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13327Liminaridad, antiestructura, communitas

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  • Antonio Álvarez del Cuvillo
    10 may 2006
      ¡A ver si nos animamos un poco! (con algo que no sea reenviar mensajes
      y noticias que ni van ni vienen con lo que aquí nos une).

      Como ya os contaba estoy haciendo un trabajo de Antropología Simbólica
      (UNED) sobre las teorías del ritual de Turner. Del libro que tenía que
      trabajar "La selva de símbolos" me pareció especialmente interesante
      el capítulo 4, que trata sobre el estadio liminar en los ritos de paso
      y es a lo que me dedico principalmente, intentando conectarlo con los
      mitos, la literatura, los éxtasis, la filosofía política y cosas así.

      Este capítulo partía de una conocida caracterización de los ritos de
      paso (ritos en los que el sujeto, el colectivo o el universo pasan de
      un estado a otro) de Van Gennep. Ritos de paso pueden ser las crisis
      personales (ritos de iniciación, matrimonio, funeral, mi próxima
      lectura de tesis doctoral, etc.), los rituales cíclicos colectivos
      (año nuevo, saturnales, etc.), los ritos de aflicción (en los que se
      cura una dolencia física o mágica) y muchos más. A veces se pueden
      solapar con otras finalidades, pero Van Gennep se concentra en el paso
      de una situación a otra, como quien atraviesa un umbral (lo que muchas
      veces se hace físicamente). Distingue tres estadios en los ritos de
      paso: los ritos de separación (ritos preliminares), en los que el
      sujeto se separa del estado anterior, ritos en el margen (liminares) y
      ritos postliminares, de agregación al grupo.

      Joseph Campbell se basó en esta distinción de Van Gennep para su
      "héroe de las mil caras", aunque, al contrario que Turner no se ocupa
      especialmente del estadio liminar. Sin embargo, debe reseñarse que la
      mayoría del monomito de Cambell transcurre más allá del umbral; el
      cruce del umbral se relacionaría con la separación y el retorno con la
      agregación. En medio, el héroe ha vivido toda una serie de aventuras
      que en realidad coincidirían con el periodo liminar. Bien, el héroe se
      separa del mundo cotidiano, es abandonado, o entregado para que lo
      maten, o rompe las normas sociales, o sale de su casa, etc; luego, en
      el bosque, o el árbol, o la cueva o el infierno el héroe atraviesa
      pruebas, o es humillado o se enfrenta al monstruo, siendo aconsejado
      por preceptores sabios o amamantado por fieras y regresa finalmente a
      su vida cotidiana con el premio de la aventura, que explicita la
      transformación sufrida en la inmersión. Campbell seguiría el hilo
      marcado por Von Gennep que subrayaba el posible origen de (algunos)
      los mitos en ritos de paso, y, especialmente, ritos iniciáticos.

      En esta primera obra sobre la liminaridad, basada sobre todo en su
      experiencia entre los ndembu, Turner destaca algunos elementos de este
      periodo: la simplificación al máximo o la inversión de la estructura
      social, la igualdad básica entre los neófitos en contraste con la
      autoridad absoluta de los mistagogos (para estas normas no son tan
      frecuentes los esquaqueos como en la vida normal), el carácter difuso,
      indeterminado o ambiguo de los sujetos en tránsito, que no pueden ser
      percibidos socialmente de manera clara; la solidaridad profunda que se
      crea entre los neófitos, el desprendimiento y la "pobreza sagrada",
      los sufrimientos del trance, los seres terantrópicos y zoomorfos, la
      desmesura de los símbolos, las máscaras; la realizacion de los ritos
      "al margen" de la sociedad, con tabúes de separación, etc., etc., etc.

      Mi intención era sacar de quicio estas teorías para aplicarlas
      brutalmente a otros campos de la vida, a ver qué pasaba. En cierto
      modo es lo que he hecho, pero me ayudó saber que el autor ya había
      intentado algo parecido (con mayor éxito).

