COMUNICADO DE EUSKO ALKARTASUNA
Ante la polémica que ha suscitado la significativa apelación al diálogo, que fue clamor en la reciente manifestación de Barcelona y la reacción, rayana en el histerismo, del Presidente Aznar, EA desea manifestar:
1. Es un sarcasmo que Aznar acuse a nadie de tratar de "obtener réditos políticos del anhelo de paz de la sociedad", cuando no existe ya un sólo partido político que no haya reprochado a su gobierno su escandalosa explotación de la lucha antiterrorista con fines electorales.
2. Atribuir a la petición de diálogo como hace Aznar el carácter de "palabras anestésicas pervertidas por los terroristas" es recurrir una vez más, a su estratagema de criminalizar a los demás contaminando propuestas legítimas con el sofisma de que contienen términos también utilizados por los estrategas de la violencia. Por igual razón, debería considerar pervertidas las palabras libertad, derechos, democracia y tantas otras, que pertenecen al vocabulario común de ETA y el Sr. Aznar.
3. Aznar afirma sus credenciales de político dialogante. Es cierto que dialogó, incluso, en Zurich con ETA durante una "tregua trampa"; pero hoy no quiere "diálogo trampa" ni siquiera con un Gobierno, como el Vasco, ni con partidos e instituciones, cuyo carácter y antecedentes democráticos para sí quisiera el Sr. Aznar. El Sr. Aznar apunta los motivos de su refractariedad al diálogo: la intangibilidvad de un marco político interpretado a su manera y la criminalización de toda opción política que pueda propiciar su reforma. Al Sr. Aznar le preocupa muchos menos ETA que el nacionalismo democrático y sus legítimas aspiraciones. Acusar al nacionalismo de afirmar que existe un "supuesto conflicto político" e imputarle con ello que legitima el terrorismo, es negar, primero, la evidencia y, segundo, jugar sucio en política con aquello que exige mayor limpieza, y circunspección: la búsqueda de la paz y la lucha contra la violencia.
4. EA ha defendido siempre la necesidad del diálogo. Recientemente desarrolló una campaña por todos los pueblos de Euskalherria. Su objetivo: tratar de acabar con un conflicto cruento, para transformarlo en una confrontación pacífica y democrática, sin imposiciones ni límites a lo que como resultado del diálogo, merezca un refrendo mayoritario en las urnas.
El diálogo puede y debe contemplar cualquier aspecto de un conflicto que se pretenda resolver. Los límites de ese diálogo, cualesquiera que sean sus interlocutores, sólo pueden venir marcados por principios democráticos universales. Poner, apriorísticamente como límite la legislación vigente, es negar que ésta sea susceptible de reforma si el diálogo tiene un refrendo democrático en las urnas.
5. El diálogo exige reciprocidad de los eventuales interlocutores, claro está, y es evidente que ETA y el MLNV hoy sólo son capaces de manifestar su absoluta sordera ante el clamor de la inmensa mayoría de la sociedad. Pero el Sr. Aznar hoy no acepta el diálogo, ni con gobiernos y partidos representativos que lo aceptan y solicitan. El diálogo no se improvisa. Exige crear un clima que lo propicie: gestos, mediaciones, medidas de distensión al alcance de las personas e instituciones de buena voluntad. Naturalmente, para resolver un problema es obvio que resulta necesaria la presencia en la mesa del diálogo de todas las partes del conflicto. Pero cuando esto resulta imposible, al menos deben intentarlo todas las partes investidas de esa buena voluntad, al tiempo que propician, con todas las iniciativas compartidas que estén a su alcance, un clima más favorable para el ensanchamiento de ese diálogo.
Hoy, las fuerzas representativas que podrían reemprender ese esfuerzo de diálogo tienen ante sí un obstáculo fundamental: La estrategia sectaria y partidista del gobierno del Sr. Aznar que se ha trazado una meta prioritaria: combatir a sangre y fuego al nacionalismo democrático, derribar a un Gobierno Vasco sustentado con arreglo a la más estricta legalidad e intentar desalojar obsesivamente de las instituciones a sus adversarios políticos, empleando, para ello, todos los recursos del Estado, que bien podría poner a disposición de los crecientes problemas que empiezan a afligir a la sociedad de manera alarmante: inflación, erosión de salarios y pensiones, descontrol sanitario, políticas reaccionarias de todo tipo que se traducen en reformas legales... Pero el Gobierno Aznar sabe que la mejor cortina de humo con que aún cuenta es eclipsarlo todo enarbolando la bandera de su cruzada antinacionalista vasca: ¿Hasta cuándo? Como la sociedad pide menos retórica y más solución a sus problemas, puede que el clamor de Barcelona, que tanto contrarió al Sr. Aznar, se extienda pronto a lo largo y ancho de la península recordándole al Sr. Aznar que no le interesan las "palabras anestésicas", llenas de triunfalismo, con que nos obsequian él y su gobierno, sino las soluciones reales que acaben con el sufrimiento de un conflicto para el que Aznar sólo pide confianza en las recetas de siempre.
Euskal Herria, 28 de Noviembre de 2000