crecimiento de los niños se ve afectado
por las estaciones. La altura y el peso se incrementan en primavera y
verano.
También la luz influye en el dormir, la duración del sueño, el umbral
del dolor, el grado de alerta, los hábitos alimentarios, el estado de
ánimo, el inicio de la menstruación en las mujeres y la actividad
sexual.
El síndrome afectivo estacional.
Un síndrome es un conjunto de síntomas que componen un trastorno. El
síndrome afectivo estacional está caracterizado por varios síntomas
típicos y veces algunos no típicos que son causados por la
desorganización de los ritmos biológicos.
Estos síntomas se presentan hacia el inicio del invierno y suelen
desaparecer al comienzo de la primavera.
De los síntomas típicos destacamos:
Cambio en los hábitos de sueño: p. ej., dormir más horas por la
mañana y levantarse igual de cansado. Dificultad para despertarse.
Hipersomnia.
Cambio en los hábitos de comer: incremento del apetito, con ansia de
dulces e hidratos de carbono o comida basura con aumento brusco de
peso. Hiperfagia.
Cambio en el nivel de energía y motivación: dificultad para
concentrarse o desarrollar las tareas cotidianas, fatiga, evitar el
contacto con amigos, familia o compañeros de trabajo y descenso del
deseo sexual.
Cambio en el estado de ánimo: irritabilidad o apatía, baja
autoestima, tristeza, o incluso deseos de morir.
Cambio en el estado de salud: mayor intensidad de síntomas
premenstruales.
Síntomas atípicos:
Cambio en los hábitos de sueño: despertarse demasiado temprano,
insomnio o inquietud al dormir.
Cambio en los hábitos de comer: disminución del apetito y pérdida de
peso.
Cambios en el estado de salud: mayor susceptibilidad a resfriados e
infecciones.
En invierno, en la oscuridad y lejos del ecuador.
La explicación que se dio a este fenómeno fue que el déficit de
exposición a la luz podía influir en los ritmos cotidianos, también
llamados ritmos circadianos del organismo. Estos son los ritmos de
dormir , despertarse, comer y demás. La baja exposición a la luz
puede producirse porque uno vive en una latitud alejada del ecuador ,
por vivir en una ciudad donde el sol brilla por su ausencia donde el
cielo está casi todo el año cubierto, o simplemente porque trabajamos
en un lugar sin luz natural . Estas circunstancias conducen a que se
segregue un exceso de melatonina. El exceso de melatonina durante las
horas del día sería una de las causas principales del trastorno
depresivo invernal.
La terapia de la luz
Uno de los tratamientos más prometedores para la solución de este
problema ha sido el de la exposición a la luz, aunque aún no se sabe
a ciencia cierta cuál es el exacto mecanismo por el que funciona. Se
sabe que la causa del SAD es la insuficiente luz natural. La luz
artificial no es capaz de sustituir a la luz natural. La luz
artificial no tiene intensidad suficiente para incidir en los
mecanismos hormonales que dirigen nuestros ritmos biológicos. La
intensidad de la luz se mide por una unidad llamada LUX. La
intensidad depende de la fuerza de la fuente de luz y de la distancia
en que estamos de esa fuente. La luz eléctrica de nuestras casas y
trabajos raramente supera los 500 lux. Una tarde soleada implica unos
100.000 lux y un día cubierto no representa menos que 10.000 lux.
Para suprimir la melatonina y corregir los ritmos circadianos, son
necesarios al menos 2.500 lux en los humanos. Los trabajadores de
turnos de noche y la gente que vive en las zonas árticas, pueden
estar expuestos a solamente 50 lux.
Los especialistas en fototerapia o terapia de la luz indican que esta
mala iluminación puede provocar fatiga, depresión, problemas de piel,
déficit en el sistema inmune y, por supuesto trastornos del sueño.
El tratamiento.
La fototerapia se efectúa mediante la exposición a intensos niveles
de luz en condiciones controladas. El aparato está compuesto por un
conjunto de bulbos fluorescentes instalados en una estructura con una
pantalla difusora. No emiten luz ultravioleta, por lo que no existe
riesgo de quemarse, o contraer cáncer de piel o irritación. Se coloca
sobre una mesa o un escritorio donde la persona se pueda sentar
cómodamente durante la sesión.
La terapia consiste simplemente en sentarse cerca de la estructura
luminosa, con las luces encendidas y los ojos abiertos. No se deben
mirar las luces y se recomienda hacer actividades como leer, escribir
o comer, concentrándose en las tareas que se hacen y en las
superficies iluminadas por las luces. La duración debería ser entre
15 minutos y tres horas, una o dos veces al día , según la persona y
el aparato utilizado.
Actualmente , con aparatos de 10.000 lux, la exposición puede ser de
solamente una media hora al día. Las luces utilizadas deben ser
similares a la luz exterior: las"cool-white", las de trifósforo y
biaxiales.
La acción de la luz en nuestro cerebro.
La luz brillante envía señales a la glándula pineal y al núcleo
supraquiasmático del sistema nervioso central que es nuestro reloj
interno, localizado dentro del hipotálamo. Cuando la glándula pineal
se activa por el efecto de la luz, esta interrumpe la liberación de
la melatonina, que es la hormona que nos hace sentir cansados.
También la luz provoca la liberación de la serotonina el
neurotransmisor que regula el apetito, el ánimo y la energía. Aunque
los investigadores aún no saben cuál es la relación exacta entre los
síntomas del SAD, la melatonina y la serotonina, sí saben que las
personas con depresión invernal tienen menos serotonina y más
melatonina en el cuerpo durante sus episodios depresivos que los
demás. También se sabe que la fototerapia corrige los niveles de esas
dos sustancias.
En casos no muy graves, no hay que olvidar que la fototerapia más
segura y antigua es exponerse a la luz del día. El sol es la fuente
de luz de amplio espectro que contiene todas las longitudes de onda
de la luz, desde la infraroja a la ultravioleta. Un paseo de una hora
al día durante los meses de invierno y tener el máximo de luces
encendidas en la casa puede ayudar en casos no muy severos.
La utilización de la luz para el tratamiento de este síndrome ha sido
muy discutida desde que se publicaron los primeros estudios. La
teoría ha tenido adeptos y detractores y actualmente se considera un
tema que necesita más evidencia para llegar a conclusiones.
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Do, 7 de Nov, 2004 9:38 pm
"YANCHE" <llum@...>
yanchellum
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