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EL MISTERIO DE LAS COMUNICACIONES

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  • Thoth NGSM
    Re: http://es.groups.yahoo.com/group/VBA-mensajes/message/1401 Géminis Pétalo del Corazón: RELACION ... *** XXX - EL MISTERIO DE LAS COMUNICACIONES
    Mensaje 1 de 1 , 1 jun 2009
       
      Géminis
       
       

       

       
      ***

      (extractos inéditos)
       

      VBA: No podríamos proseguir este "Diario Secreto" en el cual tanta importancia les son asignadas a las comunicaciones, sin tratar de penetrar en el sentido más íntimo y secreto que le es asignado ocultamente al término comunicación.

      Ante todo afirmar, que comunicación es relación y es el medio de unificación de los planetas, de los sistemas solares, de las constelaciones y de las galaxias, y que todo sistema de relación establecido se verifica a través de los éteres que constituyen el Espacio en su infinita pluralidad de relaciones. El éter es el vehículo mediante el cual se transmiten todas las comunicaciones y relaciones, sean cuales sean su importancia, calidad y sistema vibratorio y la fuente de donde emanan.

      Sin el éter no habría posibilidad alguna de relación ni comunicación. Todo lo existente estaría sumergido en un sobrecogedor vacío, sin vida, sin conciencia y sin posibilidad alguna de evolución y realización. De ahí que el Maestro cuando hace referencia al éter, lo denomina "substancia de creación", ya surja de los más elevados planos solares o de los más densos e involucionados.

      Relacionar el conjunto absoluto existente a través de las distintas e incomprensibles vibraciones en el éter, es la obra de investigación de los discípulos de todos los tiempos. En el Aula del Conocimiento se imparten unos estudios específicos sobre el éter y sobre el misterio de la comunicación, relacionados con nuestro universo. Estos estudios abarcan extremos tales como:

      a. Las comunicaciones establecidas entre un Logos cósmico y sus siete sistemas solares afiliados, y de estos sistemas solares entre sí.

      b. Las comunicaciones entre el Logos de un sistema solar y los planetas que forman parte de su equipo kármico.

      c. Las comunicaciones entre el Logos de un esquema planetario y los Logos planetarios de otros esquemas.

      d. Las comunicaciones entre los Logos planetarios de los esquemas y sus fuentes de inspiración cósmica. En nuestro sistema solar estas comunicaciones son establecidas entre los siete Hombres celestiales o Logos planetarios de nuestro sistema solar y el Logos regente de una u otra de las siete estrellas o soles que constituyen la Constelación de las Pléyades.

      e. Las comunicaciones entre el Logos planetario y las elevadas Entidades espirituales del propio esquema que constituyen Su Logia Espiritual.

      f. Las comunicaciones entre la Logia espiritual de un mundo con las de otros mundos, más o menos próximos.

      g. Las comunicaciones del centro creador de un planeta con los Reinos, razas y especies que evolucionan en el mismo, a través de la Gran Fraternidad Blanca o Logia Espiritual del planeta.

      h. Las comunicaciones entre sí de planos, reinos, razas y Especies, a través de las distintas jerarquías dévicas.

      i. Las comunicaciones establecidas por la raza humana con los miembros de la misma especie, implicando contacto social y evolución de la conciencia.

      j. Las comunicaciones establecidas entre los diversos conjuntos atómicos siguiendo las conocidas leyes de "afinidad química".

      Como se comprenderá, la serie de relaciones o comunicaciones que acabamos de exponer, son sólo un débil bosquejo de la increíble serie de relaciones establecidas a través del éter con todo cuanto tenga una vida, una conciencia y una forma.

      En el Ashram y en el curso de entrenamiento espiritual a que estamos sujetos los discípulos en el Aula del Conocimiento, se nos habla de otras comunicaciones más íntimas que tienen que ver con nuestra propia situación en el Ashram y tienen carácter iniciático.

      a. La relación Maestro - discípulo.

      b. La relación entre sí de los discípulos de un Ashram.

      c. La relación de un discípulo con un grupo de aspirantes espirituales, constituyendo un grupo esotérico externo.

      Las dos primeras relaciones se verifican a través de la facultad telepática; la tercera por medio del discernimiento del discípulo.
      El desarrollo de la facultad telepática es una tarea de muchos años de control de la mente y de la entera sumisión del contenido pasional a la voluntad del discípulo. Adviene después un largo período de ajuste del cerebro físico al control de la mente. Finalmente, la mente se hace potentemente dinámica, y el cerebro del discípulo se convierte en un fiel depositario del secreto telepático.

