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Fw: Ecos de Garabandal

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  • luis diaz
    Ecos de Garabandal Ecos de Garabandal ________________________________ Comentario de un sacerdote argentino Posted: 22 Mar 2013 09:21 AM PDT El evangelio de
    Mensaje 1 de 2 , 22 mar 2013
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      Ecos de Garabandal

      Ecos de Garabandal


      Posted: 22 Mar 2013 09:21 AM PDT
      "El evangelio de este domingo trae nuevamente a nuestros días aquel momento de gloria que el pueblo ofreció al Señor en la entrada triunfal a Jerusalén, donde lo aclamó como Rey y Señor. Donde mujeres y hombres, ancianos y niños con la gran multitud lo aclamó a una voz: ¡Hosanna en las alturas! Bendito el que viene en nombre del Señor.


      Con este texto comienza la Semana Santa en la Iglesia. Pero sin detenerme en hacer una exégesis bíblica sobre este pasaje de la escritura, tan importante para el cristiano, quisiera más bien evocar, y con mucha sintonía a esta entrada triunfal lo que está aconteciendo en el mundo, en la Iglesia. Y es que esta muchedumbre agolpada, batiendo sus palmas, con incontenible júbilo se parece demasiado a la que aclama al Santo Padre Francisco. Una alegría lícita y auténtica, sin dudas, pero que el texto del evangelio quiere iluminar para nuestra vida y nos advierte respecto de nuestro júbilo. Y es que esa misma muchedumbre, en menos de una semana, pidió la crucifixión del Señor y le abandonó. 

      Se preguntarán ¿y es que nosotros iremos a crucificar al papa?... y con pausa contesto a esa pregunta: No lo sé. 
      Pero sí que hemos crucificado a su antecesor, nuestro querido Papa Emérito Benedicto XVI. 

      Explico: La renuncia de un Papa no es algo normal. No es algo que debe alegrarnos, o que trae consigo solo una sorpresa y nada más. La renuncia de un Papa es una tragedia. Es algo serio. Es algo doloroso. Y es algo horroroso. 

      Al Papa Benedicto XVI le han crucificado durante los casi 8 años que ha estado gobernando a la iglesia y lo hemos visto, ha sido una crucifixión, un martirio a los ojos de todos. Hemos sufrido -por lo menos yo y otros- viendo cómo iban por él, cómo le agobiaban los enemigos de fuera con colaboración de algunos enemigos que están dentro, con la basura de dentro, aireada, promocionada durante años por esos enemigos de fuera. Esto es lo que ha sucedido. Un pueblo de Dios que ve como matan a su pastor y que no se da cuenta, es terrible. El papa es un mártir… Fue crucificado a la vista de todos. Y ya no pudo más. El papa no renunció para tomarse unas vacaciones, ni para disfrutar sus últimos años de vida. Renunció porque ya no podía más, porque le hemos dejado solo, como él mismo lo dijo ante la situación de la revocatoria de la excomunión a los obispos lefebvrianos en el 2009. 

      El mundo que vive la dictadura del relativismo, no tolera el bien ni el mal objetivo, no tolera la verdad, y Benedicto molestaba. Si hacemos recorrido el mundo lo juró como enemigo. Y ahora aplaude a su sucesor. El santo Padre Benedicto XVI dio su vida por la Iglesia, puede gustarle o no a la gente un Papa, pero esto no es una opción para un católico auténtico, que debe amarle y rezar por él, escucharlo y dejarse guiar por el Papa, discerniendo para su vida lo qué Dios quiere mostrarnos. Y muchos hermanos le siguen martirizando cuando someten a los Papas a tediosas comparaciones que jamás son felices en sí mismas. Ya que ambos y todos son don de Dios para la Iglesia. Y crucificamos al Señor nuevamente con las frases: "ahora sí..." "este sí..."

      Debemos hacer un examen de conciencia muy profundo y preguntarnos: He dejado sólo al Papa? Qué he hecho yo para acompañarle? Me he informado para defenderle? Lo he criticado?

      Y no sólo un examen, también pedir PERDÓN a DIOS.

      Que nuestra alegría por la elección del Papa Francisco no sea la del mundo, que ahora lo alardea, pero cuando el Papa exponga a Cristo lo crucificará. Ya que el mundo no soporta la Verdad. Y es raro pensar que el mundo aclame un Papa, pero el demonio está sacando más tajada de esto ya que continúa martirizando a los predecesores e instala en la Iglesia la comparación y las falsa esperanza de un cambio, que difiere mucho a lo que el auténtico Francisco realizó en la Iglesia por el llamado del Señor: "REPARA, RESTAURA mi Iglesia" y no un REFORMA mi Iglesia, y esta falsa esperanza, lejos de Cristo, nos disgrega y debilita la Fe.

