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¿EL REGRES O DEL "CAP ITAN CARLO S"? (II)

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  • Hernán De la Cruz Enciso
    ¿El regreso del “Capitán Carlos”? (II) Por Tankar Rau-Rau Amaru (*) El humorista Sofocleto, nuestro gran amigo, para determinar la ubicación exacta del
    Mensaje 1 de 3 , 27 nov 17:26

      ¿El regreso del “Capitán Carlos”? (II)

       

                     Por Tankar Rau-Rau Amaru (*)

       

                     El humorista Sofocleto, nuestro gran amigo, para determinar la ubicación exacta del cojudo en nuestro medio social, formuló una Tipología del Cojudo en sus dos manifestaciones esenciales: a) El aspirante a Cojudo; y b) El Cojudo propiamente dicho.

                     Según Sofocleto, “el aspirante a Cojudo no es, como podría suponerse, un menor de edad ni nada parecido. Es simplemente un sujeto al que la vida no le dio todavía la oportunidad de hacer una Gran Cojudez que le sirva como tesis doctoral o de resbalar en un Cojudeo Sensacional que lo prestigie en el medio ambiente como un cojudo legítimo... El Cojudo propiamente dicho, en cambio, es otra cosa. Nació para ser cojudo y cumple su destino a la perfección, sin quemar etapas, sin saltarse a la torera ninguno de los requisitos que exige la ortodoxia y la liturgia de la Cojudez Ancestral. Al cojudo de profesión le ponen cuernos, lo estafan, lo asaltan y le devuelven a la hermana. Es siempre el último de la cola, el que pierde la lotería por un número y camina como pato porque sufre escaldadura crónica. Como todo cojudo auténtico, es devoto de un santo rarísimo. El cojudo propiamente dicho llega a su clímax sobre los treinta años y alcanza la apoteosis a los cincuentainueve. De los sesenta para arriba es lo que se llama un viejo cojudo, lo cual significa que no le falta sino cometer la Gran Cojudez Final que cierre con broche de oro su carrera, antes que algún pendejo de la familia consiga meterlo en el manicomio bajo los cargos de Arteriosclerosis Generalizada y Problemas de Conducta, que es como los siquiatras llaman a los cojudos, para disimular”.

                     Según la Tipología del Cojudo de don Sofo, podemos sostener que Ollanta es, todavía, un Aspirante a Cojudo. El primer signo: ha empezado a embelesarse con los efectos de la atmósfera cojudeante de Palacio de Gobierno, siguiendo los consejos de los adulones y demás bichos. Segundo signo: la oligarquía peruana, la cavernaria, le viene cojudeando con gran estilo y forma o, cambiando de papel, Ollanta se está dejando cojudear (verbo cojudear: yo cojudeo, tú no cojudeas, nosotros siempre fuimos cojudeados) por los mismos pendejos que cojudearon a Belaunde, Fujimori, Toledo y Alan García.  Como a Fujimori, a Ollanta le dicen al oído que será el mejor presidente del Perú (como a Fujimori), porque saben los pendejos que, más bien, le vienen preparando una caída libre al abismo. Si sigue este camino, ya estoy viendo la cara de cojudo de Ollanta cuando, al final de su gobierno, salga de Palacio con medio centenar de muertos a la espalda, un millar de juicios abiertos en su contra en las cortes internacionales, divorciado (especialidad de la oligarquía) y enterrando su apellido para siempre. Porque Ollanta Humala está a punto de convertirse en sicario de la oligarquía y de las transnacionales y consolidar su condición de recluta del sionismo (Lerner, Favre).

                     El trabajo de los grupos de poder es sutil. Atacan desde sus medios de información masiva a los principales colaboradores de Ollanta (congresistas, viceministros, dirigentes de izquierda, etc.), para aislarlo del todo y manejarlo (o cojudearlo) a su gusto. Como lo hicieron con Toledo, el autodenominado “Pachacútec”. De este modo a esa mazorca llamada Ollanta le sacarán, uno tras otro, todos los granos, dejándole solo después del baile de la conga.