      Podríamos decir que el desarrollo de la facultad telepática se inicia con las prácticas del Raja Yoga, mediante la creación del Antakarana, la línea de luz o de fuego que une las dos orillas de la separatividad humana, la mente concreta o inferior con la mente superior o abstracta. El proceso de construcción del Antakarana trae como consecuencia:

      a. Discernimiento.

      b. Control mental.

      c. Sumisión
      del vehículo pasional a la mente cualificada del discípulo.

      En estas tres etapas, la facultad telepática se ha desarrollado hasta cierto punto, pero a medida que ha ido creándose el Antakarana, las células del cerebro acusan el paso del impulso ígneo, volviendo incandescentes las células que obstruían el camino entre el centro Ajna y el Centro coronario, entre la glándula pituitaria y la glándula pineal, originando un gran sufrimiento en las áreas cerebrales del discípulo.

      Puedo atestiguar de este hecho y aseverar que cuando atravesaba esta fase en el sistema de entrenamiento establecido, el dolor en el interior de la cabeza era insoportable y a veces causaba la sensación de que iba a estallar. "Esto sucede  -me dijo el Maestro un día-  por la potencia de tu propósito espiritual y el ritmo potente que imprimes a tu vehículo mental. Es un proceso doloroso que puedes suspender cuando lo desees, dejando de presionar tan potentemente tu vehículo mental, un proceso que, si bien muy doloroso no constituye sin embargo un peligro para tu estabilidad física". Naturalmente, y alentado por las palabras del Maestro, continué operando sobre la mente y sobre el cerebro físico, hasta que de improviso sentí un día la mente tan vacía, tan serena y tan ligera que no podía creerlo. Había terminado de construir el puente de fuego del Antakarana y empezaba para mí una nueva etapa de entrenamiento que iba a depararme la oportunidad de hacer de mi mente un cobijo de la intuición y de la facultad telepática.

      Una vez terminado el puente, el discípulo
      siente intuitivamente
      la necesidad de seguir avanzando. Pero ahora se siente absolutamente solo, nada hay a su alrededor que le depare amistad, consuelo y confianza; sabe que, a pesar de todo, debe proseguir hacia delante, venciendo el temor a la soledad y al riesgo de perderse en aquel mar sin orillas, aparentemente yerto, frío y totalmente incierto.

      En una memorable reunión en el Ashram  -memorable al menos para mí-  el Maestro nos insinuó veladamente de las dificultades de ese paso trascendente en la vida del discípulo con estas escuetas palabras: "Al fin de la construcción del Puente no hallareis la paz de inmediato, aunque la mente haya trascendido el dolor del fuego en el cerebro, sino que deberéis enfrentar la lucha contra el temor, la duda y la desconfianza".

      Si se vencen estas tres condicionantes y el discípulo continúa avanzando, observará un día con infinito deleite de su parte, que han desaparecido las zonas frías y estériles, y se siente absorbido dentro de unas áreas de luz realmente inconcebibles llenas de mágica paz, armonía y equilibrio. Se ha establecido comunicación con ciertos niveles definidos del plano búdico, el océano infinito de vida universal, el centro místico del sistema solar.

      Ahora le es fácil al discípulo mantener esta comunicación y sabe por experiencia del gozo inefable de la intuición espiritual, la orientación perfecta de su propósito en la gran corriente iniciática. Y de este gran silencio creador de su vida, que deja la mente delicadamente insuflada de bienes inmortales, surge con irresistible fuerza, la potencia de la facultad telepática, que de ahora en adelante será el centro de enfoque de su voluntad en la Voluntad del Maestro, que es el Alma espiritual con el cual quiere identificarse.


       

      Fue lógicamente siguiendo un lento proceso de integración interna que llegué un día a ser plenamente consciente del Maestro, del Ashrama y también de mis compañeros de grupo, algunos de los cuales se hallan muy estrechamente vinculados a mi vida kármica en esta presente fase de mi existencia. Aunque las ideas y enseñanzas místicas relativas al Ashrama constituirán los temas necesarios para un libro posterior dedicado exclusivamente a este fin, puedo asegurar que la conciencia ashrámica se desarrolló mayormente porque simplifiqué muchísimo las condiciones básicas en que se sucedían las alternativas personales en mi vida de discípulo y porque me esforcé por comprender el sentido íntimo de mi propósito espiritual el cual me llevaba, sin que yo le ofreciese resistencia, por sendas de virtud y de creciente entusiasmo.