      Nuestra alegría es superior. Nuestra alegría es que Cristo permanece con nosotros. Sea Argentino, Chino o Francés: El Papa es de todos. Tengamos alegría, pero HAGAMOS, RECEMOS, COMPROMETAMOS nuestra vida por el Santo Padre Francisco, si le dejamos solo ya sabemos como termina la historia. Que el mundo aplauda... nosotros recemos y construyamos la Iglesia como él mismo nos exhortó en su primera homilía. Es hora de REZAR POR EL PAPA. MUCHO. MUCHO.

      Y tengamos amor profundo al Papa Emérito Benedicto XVI, que por amor a la Iglesia no se bajó de la Cruz y continua en ella orando por cada uno. 

      Oremos por el Santo Padre, El Señor lo conserve, lo fortalezca, lo haga feliz en la tierra, y no permita que caiga en manos de sus enemigos".

      Padre Javier Carbone
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    • luis diaz
      On Saturday, February 1, 2014 2:18 PM, Ecos de Garabandal wrote: Ecos de Garabandal Ecos de Garabandal ________________________________
      Mensaje 2 de 2 , 1 feb
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        On Saturday, February 1, 2014 2:18 PM, Ecos de Garabandal <noreply@...> wrote:
        Ecos de Garabandal

        Ecos de Garabandal


        Posted: 31 Jan 2014 10:00 PM PST
        Mañana, domingo 2 de febrero, celebramos en la Iglesia una fiesta litúrgica que tiene dos nombres: “La Presentación de Jesús en el Templo” y “La Purificación de Nuestra Señora”.


        Hoy nos fijaremos más en el segundo aspecto de la fiesta: la Purificación de la Virgen, como invitación a nuestra propia purificación. 

        Como leemos en el Evangelio de la Misa (cfr. Lc 2, 22-40), María y José tenían cumplir una doble prescripción de la Ley de Moisés: la purificación de la madre y la presentación y "rescate" del primogénito. Ambos ritos estaban unidos en la vida de las familias israelitas (cfr. Lv 12, 2-8; Ex 13, 2.12).

        María, que es Inmaculada, se somete a la ley como si estuviera inmunda. “¡Purificarse! ¡Tú y yo sí que necesitamos purificación! –Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón” (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Santo Rosario, 4° Misterio Gozoso).

        El anciano Simeón se alegra porque sus ojos han visto al Salvador, Luz de las naciones. Pero, al mismo tiempo, hace una profecía: Jesús será "signo de contradicción" y, a María, "una espada traspasará su alma". Los primeros cristianos habrán escuchado estas palabras referentes a Nuestra Señora. La Virgen sufrió durante toda su vida, principalmente, participando de los sufrimientos de su Hijo. "La oposición contra el Hijo afecta también a la Madre e incide en su corazón. La cruz de la contradicción, que se ha hecho radical, se convierte en ella en una espada que le traspasa el alma. De María podemos aprender la verdadera compasión libre de sentimentalismo alguno acogiendo el dolor ajeno como sufrimiento propio" (Benedicto XVI, La Infancia de Jesús).

        Nada inmundo puede presentarse ante el Altísimo. Por eso, todos los hombres tenemos que purificarnos, ya sea en esta vida, o en la otra (en el Purgatorio). El Salmo 24, un salmo de subida hacia Jerusalén, lo expresa muy bien: “¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo? El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura”.

        El profeta Malaquías (cfr. Ml 3, 1-4, en la 1ª Lectura de la Misa), muy claramente, nos habla de la purificación que tendrá lugar en la Venida del Señor: “¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero. Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán para Yahveh los que presentan la oblación en justicia. Entonces será grata a Yahveh la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los años antiguos”.

        En esta fiesta, podemos meditar sobre la necesidad de la purificación en nuestra vida: tanto para purificarnos como para ayudar a la purificación de nuestros hermanos.

        Contamos con la ayuda de Jesucristo, que se ha hecho hombre y ha padecido para ayudarnos a soportas las pruebas que tenemos que sufrir: “Por haber sido puesto a prueba en los padecimientos, es capaz de ayudar a los que también son sometidos a prueba” (cfr. 2ª Lectura de la Misa, tomada de Hb 2, 14-18).

        Solos no podríamos soportar la purificación de Dios. Con Cristo, sí podemos.

        Jesús pide a sus discípulos alcanzar una meta muy alta: «sed perfectos como mi Padre es perfecto». Y no sólo lo pide, sino que ayuda con toda su omnipotencia a que cada uno alcancemos esa meta, aunque eso tenga un costo elevado.

        Cuando éramos niños si teníamos un dolor de muelas y queríamos aliviarlo superficialmente, el mejor remedio era tomar un analgésico potente. Pero si queríamos curarnos definitivamente, teníamos que acudir al dentista, y sabíamos que nos curaría pero que tendríamos que sufrir un poco en sus manos.

