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60LIBIA: Destruccion, Dolor y Muerte....(Reenvia a tus contactos)

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  • LIBIA Somos Todos
    3 may 2011

      UN FUEGO QUE PUEDE QUEMAR A TODOS

      Por: Fidel Castro Ruz

      Se puede estar o no de acuerdo con las ideas políticas de Gaddafi, pero la existencia de Libia como Estado independiente y miembro de las Naciones Unidas nadie tiene derecho a cuestionarlo.

      Todavía el mundo no ha llegado a lo que, desde mi punto de vista, constituye hoy una cuestión elemental para la supervivencia de nuestra especie: el acceso de todos los pueblos a los recursos materiales de este planeta. No existe otro en el Sistema Solar que posea las más elementales condiciones de la vida que conocemos.

      Los propios Estados Unidos trataron siempre de ser un crisol de todas las razas, todos los credos y todas las naciones: blancas, negras, amarillas, indias y mestizas, sin otras diferencias que no fuesen las de amos y esclavos, ricos y pobres; pero todo dentro de los límites de la frontera: al norte, Canadá; al sur, México; al este, el Atlántico y al oeste, el Pacífico. Alaska, Puerto Rico y Hawai eran simples accidentes históricos.

      Lo complicado del asunto es que no se trata de un noble deseo de los que luchan por un mundo mejor, lo cual es tan digno de respeto como las creencias religiosas de los pueblos. Bastarían unos cuantos tipos de isótopos radiactivos que emanaran del uranio enriquecido consumido por las plantas electronucleares en cantidades relativamente pequeñas ─ya que no existen en la naturaleza─ para poner fin a la frágil existencia de nuestra especie. Mantener esos residuos en volúmenes crecientes, bajo sarcófagos de hormigón y acero, es uno de los mayores desafíos de la tecnología.

      Hechos como el accidente de Chernóbil o el terremoto de Japón han puesto en evidencia esos mortales riesgos.

      El tema que deseo abordar hoy no es ese, sino el asombro con que observé ayer, a través del programa Dossier de Walter Martínez, en la televisión venezolana, las imágenes fílmicas de la reunión entre el jefe del Departamento de Defensa, Robert Gates, y el Ministro de Defensa del Reino Unido, Liam Fox, que visitó Estados Unidos para discutir la criminal guerra desatada por la OTAN contra Libia. Era algo difícil de creer, el Ministro inglés ganó el “Oscar”; era un manojo de nervios, estaba tenso, hablaba como un loco, daba la impresión de que escupía las palabras.

      Desde luego, primero llegó a la entrada de El Pentágono donde Gates lo esperaba sonriente. Las banderas de ambos países, la del antiguo imperio colonial británico y la de su hijastro, el imperio de Estados Unidos, flameaban en lo alto de ambos lados mientras se entonaban los himnos. La mano derecha sobre el pecho, el saludo militar riguroso y solemne de la ceremonia del país huésped. Fue el acto inicial. Penetraron después los dos ministros en el edificio norteamericano de la Defensa. Se supone que hablaron largamente por las imágenes que vi cuando regresaban cada uno con un discurso en sus manos, sin dudas, previamente elaborado.

      El marco de todo el escenario lo constituía el personal uniformado. Desde el ángulo izquierdo se veía un joven militar alto, flaco, al parecer pelirrojo, cabeza rapada, gorra con visera negra embutida casi hasta el cuello, presentando fusil con bayoneta, que no parpadeaba ni se le veía respirar, como estampa de un soldado dispuesto a disparar una bala del fusil o un cohete nuclear con la capacidad destructiva de 100 mil toneladas de TNT. Gates habló con la sonrisa y naturalidad de un dueño. El inglés, en cambio, lo hizo de la forma que expliqué.

      Pocas veces vi algo más horrible; exhibía odio, frustración, furia y un lenguaje amenazante contra el líder libio, exigiendo su rendición incondicional. Se le veía indignado porque los aviones de la poderosa OTAN no habían podido doblegar en 72 horas la resistencia libia.

