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HUELLAS INDELEBLES (Parte I)   Lista de mensajes  
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RE: [zen] HUELLAS INDELEBLES (Parte I)


Tienes arte, Jesús Alejandro. Estoy esperando la siguiente parte de esas
huellas, y ver qué hay con los fantasmas.
Un saludo

-- mensaje original --
Asunto: [zen] HUELLAS INDELEBLES (Parte I)
De: Jesús Alejandro Godoy<jesus_alejandro_godoy1@...>
Fecha: 4 de mayo de 2006 19:30:18

HUELLAS INDELEBLES

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

¿Qué es un fantasma?
Visión quimérica, dice el diccionario.
Tal vez, un alma que jamás encontró su paz.
Tal vez, un alma que aún sufre, o quizá alguien que fue rechazado a las
puertas del cielo.
Quizá, alguien que no abrazó la luz, y aunque El Buen Dios lo llame, se niega
a dejar el tiempo, ese tiempo que ya se le ha terminado.
¿Qué es un fantasma?
Tal vez, una de las formas más singulares, de recordar a los que ya no
están.
Pero esa noche, tal vez mi pregunta, fue respondida a un matrimonio amigo, que
aún, se sigue preguntado que sucedió.
Martín Campodónico y Elizabeth Van Tomme, son dos, de mis más grandes
amigos.
Ely, como yo la llamaba cariñosamente, era una de las mujeres más
inteligentes y carismáticas que jamás conocí.
Martín, era un joven brillante, auténtico, atlético, y bien posicionado en
la sociedad, debido a que sus padres, eran dueños de una fastuosa empresa
industrial, con asentamiento en Hurlingham.
Ambos eran profesionales. Ely, era Licenciada en Administración de Empresas y
Martín, Diseñador Gráfico.
había casado un tiempo después de egresar, cosa, que sucedió casi al mismo
tiempo, ya que ambos tenían 25 años de edad.
Sus empleos eran estables, y su éxito, solamente se comparaba con el empuje y
las ganas con las que cumplían sus metas.
Luego de una excitante luna de miel en Venecia, decidieron iniciar la búsqueda
de una casa, y dejar el departamento que compartían en la Ciudad de Ituzaingó,
más precisamente en Barrio Marina.
Estaba terminando el mes de Diciembre, hacía bastante calor y esperaban el
año nuevo con expectativas. Ya que al igual que toda esta generación, ellos
también vivirían el ingreso al nuevo siglo, cuando los últimos minutos del
reloj, dieran paso al año 2000.
Luego de sus obligaciones laborales, Martín pasaba a buscar a Ely por su
empleo en una de las empresas más grandes de logística de Argentina, y
partían hacia distintas inmobiliarias, para encontrar la casa de sus sueños.
Ellos, querían buscar una vivienda en la zona Oeste del Gran Buenos Aires,
para no estar alejados de sus familias, para lo cual, decidieron asistir a todos
los remates de viviendas de la zona y comprar todas las publicaciones de las
inmobiliarias, donde editaban a todo color, las casas más imponentes.
Después de casi un mes de ir, venir, y hablar con varias inmobiliarias,
habían dado con una hermosa casa, estilo Suizo, ubicada entre las localidades
de Ituzaingó y Castelar.
La casa era de alto, tenía un techo a dos aguas, y se conectaba con una casa
pequeña, que servía como vivienda para el personal de maestranza, o para
visitas inesperadas.
La experta vendedora de bienes raíces, había ofrecido la casa a la joven
pareja en una suma bastante exorbitante, pero bien valía el gasto.
Recorrieron la casa tres veces.
Las habitaciones y todas las salas, estaban impecables. Es más les pareció,
como si la casa los estuviera esperando.
La habitación principal, tenía vista hacia un gran parque, donde más allá,
se podía ver la autopista.
La miraron y sonrieron, cuando entraron, enseguida los envolvió una inmensa
alegría. Fue tanto así, que se miraron y se abrazaron infinitamente.
La parte trasera del jardín, estaba dominada por una enorme piscina con forma
de medialuna, y cóncava en su parte media.
Las ramas de los árboles más altos, llegaban casi hasta todas las ventanas de
los dormitorios.
-La casa es acogedora, además, queda cerca de todas las estaciones de tren y
enfrente, tiene dos paradas de colectivos- dijo la mujer, que ofrecía la
propiedad, y respondía al nombre de Mabel Cantilo.
-Discúlpeme señora Cantilo- empezó a decir Martín
-Dígame Mabel, por favor- dijo la mujer con un gesto suave
