ADIÓS
Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY
Los dos hombres estaban solos en el recinto, sabían que el tiempo se había
terminado para ambos, pero ninguno quería retirarse sin haber hablado, decirse
todo, aunque sea por última vez.
El hombre que estaba sentado, levantó lentamente la cabeza, miró al otro
hombre con una mezcla de cariño, rencor y un poco de remordimiento, no se
atrevía a articular palabra, pero sabía que el tiempo se terminaba y lentamente
comenzó a hablar
- Hola, soy yo...
El hombre sabía que la conversación entre ellos siempre había sido difícil,
pero aún así, tomó valor...
-hola... soy yo, sé que no tuvimos mucho tiempo de hablar, pero ahora estoy
aquí, solamente quería decirte que viajé mucho para estar hoy aquí, y si bien,
las vueltas de la vida me alejaron de ti, quería agradecerte todo lo que hiciste
por mí....sé bien, verdaderamente sé bien, que no congeniábamos, y que en muchas
oportunidades jamás compartiste mis ideales, pero lo más importante, para mí, es
que pude lograr todo lo que me propuse, mírame, hoy soy todo un hombre de
negocios, un empresario, y si bien no estudié, he tenido suerte, logré mis metas
y soy feliz.
No sé aún, porque tú nunca me apoyaste...
Recuerdo ese día, cuando me dijiste que no llegaría a nada, fue como si
hubieras jalado mis sueños y los hubieras hundido en un charco de ilusiones
viejas, y lloré, lloré mucho, pero pude seguir, porque decidí elegir mi destino,
y llegar a ser quien soy hoy, y usé tus palabras para desafiarme y desafiarte
cada día, y cada vez que tenía éxito me acordaba de ti, deseaba que estuvieses
ahí, y me dijeras que estabas equivocado, pero no fue así, pero no lo lamento
tanto ahora, porque sé que tú siempre tuviste tus ideales, y yo... yo seguí mi
camino.
Tuve muchos amores, y cuando me dijiste que todas las mujeres me usaban porque
yo no tenía carácter, y que nunca lo tendría por que era débil, me quebré, me
quebré por dentro, y me encerré en mi habitación preguntándome quien era yo...
pero hoy, hoy estoy muy bien, me casé con una hermosa mujer, y no solamente me
respeta por lo que hago, sino que me ama por lo que soy... está embarazada, y
creo que pronto seré padre...
¿Te acuerdas cuando me dijiste que era un inútil...? tal vez en ese momento no
pude sostener ese martillo y asestar un golpe certero en aquel clavo, pero hoy,
no solamente aprendí a atinar mis golpes, sino que construí mi propio bote, y
clavé miles de clavos sin errar un sólo golpe, y cuando lo tuve terminado me
aventuré y desafié tus pensamientos, recorrí varios ríos y conocí muchos
lugares, y recordaba tus palabras.... hubiese querido tenerte a mí lado cuando
llegaba a cada orilla a salvo, y deseaba que contemplaras con tus propios ojos
el trabajo que hice en mi bote.... aún lo tengo en mi taller, y algún día lo
navegará mi hijo, o invitaré a navegar a mi hija, porque todavía mi mujer y yo,
no sabemos el sexo del bebé.
Recuerdo que un día me dijiste que jamás tendría un hogar, pero trabajé,
trabajé duro, muy duro y ahorré..., viajé lejos y allí compré un pequeño lote y
poco a poco, levanté una casa con mis propias manos, no me fue fácil, pero lo
hice, y viví un tiempo en ella, después me ofrecieron comprarla, y la vendí por
casi el doble de dinero que había invertido en su construcción, y así inicié mi
negocio.... hoy no solamente tengo varias propiedades, sino que me hubiese
gustado que veas, aunque sea por un segundo, la casa donde vivo con mi esposa...
es una hermosa casa, un buen hogar, y cada vez que la veo, recuerdo tus
palabras, y cada vez que entro en ella, mi esposa me espera y nos abrazamos,
ella no va a trabajar aún, por que los médicos dijeron que no querían que de a
luz en la silla de su oficina, ella es una buena doctora, es pediatra, y creo
que será una buena madre, y yo seré padre, y espero ser buen padre, estableceré
límites, pero apoyaré siempre a mi hijo, y lo
felicitaré aún cuando fracase, porque yo he fracasado, pero aprendí que es el
camino justo de los que hacen algo para alcanzar el éxito.
Y aunque mi hijo no tenga éxito, lo voy a ayudar a superarse, y cuando se
sienta sólo, voy a acercarme a él y le preguntaré que pasa y si lo puedo ayudar,
le diré, que sea lo que quiera en su vida, y lo que elija, que lo haga con
pasión, con su mejor esfuerzo, con todo el amor, como si no hubiera un mañana, y
aunque fracase le diré que el camino está lleno de obstáculos, y no le diré que
es un inútil, solamente le enseñaré a tomar otro clavo para que practique su
golpe, y aunque su mano sangre porque se haya pegado mil veces con el martillo,
como sangró mi mano cuando tú no estabas, cuando él haya atinado su golpe, le
diré que tuvo éxito porque hizo el mejor de los esfuerzos, y no, que tuvo suerte
como me dijiste tú esa noche... y te digo gracias, porque aprendí a ser
tolerante, a ser paciente, a respetar a los demás, a superarme, a conocerme a mí
mismo en la soledad de mis sueños, aprendí a ser noble, aprendí que una palabra
de apoyo en un momento de desconcierto vale
más que todo el oro y aunque eras mi héroe, dejaste de serlo, para convertirte
a mis ojos en una persona normal, pero no te juzgo, porque mas allá de todo,
siempre te necesité, te quiero y siempre te voy a querer, porque también,
aprendí a perdonar-.
Otra vez, el silencio dominó el lugar, el hombre se levantó de su asiento, se
acercó al otro hombre que yacía inerte y lo besó levemente en la frente ...
-adiós papá, te extrañaré –dijo-, lo miró con ternura y se retiró en silencio
a paso lento.
El hijo salió del recinto, miró a los demás dolientes, se dirigió hacia su
madre la abrazó, miró a su hermana la besó en la mejilla y se despidió.
-papá...ya es hora...tenemos que irnos -dijo una voz suavemente
El hombre abrió lentamente los ojos, y miró a su hija que estaba sentada a su
lado
-¿papá?....tenemos que partir... yo también lo amaba... papá -dijo la muchacha
mientras que unas lágrimas rodaban por sus mejillas.
Una gran tristeza invadió el alma del hombre que había estado quieto y dormido
gran parte del tiempo, pues no podía asimilar su pérdida.
Secó sus lágrimas, se puso de pie, salió del recinto anexo a la capilla, y
caminó lentamente hasta la tumba nueva, miró la fecha en la cruz de madera y
cayó en la cuenta, que sólo habían pasado unas horas desde el entierro.
Se arrodilló, puso su mano en el pequeño montículo de tierra y cerró los
ojos...
-si tan sólo... si tan sólo hubiera tenido el tiempo y el valor suficiente
para decirte cuanto lo siento.. -dijo el hombre en voz baja, y rompió en llanto
desconsolado-.
El hombre se puso de pie, miró el cielo entre llantos -adiós hijo, adiós hijo
-dijo, y se alejó en silencio.
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