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Liminaridad, antiestructura, communitas

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  • Antonio Álvarez del Cuvillo
    ¡A ver si nos animamos un poco! (con algo que no sea reenviar mensajes y noticias que ni van ni vienen con lo que aquí nos une). Como ya os contaba estoy
    Mensaje 1 de 4 , 10 may 2006
      ¡A ver si nos animamos un poco! (con algo que no sea reenviar mensajes
      y noticias que ni van ni vienen con lo que aquí nos une).

      Como ya os contaba estoy haciendo un trabajo de Antropología Simbólica
      (UNED) sobre las teorías del ritual de Turner. Del libro que tenía que
      trabajar "La selva de símbolos" me pareció especialmente interesante
      el capítulo 4, que trata sobre el estadio liminar en los ritos de paso
      y es a lo que me dedico principalmente, intentando conectarlo con los
      mitos, la literatura, los éxtasis, la filosofía política y cosas así.

      Este capítulo partía de una conocida caracterización de los ritos de
      paso (ritos en los que el sujeto, el colectivo o el universo pasan de
      un estado a otro) de Van Gennep. Ritos de paso pueden ser las crisis
      personales (ritos de iniciación, matrimonio, funeral, mi próxima
      lectura de tesis doctoral, etc.), los rituales cíclicos colectivos
      (año nuevo, saturnales, etc.), los ritos de aflicción (en los que se
      cura una dolencia física o mágica) y muchos más. A veces se pueden
      solapar con otras finalidades, pero Van Gennep se concentra en el paso
      de una situación a otra, como quien atraviesa un umbral (lo que muchas
      veces se hace físicamente). Distingue tres estadios en los ritos de
      paso: los ritos de separación (ritos preliminares), en los que el
      sujeto se separa del estado anterior, ritos en el margen (liminares) y
      ritos postliminares, de agregación al grupo.

      Joseph Campbell se basó en esta distinción de Van Gennep para su
      "héroe de las mil caras", aunque, al contrario que Turner no se ocupa
      especialmente del estadio liminar. Sin embargo, debe reseñarse que la
      mayoría del monomito de Cambell transcurre más allá del umbral; el
      cruce del umbral se relacionaría con la separación y el retorno con la
      agregación. En medio, el héroe ha vivido toda una serie de aventuras
      que en realidad coincidirían con el periodo liminar. Bien, el héroe se
      separa del mundo cotidiano, es abandonado, o entregado para que lo
      maten, o rompe las normas sociales, o sale de su casa, etc; luego, en
      el bosque, o el árbol, o la cueva o el infierno el héroe atraviesa
      pruebas, o es humillado o se enfrenta al monstruo, siendo aconsejado
      por preceptores sabios o amamantado por fieras y regresa finalmente a
      su vida cotidiana con el premio de la aventura, que explicita la
      transformación sufrida en la inmersión. Campbell seguiría el hilo
      marcado por Von Gennep que subrayaba el posible origen de (algunos)
      los mitos en ritos de paso, y, especialmente, ritos iniciáticos.

      En esta primera obra sobre la liminaridad, basada sobre todo en su
      experiencia entre los ndembu, Turner destaca algunos elementos de este
      periodo: la simplificación al máximo o la inversión de la estructura
      social, la igualdad básica entre los neófitos en contraste con la
      autoridad absoluta de los mistagogos (para estas normas no son tan
      frecuentes los esquaqueos como en la vida normal), el carácter difuso,
      indeterminado o ambiguo de los sujetos en tránsito, que no pueden ser
      percibidos socialmente de manera clara; la solidaridad profunda que se
      crea entre los neófitos, el desprendimiento y la "pobreza sagrada",
      los sufrimientos del trance, los seres terantrópicos y zoomorfos, la
      desmesura de los símbolos, las máscaras; la realizacion de los ritos
      "al margen" de la sociedad, con tabúes de separación, etc., etc., etc.

      Mi intención era sacar de quicio estas teorías para aplicarlas
      brutalmente a otros campos de la vida, a ver qué pasaba. En cierto
      modo es lo que he hecho, pero me ayudó saber que el autor ya había
      intentado algo parecido (con mayor éxito).