      Nada más le faltaba exclamar: “lágrimas, sudor y sangre”, como Winston Churchill cuando calculaba el precio a pagar por su país en la lucha contra los aviones nazis. En este caso el papel nazifascista lo está haciendo la OTAN con sus miles de misiones de bombardeo con los aviones más modernos que ha conocido el mundo.

      El colmo ha sido la decisión del Gobierno de Estados Unidos autorizando el empleo de los aviones sin piloto para matar hombres, mujeres y niños libios, como en Afganistán, a miles de kilómetros de Europa Occidental, pero esta vez contra un pueblo árabe y africano, ante los ojos de cientos de millones de europeos y nada menos que en nombre de la Organización de Naciones Unidas.

      El Primer Ministro de Rusia, Vladimir Putin, declaró ayer que esos actos de guerra eran ilegales y rebasaban el marco de los acuerdos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

      Los groseros ataques contra el pueblo libio que adquieren un carácter nazifascista pueden ser utilizados contra cualquier pueblo del Tercer Mundo.

      Realmente me asombra la resistencia que Libia ha ofrecido.

      Ahora esa belicosa organización depende de Gaddafi. Si resiste y no acata sus exigencias, pasará a la historia como uno de los grandes personajes de los países árabes.

      ¡La OTAN atiza un fuego que puede quemar a todos!

      LO QUE LA PRENSA MUNDIAL NO QUERE QUE USTED VEA:

      CHAVEZ HABLA SOBRE LIBIA

      http://youtu.be/AnTvLIOtKHc

      LA CONSPIRACION AL DESCUBIERTO

      http://youtu.be/EAlwew7Bb4I

      EL IMPERIALISMO ALIMENTA LA VIOLENCIA

      http://youtu.be/58_97eLUSBQ

      LA TRAICION DE FRANCIA A LIBIA

      http://www.youtube.com/watch?v=CT31pauWRjY

      PARA COMPRENDER EL CONFLICTO DE LIBIA

      http://youtu.be/fZfDCIETsb4

      LA MASACRE DE LOS NIETOS DE GADAFI

      Y EL IMPERIO DE LOS MIL HERODES

      Esta monstruosidad que acaba de suceder en Libia, anoche, es compatible con la historia del imperio yanqui desde antes de que se separara del otro imperio. Es una constante histórica.

      Por: Carlos Rivero Collado

      Los niños son la esperanza del mundo; los niños son los que saben querer –José Martí

      1-. Sangre inocente


      Unas horas después que, ayer sábado 30 de abril, por la tarde, el presidente Muamar Gadafi dijera que estaba dispuesto a negociar con los rebeldes para llegar a un acuerdo de paz, un avión no tripulado de la OTAN, o sea de Estados Unidos, bombardeó la residencia de Saif al-Arab Gadafi, hijo menor del gobernante libio. Murieron Saif, de 29 años de edad, y sus tres hijos, el mayor de los cuales tenía doce años. El presidente Gadafi y su esposa estaban allí en ese momento, pero resultaron ilesos.

      El primer ministro británico David Cameron confirmó el ataque, diciendo que se trataba de una casa que servía de centro de comunicaciones del gobierno libio para coordinar los ataques a los rebeldes. Un portavoz de Gadafi declaró que esa casa, que se halla en un barrio residencial, no era usada para ninguna actividad del gobierno y que el ataque fue un intento de asesinato contra el gobernante libio.

      Hace varias semanas, Obama declaró que en ningún momento los aliados –aliados del mal-- tratarían de asesinar a Gadafi porque sería una violación de los acuerdos de Naciones Unidas … pero ya estamos acostumbrados al palpable cinismo del emperador yanqui.

      ¿Es ésta la única vez que el Imperio asesina a niños pequeños? ¡Hombre, por supuesto que no!

      Déjenme hacer, otra vez, un poco de historia que, en parte, ya la he hecho en mis artículos anteriores, aunque no recientes, de Kaos.