      La conciencia ashrámica -por decirlo de alguna manera- vino progresivamente, lo mismo que la autoconciencia astral, y fue estabilizándose dentro de mi ser a medida que yo iba construyendo el Antakarana. El Antakarana - como muchos de Uds. sabrán- es el hilo luminoso creado por la conciencia inferior del aspirante espiritual sinceramente lanzado a la búsqueda de lo que místicamente llamamos “los bienes inmortales” y que es, esotéricamente hablando, la propia Vida del Ángel Solar, el Guía espiritual de nuestro destino como seres humanos. Este hilo misterioso del Antakarana, denominado poéticamente “el puente de Arco Iris”, conecta la mente inferior o concreta del aspirante con la mente abstracta o superior de su naturaleza espiritual, siendo definitivamente el lazo de unión de la personalidad integrada con su Alma superior, Ángel Solar o Yo trascendente.

      Las fases de creación de mi Antakarana fueron sucediéndose progresivamente deparándome la oportunidad de nuevos estados de conciencia. Me di cuenta en el devenir de esta tarea de construcción, que aquel hilo de luminosa luz era una proyección viva de mi propósito espiritual y que en cada una de las etapas era gentilmente ayudado por unos radiantes Devas los cuales, al parecer, utilizaban la fuerza mística de mi propósito interno para crear un camino de luz en los éteres. Mirando en cierta ocasión mi cerebro físico -a indicación del Ángel Jesazel- vi que una actividad simultánea de carácter físico se iba desarrollando a medida que proseguía en los planos internos la creación del Antakarana. La luz de la mente introducida en el cerebro creaba así un camino luminoso que surgiendo del centro Ajna se dirigía hacia el centro Coronario. Las células del cerebro por donde místicamente era creado el camino eran reactivadas de tal manera que parecían hallarse en ignición. Pude comprender entonces la causa de mis frecuentes e intensos dolores de cabeza, así como el grado de integración de mi conciencia, pues el grado de evolución espiritual de cualquier aspirante se mide precisamente por “aquel punto”, dentro de la cabeza, que marca la situación exacta y el punto de partida hacia nuevas zonas de interés espiritual... Vi también que paralelamente a este proceso, aunque en un nivel más oculto y trascendente, una luminosa línea de luz azul índigo partía del centro Ajna en dirección al centro del Corazón, por lo que me fue posible comprender que en la vida del discípulo de cierto grado de integración, ha de construirse un triángulo de energías que unifique los tres centros superiores del hombre: del corazón, del entrecejo y del coronario, representaciones místicas de los tres grandes centros planetarios, de la Jerarquía, de la Humanidad y de Shamballa.

      Expongo estas razones mayormente para indicar a los impacientes aspirantes espirituales de nuestros días, que la llamada conciencia astral con el desarrollo de los poderes psíquicos no podrá ser auténticamente alcanzada si no se ha creado con anticipación un conveniente y robusto Antakarana que haya rebasado al menos las dos terceras partes del recorrido entre el centro Ajna y el centro Coronario, o sea, entre la glándula pituitaria y la glándula pineal, pues al llegar a este punto se supone que el aspirante puede controlar ya eficazmente y en una buena medida su naturaleza astral. De no ser así, mejor le sería abstenerse de desear adquirir facultades psíquicas, pues resulta sumamente peligroso “despertar el fuego dormido” en la base de la columna vertebral, a “la serpiente ígnea” de Kundalini. Tal como nos ha sido mostrado históricamente en el Ashrama, reviviendo los sucesos akásicos a la luz de la conciencia astral, la vida del discipulado se halla jalonada de muchos y dolorosos fracasos a causa de la impaciente curiosidad por desarrollar facultades astrales o poderes psíquicos sin haber adquirido previamente un gran control de la naturaleza emocional. La regla ashrámica acerca de esta cuestión se halla implícita en las palabras de Cristo, que jamás perderán su eterna fragancia por cuanto proceden de los niveles más ocultos de la Naturaleza:

      “Buscad primero el Reino de Dios y lo demás (los poderes psíquicos, los bienes materiales, etc.) os será dado por añadidura”.