      Los árticulos siguientes sobre liminaridad, publicados en castellano
      en "El proceso ritual" (los dos primeros capítulos o así no tienen
      nada que ver) son quizás menos riguorosos en lo que concierne a la
      ciencia antropológica, pero son infinitamente más sugerentes desde un
      punto de vista estético y lo recomiendo desde ya. Se contempla la
      sociedad como un proceso dialéctico entre estructura y communitas;
      como en el modelo marxista, el orden establecido se legitima en la
      communitas; si no, sería percibido como tiranía o se "resecaría",
      perdería la vida que fluye. Pero al mismo tiempo, en la inmersión
      periódica en la communitas está la semilla de la creatividad y la
      renovación, que nunca podrían materializarse sin concretarse en
      estructura. La maximización de la estructura provoca estallidos de
      communitas, pero también la maximización de la communitas puede
      implicar un crecimiento de la estructura (por ejemplo, la autoridad
      personal o impersonal en los movimientos milenaristas, similar a la de
      los ritos de iniciación, esto es, incontestable). Todo esto se parece
      mucho a mi concepción de la vida humana como una batalla entre devas y
      asuras, dioses y titanes, héroes y gigantes, razón y desmesura, y a
      mis opiniones sobre el papel de las utopías. Así que me encantó.

      Se empieza con dos supuestos antropológicos: los ritos de elevación de
      status y los ritos de inversión de status. En los primeros se dedica
      especialmente a la entronización del caudillo, que en muchos casos de
      culturas muy diversas implica su humillación por parte de los
      inferiores estructurales; en los segundos, se centra en ritos cíclicos
      de renovación de la sociedad y el cosmos, en los que las reglas se
      invierten, o no hay reglas, inmersión bautismal en el caos originario
      del que la creación surge: carnaval, saturnales.

      A partir de ahí empieza a diseñar un concepto de communitas similar al
      estado de los neófitos en el periodo liminar de los ritos de paso. La
      comunidad de iguales, la sociedad de seres humanos sin etiquetas,
      sobre la que se fundamenta la legitimidad de la estructura, pero que
      al mismo tiempo siempre cuestiona su legitimidad. Las manifestaciones
      artísticas, los mitos, el éxtasis, son inmersiones en la communitas.

      El desfase carnavalesco de conexiones irreverentes es de los que a mi
      me gustan (enormemente sugerente, aunque quizás mal sistematizado en
      esa orgía liminar de conexiones interculturales que busca elementos
      comunes, pero diferentes a los diversos pueblos de la humanidad). Los
      movimientos milenaristas (en liminaridad permanente, debido a que no
      conciben la vida como un estado, sino como un "tránsito", un proceso
      de transformación), las órdenes monásticas, determinados movimientos
      religiosos en oriente, la prerrogativa de los bufones, la exaltación
      de los débiles estructurales mediante el reconocimiento de su poder
      ritual, las utopías, las religiones revanchistas de los débiles, el
      superior estructural que funda una religión de humildad y
      autonegación, el poder mágico de los pueblos sometidos, los carnavales
      y Halloweens, los happenings hippies, Bob Dylan, el desprendimiento y
      la pobreza, la humillación del soberano y un infinito etcétera.

      Es para incorporar el tema del rey mendigo que tanto nos gusta a Al y
      a mí. No toda la gente errante anda perdida: el rey mendigo está en
      tránsito, esto es, en estado liminar, es un peregrino como Ricardo
      Corazón de León o Ulises cuando regresan: sus regalia son los de los
      margenes, los símbolos de los débiles estructurales, fuertes rituales.
      Pertenece a la communitas, porque siempre es el rey legítimo, el que
      restaura la justicia. El soberano que no es humillado en el triunfo
      (memento mori), el que pierde la conexión con la communitas se
      convierte en un tirano, como el Príncipe Juan en Robin Hood. Todo lo
      mas es el senescal de Gondor: un rey transitorio, no posee el puesto
      sino que el puesto lo posee a él. Como los franciscanos descritos por
      Turner que intentaban encajar la pobreza liminar del tránsito con la
      vida real, tiene el usus, pero no el dominium de su soberanía. Cuando
      el senescal quiere ser rey, entonces llega el rey legítimo, disfrazado
      de mendigo o montaraz, el oro que no reluce, el hombre sin corona que
      será de nuevo rey.