                     Esos grupos de poder que le rodean seguramente le dirán que es mejor para la platea trabajar con la derecha cavernaria (dizque técnicos) y no en alianza con nosotros: las izquierdas, las organizaciones, los pueblos, los micro y pequeños empresarios y los grupos radicales (el término radical viene del latín radix, ‘raíz’, refiriéndose sobre todo a un punto de vista profundo, sustancial, más aún si es aplicado a alguna convicción, práctica, análisis o propuesta. Dixit Wikipedia). Le dirán que a nosotros, los que venimos buscando el cambio estructural de este Estado putrefacto, nos gusta aullar en las calles hasta la desesperación pero de ahí no pasamos. Eso era en el pasado. Hemos aprendido. Arrinconamos a Fujimori, Toledo y Alan García (y Ollanta lo sabe) cuando éstos aceptaron el maridaje con los grupos de poder que saquearon todo el tiempo a nuestra Patria. Si el ejército del “Capitán Carlos” se lanza en franco ataque contra los verdaderos peruanos (en Conga y en otras partes del país), eso hará que nosotros armemos de inmediato un gabinete en la sombra. Somos el pueblo vibrante y vivo, y somos el Perú olvidado y marginado, luchando durante 500 años por su derecho a un metro cuadrado de tierra, a una oportunidad de trabajo.

                     Salvo que Ollanta regrese al camino de transformación que trazamos los peruanos de buena fe. Si eso ocurriera, esos mismos pueblos que ahora nos hemos puesto en pie de guerra en su contra saldríamos a las calles para respaldarle. Porque, a fin de cuentas, Ollanta Humala es sólo un pequeño accidente en la historia de nuestra Patria. La lucha sin cuartel fue y debe ser, en todo caso, ante esos grupos de poder que han venido destruyendo permanentemente a nuestra Patria, convirtiéndonos en parias, apestados e inquilinos a los verdaderos dueños de esta casa que se llama Perú.

                     Ollanta Humala, como militar, fue preparado para dos cosas: la lucha interna-coyuntural de tipo político-militar contra Sendero y el MRTA, y la lucha externa-permanente de tipo militar contra Chile y otros. En la guerra interna participó activamente matando peruanos. Ante Chile sigue temblando de cobardía. No vaya a desencadenar su frustración de no haberse enfrentado con soldados chilenos matando a balazos a sus propios compatriotas (como acaba de suceder en Andahuaylas, donde, entre muchos, una niña fue herida de bala). Eso sería una cojudez catastrófica.

       

      (*) Escritor y periodista. Autor de “Entre dos fuegos”, “Apaga las velas”, “Ojos de Rocío y otros cuentos”, “Allin kawsay y el poder en el Perú” y “Crónicas del socavón”. Secretario General de la Federación Regional de Mineros Artesanales (comuneros) y Pequeños Mineros de Apurímac (FERMAPA) y Secretario de Ideología del Movimiento de Integración Kechwa Apurímac (MINKA).

    • Hernán De la Cruz Enciso
      ¿El regreso del “Capitán Carlos”? (II) Por Tankar Rau-Rau Amaru (*) El humorista Sofocleto, nuestro gran amigo, para determinar la ubicación exacta del
      Mensaje 2 de 3 , 27 nov 17:44

        ¿El regreso del “Capitán Carlos”? (II)

         

                       Por Tankar Rau-Rau Amaru (*)

         

                       El humorista Sofocleto, nuestro gran amigo, para determinar la ubicación exacta del cojudo en nuestro medio social, formuló una Tipología del Cojudo en sus dos manifestaciones esenciales: a) El aspirante a Cojudo; y b) El Cojudo propiamente dicho.

