Saludos,
efectivamente, creo que el secreto está en aprender a reducir el
ritmo de vida.
Os voy a contar una anécdota que nos sucedió en un Dojo Zen en
Málaga, del que yo era Suso (responsable de la práctica).
Sucedió que un día yo tenía que irme de viaje por motivos laborales,
y no podría encargarme de la meditación. Así que le pedí un favor a
uno de los alumnos más antíguos para que se encargara en mi ausencia
de abrir y cerrar la puerta del Dojo.
Y mira por donde (en qué estaría yo pensando) le dí las llaves del
piso, pero se me olvidó darle la llave de una pequeña habitación
donde se guardaban los Zafus, que estaban bajo llave porque el piso
lo usaba mucha gente diferente.
¿os podéis creer que echaron la puerta abajo a patadas?
Cuando llegué al día siguiente me encontré la puerta destrozada y a
los alumnos muy enfadados conmigo, recriminándome que tuvieron que
derribar la puerta para poder practicar ese día.
Si, creo que a algunos nos conviene reducir el ritmo de vida, unos
para no olvidar entregar las llaves y otros para aprender a no
derribar puertas.
Gassho,
Miguel de la Vega