Intervención del eurodiputado Gorka Knörr en el debate sobre el Plan de paz en Colombia.
Sr.Presidente
Quiero que mi intervención como miembro de este Parlamento Europeo y también como secretario general de mi partido Eusko Alkartasuna, partido que forma parte del gobierno de mi país, sea, ante todo, para apoyar un proceso de paz en Colombia. Pero no cualquier proceso de paz, sino aquél que, como dicen las ONGs europeas más involucradas en la ayuda a Colombia, esté inspirado por los criterios del respeto incondicional de los DDHH y la búsqueda de un verdadero desarrollo sostenible con justicia social para aquél país y para toda la región.
Apoyar otras opciones, como puede ser un Plan Colombia –o Plan Bomba, como lo llaman algunos pueblos indígenas- no sirve para atajar los problemas desde la raíz de los conflictos y, en el mejor de los casos, coloca a todos quienes luchamos por la paz, y a las ONGs en particular, en la irresoluble contradicción de estar empleando fondos de un Plan para aliviar los efectos del propio Plan, porque éste no afronta los verdaderos problemas que subyacen en la situación colombiana.
Debo decir, por otra parte, que es absolutamente contradictorio que grupos como el Partido Popular, que se oponen a soluciones dialogadas en otras latitudes –y de ello hemos tenido hoy mismo constancia con la presentación del llamado Frente Antiterrorista en Bruselas, con calumnias e insidias incluídas para partidos representados en esta Cámara, y de la mano del Partido Socialista-, se presenten como los valedores de las tesis contrarias al otro lado del Atlántico. Que nos hablen –y leo textualmente- de "animar a las partes en conflicto a proseguir los esfuerzos de diálogo para conseguir llegar a un final dialogado de la violencia", o digan que "sería muy positivo que las conversaciones de paz fueran aceptadas por todos los actores institucionales del país, o afirmen que "en el contexto de las conversaciones de paz, deben potenciarse los aspectos políticos y socio-económicos que contiene la estrategia de paz y que constituyen la raiz del conflicto que vive Colombia", la verdad, resulta hasta grotesco.
Decididamente, a algunos españoles, o, al menos, a estos españoles que proponen estas soluciones en Colombia pero las niegan en terreno europeo habría que aplicarles ese viejo adagio del "consejos doy que para mí no tengo".
Bruselas, 31/01/2001