      Saludos,

      Antonio
    • Alejandro González
      Esto sí es un mensaje con chicha, sugerente de principio a fin. Por decir algo: el caso es que la visión finalística de la aventura no da razón de la
      Mensaje 2 de 4 , 10 may 2006
        Esto sí es un mensaje con chicha, sugerente de principio a fin. Por
        decir algo: el caso es que la visión finalística de la aventura no da
        razón de la añoranza que lleva al marino (así sea el anciano Simbad de
        Cunqueiro) a hacerse una vez más a la mar. Ana Leal me decía una vez,
        cachondeándose de mi interés por la iniciación, "no empieces, que
        acabarás" —y en verdad es triste eso de acabarse, como quien vuelve de
        un viaje psicodélico y se encuentra en el buzón un plan de pensiones del
        BBV. O sea, que parece que eso del estado liminar y sus vueltas de
        tuerca termina enganchando, y vista desde ahí la cotidianeidad resulta
        sosa y mortífera: "home is made for coming from, for dreams are going
        thru / and with any luck will never come true", que cantaba Lee Marvin.
        (No en vano hay una analogía, también, entre los estados místicos o
        traspersonales y los liminares.) Podría pensarse que ésta es una
        deformación óptica moderna, pero no lo creo. En el personaje de Heracles
        ya está esa incapacidad para adaptarse a la vida propiamente humana:
        siempre termina enloqueciendo y matando a alguien, deseoso de volver con
        aquellos monstruos que tan bien le comprenden. Nihil novum sub sole —ni
        siquiera el desarraigado Rambo de la primera peli. (Diel lo llamaba la
        "trivialización del héroe" —supongo que la degradación es el lado
        sombrío del retorno glorioso. Que le pregunten a Agamenón...)

        Están también los héroes a los que la aventura parece no haberles
        compensado, como Frodo. Y es que el dolor fue intransferible, pero el
        premio va a parar a la comunidad. Letra pequeña del contrato mítico.
        Dicen que Frodo es un pequeño Cristo, pero uno puede evitar pensar que
        mientras Dios se desencarna con ventaja, tal charco que al pudrirse
        acaba volviéndose vapor y de nuevo limpísima lluvia, Frodo es el Cristo
        con cicatrices, condenado a seguir viviendo tras la crucifixión, deseoso
        de morir lejos de casa. El sacrificio es mayor cuando uno salta sin red.

        The Never Ending Tour, llama Dylan al continuo girar en el que espera
        dar su último aliento. Se ha hablado mucho de su soberbia luciferina,
        pero viendo aquella peli de los 60, Don't look back, se entiende todo:
        qué hay más descorazonador que salir del escenario tras haber liquidado
        con tus versos los fundamentos del Establishment y encontrarte a la
        esposa del alcalde que te arrastra a la fiesta de sus hijos para que
        cantes Cumpleaños Feliz y te hagas fotos con todas sus amigas de oro.
        Ay.

        Así que parece que la verdadera recompensa de la aventura fuera ella
        misma, lo que torna la visión finalística, el asunto de la
        princesa-premio, un tanto melancólico. Se vuelve porque no hay más
        remedio ("me hago mayor / antes de que se ma haga tarde"), pero vive
        Dios que con desgana. Imaginen, por ejemplo, lo que sería hablar de lo
        grande que fue la lista Memoria (those were the days, my friend) y en
        cambio saber que ya no está. (Y despreocúpense: por aquí seguimos
        acogiéndonos a la quinta enmienda lovecraftiana: no está muerto lo que
        puede yacer eternamente...)

        Un abrazo, amigos.

