Hola a todos. Hace tiempo que una importante reflexión me ronda el
pensamiento. Son esas cosas inducidas muchas veces por un hecho
meramente casual pero que con el paso de los días, de los meses, se va
convirtiendo en algo que, si bien no me impide dormir, sí me hace
plantearme cosas que creo trascendentales en este punto de mis
experiencias musicales.
Ya se comentó en el foro en su día la existencia de ese disco con
mayúsculas que es "A l'ombre d'un Ormeau" (Alpha 115 -
http://www.fugalibera.com/readmorecd.php?id=258). Pues bien, cuanto
más lo escucho más me adentro por un hondo camino de preocupación.
¿Por qué? Porque el disco es sencillamente sublime, precioso,
delicioso. Alguno dirá "bueno y qué, hay muchos discos así", y es
cierto, pero hay veces que las sensaciones trascienden más allá del
objeto en sí.
Este disco es el Barroco en estado puro, tal y como se tiene que
sentir: un bajo de viola doloroso, una voz delicada y llena de
matices, unas canciones desgarradas, y junto a todo esto una cornamusa
y una zanfona en gran parte del disco. Ahí el mazazo más brutal.
¡Suenan tan bien!, ¡compactan de una forma tan sutil! ¿Qué es lo que
realmente oímos? En muchas piezas un bordón continuo, simple y
llanamente, algún cambio de nota y nada más. Sin florituras, sin
golpes de perro, sin subidas y bajadas infernales por el teclado.
Pero Dios mío, ¿qué le estamos haciendo a la zanfona?
Siempre he sido de la teoría de que todas las cosas existen porque
tienen un lugar, y fuera de ese lugar dejan de existir, pierden su
significado, su esencia. Parece lógico, pero viendo el panorama actual
esto no lo es tanto.
Amigos y compañeros de la zanfona, de la música, ¿qué está pasando?,
¿se está llegando a algún sitio?
Recuerdo las primeras sabias palabras que me dijeron sobre ella: "la
zanfona siempre es muy agradecida. Salen cosas fácilmente". Es cierto.
Luego te apuntas a cursos, compras discos vas a conciertos, oyes a
amigos tocarla,… y poco a poco una niebla lo tapa todo. Así es mi
sensación.
"Ponga una zanfona en su vida" podría ser la frase mágica publicitaria
para todo grupo folk que se precie. Pasa el tiempo, oigo grupos de
siempre a los que se ha sumado una zanfona, oigo tocar jazz con ella,
la oigo en los pasacalles de los mercadillos medievales de aquí y
allá, encuentro discos de zanfonas electroacústicas dignas de
Vangelis, el golpe de 8, el golpe de 12, la electrificación, los
pedales de efectos, lo sofisticación extrema, zanfonas que suenan
junto a pianos, junto a saxos, zanfonas que cobran vida propia en los
escenarios…
¿Sería lícito tocar música "country" con un koto japonés?, ¿quedaría
estéticamente agradable una pieza de Piazzolla con acordes de un
launeddas sardo? Me aterra, repito, todo esto me aterra. Ya observé en
su día lo perdida que estaba la batalla en el 99% del panorama en la
Música Antigua. Todo tiende a perecerse a lo mismo, todo sufre una
"jordisavallización" de los sonidos, una "pedroestevanización" de las
percusiones.
Y son las modas lo peor que le puede pasar a cualquier expresión
creativa. La zanfona prácticamente se extinguió tras esa moda
neoclásica-nobiliaria en el XVIII de incorporar ese "engendro
mecánico" a los repertorios cultos. ¿Y después?, el más absoluto
olvido, la más trágica indiferencia. ¿Qué ocurrirá dentro de 50 años?
Lo mismo el iPod 23ª generación lleve una manivela, perro y bordón.
¿Qué pretendemos?, ¿es todo algo gratuito? No puedo entender cómo
disco tras disco, concierto tras concierto, recital tras recital de
esto que se ha llegado a llamar "Nuevo Renacimiento de la Zanfona", me
surge la sensación de que no se está llegando a ninguna parte. Porque
también el simple hecho del "concierto" como tal es una aberración
musical en toda regla, ¿o no es aberrante escuchar en un concierto una
fantasía de vihuela que fue creada para disfrutar en la intimidad de
lo doméstico? (en esto reconozco que soy totalmente integrista).
Por favor, no me malinterpretéis, no quiero criticar a nadie y, ni
mucho menos, minusvalorar el encomiable trabajo que muchos músicos
hacen día a día con la zanfona. Mucho más cuando hay personas (y
grandes amigos) que le dedican su vida. Sólo quiero llevar a la
reflexión, nada más.
El problema de observar, como yo, la música desde cierto purismo es
grave, y lo sé. Quizá las cosas no se disfrutan como deben. En fin,
cada uno es resultado de sus propias experiencias.
Amo la zanfona, pero también amo la música.
Pido disculpas.
Ángel David