POR EL FUTURO DE IBERDROLA
Tontxu Campos, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales
Diputado de Promoción Económica de Bizkaia por Eusko Alkartasuna
Durante los últimos seis meses hemos sido muchos los que hemos vivido en zozobra al conocer la operación de absorción de IBERDROLA por ENDESA.
En primer lugar, resultó chocante el hecho de que ésta decisión fuera aprobada en el Consejo de Administración de IBERDROLA por un grupo de consejeros que representaban menor porcentaje de capital que los que se manifestaron en contra o se abstuvieron.
No menos chocante fue el diseño de la operación. La operación se basaba en trocear la empresa resultante para hacer caja y salir “al extranjero” y diversificar la actividad eléctrica hacia, fundamentalmente, el sector de las telecomunicaciones. Es decir, ambas empresas se juntaban no para ser más fuertes en el mercado tradicional sino para acometer aventuras empresariales en otros países. Aunque los planes eran otros, siempre se comentó que la compañía resultante no podía ser más grande que ENDESA y muchos nos temimos que eso quería decir que lo que se iba a desmantelar era IBERDROLA.
Los planes dados a conocer por los máximos valedores de la operación concretaban extremos sorprendentes, como la composición del futuro Consejo de Administración, las sociedades en las que se materializaría la operación (la matriz y cinco subsidiarias más), la estructura de negocio y las líneas de diversificación. Pero no decía nada de cómo iba a afectar al empleo y la riqueza generada por el nuevo proyecto en relación con la capacidad tractora previa de ambas empresas. Lo que nadie aseguraba era si con la operación de absorción Bizkaia, Zamora, Salamanca o Madrid, por citar algunas de las zonas de actuación de IBERDROLA, iban a ser más ricas o más pobres que en la situación previa. Algunos creíamos que hubiera sido una tragedia que dicha operación hubiera servido para crear empleo y riqueza en otras zonas de Europa o América y no lo hubiera sido en las zonas que vieron nacer a ambas empresas y donde ambas crecieron con el esfuerzo de tanta gente. La falta de transparencia pública en el proceso ha sido notable.
Bizkaia y el País Vasco perdían la sede de la compañía matriz. Lo cual más allá de los efectos fiscales, era una decisión errónea e injusta. Se pueden aducir muchas razones para ello, pero una de las más importantes es que en el País Vasco existe una masa de profesionales que a lo largo de los últimos 100 años ha sido capaz de conformar el sector eléctrico español y de competir en condiciones de mercado con notable éxito, desde “Saltos del Duero” a IBERDROLA, pasando por IBERDUERO. Obviar esto era absurdo.
La CNE comenzaba su dictamen indicando que era una operación abierta y que, por tanto, debería evacuar sucesivos informes a medida que se clarificase la misma. No obstante, daba el visto bueno a la operación y establecía una serie de condiciones. El Tribunal de Defensa de la Competencia establecía condiciones más duras que la CNE pero, a pesar de reconocer que la operación no debía realizarse en las condiciones expuestas por las empresas, también daba el visto bueno a la operación de absorción. Tras ambos informes se oyeron la voces de los máximos valedores de la operación lamentándose de las condiciones establecidas y anunciando que se retractarían si al final el Gobierno español hacía caso a dichos informes. El hecho es que, el pasado viernes 2 de febrero, el Gobierno español fijó una condiciones de absorción más suaves que la impuestas por el TDC. Cosa que, por cierto, no pasó en el nonato proyecto de fusión de Hidrocantábrico y Unión Fenosa.
Las condiciones impuestas por el Gobierno favorecían a ENDESA, que obtenía un mejor mix de generación y podía acceder a mercados más rentables que los que tenía, y todo ello, con la desaparición de su principal competidor: IBERDROLA. La decisión sobre los CTCs, si afloraban plusvalías en la operación, introducía, sin embargo, un factor de desasosiego en quienes la defendían. Finalmente, los Consejos de Administración de ambas empresas han decidido no seguir con la misma.
Muchos hemos respirado con tranquilidad: empleados y empleadas, industrias auxiliares y autoridades públicas. IBERDROLA va seguir ejerciendo una influencia socioeconómica positiva en el País Vasco y en el resto del estado.
No es hora de buscar responsabilidades ni revanchas. Es momento de reforzar el proyecto empresarial de IBERDROLA para que recupere el liderazgo que le ha caracterizado a lo largo de su historia. La compañía cuenta con una plantilla de profesionales que pueden hacerlo. Es necesario que recuperen la ilusión. Quienes nos hemos manifestado críticos con la operación de absorción tenemos, sin embargo, confianza en la empresa.
Es hora de seguir este camino y mirar al futuro. IBERDROLA debe recuperar su protagonismo en el concierto mundial y tomar la iniciativa en cualquier proyecto empresarial conjunto que demande el mercado global. Y sobre todo, además de ser una compañía competitiva que presta un servicio de calidad a sus clientes, debe seguir siendo una empresa tractora, generadora de empleo y riqueza en sus zonas de actuación como lo ha venido siendo hasta este momento.