Gracias Ana por la información que ofreces.
Intentaré localizar el libro a ver si me aclaro.
He bajado diversa información de la red, entre ella
un video que parece tener buena pinta.
(Documental.Zen.[El.canto.del.dragon].Maestro.Kosen.Thibaut.2005)
Seguiré leyendo aunque supongo que algunas cosas no tienen
explicación posible, hay que sentirlas.
Ahora me asaltan un mar de dudas, por ejemplo:
¿Como se consiguen esos estados de los que me hablas?
¿esa transformación? ¿Es acaso a través de la meditación zazen
o es necesario un Maestro?...
Gracias de nuevo.
Cualquier comentario vuestro será bienvenido.
Abrazos de corazón.
Antonio.
--- En zen@yahoogroups.com, Ana Regacho Ugía <museihushugi@...>
escribió:
>
> ahi te mando algo de una compa que esta bien... lee...
>
> El secreto del Zen(SELECCIÓN)
>
> [...] Es por eso que el Zen ha sido resumido como:
>
> Una transmisión especial de iluminación fuera de las
> Escrituras;
> No depender de palabras y letras;
> Apuntar directamente al alma del hombre;
> Ver dentro de la propia naturaleza de uno mismo.
>
> Pero si se nos dice que la verdad del Zen es evidente,
> que está delante de nuestros ojos en todos los
> momentos del día, esto no habrá de llevarnos muy
> lejos. No parece que los acontecimientos del día
> tengan algo de notable; no parece que haya nada en eso
> de vestirse, comer la comida o lavarse las manos que
> pueda indicar la presencia del Nirvana o el estado de
> Buda. Sin embargo cuando un monje le preguntó al
> maestro Chao~chou "Qué es el Tao?", él le contestó:
> "La vida común es el Tao mismo". El monje volvió a
> preguntar: "Cómo podemos ponernos de acuerdo con él?"
> (o sea, "Cómo podemos ponernos en armonía y unidad con
> él?"). Chao~chou contestó: "Si tratas de ponerte de
> acuerdo con él, te apartarás de él"; pues la vida,
> tomada como la serie común de acontecimientos diarios
> variados, es algo esencialmente evasivo e indefinible;
> jamás permanece igual ni por un momento; nunca podemos
> hacer que se quede quieta para analizarla y definirla.
> Si tratamos de pensar sobre la rapidez con que pasa
> el tiempo o cambian las cosas, la mente se nos
> transforma en un torbellino. Mientras más nos
> esforcemos por aferrar el momento, de apoderarnos de
> una sensación placentera o de definir algo en forma
> tal que resulte satisfactorio en cualquier momento
> para todos, más evasivo resulta. Se ha dicho que
> definir es matar, y que si el viento se detuviera por
> un segundo para que pudiéramos apoderarnos de él,
> dejaría de ser viento. La misma cosa ocurre con la
> vida. Las cosas y los acontecimientos están moviéndose
> y cambiando perpetuamente; no podemos apoderarnos del
> momento presente y obligarlo a que se quede con
> nosotros; no podemos traer de vuelta el tiempo pasado,
> ni conservar para siempre una sensación pasajera.
> Cuando tratamos de hacerlo, todo lo que conseguimos es
> un recuerdo muerto; la realidad no está allí, y no
> puede derivarse de ello satisfacción alguna. Si
> repentinamente nos damos cuenta de que somos felices,
> mientras más tratemos de pensar en algún medio para
> conservar nuestra
> felicidad, más rápidamente se nos escapará. Tratamos
> de definir la felicidad con el fin de poder saber cómo
> hallarla cuando nos sintamos desgraciados. Un hombre
> piensa: "Soy feliz ahora por poder permanecer en este
> lugar. Por lo tanto la felicidad, para mí, es venir y
> quedarme en este lugar". Y la próxima vez que se
> sienta desgraciado tratará de aplicar esta definición;
> irá de nuevo a ese lugar, y descubrirá que no lo hace
> feliz. Sólo existirá el recuerdo muerto de la
> felicidad, y la definición ya no sirve. La felicidad
> es algo así como los pájaros azules de Maeterlink: si
> se trata de capturarlos pierden su color; es algo así
> como tratar de encerrar agua dentro de las manos:
> mientras más fuerte se apriete, más rápidamente se
> desliza entre los dedos. Por ello, cuando a un maestro
> Zen se le preguntó: "Qué es el tao?", respondió de
> inmediato: "Sigue andando!", pues solamente podemos
> enterder la vida andando a la par con ella; mediante
> una completa afirmación y aceptación de sus mágicas
> transformaciones e interminables cambios. Es gracias
> a esta aceptación que el discípulo Zen se siente
> invadido por una gran admiración, pues todas las cosas
> se renuevan permanentemente. El comienzo del universo
> se produce ahora, pues todas las cosas se están
> creando en este momento, y el fin del universo es
> ahora, pues todas las cosas están muriendo en este
> momento.