        Al
      • Antonio Álvarez del Cuvillo
        Dice Cortázar en Lucas y Lucas: Lenguaje e imaginación son enemigos fraternales y de su lucha nace la literatura ; o dice el comentario al capricho 43 de
        Mensaje 3 de 4 , 10 may 2006
          Dice Cortázar en Lucas y Lucas: "Lenguaje e imaginación son enemigos
          fraternales y de su lucha nace la literatura"; o dice el comentario al
          capricho 43 de Goya: "La fantasía, abandonada de la razón, produce
          monstruos imposibles; unida con ella es madre de las artes y origen de
          las maravillas".

          Estamos hechos para añorar eternamente el seno maternal de Tiamat,
          pero sin Marduk tampoco somos naidie. Queremos ser desmesurados e
          imposibles, pantagruélicos y monstruosos como los Titanes pero
          entonces nos diluimos en la nada. La catabasis o como se llame el
          viaje al inframundo es necesaria para que la vida no se nos reseque,
          pero al mismo tiempo el retorno de esta inmersión bautismal nos
          arranca del paraíso en lugar de devolvernos a él y nos deja sabor a
          cenizas en la boca. Agarrarnos a las profundidades nos hace
          eternamente felices o eternamente infelices o ambas cosas al mismo
          tiempo. La vida al final no es lo uno ni lo otro, sino esa tensión
          entre estructura y antiestructura.

          Los mitos, por ejemplo, todos los mitos incluyendo los modernos mitos
          laicos (y todos los viajes, tránsitos, los cambios, los episodios
          liminares) son como la Caja de Pandora. No sabemos si contiene todos
          los males de la tierra o todos los bienes; los mitos pueden sacar lo
          "mejor" y lo "peor" de nosotros. Quiero creer que lo que saquemos de
          ella depende en gran parte de nosotros mismos. Joseph Campbell hacía
          la distinción -no sé si muy certera en términos de historia de las
          religiones- entre budismo Hinayana y budismo Mahayana. El Hinayana
          supone que el final del viaje termina en el vacio originario, el seno
          de Tiamat; el Mahayana, más campbelliano implica que el místico
          regresa con una comprensión distinta de su vida. Un Nirvana en la tierra.

          En último término, el Nirvana en la tierra se convierte, por supuesto,
          en un concepto tan idealizado, tan liminar, tan irrealizable, como el
          Nirvana en el vacío, y de la misma manera puede resecarse
          convirtiéndose en estructura vacía. Y la nostalgia del paraíso perdido
          es indiferente a la definición del paraíso que se utilice.

          La capacidad humana de banalizar las cosas "trascendentes" (latu
          sensu, incluyendo la posibilidad de comprar una camiseta del Che
          Guevara en el Corte Inglés) sólo se iguala a la capacidad humana de
          encontrar cosas trascendentes en lo más banal. Cuando alcanzamos un
          atisbo de antiestructura, la estructuramos; cuando la estructura nos
          convierte en esclavos, nos sumergimos en un viaje saturnal o jubilar a
          la Edad de Oro y encontramos respuestas en la estructura...

          Cuando regresamos, tenemos la sensación de que alguien nos susurró
          todas las respuestas, que las piezas encajaban, pero que olvidamos
          todo lo que nos dijeron. Y cuando nos llevemos un tiempo sin bautizar
          volveremos a creer quizás que la vida es el cuento narrado por un idiota.


          Saludos,

          Antonio
        • chamachamapinduzi
          A mi un tema que me apasiona es... los no- lugares, son un lugar en permanente liminaridad o pasaje? Otra cosa... escuche por ahi que turner hablaba de
          Mensaje 4 de 4 , 24 ago 17:18
            A mi un tema que me apasiona es... los no- lugares, son un lugar en permanente liminaridad o pasaje?
            Otra cosa... escuche por ahi que turner hablaba de liminalidad y liminoide... es lo mismo o dos cosas distintas?