-Mabel...si nosotros pagamos al contado, ¿Qué porcentaje, me podría
descontar sobre el precio final?- preguntó Martín.
Mabel miró hacia arriba un segundo, pues ya esperaba la pregunta,
-De un 5 a un 10%, si pagan en fecha, no más- dijo la mujer con seguridad.
Ely, miró a la mujer, de reojo, pensando en la tacañería de la oferta. Pero
también sabía que la inmobiliaria, le iba a descontar una buena suma de la
comisión que le correspondiera.
Pero estaban muy felices. Por un día, tratarían de olvidarse de la
economía, y se concentrarían en disfrutar de su día especial, y sobretodo de
su posible nueva casa.
Revisaron la casa, como si hubieran sido dos roedores en busca de queso.
La mujer, los seguía como un perro faldero, y de vez en cuando tomaba
aliento, ya que Martín y Ely, estaban en buen estado físico, pero Mabel, ya
estaba pisando los cincuenta años de edad, y con sus zapatos de taco aguja, no
podía estar haciendo acrobacias por todos lados.
Finalmente, y casi después de seis horas de estar dando vueltas, la pareja se
convenció: Esa sería la casa donde criarían a sus hijos, a sus nietos,
tendrían sus mascotas, y envejecerían juntos.
-Muy bien, la compramos- dijo Martín, mientras que Ely, lo tomaba de un brazo
y sonreía.
Mabel, los miró, dio un soplo de alivio y sonrió. No tanto porque sabía que
su comisión sería jugosa, sino también, porque al fin, podía sentarse,
después de haber perseguido a la pareja, como si hubiese sido su sombra.
-¿Mabel?...¿Gusta un poco de gaseosa?- le preguntó Ely sacando una lata de
Pepsi, de su mochila, que aún se mantenía bastante fresca pese al intenso
calor, y estirando la mano hacia la mujer, que estaba sentada en el borde de un
ventanal.
-Muchas gracias querida, la necesitaba- dijo la mujer.
Martín tomó la lata, la abrió con un chasqueante sonido, y la colocó en la
mano de la mujer, que estaba sudando a mares.
-¿Quién vivía antes en esta casa?- interrogó Ely a la mujer
Mabel miró un segundo a la pareja y sonrió ante la pregunta.
-Antes que ustedes llegaran y decidieran comprar esta hermosa casa, estaba
habitada por una pareja de ancianos. Como la señora de la casa falleció,
después de una larga enfermedad, el esposo, decidió poner la casa en venta, y
mudarse con sus hijos a España- dijo Mabel
-¿A España?...¿A que lugar se fue a vivir?- preguntó Martín
-Creo que a una ciudad que se llama Tarragona, pegada al Mediterráneo- dijo
Mabel
-¡¡¡¡Que lindo!!!- exclamó Ely
-¿Y cuanto de esto que me cuenta?- preguntó Martín
-Cerca de dos años y medio, o tres- dijo Mabel
-Que extraño...¿Tanto tiempo tuvo la casa en venta?- preguntó Ely
-Lo que sucede, es que el anciano, quería reparar la vivienda, antes de
venderla, y quería hacerlo con sus propias manos. Porque según lo que sé, el
hombre levantó con sus manos ésta casa para su amada esposa- dijo Mabel.
-¿Él levantó con sus manos esta casa?- preguntó Martín con sorpresa y
mirando a Ely.
-Si, así es- dijo Mabel, mientras que le retornaba la lata de Pepsi a Ely
-Perdón...¿Puedo?- dijo Mabel, mostrando a la pareja una cajetilla de
cigarrillos Gold Leafe.
-Si, como no- dijo Martín
-Aún no es nuestra casa, así que puede fumar tranquila- dijo Ely
-¿Ustedes no fuman?- preguntó la mujer
-No, yo prefiero comer chocolates, y él (señalando a Martín), prefiere
comer chupetines en vez de cigarrillos- dijo Ely divertida
Se hizo un silencio agradable, pues la conversación con la mujer era
distendida. A lo lejos, se escucharon los autos que pasaban, y unos pájaros que
parecían darse las noticias del día
-La señora....¿Falleció en esta casa?- preguntó Ely
-No...creo, que murió en una clínica de la ciudad de Ituzaingó, no muy
lejos de aquí- dijo Mabel
-No creerás en fantasmas...¿No?- preguntó la mujer a Ely, que tenía un gesto
un poco amargo.
-En honor a la verdad-.....dijo Ely sin terminar la frase
-¡¡¡¡Siiiii!!!!!- dijo Martín sonriendo y levantando los brazos como si
hubiera convertido un gol en un mundial de fútbol
Mabel sonrió divertida, ante el comportamiento casi siempre cómico de
Martín, haciendo que escupiera el humo de su boca como si fuera un dragón de
tacos altos.
Todos sonrieron a la vez.
(Continúa)

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