        Con Dios nos pasa lo mismo. Queremos que nos cure de nuestra soberbia o de nuestra vanidad, o de nuestra pereza. Pero a veces quisiéramos arreglarlo todo con una aspirina y Dios no se conforma con una curación superficial. Quiere curarnos en serio, ir hasta el fondo. «No os equivoquéis, viene a decir, si me dejáis. Yo os haré perfectos. En el momento en que os ponéis en Mis manos, es eso lo que debéis esperar. Nada menos, ni ninguna otra cosa, que eso. Poseéis el libre albedrío y, si queréis, podéis apartarme. Pero si no me apartáis, sabed que voy a terminar mi trabajo. Sea cual sea el sufrimiento que os cueste en vuestra vida terrena, y por inconcebible que sea la purificación que os cueste después de la muerte, y me cueste lo que me cueste a Mí, no descansaré ni os dejaré descansar, hasta que no seáis literalmente perfectos... hasta que mi Padre pueda decir sin reservas que se complace en vosotros, como dijo que se complacía en Mí. Esto es lo que puedo hacer y lo haré. Pero no haré nada menos» (C.S. LEWIS, Mero cristianismo, p. 211).

        Las candelas que hoy se bendicen, representan la llama de amor vivo con la que el Señor purificará nuestro corazón para que quede limpio y encendido, dispuesto para amarle como Él se merece.

        En su encíclica Spe Salvi, Benedicto XVI hace una alusión al texto de San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios (3, 12-15), en la que el apóstol explica cómo, al final de nuestra vida, si hemos permanecido fieles a Jesucristo y hemos construido todo sobre ese Fundamento, Dios nos recibirá en su gloria, pues nadie, ni la muerte, puede quitarnos ese fundamento, esa orientación buena de fondo. Sin embargo, la mayoría de los hombres, habrán edificado, sobre ese fundamento, con oro, plata y piedras preciosas, pero quizá también con madera, heno o paja. El día del juicio el fuego pondrá a prueba la calidad de cada construcción. El Purgatorio es ese fuego por el que la mayoría de los hombres tendrán que pasar.

        El hombre tiene que llegar a ser de tal manera que Dios pueda “encontrar en él su complacencia”. El hombre que ha muerto en la gracia de Dios, “se halla del lado de la verdad contra sí mismo. Está dispuesto a enfrentarse con su propia vida, con todo lo que en ella hay de descuidado, inacabado y caótico. Con un sufrimiento misterioso, el corazón se apresta al arrepentimiento y, así, se pone en manos del sacrosanto poder del Espíritu Creador. Así se dona nuevamente lo descuidado. Se pone en orden lo hecho erróneamente. Lo malo es objeto de una nueva vivencia y transportado al ámbito de lo bueno” (cfr. Romano Guardini, El tránsito a la eternidad, Ed. PPC, p. 53). Esta es la purificación de la que haba la Iglesia.

        Cuando pasemos el umbral de la eternidad, ya no habrá tiempo para la penitencia activa, es decir, habrá terminado el tiempo de merecer. Mientras estamos aquí, en esta vida, podemos buscar la propia purificación y la de nuestros hermanos. ¡Vale la pena ser generosos en la penitencia!

        Luego de enormes padecimientos en defensa de la reforma carmelita (entre otros, nueve meses cautivo), san Juan de la Cruz llega al convento de las descalzas en la ciudad de Beas (1576). Las monjas sienten gran lástima al verlo desfallecido, pálido, casi esquelético, sin fuerzas para hablar. La priora, comprendiendo su pena, manda que dos monjas jóvenes canten unas coplas espirituales. En la penumbra del locutorio monjil, pequeño y enrejado, suena este cantar: «Quien no sabe de penas / en este valle de dolores, / no sabe de cosas buenas, / ni ha gustado de amores, / pues penas es el traje de amadores».

        Fray Juan se estremece hasta no poder soportar la emoción, y hace una seña para que cese el canto. No puede hablar, llora mansamente y permanece en silencio largo tiempo. Cuando recobra sus fuerzas, habla de lo mucho que el Señor le ha dado a entender del valor del sufrimiento, y pondera lo poco que se le ofrece sufrir por Dios.   

        Terminamos con una cita de santa Teresa de Lisieux (Últimas conversaciones, 23 de agosto): “¡Si supieras, Paulina [su hermana], qué verdad tan grande es que en todos los cálices ha de mezclarse una gota de hiel! pero creo que las tribulaciones ayudan mucho a despegarse de la tierra y nos hacen mirar más allá de este mundo. Aquí abajo nada puede llenarnos, solo podemos gustar un poco de reposo cuando estamos dispuestos a cumplir la voluntad de Dios. Solo deseo una cosa: sufrir siempre por Jesús. La vida pasa tan deprisa que, realmente  vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor. ¡Cuando pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a Dios durante toda la eternidad!... ¡además, con el sufrimiento podemos salvar almas!... “En Ti, Señor, esperaré”. En los días de nuestras grandes pruebas, ¡cómo me gustaba recitar este versículo!”.
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