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La poesía de la Historia, comenta...

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  • Eduardo López Sandoval
    Burro no come tigre Eduardo López Sandoval / eduardolopezsandoval@yahoo.es Cruzarse con el caminar del compadre, en esta calle delcentro del barrio por
    Mensaje 1 de 1 , 4 nov 2017

      Burro no come tigre

      Eduardo López Sandoval / eduardolopezsandoval@...

      Cruzarse con el caminar del compadre, en esta calle del centro del barrio por cincuenta años, cuando esa es la misma edad con la que cuentan ambos, en una mañana de un lunes no lluvioso de octubre, es la hazaña del florecer cotidiano del azul del cielo.

      El compadre que camina desde el Este hacia el centro del mundo, que es la ventanita donde venden los animalitos desde hace tres meses, ha logrado ver que camina hacia él su coetáneo  amigo portando la información cumbre: ¿qué animalito salió?

      No levanta la cara para informarlo con su sonrisa, su rostro no gesticula hacia el suelo artificial nada claro acerca del sexto sorteo de la lotería de los animalitos. Los compadres, desde que apareció la lotería de los animalitos se han cruzado en la calle, en los tres cortos meses, más que en los cincuenta largos años anteriores.

      Los compadres deshacen la cotidiana calle del barrio sin descuidar los huecos y baches, uno tiene la información de cuál animal ganó en el sorteo de la cinco, el otro va en busca de tan preciada información. Bien podría caminar ocho metros más y preguntar personalmente por la ventanita, pero esos segundos demás son vitales en esta premura de saberse ganador, o perdedor. Bien pudiera esperar  que el compadre se lo diga, pero no, ¡es urgente, es de vida o muerte!, necesita concluirlo del lenguaje que involuntariamente habla el cuerpo del apreciado compadre. El amigo, al que le urge la información, como más que ese último latir de su corazón, siente la necesidad de leer del hablar instintivo del cuerpo del compadre, que es el no celoso poseedor de la venerable información, antes de que lo vea y se lo diga con el hablar de su boca. El compadre no levanta aún la mirada, están a dos pasos del encuentro cuando levanta la visual, se detienen ambos, extiende el compa informado los brazos con un ligero doblar de sus rodillas, como si con supremo esfuerzo sostuviera el globo terráqueo, tal Atlas sostiene a la esfera del mundo sobre sus hombros, el compadre lo hace delante de su barriga, el mundo lo muestra al compadre sin recato:

      -¡Compadre!

      No se detiene en su hablar. Con la expresión ha comenzado un discurso que por la gravedad de la voz parece que el mundo ha sufrido un grande accidente cardiovascular, que la vida de todos sus nietos depende de la oración corta que ha comenzado con la palabra compadre, no hay duda de que la vida en el planeta tierra se juega en la frase que de seguidas concluirá. Por el volumen y la clarísima dicción con que el compadre ha hablado se ha podido oír su astronómico mensaje en todo el barrio, no obstante los vecinos no prestan un mínimo de atención a tan importante recado. Ellos también tienen concentrado y aislado su mundo, que se divide en los 38 animalitos sin sexo de la novísima lotería. El barrio por los siete días de la semana, en los 8 sorteos diarios, se ha dividido en 38 toletes irreconciliables, que divididos entre los cien días que tiene la lotería de animalitos aquí,  ha partido en añicos la psicología social del barrio: así como congela la estabilidad del país.

      La expresión desgarradora del compadre fue redonda, como el mundo que parecía sostener entre sus manos, que sin reservas mostraba al compadre querido de su alma, no se detuvo después de nombrar a su amigo con el apelativo que denotaba que alguno de sus hijos era ahijado del otro.

      Patético, no paró:

      -¡Compadre, salió el tigre!

      El compadre paralizó de inmediato su caminar, por una fracción de tarde quedaron inmóviles como un par de estatuas enfrentadas haciendo mil preguntas sin una respuesta. El compadre solidario también abrió los brazos y dobló las rodillas como para ayudar al amigo a sostener el indescifrable mundo. Si se hubieran mantenido tres segundo más en esta posición como de teatro, hubiera sido posible poner entre ellos un globo del tamaño de sus contrariedades…

      -¡Nooo!

      Sólo alcanzó a decir el incrédulo compadre que recién recibía la noticia producida veinte segundos antes.

      -No.-Esta vez lo afirmó sin moverse aún de la posición de no permitir que el globo terráqueo cayera al sucio suelo, y lentamente negó con la cabeza como hace el ondular de una hoja de mango al caer chocada por un incomprensivo cristofué, como quizás buscando que del cielo cayera una gota de explicación y milagrosamente entrara a su cabeza por cualesquiera de sus oídos…

      -Me lo dijiste, compadre, … tú tabas clarito…

      -Sí compadre, te lo dije. Yo estaba claro… Después del burro tenía que vení el tigre… porque el tigre come burro, pero…

      Y siguieron las científicas disquisiciones, tan enjundiosas como nos imaginamos las pudo hacer Humboldt con Carlos del Pozo en estas mismas tierras; el barrio está a escasas cuadras del lugar donde este sabio criollo de la Venezuela de 1800, había construido los primeros pararrayos que se instalaron en esta América,  del cual el sabio alemán escribió: “Encontramos en Calabozo, en el corazón de los llanos, una máquina eléctrica de grandes discos, electróforos, baterías, electrómeros, un material casi tan completo como el que poseen nuestros físicos en Europa. No habían sido comprados en los Estados Unidos… “.

      Imaginemos la disertación de este par de sabios, hecha hace 217 años, acerca del material con que se construyeron los pararrayos instalados y su efectividad. Y dependiendo de estos resultados, ¿cómo deben ser los próximos pararrayos? y/o la distancia entre ellos y los centros poblados, ¿ya, imaginaste?, ahora trasladémosla al sesudo análisis que hicieron los compadres hace 217 horas en estas mismas tierras… Parece que las cinco repúblicas han carcomido progresivamente la inteligencia de estas gentes, cuando se encontraron Humboldt y Del Pozo éramos una colonia española, cero repúblicas, ha pasado el país por el progresivo deterioro de cinco repúblicas, todas con la cada vez más deshilvanada bandera de la libertad. Hoy no tenemos la libertad de comprar un kilo de harina de un maíz sembrado, cosechado y molido en nuestro país… Hoy dependemos de una islita enferma de hambre…

      Un desconocido amigo de Maracay, poeta, recién ido de estas tierras de mortales, -nunca pudo ser el autor del burdo título, “Burro no come tigre”, pero es el autor de esta razón con la que finalizamos, que le oímos a través de una tercera persona, porque nunca tuvimos la dicha de conocerle… Conversaba el poeta entre amigos, donde la mayoría estaba con el Poseso, como era el país de entonces, cuando hubieron de argumentar las razones para no ser bolivariano, que es la explicación de la desdicha del país actual, y el poeta remató: “Hay que corregir la equivocación  forjada por Simón y esa cuerda de hijos de papá, que se empeñaron en hacer la guerra contra España, por la llamada libertad, ahora seríamos felices. Seríamos una colonia de ultramar de España, como las Islas Canarias, tendríamos rey y seríamos de la Comunidad Europea, deberíamos crear otra Junta Protectora de los Derechos de Fernando Séptimo, como la del 19 de abril,  que tenga como única tarea anular esa acta de independencia…”, y preguntó con tono de poeta inspirado, ¿quién de ustedes está dispuesto a conformar esta novísima Junta? La pregunta también es contigo, mi pana lector.

       


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