      2-. Dos aclaraciones iniciales

      Es probable que Herodes 1, rey de Judea y tetrarca romano de Galilea, no haya matado niños a causa del nacimiento de Jesús de Nazaret, y que todo eso no sea nada más que un cuento corto del Nuevo Testamento; pero como su nombre quedó para la posteridad como epítome de infanticidio, lo uso como metáfora, no como historia.

      Como sé que para muchas personas que viven en esta ardiente y húmeda tumba del espíritu a la que creo que llaman Miami, criticar al imperio estadounidense es atacar a Estados Unidos, me veo en la obligación de repetir, una vez más, que el Imperio no es el país ni el país, el Imperio, sino todo lo contrario: el Imperio es el anti-país y el país, el anti-imperio.

      El peor enemigo del pueblo de Estados Unidos es el imperio de Estados Unidos y, por eso, los enemigos del Imperio somos los verdaderos amigos de Estados Unidos, o sea de su pueblo. Mis continuas referencias al Imperio, que a muchos de acá les parecen ataques extremos, son radicales defensas del pueblo de Estados Unidos, entre el que he vivido la mayor parte de mi vida y al que he llegado a querer y admirar. Sé que en España e Iberoamérica me entienden; pero vivo en un cementerio y aquí suelen leerme los muertos y los fantasmas.

      3-. Cuatro siglos de masacres infantiles

      a) Powhatan: la matanza de niños empezó en este país en 1610 cuando los colonos británicos perpetraron la masacre de Jamestown, en lo que hoy es Virginia. En la hambruna de ese año, algunos de ellos se refugiaron con los indios dirigidos por el jefe Powhatan, quienes los alimentaron y cobijaron. El gobernador inglés pidió que los devolvieran. Powhatan, con la complacencia de los colonos, se negó. Los soldados mataron a 16 indios, quemaron sus chozas y se llevaron a la mujer y a los hijos de Powhatan. Tiraron a los hijos por la borda de los barcos y les dispararon a la cabeza. A la mujer la mataron a cuchilladas. Todo lo que se les enseña a los niños de este país sobre Powhatan y su hija Pocahontas, es una mentira ridícula.

      Después hubo otras masacres. Treinta años después, de los 8,000 indios originales de la tribu de Powhatan, sólo quedaban unos 1,200. Esta matanza es anterior al imperio, pero fue la mentalidad ultracriminal del otro imperio –el británico—la que creó a éste de ahora. Las masacres de niños prosiguieron durante todo el período colonial y fueron mucho mayores después de la independencia. Durante el Siglo XIX, más de doscientos mil indios fueron asesinados, entre ellos unos cien mil niños.

      b) La peor esclavitud: el único país del mundo que separó a los esclavos de su familia inmediata fue Estados Unidos. En los "slave auctions" se vendía, por ejemplo, a un padre, una madre, una niña de 3 años y un niño de 5. Cuatro negreros distintos que vivían en zonas lejanas unos de otros podían comprar a cada uno de ellos por separado. La familia dejaba de existir. Ese salvajismo no existió en ningún otro país. Miles de niños esclavos murieron en los terribles viajes por mar de Africa a este país. El trato a los esclavos fue peor después de la independencia.

      c) El Asalto de Sullivan (Sullivan Raid): en el otoño de 1779, el general George Washington le ordenó a su ayudante, el general John Sullivan, que atacara a varias tribus de la Confederación Iroquí, asentadas al norte del Estado de Nueva York, porque según él, estaban ayudando a los británicos. Sullivan arrasó más de cuarenta aldeas iroquíes, asesinando a más de mil seres humanos, entre ellos unos cuatrocientos niños --algunos morirían congelados, dos meses después, huyéndole a los soldados, por los montes nevados cercanos a las Cataratas del Niágara--. Esta estrategia militar es la que se conoce como de “tierra arrasada” --scorched earth—, que treinta y tres años después emplearía el mariscal Mijail Kutuzov, en Rusia, para no dejarle a Napoleón ni una espiga de trigo y, medio siglo más tarde, por el general William Tecumseh Sherman, en Estados Unidos, para arrasar las tierras y segar las vidas de miles de sus propios compatriotas, durante la guerra civil.