      Esta es una regla que acepté inmediatamente y sin esfuerzo antes y después de mi ingreso en el Ashrama. Así, todas las narraciones esotéricas que componen el texto de este libro son una recopilación histórica de experiencias realizadas en diversos niveles suprafísicos, sin haber sido previamente deseadas o estimuladas por efecto de un ánimo ardiente o fervoroso de espectaculares poderes psíquicos. Mi realización espiritual -si puedo decirlo así- vino come resultado de mi impersonal actitud con respecto a tales facultades o poderes y de un sereno enfoque mental que me permitió crear el puente de luz del Antakarana. El éxito en tal sentido trajo como consecuencia mi experiencia espiritual, mística y esotérica, de todo aquello, en fin, que el Señor concede “por añadidura”...


      La Visión Objetiva del Antakarana

      Otra experiencia de visión del Antakarana tuvo lugar asimismo durante mi proceso de integración espiritual. Recuerdo que estaba meditando en una templada mañana de otoño. Me había levantado más temprano que de costumbre y había un gran silencio a mi alrededor. Al iniciar mi delineamiento meditativo y pronunciar los requeridos mántrams (el sonido OM en varios tonos), me sentí proyectado hacia arriba en dirección a la cúspide de la cabeza, la atravesé de parte a parte y me hallé fuera de la misma a una altura desde la cual podía contemplar el funcionamiento de mi equipo meditativo. Vi el centro Ajna, del entrecejo, matizado intensamente de dos radiantes colores, azul índigo y amarillo oro. Una línea de luz de este último color ascendía hacia el centro Coronario atravesando la parte etérica o nádica del cerebro, llegando a bordear en la cúspide de la cabeza las indescriptibles radiaciones luminosas de un vivísimo e inmaculado blanco azulado que surgían de este centro superior... Regresé muy rápidamente a mi conciencia física y tuve desde entonces la certeza de que mi trabajo espiritual sobre el Antakarana se hallaba muy avanzado y que me esperaban grandes acontecimientos en el devenir de mi existencia kármica...

      En otra ocasión, estando también meditando, tuve la visión de mi Maestro. Aun cuando tardé todavía muchos años en establecer contacto consciente con El, Su visión me deparó un extraordinario sentimiento de integración espiritual.

      Poco a poco mí mente se iba sensibilizando a las influencias espirituales superiores y la técnica meditativa seguida hasta aquí cambió de repente. Ya no hallaba placer alguno en la tarea de “descubrir más definidas y diversas cualidades al pensamiento simiente escogido como centro de mis meditaciones”. Por el contrario, al pensamiento simiente -fuese cual fuese su naturaleza- empecé a considerarle como un freno limitador a las exigencias de mi alma, por cuanto me exigían un esfuerzo intelectual y concreto que mi mente se negaba a realizar... Mi actividad meditativa se elevó entonces del mundo de los significados concretos al de las realidades abstractas y a partir de ahí me fue posible establecer contacto con el plano causal y recibir directa iluminación de parte del Ángel Solar. A esa etapa corresponden las experiencias realizadas teniendo como centro de inspiración a este elevado exponente del Bien cósmico. Aprendí en aquella importante época de mi vida a meditar “sin pensamiento simiente”, a enfocar mi atención en los niveles mentales más subjetivos, y como fruto de este nuevo enfoque meditativo ultimé los últimos tramos del Puente de Arco Iris del Antakarana. Pude contemplar -tal como decía hace unos momentos- el Antakarana en su proyección horizontal, observándolo desde arriba y desde el punto más elevado de la cabeza y, en ciertos momentos, llegaba a prescindir incluso del propio Antakarana, una experiencia trascendente que ha de efectuar todo discípulo juramentado en su viaje espiritual sin retorno que conduce a la Iniciación..., una experiencia de tan elevadas perspectivas que permite adentrar la conciencia en el plano búdico y obtener claras y directas percepciones de lo que hay que entender esotéricamente por la unidad espiritual de los seres humanos y por fraternidad espiritual.

       

       
      El Centro de Estudios VBA es una Comunidad espiritual dedicada a honrar la vida y obra de Vicente Beltrán Anglada a través de la meditación, el estudio y el servicio relacionados a: i) la praxis del Agni Yoga, conducente a Shamballa; ii) la colaboración Humano-Dévica; y iii) la Magia Organizada planetaria.
       
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