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  • Oscar Heredia
    30 may
      ¿NOS MANIPULARON? SE NOS FUE LA LIBERTAD
      Oscar  A. Heredia Vargas
      Docente Emérito UMSA
       
       “Cuando quiero saber cuán sabio, o cuán estúpido, o cuán bueno, o cuán malvado es alguien, o cuáles son sus pensamientos en ese momento, adecuo la expresión de mi rostro lo más exactamente posible a la expresión del suyo y luego espero a ver qué pensamientos o sentimientos surgen en su mente o en su corazón, que se adecuen o correspondan con mi expresión (E. A. Poe).  
      En el contexto político mundial, los ciudadanos, nos encontramos llenos de cuestionamientos sobre la vigencia  de los derechos civiles y políticos, esto,  ante acciones -que no vale la pena detallarlos, ya que sabemos todos como van las cosas- de algunos líderes políticos en algunos países.
      Tratando de ver de manera objetiva la realidad, tal como es -como reclaman “muchos”-, nos encontramos con las siguientes interpelaciones:
      “¿Ya nos manipularon? El ciudadano se responde y dice: Creo conocer la respuesta. Ser manipulado, engañado, abusado, atropellado, sentirse expoliado, sentirse traicionado o engañado son experiencias inevitables” (B. Requin), más aún en la política. En este contexto estas expresiones nos dan la imagen de haber perdido la libertad -“el más básico de los derechos humanos: un ideal por el que merece la pena luchar y, de ser necesario, hasta morir” (B. Dupré).
      “¿Hay un nuevo precio de la libertad? Al parecer el precio de la libertad es la vigilancia eterna. Se dejó de lado la intención original de que las libertades civiles y políticas estuvieran sometidas a un reconocimiento constante, ante el peligro de que la acción subrepticia del gobierno las deteriorara y se acabaran perdiendo. Hoy en día, en una inversión extraordinaria, son los propios ciudadanos los que se han convertido en objetos de vigilancia continua” (B. Dupré) -como todos sabemos, no solo eso, sino mucho más-.
      Los políticos tradicionales, que llegan al gobierno: Nos adormecen como a las “serpientes encantadas, cada una en su canasta ya que no nos cuidamos de lo que nos hablan”; Nos piden “Responder a la convocatoria del pastor, nos convierten en rebaño, porque nos dicen que el lobo está al acecho”; “O nos convencen que giremos y giremos al ritmo orquestado por los dueños del salón, nos hacen pensar que solo  ellos -los bailarines- saben que música bailar y nos dicen que para ser libres, bailemos así como bailan ellos”.
      “Ellos", eso hacen con el pueblo. F. Savater nos dice que “el pueblo -categoría mitológica, cargada de emoción decimonónica más valorativa que descriptiva- siempre es bueno, pero traicionado por los poderosos, vendido por los mercaderes, inmolado por los matarifes”. Ellos son como Polifemo -ogro pero ogro por falta de hospitalidad, que trataba a todos como animales- que en su gran cueva tenía un rebaño de enormes ovejas ciclópeas.
      Hagámosles beber el vino, como hizo Ulises con Polifemo, y ceguemos a los políticos tradicionales que se aprovechan de la democracia -hija prodiga de Grecia- que tiene el secreto de la juventud inextinguible. Rompamos con la condición política de la que cada político tradicional cree tener un virtual monopolio de la “libertad”.
      Luchemos por la libertad. Vamos contra todo lo que mancille los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, dejemos de lado esas experiencias inevitables y aceptadas.
      No seamos, ni rebaño, ni ogros odiosos para el pueblo. Que la libertad no se convierta solo en “uno de los bienes más bellos de la imaginación”.
      “Si luchamos ganamos”.