                       Según Sofocleto, “el aspirante a Cojudo no es, como podría suponerse, un menor de edad ni nada parecido. Es simplemente un sujeto al que la vida no le dio todavía la oportunidad de hacer una Gran Cojudez que le sirva como tesis doctoral o de resbalar en un Cojudeo Sensacional que lo prestigie en el medio ambiente como un cojudo legítimo... El Cojudo propiamente dicho, en cambio, es otra cosa. Nació para ser cojudo y cumple su destino a la perfección, sin quemar etapas, sin saltarse a la torera ninguno de los requisitos que exige la ortodoxia y la liturgia de la Cojudez Ancestral. Al cojudo de profesión le ponen cuernos, lo estafan, lo asaltan y le devuelven a la hermana. Es siempre el último de la cola, el que pierde la lotería por un número y camina como pato porque sufre escaldadura crónica. Como todo cojudo auténtico, es devoto de un santo rarísimo. El cojudo propiamente dicho llega a su clímax sobre los treinta años y alcanza la apoteosis a los cincuentainueve. De los sesenta para arriba es lo que se llama un viejo cojudo, lo cual significa que no le falta sino cometer la Gran Cojudez Final que cierre con broche de oro su carrera, antes que algún pendejo de la familia consiga meterlo en el manicomio bajo los cargos de Arteriosclerosis Generalizada y Problemas de Conducta, que es como los siquiatras llaman a los cojudos, para disimular”.

                       Según la Tipología del Cojudo de don Sofo, podemos sostener que Ollanta es, todavía, un Aspirante a Cojudo. El primer signo: ha empezado a embelesarse con los efectos de la atmósfera cojudeante de Palacio de Gobierno, siguiendo los consejos de los adulones y demás bichos. Segundo signo: la oligarquía peruana, la cavernaria, le viene cojudeando con gran estilo y forma o, cambiando de papel, Ollanta se está dejando cojudear (verbo cojudear: yo cojudeo, tú no cojudeas, nosotros siempre fuimos cojudeados) por los mismos pendejos que cojudearon a Belaunde, Fujimori, Toledo y Alan García.  Como a Fujimori, a Ollanta le dicen al oído que será el mejor presidente del Perú, porque saben los pendejos que, más bien, le vienen preparando una caída libre al abismo. Si sigue este camino, ya estoy viendo la cara de cojudo de Ollanta cuando, al final de su gobierno, salga de Palacio con medio centenar de muertos a la espalda, un millar de juicios abiertos en su contra en las cortes internacionales, divorciado (especialidad de la oligarquía) y enterrando su apellido para siempre. Porque Ollanta Humala está a punto de convertirse en sicario de la oligarquía y de las transnacionales y consolidar su condición de recluta del sionismo (Lerner, Favre).

                       El trabajo de los grupos de poder es sutil. Atacan desde sus medios de información masiva a los principales colaboradores de Ollanta (congresistas, viceministros, dirigentes de izquierda, etc.), para aislarlo del todo y manejarlo (o cojudearlo) a su gusto. Como lo hicieron con Toledo, el autodenominado “Pachacútec”. De este modo a esa mazorca llamada Ollanta le sacarán, uno tras otro, todos los granos, dejándole solo después del baile de la conga.

                       Esos grupos de poder que le rodean seguramente le dirán que es mejor para la platea trabajar con la derecha cavernaria (dizque técnicos) y no en alianza con nosotros: las izquierdas, las organizaciones, los pueblos, los micro y pequeños empresarios y los grupos radicales (el término radical viene del latín radix, ‘raíz’, refiriéndose sobre todo a un punto de vista profundo, sustancial, más aún si es aplicado a alguna convicción, práctica, análisis o propuesta. Dixit Wikipedia). Le dirán que a nosotros, los que venimos buscando el cambio estructural de este Estado putrefacto, nos gusta aullar en las calles hasta la desesperación pero de ahí no pasamos. Eso era en el pasado. Hemos aprendido. Arrinconamos a Fujimori, Toledo y Alan García (y Ollanta lo sabe) cuando éstos aceptaron el maridaje con los grupos de poder que saquearon todo el tiempo a nuestra Patria. Si el ejército del “Capitán Carlos” se lanza en franco ataque contra los verdaderos peruanos (en Conga y en otras partes del país), eso hará que nosotros armemos de inmediato un gabinete en la sombra. Somos el pueblo vibrante y vivo, y somos el Perú olvidado y marginado, luchando durante 500 años por su derecho a un metro cuadrado de tierra, a una oportunidad de trabajo.

