La reflexión es buena. Yo mismo he dicho desde hace años la necesidad
de hacer música "más amable" y menos retorcida y sofisticada. ¿A qué
público le interesa que el intérprete haga el golpe de 8 o recorra
cuatro escalas cromáticas en 10 nanosegundos? Por eso la música
barroca, con su sencillez, su formalidad, su predecibilidad, es
bonita y fácil de hacer entender por el gran público.
Sin embargo, yo sí creo que el camino ha sido muy muy provechoso para
la zanfona. A pesar del enrevesamiento y la complejidad técnica de no
siempre fácil digestión que se ha desarrollado en los últimos 20
años, la zanfona jamás ha disfrutado de tanta salud. Nunca tantos
buenos intérpretes ha habido, y nunca el instrumento, un ingenio
mecánico destinado a engrosar las salas de engendros de los museos,
ha tenido tanto desarrollo, tanto público y tanta difusión. Y esta
evolución ha generado intérpretes fabulosos. Los últimos trabajos de
MAtthias Loibner son un ejemplo de cómo un intérprete que puede
llegar a unas cotas técnicas increíbles es capaz de deleitarnos con
esos temas casi minimalistas, sin artificios ni pirotecnias, pero
sólo puede llegar a hacerlos una persona como él que ha tocado el
cénit de la técnica y la sofisticación.
Y cuando cualquiera de nosotros se ralla e interpreta esos temas que
sólo escucharán otros zanfonistas, por lo menos nos aseguramos un
público fiel, aunque minoritario.
Un saludo.
XURXO
-- En
zanfona@yahoogroups.com, "musicavitae" <angeldavid@...>
escribió:
>
> Hola a todos. Hace tiempo que una importante reflexión me ronda el
> pensamiento. Son esas cosas inducidas muchas veces por un hecho
> meramente casual pero que con el paso de los días, de los meses, se
va
> convirtiendo en algo que, si bien no me impide dormir, sí me hace
> plantearme cosas que creo trascendentales en este punto de mis
> experiencias musicales.
> Ya se comentó en el foro en su día la existencia de ese disco con
> mayúsculas que es "A l'ombre d'un Ormeau" (Alpha 115 -
>
http://www.fugalibera.com/readmorecd.php?id=258). Pues bien, cuanto
> más lo escucho más me adentro por un hondo camino de preocupación.
> ¿Por qué? Porque el disco es sencillamente sublime, precioso,
> delicioso. Alguno dirá "bueno y qué, hay muchos discos así", y es
> cierto, pero hay veces que las sensaciones trascienden más allá del
> objeto en sí.
> Este disco es el Barroco en estado puro, tal y como se tiene que
> sentir: un bajo de viola doloroso, una voz delicada y llena de
> matices, unas canciones desgarradas, y junto a todo esto una
cornamusa
> y una zanfona en gran parte del disco. Ahí el mazazo más brutal.
> ¡Suenan tan bien!, ¡compactan de una forma tan sutil! ¿Qué es lo que
> realmente oímos? En muchas piezas un bordón continuo, simple y
> llanamente, algún cambio de nota y nada más. Sin florituras, sin
> golpes de perro, sin subidas y bajadas infernales por el teclado.
> Pero Dios mío, ¿qué le estamos haciendo a la zanfona?
> Siempre he sido de la teoría de que todas las cosas existen porque
> tienen un lugar, y fuera de ese lugar dejan de existir, pierden su
> significado, su esencia. Parece lógico, pero viendo el panorama
actual
> esto no lo es tanto.
> Amigos y compañeros de la zanfona, de la música, ¿qué está pasando?,
> ¿se está llegando a algún sitio?
> Recuerdo las primeras sabias palabras que me dijeron sobre ella: "la
> zanfona siempre es muy agradecida. Salen cosas fácilmente". Es
cierto.
> Luego te apuntas a cursos, compras discos vas a conciertos, oyes a
> amigos tocarla,… y poco a poco una niebla lo tapa todo. Así es mi
> sensación.
> "Ponga una zanfona en su vida" podría ser la frase mágica
publicitaria
> para todo grupo folk que se precie. Pasa el tiempo, oigo grupos de
> siempre a los que se ha sumado una zanfona, oigo tocar jazz con
ella,
> la oigo en los pasacalles de los mercadillos medievales de aquí y
> allá, encuentro discos de zanfonas electroacústicas dignas de
> Vangelis, el golpe de 8, el golpe de 12, la electrificación, los
> pedales de efectos, lo sofisticación extrema, zanfonas que suenan
> junto a pianos, junto a saxos, zanfonas que cobran vida propia en
los
> escenarios…
> ¿Sería lícito tocar música "country" con un koto japonés?, ¿quedaría
> estéticamente agradable una pieza de Piazzolla con acordes de un
> launeddas sardo? Me aterra, repito, todo esto me aterra. Ya observé
en
> su día lo perdida que estaba la batalla en el 99% del panorama en la
> Música Antigua. Todo tiende a perecerse a lo mismo, todo sufre una
> "jordisavallización" de los sonidos, una "pedroestevanización" de
las
> percusiones.
> Y son las modas lo peor que le puede pasar a cualquier expresión
> creativa. La zanfona prácticamente se extinguió tras esa moda
> neoclásica-nobiliaria en el XVIII de incorporar ese "engendro
> mecánico" a los repertorios cultos. ¿Y después?, el más absoluto
> olvido, la más trágica indiferencia. ¿Qué ocurrirá dentro de 50
años?
> Lo mismo el iPod 23ª generación lleve una manivela, perro y bordón.
> ¿Qué pretendemos?, ¿es todo algo gratuito? No puedo entender cómo
> disco tras disco, concierto tras concierto, recital tras recital de
> esto que se ha llegado a llamar "Nuevo Renacimiento de la Zanfona",
me
> surge la sensación de que no se está llegando a ninguna parte.
Porque
> también el simple hecho del "concierto" como tal es una aberración
> musical en toda regla, ¿o no es aberrante escuchar en un concierto
una
> fantasía de vihuela que fue creada para disfrutar en la intimidad de
> lo doméstico? (en esto reconozco que soy totalmente integrista).
> Por favor, no me malinterpretéis, no quiero criticar a nadie y, ni
> mucho menos, minusvalorar el encomiable trabajo que muchos músicos
> hacen día a día con la zanfona. Mucho más cuando hay personas (y
> grandes amigos) que le dedican su vida. Sólo quiero llevar a la
> reflexión, nada más.
> El problema de observar, como yo, la música desde cierto purismo es
> grave, y lo sé. Quizá las cosas no se disfrutan como deben. En fin,
> cada uno es resultado de sus propias experiencias.
>
> Amo la zanfona, pero también amo la música.
>
> Pido disculpas.
>
> Ángel David
>