EL MEJOR CAZADOR
Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY
Uno de los mejores cazadores del mundo, se adentraba en una de sus más
increíbles aventuras... cazar al elefante blanco.
El animal en cuestión, no solamente era único en su especie, era el único
ejemplar que existía en la tierra; su aparición, una noche de lluvia estaba
tejida de miles de leyendas, algunas decían que con su mirada podía petrificar a
los otros animales y hasta a los hombres, lo que lo volvía una bestia indómita y
cruel, otras, decían que por las noches de luna llena, le nacían alas enormes de
su lomo y volaba hacia tierras extrañas; pero lo único que en realidad era
verídico, era su extraña manera de escapar de todas las trampas que le habían
tendido; y que, solamente hacía su aparición por las noches.
La tribu Uthu, cuyos guerreros eran parte de la descendencia Zulú, y cuya
aldea, formaba parte del territorio donde se había visto mas de una vez al
extraño animal, escribía la leyenda de éste, en piedras que pasaban de
generación en generación, cosa, que venían haciendo por mas de 500 años...
A este lugar, se dirigió exactamente el cazador.
Cuando llegó exhausto a la aldea, cerca de la medianoche, y después de andar
mas de tres horas a pie por la selva, pidió una entrevista con el médico brujo;
el brujo, ya sabía cual era la razón de la visita del cazador, y solamente le
dijo sin alzar la vista del suelo:
-Hombre, el elefante ha sido visto cerca de la gran piedra, ahí, tendrás que
armar tus trampas -dicho esto, el brujo hizo un ademán para que el cazador se
retirara de su tienda-.
El cazador, que durante años, había estudiado la zona de cacería, sabía como
llegar a la gran piedra, pero tuvo que convencer insistentemente a varios de los
nativos para que carguen sus cosas, ya que a éstos, cuando se enteraron que iba
en busca del elefante blanco, los inundó un gran temor.
Finalmente pudo convencerlos, regalándole a cada uno lo que ellos llamaban
"hombre-dragón", que no eran más que un par de cigarrillos Gold Leaf.
Cuando llegaron al lugar, los nativos, que eran seis, le desearon suerte, y
desaparecieron a la carrera entre la espesura de la selva.
El cazador lentamente armó una a una sus trampas, preparó más de diez tipos
diferentes de rifles, y una pistola con dardos tranquilizantes.
Y esperó...
Un día, tres días, cinco, veinte, cuarenta... con todas sus noches, pero el
extraño animal se negaba a aparecer.
Finalmente después de esperar mas de ochenta días, decidió que ya era hora de
partir y dejar que otro cazador se hiciera de la fama, a fin de cuentas, él ya
estaba viejo y cansado, sus ganas ya no eran las mismas, y empezó a pensar en su
vida...
Sus logros, sus éxitos, sus fracasos, los amores no correspondidos, su hermosa
esposa, sus hijos, sus amigos, sus padres, su casa... y llegó a la conclusión
que en esos días con sus noches, hubiera ganado más tiempo en su vida
compartiendo momentos con los que amaba, que quedándose sentado a esperar al
magnífico animal.
Una a una y lentamente, desarmó sus trampas, y descargó todos sus rifles,
cuando terminó de embalar todas sus pertenencias, decidió subir a la gran
piedra, se sentó, encendió un cigarrillo, y mentalmente se empezó a despedir del
lugar.
Cuando estaba a mitad del cigarrillo, levantó la vista, y vio algo
increíble...
Ahí estaba...el elefante blanco, a orillas de un pequeño lago, bebiendo agua,
el cazador lamentaba que todas sus trampas y sus rifles estuvieran prolijamente
embalados, nada podía hacer, solamente quedarse quieto, sin emitir ruido alguno,
para no espantar al animal.
Mas allá de la situación incómoda, la impotencia que sentía el cazador, de
tener a la presa más valiosa del mundo a menos de 50 metros distancia y no poder
ni siquiera arrojarle una piedra, hizo que se lamentara amargamente; lamento,
que rápidamente se transformó en un llanto lastimero.
El elefante, que estaba tranquilamente bebiendo agua, escuchó el llanto del
hombre, miró a su alrededor, vio las armas y las trampas desarmadas, miró la
gran piedra y caminó lentamente hacia ella...
Acercó su cabeza a la gran piedra y con su trompa toco la frente del cazador,
éste, quedo perplejo al ver que el animal se había acercado hasta él, y
solamente atinó a acariciar la trompa del animal.
El elefante muy lentamente y con delicadeza, rozó su trompa por los ojos del
cazador y le secó las lágrimas, se alejo un poco y lo miró directamente a los
ojos...
Fue cuando el cazador, jura haber tenido una conversación con el extraño
animal; el médico brujo le preguntó que era lo que el elefante le había dicho,
el cazador levantó la vista, miró al brujo y le dijo: "hombre, has llegado a
este recóndito lugar a buscarme, solamente como un trofeo, pero estás aquí
solamente para saber, que las presas mas fantásticas de la vida, no se obtienen
a fuerza de artilugios inútiles, solamente se obtienen con los sentimientos más
auténticos que nacen de tu ser, el amor, la pasión, la comprensión, la paciencia
la persistencia, el valor, y muchos sentimientos más que tú tendrás que
descubrir, pero lo realmente importante, es que esta noche eres el mejor cazador
del mundo, esta noche atrapaste a tu elefante blanco...."
Y el cazador juró por las barbas de Júpiter, que el animal desapareció en sus
narices.
Dicho esto y después de una gran fiesta, el cazador partió nuevamente a su
Buenos Aires natal.
A la mañana siguiente, el brujo salió de su tienda, caminó lentamente hacia la
gran piedra, subió muy despacio y se sentó, miró a orillas del lago, vio su
reflejo, y tranquilamente esperó el anochecer, él también quería recordar como
fue esa noche que su reflejo le habló de lo más importante de la vida, él
también quería recordar, como fue esa noche que pudo comprender... esa noche en
la que finalmente atrapó a su elefante blanco.
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