                       Salvo que Ollanta regrese al camino de transformación que trazamos los peruanos de buena fe. Si eso ocurriera, esos mismos pueblos que ahora nos hemos puesto en pie de guerra en su contra saldríamos a las calles para respaldarle. Porque, a fin de cuentas, Ollanta Humala es sólo un pequeño accidente en la historia de nuestra Patria. La lucha sin cuartel fue y debe ser, en todo caso, ante esos grupos de poder que han venido destruyendo permanentemente a nuestra Patria, convirtiéndonos en parias, apestados e inquilinos a los verdaderos dueños de esta casa que se llama Perú.

                       Ollanta Humala, como militar, fue preparado para dos cosas: la lucha interna-coyuntural de tipo político-militar contra Sendero y el MRTA, y la lucha externa-permanente de tipo militar contra Chile y otros. En la guerra interna participó activamente matando peruanos. Ante Chile sigue temblando de cobardía. No vaya a desencadenar su frustración de no haberse enfrentado con soldados chilenos matando a balazos a sus propios compatriotas (como acaba de suceder en Andahuaylas, donde, entre muchos, una niña fue herida de bala). Eso sería una cojudez catastrófica.

         

        (*) Escritor y periodista. Autor de “Entre dos fuegos”, “Apaga las velas”, “Ojos de Rocío y otros cuentos”, “Allin kawsay y el poder en el Perú” y “Crónicas del socavón”. Secretario General de la Federación Regional de Mineros Artesanales (comuneros) y Pequeños Mineros de Apurímac (FERMAPA) y Secretario de Ideología del Movimiento de Integración Kechwa Apurímac (MINKA).

        CHIMÚ, LISTA CULTURAL ALREDEDOR DEL MUNDO



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        ¿El regreso del “Capitán Carlos”? (II) Por Tankar Rau-Rau Amaru (*) El humorista Sofocleto, nuestro gran amigo, para determinar la ubicación exacta del
        Mensaje 3 de 3 , 29 nov 14:21

          ¿El regreso del “Capitán Carlos”? (II)

           

                         Por Tankar Rau-Rau Amaru (*)

           

                         El humorista Sofocleto, nuestro gran amigo, para determinar la ubicación exacta del cojudo en nuestro medio social, formuló una Tipología del Cojudo en sus dos manifestaciones esenciales: a) El aspirante a Cojudo; y b) El Cojudo propiamente dicho.

                         Según Sofocleto, “el aspirante a Cojudo no es, como podría suponerse, un menor de edad ni nada parecido. Es simplemente un sujeto al que la vida no le dio todavía la oportunidad de hacer una Gran Cojudez que le sirva como tesis doctoral o de resbalar en un Cojudeo Sensacional que lo prestigie en el medio ambiente como un cojudo legítimo... El Cojudo propiamente dicho, en cambio, es otra cosa. Nació para ser cojudo y cumple su destino a la perfección, sin quemar etapas, sin saltarse a la torera ninguno de los requisitos que exige la ortodoxia y la liturgia de la Cojudez Ancestral. Al cojudo de profesión le ponen cuernos, lo estafan, lo asaltan y le devuelven a la hermana. Es siempre el último de la cola, el que pierde la lotería por un número y camina como pato porque sufre escaldadura crónica. Como todo cojudo auténtico, es devoto de un santo rarísimo. El cojudo propiamente dicho llega a su clímax sobre los treinta años y alcanza la apoteosis a los cincuentainueve. De los sesenta para arriba es lo que se llama un viejo cojudo, lo cual significa que no le falta sino cometer la Gran Cojudez Final que cierre con broche de oro su carrera, antes que algún pendejo de la familia consiga meterlo en el manicomio bajo los cargos de Arteriosclerosis Generalizada y Problemas de Conducta, que es como los siquiatras llaman a los cojudos, para disimular”.