            saludos desde argentina
            --- En memoria@yahoogroups.com, Antonio Álvarez del Cuvillo <antalvarez2001@...> escribió:
            >
            > ¡A ver si nos animamos un poco! (con algo que no sea reenviar mensajes
            > y noticias que ni van ni vienen con lo que aquí nos une).
            >
            > Como ya os contaba estoy haciendo un trabajo de Antropología Simbólica
            > (UNED) sobre las teorías del ritual de Turner. Del libro que tenía que
            > trabajar "La selva de símbolos" me pareció especialmente interesante
            > el capítulo 4, que trata sobre el estadio liminar en los ritos de paso
            > y es a lo que me dedico principalmente, intentando conectarlo con los
            > mitos, la literatura, los éxtasis, la filosofía política y cosas así.
            >
            > Este capítulo partía de una conocida caracterización de los ritos de
            > paso (ritos en los que el sujeto, el colectivo o el universo pasan de
            > un estado a otro) de Van Gennep. Ritos de paso pueden ser las crisis
            > personales (ritos de iniciación, matrimonio, funeral, mi próxima
            > lectura de tesis doctoral, etc.), los rituales cíclicos colectivos
            > (año nuevo, saturnales, etc.), los ritos de aflicción (en los que se
            > cura una dolencia física o mágica) y muchos más. A veces se pueden
            > solapar con otras finalidades, pero Van Gennep se concentra en el paso
            > de una situación a otra, como quien atraviesa un umbral (lo que muchas
            > veces se hace físicamente). Distingue tres estadios en los ritos de
            > paso: los ritos de separación (ritos preliminares), en los que el
            > sujeto se separa del estado anterior, ritos en el margen (liminares) y
            > ritos postliminares, de agregación al grupo.
            >
            > Joseph Campbell se basó en esta distinción de Van Gennep para su
            > "héroe de las mil caras", aunque, al contrario que Turner no se ocupa
            > especialmente del estadio liminar. Sin embargo, debe reseñarse que la
            > mayoría del monomito de Cambell transcurre más allá del umbral; el
            > cruce del umbral se relacionaría con la separación y el retorno con la
            > agregación. En medio, el héroe ha vivido toda una serie de aventuras
            > que en realidad coincidirían con el periodo liminar. Bien, el héroe se
            > separa del mundo cotidiano, es abandonado, o entregado para que lo
            > maten, o rompe las normas sociales, o sale de su casa, etc; luego, en
            > el bosque, o el árbol, o la cueva o el infierno el héroe atraviesa
            > pruebas, o es humillado o se enfrenta al monstruo, siendo aconsejado
            > por preceptores sabios o amamantado por fieras y regresa finalmente a
            > su vida cotidiana con el premio de la aventura, que explicita la
            > transformación sufrida en la inmersión. Campbell seguiría el hilo
            > marcado por Von Gennep que subrayaba el posible origen de (algunos)
            > los mitos en ritos de paso, y, especialmente, ritos iniciáticos.
            >
            > En esta primera obra sobre la liminaridad, basada sobre todo en su
            > experiencia entre los ndembu, Turner destaca algunos elementos de este
            > periodo: la simplificación al máximo o la inversión de la estructura
            > social, la igualdad básica entre los neófitos en contraste con la
            > autoridad absoluta de los mistagogos (para estas normas no son tan
            > frecuentes los esquaqueos como en la vida normal), el carácter difuso,
            > indeterminado o ambiguo de los sujetos en tránsito, que no pueden ser
            > percibidos socialmente de manera clara; la solidaridad profunda que se
            > crea entre los neófitos, el desprendimiento y la "pobreza sagrada",
            > los sufrimientos del trance, los seres terantrópicos y zoomorfos, la
            > desmesura de los símbolos, las máscaras; la realizacion de los ritos
            > "al margen" de la sociedad, con tabúes de separación, etc., etc., etc.
            >
            > Mi intención era sacar de quicio estas teorías para aplicarlas
            > brutalmente a otros campos de la vida, a ver qué pasaba. En cierto
            > modo es lo que he hecho, pero me ayudó saber que el autor ya había
            > intentado algo parecido (con mayor éxito).
            >
            > Los árticulos siguientes sobre liminaridad, publicados en castellano
            > en "El proceso ritual" (los dos primeros capítulos o así no tienen
            > nada que ver) son quizás menos riguorosos en lo que concierne a la
            > ciencia antropológica, pero son infinitamente más sugerentes desde un
            > punto de vista estético y lo recomiendo desde ya. Se contempla la