> Se define en ocasiones al Zen como "ir rectamente
> hacia delante", o "ir derecho adelante", pues el Zen
> significa moverse con la vida sin tratar de detener e
> interrumpir su flujo. Es un conocimiento inmediato de
> las cosas mientras viven y mueren, que se diferencia
> de la simple comprensión de las ideas y sentimientos
> acerca de las cosas, que son símbolos muertos de una
> realidad viva. Por ello el maestro Takuan dice en
> relación con el arte de la esgrima (Kendo) --arte
> fuertemente influenciado por los principios del Zen:
>
> Esto --lo que podría denominarse una actitud mental de
> "no interferencia"-- constituye el elemento más vital
> del arte de la esgrima, como asimismo del Zen. Si
> queda lugar para que quepa aunque sea un pelo entre
> dos acciones, esto es interrupción.
>
> Con esto quería decir que el contacto entre un
> acontecimiento y la reacción ante el mismo no debiera
> de ser roto por el pensamiento discursivo, pues,
> continúa diciendo:
>
> Cuando se golpean las manos, el sonido se produce sin
> pensarlo ni por un instante. El sonido no espera ni
> piensa antes de salir. No existe interrupción; un
> movimiento sigue al otro sin ser interrumpido por la
> mente consciente. Si se siente molesto y medita sobre
> qué hacer, frente al adversario que está a punto de
> derribarlo, usted le da lugar, es decir, una feliz
> oportunidad para su mortífero golpe. Deje que su
> defensa siga al ataque sin la menor interrupción, y no
> habrá entonces dos movimientos separados conocidos
> como ataque y defensa.
>
> De ahí que si "ataque" representa al mundo exterior, o
> la vida, y "defensa" la reacción de uno ante la vida,
> debe aceptarse que esto significa que la distinción
> entre "yo" y "la vida" queda destruida; el egoismo
> desaparece cuando el contacto entre los dos es tan
> inmediato que se mueven juntos, manteniendo el mismo
> ritmo. Dice más adelante Takuan:
> [...] En el Zen, y en la esgrima también, se da gran
> valor a una mente no vacilante, no interrupción, no
> lejanía. También se alude en el Zen a un relámpago, o
> a las chispas que se producen con el impacto de dos
> piedras. Si esto se comprende dándole el sentido de
> rapidez, se comete una lastimosa equivocación. La idea
> es demostrar la contigüidad de la acción, un
> movimiento ininterrumpido de energía vital. Cada vez
> que se permita una interrupción por parte de algo que
> no esté en relación vital con la ocasión, puede estar
> seguro de que habrá de perder su propia posición.
> Esto, por supuesto, no quiere expresar el deseo de que
> las cosas se hagan imprudentemente o en el menor
> tiempo posible. Si usted albergara este deseo, su sola
> presencia habría de constituir una interrupción.
>
> Esto es en muchos sentidos similar al arte de escuchar
> música; si uno se detiene a considerar sus reacciones
> intelectuales o emotivas ante una sinfonía que se está
> ejecutando, a analizar la construcción de un acorde o
> detenerse en una frase determinada, se pierde la
> melodía. Para escuchar la sinfonía completa uno debe
> concentrarse en el flujo de las notas y las armonías
> mientras se va produciendo, manteniendo la mente
> sujeta continuamente al mismo ritmo. Reflexionar sobre
> lo que ha ocurrido, pensar sobre lo que habrá de
> venir, o analizar el efecto que tiene sobre nosotros,
> equivale a interrumpir la sinfonía y dejar escapar la
> realidad. Toda la atención debe ser dirigida hacia la
> sinfonía, olvidándonos de nosotros mismos; si se hace
> conscientemente la tentativa de concentrarnos sobre la
> sinfonía, la mente se desvía por causa del pensamiento
> de que estamos tratando de concentrarnos, y fue por
> esta razón que Chao~chou le dijo al monje que si
> trataba de armonizarse con el Tao, se
> apartaría de él. Por lo tanto el Zen hizo más que
> limitarse a decirle al hombre que escuchara la
> sinfonía sin ponerse a pensar sobre las reacciones que
> en él provocaba; !pues hasta el simple hecho de
> decirle a alguien que no piense sobre sus reacciones
> independientes, ya significa hacerlo pensar que no
> piense en ellas! Por lo tanto el Zen adoptó el método
> positivo de destacar la sinfonía de la vida en sí
> misma. [...]