                         Según la Tipología del Cojudo de don Sofo, podemos sostener que Ollanta es, todavía, un Aspirante a Cojudo. El primer signo: ha empezado a embelesarse con los efectos de la atmósfera cojudeante de Palacio de Gobierno, siguiendo los consejos de los adulones y demás bichos. Segundo signo: la oligarquía peruana, la cavernaria, le viene cojudeando con gran estilo y forma o, cambiando de papel, Ollanta se está dejando cojudear (verbo cojudear: yo cojudeo, tú no cojudeas, nosotros siempre fuimos cojudeados) por los mismos pendejos que cojudearon a Belaunde, Fujimori, Toledo y Alan García. Como a Fujimori, a Ollanta le dicen al oído que será el mejor presidente del Perú, porque saben los pendejos que, más bien, le vienen preparando una caída libre al abismo. Si sigue este camino, ya estoy viendo la cara de cojudo de Ollanta cuando, al final de su gobierno, salga de Palacio con medio millar de muertos a la espalda, un centenar de juicios abiertos en su contra en las cortes internacionales, divorciado (especialidad de la oligarquía) y enterrando su apellido para siempre. Porque Ollanta Humala está a punto de convertirse en sicario de la oligarquía y de las transnacionales y consolidar su condición de recluta del sionismo (Lerner, Favre).

                         El trabajo de los grupos de poder es sutil. Atacan desde sus medios de información masiva ("Cuidado con la prensa", le dijo Correa) a los principales colaboradores de Ollanta (congresistas, viceministros, familiares, dirigentes de izquierda, etc.), para aislarlo del todo y manejarlo (o cojudearlo) a su gusto. Como lo hicieron con Toledo, el autodenominado “Pachacútec”. De este modo a esa mazorca llamada Ollanta le sacarán, uno tras otro, todos los granos.

                         Esos grupos de poder que le rodean seguramente le dirán que es mejor para la platea trabajar con la derecha cavernaria (dizque técnicos) y no en alianza con nosotros: las izquierdas, las organizaciones, los pueblos, los micro y pequeños empresarios, los reservistas y los grupos radicales (el término radical viene del latín radix, ‘raíz’, refiriéndose sobre todo a un punto de vista profundo, sustancial, más aún si es aplicado a alguna convicción, práctica, análisis o propuesta. Wikipedia Dixit). Le dirán que a nosotros, los que venimos buscando el cambio estructural de este Estado putrefacto, nos gusta aullar en las calles hasta la desesperación pero de ahí no pasamos. Eso era en el pasado. Hemos aprendido. Arrinconamos a Fujimori, Toledo y Alan García (y Ollanta lo sabe) cuando éstos aceptaron el maridaje con los grupos de poder que saquearon todo el tiempo a nuestra Patria. Si el ejército del “Capitán Carlos” se lanza en franco ataque contra los verdaderos peruanos (en Conga y en otras partes del país), eso hará que nosotros armemos de inmediato un gabinete en la sombra. Somos el pueblo vibrante y vivo, y somos el Perú olvidado y marginado, luchando durante 500 años por su derecho a un metro cuadrado de tierra, a una oportunidad de trabajo.

                         Salvo que Ollanta regrese al camino de transformación que trazamos los peruanos de buena fe. Si eso ocurriera, esos mismos pueblos que ahora nos hemos puesto en pie de guerra en su contra saldríamos a las calles para respaldarle. Porque, a fin de cuentas, Ollanta Humala es sólo un pequeño accidente en la historia de nuestra Patria. La lucha sin cuartel fue y debe ser, en todo caso, ante esos grupos de poder que han venido destruyendo permanentemente a nuestra Patria, convirtiéndonos en parias, apestados e inquilinos a los verdaderos dueños de esta casa que se llama Perú.

                         Ollanta Humala, como militar, fue preparado para dos cosas: la lucha interna-coyuntural de tipo político-militar contra Sendero y el MRTA, y la lucha externa-permanente de tipo militar contra Chile y otros. En la guerra interna participó activamente matando peruanos. Ante Chile sigue temblando de cobardía. No vaya a desencadenar su frustración de no haberse enfrentado con soldados chilenos matando a balazos a sus propios compatriotas (como acaba de suceder en Andahuaylas, donde, entre muchos, una niña fue herida de bala). Eso sería una cojudez catastrófica.

           

          (*) Escritor y periodista. Autor de “Entre dos fuegos”, “Apaga las velas”, “Ojos de Rocío y otros cuentos”, “Allin kawsay y el poder en el Perú” y “Crónicas del socavón”. Secretario General de la Federación Regional de Mineros Artesanales (comuneros) y Pequeños Mineros de Apurímac (FERMAPA) y Secretario de Ideología del Movimiento de Integración Kechwa Apurímac (MINKA).

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