            > sociedad como un proceso dialéctico entre estructura y communitas;
            > como en el modelo marxista, el orden establecido se legitima en la
            > communitas; si no, sería percibido como tiranía o se "resecaría",
            > perdería la vida que fluye. Pero al mismo tiempo, en la inmersión
            > periódica en la communitas está la semilla de la creatividad y la
            > renovación, que nunca podrían materializarse sin concretarse en
            > estructura. La maximización de la estructura provoca estallidos de
            > communitas, pero también la maximización de la communitas puede
            > implicar un crecimiento de la estructura (por ejemplo, la autoridad
            > personal o impersonal en los movimientos milenaristas, similar a la de
            > los ritos de iniciación, esto es, incontestable). Todo esto se parece
            > mucho a mi concepción de la vida humana como una batalla entre devas y
            > asuras, dioses y titanes, héroes y gigantes, razón y desmesura, y a
            > mis opiniones sobre el papel de las utopías. Así que me encantó.
            >
            > Se empieza con dos supuestos antropológicos: los ritos de elevación de
            > status y los ritos de inversión de status. En los primeros se dedica
            > especialmente a la entronización del caudillo, que en muchos casos de
            > culturas muy diversas implica su humillación por parte de los
            > inferiores estructurales; en los segundos, se centra en ritos cíclicos
            > de renovación de la sociedad y el cosmos, en los que las reglas se
            > invierten, o no hay reglas, inmersión bautismal en el caos originario
            > del que la creación surge: carnaval, saturnales.
            >
            > A partir de ahí empieza a diseñar un concepto de communitas similar al
            > estado de los neófitos en el periodo liminar de los ritos de paso. La
            > comunidad de iguales, la sociedad de seres humanos sin etiquetas,
            > sobre la que se fundamenta la legitimidad de la estructura, pero que
            > al mismo tiempo siempre cuestiona su legitimidad. Las manifestaciones
            > artísticas, los mitos, el éxtasis, son inmersiones en la communitas.
            >
            > El desfase carnavalesco de conexiones irreverentes es de los que a mi
            > me gustan (enormemente sugerente, aunque quizás mal sistematizado en
            > esa orgía liminar de conexiones interculturales que busca elementos
            > comunes, pero diferentes a los diversos pueblos de la humanidad). Los
            > movimientos milenaristas (en liminaridad permanente, debido a que no
            > conciben la vida como un estado, sino como un "tránsito", un proceso
            > de transformación), las órdenes monásticas, determinados movimientos
            > religiosos en oriente, la prerrogativa de los bufones, la exaltación
            > de los débiles estructurales mediante el reconocimiento de su poder
            > ritual, las utopías, las religiones revanchistas de los débiles, el
            > superior estructural que funda una religión de humildad y
            > autonegación, el poder mágico de los pueblos sometidos, los carnavales
            > y Halloweens, los happenings hippies, Bob Dylan, el desprendimiento y
            > la pobreza, la humillación del soberano y un infinito etcétera.
            >
            > Es para incorporar el tema del rey mendigo que tanto nos gusta a Al y
            > a mí. No toda la gente errante anda perdida: el rey mendigo está en
            > tránsito, esto es, en estado liminar, es un peregrino como Ricardo
            > Corazón de León o Ulises cuando regresan: sus regalia son los de los
            > margenes, los símbolos de los débiles estructurales, fuertes rituales.
            > Pertenece a la communitas, porque siempre es el rey legítimo, el que
            > restaura la justicia. El soberano que no es humillado en el triunfo
            > (memento mori), el que pierde la conexión con la communitas se
            > convierte en un tirano, como el Príncipe Juan en Robin Hood. Todo lo
            > mas es el senescal de Gondor: un rey transitorio, no posee el puesto
            > sino que el puesto lo posee a él. Como los franciscanos descritos por
            > Turner que intentaban encajar la pobreza liminar del tránsito con la
            > vida real, tiene el usus, pero no el dominium de su soberanía. Cuando
            > el senescal quiere ser rey, entonces llega el rey legítimo, disfrazado
            > de mendigo o montaraz, el oro que no reluce, el hombre sin corona que
            > será de nuevo rey.
            >
            > Saludos,
            >
            > Antonio
            >
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