      Los árticulos siguientes sobre liminaridad, publicados en castellano
      en "El proceso ritual" (los dos primeros capítulos o así no tienen
      nada que ver) son quizás menos riguorosos en lo que concierne a la
      ciencia antropológica, pero son infinitamente más sugerentes desde un
      punto de vista estético y lo recomiendo desde ya. Se contempla la
      sociedad como un proceso dialéctico entre estructura y communitas;
      como en el modelo marxista, el orden establecido se legitima en la
      communitas; si no, sería percibido como tiranía o se "resecaría",
      perdería la vida que fluye. Pero al mismo tiempo, en la inmersión
      periódica en la communitas está la semilla de la creatividad y la
      renovación, que nunca podrían materializarse sin concretarse en
      estructura. La maximización de la estructura provoca estallidos de
      communitas, pero también la maximización de la communitas puede
      implicar un crecimiento de la estructura (por ejemplo, la autoridad
      personal o impersonal en los movimientos milenaristas, similar a la de
      los ritos de iniciación, esto es, incontestable). Todo esto se parece
      mucho a mi concepción de la vida humana como una batalla entre devas y
      asuras, dioses y titanes, héroes y gigantes, razón y desmesura, y a
      mis opiniones sobre el papel de las utopías. Así que me encantó.

      Se empieza con dos supuestos antropológicos: los ritos de elevación de
      status y los ritos de inversión de status. En los primeros se dedica
      especialmente a la entronización del caudillo, que en muchos casos de
      culturas muy diversas implica su humillación por parte de los
      inferiores estructurales; en los segundos, se centra en ritos cíclicos
      de renovación de la sociedad y el cosmos, en los que las reglas se
      invierten, o no hay reglas, inmersión bautismal en el caos originario
      del que la creación surge: carnaval, saturnales.

      A partir de ahí empieza a diseñar un concepto de communitas similar al
      estado de los neófitos en el periodo liminar de los ritos de paso. La
      comunidad de iguales, la sociedad de seres humanos sin etiquetas,
      sobre la que se fundamenta la legitimidad de la estructura, pero que
      al mismo tiempo siempre cuestiona su legitimidad. Las manifestaciones
      artísticas, los mitos, el éxtasis, son inmersiones en la communitas.

      El desfase carnavalesco de conexiones irreverentes es de los que a mi
      me gustan (enormemente sugerente, aunque quizás mal sistematizado en
      esa orgía liminar de conexiones interculturales que busca elementos
      comunes, pero diferentes a los diversos pueblos de la humanidad). Los
      movimientos milenaristas (en liminaridad permanente, debido a que no
      conciben la vida como un estado, sino como un "tránsito", un proceso
      de transformación), las órdenes monásticas, determinados movimientos
      religiosos en oriente, la prerrogativa de los bufones, la exaltación
      de los débiles estructurales mediante el reconocimiento de su poder
      ritual, las utopías, las religiones revanchistas de los débiles, el
      superior estructural que funda una religión de humildad y
      autonegación, el poder mágico de los pueblos sometidos, los carnavales
      y Halloweens, los happenings hippies, Bob Dylan, el desprendimiento y
      la pobreza, la humillación del soberano y un infinito etcétera.

      Es para incorporar el tema del rey mendigo que tanto nos gusta a Al y
      a mí. No toda la gente errante anda perdida: el rey mendigo está en
      tránsito, esto es, en estado liminar, es un peregrino como Ricardo
      Corazón de León o Ulises cuando regresan: sus regalia son los de los
      margenes, los símbolos de los débiles estructurales, fuertes rituales.
      Pertenece a la communitas, porque siempre es el rey legítimo, el que
      restaura la justicia. El soberano que no es humillado en el triunfo
      (memento mori), el que pierde la conexión con la communitas se
      convierte en un tirano, como el Príncipe Juan en Robin Hood. Todo lo
      mas es el senescal de Gondor: un rey transitorio, no posee el puesto
      sino que el puesto lo posee a él. Como los franciscanos descritos por
      Turner que intentaban encajar la pobreza liminar del tránsito con la
      vida real, tiene el usus, pero no el dominium de su soberanía. Cuando
      el senescal quiere ser rey, entonces llega el rey legítimo, disfrazado
      de mendigo o montaraz, el oro que no reluce, el hombre sin corona que
      será de nuevo rey.

      Saludos,

      Antonio
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