> Conocer la naturaleza de Buda significaba conocer la
> vida, aparte de las "interrupciones", la principal de
> las cuales era el concepto del yo como entidad
> diferenciada de la vida, ocupada enteramente en sus
> propias reacciones privadas frente a la realidad como
> algo distinto de la realidad misma. [...] Pero
> mientras los filósofos del Mahayana se entretenían
> intelectualmente con estas cosas, interesándose en las
> ideas antes que en las realidades, el Zen iba más allá
> de todo pensamiento discursivo. Cuando se le
> preguntaba sobre los misterios ultérrimos del Budismo,
> respondía [el Buda]: "El árbol de ciprés en el patio";
> "El bosquecillo de bambú al pie de la colina"; "La
> basura seca en el rastrillo". !Cualquier cosa que
> saque a la mente de las abstracciones de la vida!
>
> [...] La vida Zen no se mueve dentro de carriles; es
> la libertad del espíritu, libre de las trabas de las
> circunstancias externas y las ilusiones internas. Su
> naturaleza íntima es de tan especial carácter que no
> puede ser descrita en palabras, y lo que más puede
> acercarnos a ella es la analogía. Es como el viento
> que se mueve sobre la superficie de la tierra, sin
> detenerse jamás en ningún lugar determinado, no
> apegándose nunca a ningún objeto particular,
> adaptándose siempre a los progresos y retrocesos de la
> tierra. Si tales analogía dan la impresión de un
> soñoliento laissez faire , es necesario recordar que
> el Zen no siempre es una suave brisa, como el Taoísmo
> decadende; con bastante frecuencia es una ráfaga
> violenta que barre implacablemente todo lo que
> encuentra a su paso, un ventarrón de hielo que penetra
> hasta el corazón de todo y lo atraviesa de lado a
> lado. La libertad y pobreza del Zen es abandonar todo
> y "seguir adelante", pues esto es lo que la vida misma
> hace, y el Zen es
> la religión de la vida.
>
>
>
>
>
>
> Lucy
>
> antoniolo63 <antonolopez@...> escribió:
> Me voy a presentar brevemente:
> Hace unos de años estaba perdido,
> no encontraba sentido a mi existencia, a pesar
> de tener buena posición social, familia y dinero
> Cuando descubrí que somos AMOR, mi vida cambió.
> Ahora adoro a los seres que me rodean
> y encuentro belleza en toda las cosas del Universo.
> En la actualidad asisto a clases de yoga, practico
> relajación y a veces meditación.
>
> El porqué estoy aquí se debe a mi reciente interés
> por conocer lo que es ZEN.
>
> Os cuento, resulta que una gran amiga con la que estoy
> unido sentimentalmente, está realizando meditación ZAZEN
> y KINHIM en grupo. En poco tiempo he observado algunos
> cambios en ella. Actúa de forma espontánea e inesperada y
> algunas de sus acciones producen dolor, pero
> a ella apenas le afecta (o al menos eso parece).
>
> ¿Es esto normal en el ZEN?
>
> ¿Está el ZEN y la Terapia Transpersonal ligados?
>
> ¿Alguno de vosotros puede opinar sobre los cursos de
> José Mará Doria que realiza en Madrid?
> http://www.jmdoria.com/index1.htm
>
> Os agradezco toda la información que me podáis ofrecer,
> seguro, me hará ver nuevos horizontes.
>
> Abrazos de corazón.
>
>
>
>
>
>
> ---------------------------------
>
> ¿Chef por primera vez? - Sé un mejor Cocinillas.
> Entra en Yahoo! Respuestas.
>
>
> [Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]
>